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lunes, 27 de abril de 2026

EL BIÓGRAFO DE BORGES

Poesía completa
Jorge Luis Borges
Editorial Alfaguara
Madrid, 2026

 

El biógrafo de Borges

 

   Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos, poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado al mismo Borges.

(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)





 

lunes, 12 de septiembre de 2022

JAVIER MARÍAS. LOS ENAMORAMIENTOS

Los enamoramientos
Javier Marías
Alfaguara,
Colección Debolsillo
Madrid, 2011

                                          

LA JOVEN PRUDENTE

 

   Una autoridad de nuestras letras, Francisco Rico, se convierte en un fugaz personaje secundario de la novela de Javier Marías Los enamoramientos. En su breve aparición escénica toma en préstamo muchas de las características del sujeto real; es un sabio filólogo catalán, de verbo fluido e incontinente, al que todo lo acontecido a partir del Renacimiento le parece un asunto menor, como si el presente fuera un paréntesis existencial colmado de trivialidades. La presencia de Francisco Rico es sólo un dato en  favor de la verosimilitud, aunque en Javier Marías los géneros literarios son espacios difusos, sin delimitar, porque lo real es ambiguo y condiciona el comportamiento; la misma armonía rutinaria se trastoca por cualquier suceso azaroso sin que sirva de nada la previsible concatenación de causas y efectos. Cada transitar oculta numerosos resquicios y escapatorias, como si hubiera una vida pública y otra íntima y privada.
   En Los enamoramientos una familia de clase media, bien definida por sus hábitos anodinos, es sometida al duro trance de un asesinato aleatorio: un acuchillamiento fortuito del cabeza de familia por parte de un mendigo que se dedica habitualmente a aparcar coches. María Dolz es testigo de esta ruptura de la normalidad y se convertirá en la narradora de las existencias convulsionadas por la muerte. El hecho, sin  motivos lógicos, altera radicalmente la disposición de las piezas en el tablero: el ausente reclama un lugar en el recuerdo de los vivos y los familiares se empeñan en vivir como si el desaparecido todavía deambulara por los itinerarios de lo doméstico.
   Sin embargo, los detalles no encajan y los hilos sueltos –retazos de una conversación, actitudes desconfiadas, suplantaciones…- acaban confirmando que la  normalidad es sólo una más cara que oculta actitudes cuanto menos sospechosas o poco explicables. María ve similitudes entre la nueva situación social y aquella escena bíblica en la que el rey David enamorado de la belleza de Betsabé, envía a su marido Uriah a la primera línea de batalla para que al morir pueda suplantar su lugar. Y esa hipótesis poco a poco desvela una situación sorprendente. La ética personal debe enfrentarse a un papel incómodo: el papel del delator.
   Javier Marías se siente cómodo en la digresión. Sus argumentos no avanzan acumulando acciones sino reflexiones, busca dibujar la psicología de los personajes mediante largos monólogos y extensos ejercicios introspectivos. Lo que sucede casi siempre está dentro del sujeto. Si la anterior novela del madrileño Tu rostro mañana es considerada la obra cumbre del autor por su monumentalidad (tres volúmenes) y compleja estructura, Los enamoramientos puede leerse con cierta sencillez, aún con el hecho insólito de que el novelista opte, por primera vez, por un punto de vista femenino al contar la historia. Es una ficción menos ambiciosa, de mínimos hechos, pero con la prosa característica de un imprescindible de nuestras letras, de una prosa que es siempre imperativo de calidad.
 

                                                                  JOSÉ LUIS MORANTE   



 

domingo, 21 de junio de 2020

JOSÉ SARAMAGO. ENSAYO SOBRE LA LUCIDEZ

Ensayo sobre la lucidez
José Saramago
Traducción de Pilar del Río
Editorial Alfaguara
Madrid, 2004


ESTADO DE SITIO


  Se cumple una década de ausencia física de José Saramago (Azinhaga, 1922), fallecido en 2010 en Tías, Lanzarote, donde el narrador portugués vivía desde 1993. Y no se ha oscurecido la plenitud de su conciencia ética ni un espíritu crítico, siempre en vela, que mostró  un sostenido ideario comunista y afín a los más desfavorecidos, sin claudicaciones. Así que pocos trayectos literarios demandan la urgente vocación de relectura. Abro por tercera vez las páginas de Ensayo sobre la lucidez que adquirí en febrero de 2005, cuando llegaba a las librerías la cuarta reimpresión y los periódicos magnificaban el talento singular del nobel.
  Me empuja el propósito de encontrar algo de luz en la compleja noche política que vive nuestro país, hecho un lodazal de pactos son sentido, estrategias partidistas sin conciencia de futuro común y un zarrapastroso independentismo que erosiona ángulos muertos, propicia la eclosión de la ultraderecha más rancia y es contemplado con el silencio cómplice de medios de comunicación que abrevan en el conformismo y vocean a coro: “Aullemos, dijo el perro”.
  El recordado Ensayo sobre la ceguera, para muchos, y para quien esto escribe también la obra cumbre del autor luso, encuentra algunos pasos de continuidad en esta ficción que recupera personajes ya conocidos: la mujer que fue caso único de visión normal, cuando todo el país padeció una ceguera temporal, el médico y otros secundarios. Ahora dejan oír sus pasos en un periodo marcado por unas elecciones municipales que arrojan más del ochenta por ciento del voto en blanco y desacreditan completamente el rol progresista de los partidos tradicionales.
  Podríamos entender Ensayo sobre la lucidez como una fábula política. Sus actores conceptuales son la democracia, la fragilidad de sus cimientos y valores y el elenco de factores circunstanciales que zarandean la convivencia y sus navegaciones temporales. Así se va desarrollando un hilo argumental donde el autoritarismo y la crueldad deciden hacer del ejercicio democrático de la votación libre un delito que merece investigación policial y métodos extremos de cloaca, como si fuese una acción terrorista propia de conspiraciones anarquistas internacionales. Para descubrir al cerebro de este comportamiento colectivo los mecanismos del poder mandan a la capital a un comisario, un inspector de policía y un agente. No hay nada ningún indicio de rebeldía y conspiración y es necesario entonces inventar un culpable, hacer de la mentira una verdad.
  El mapa de escritura de Saramago cultiva la precisión extrema y la lentitud; los acontecimientos se ralentizan al máximo para que las secuencias se perfilen con caligrafía taxidérmica. Cada instante está lleno de significado, soporta un eje de simetría entre forma y estrato semántico. Los capítulos alcanzan, con plena madurez, un cuadro sugestivo de emociones contrapuestas y sombras diluidas, como si el peligro fuera el habitante siniestro de cualquier esquina.
  La sensación final del libro es demoledora. El poder es fascismo, monopolio, exclusión y sentencia. Un tribunal severo que no duda en aplicar estrategias bárbaras para que las libertades cívicas estén siempre bajo control, en estado de sitio, esperando con los ojos cegados la larga noche del día siguiente.     




sábado, 28 de diciembre de 2019

JOSÉ SARAMAGO. ENSAYO SOBRE LA LUCIDEZ

Ensayo sobre la lucidez
José Saramago
Traducción de Pilar del Río
Editorial Alfaguara
Madrid, 2004


ESTADO DE SITIO


   La ausencia física de José Saramago (Azinhaga, Portugal, 1922), fallecido en 2010 en Tías, Lanzarote, donde el narrador portugués vivía desde 1993, no ha oscurecido la plenitud de su conciencia ética ni un espíritu crítico siempre en vela que muestra un compromiso sin claudicaciones con la izquierda y los más desfavorecidos. Así que pocos trayectos literarios demandan la urgente vocación de relectura. Abro por tercera vez las páginas de Ensayo sobre la lucidez que adquirí en febrero de 2005, cuando llegaba a las librerías la cuarta reimpresión y los periódicos magnificaban el talento singular del Premio Nobel de Literatura de 1998.
  Me empuja el propósito de encontrar algo de luz (o tal vez un poco de optimismo medio ambiental que celebre el intermedio navideño) en la compleja noche política que vive nuestro país, hecho un lodazal de pactos sin sentido, cansinas estrategias partidistas sin conciencia de futuro común y un zarrapastroso independentismo que erosiona ángulos muertos, propicia la eclosión de la ultraderecha más rancia, y es contemplado con el silencio cómplice de medios de comunicación que abrevan en el conformismo y vocean a coro: “Aullemos, dijo el perro”.
   El recordado Ensayo sobre la ceguera, para muchos, y para quien esto escribe también, es la obra cumbre del autor luso. Encuentra algunos pasos de continuidad en esta ficción que recupera varios personajes ya conocidos: la mujer que fue caso único de visión normal cuando todo el país padeció una ceguera temporal, el médico y otros secundarios que ahora dejan oír sus pasos en un tiempo marcado por unas elecciones municipales que arrojan más del ochenta por ciento del voto en blanco y desacreditan completamente el rol progresista de los partidos tradicionales.
  Podríamos entender Ensayo sobre la lucidez como una fábula política. Sus actores conceptuales son la democracia, la fragilidad de sus cimientos y valores y el elenco de factores circunstanciales que marcan la convivencia y sus azarosas navegaciones temporales. Así se va desarrollando un hilo argumental donde el autoritarismo y la crueldad deciden hacer del ejercicio democrático de la votación libre un delito que merece investigación policial y métodos extremos de cloaca, como si fuese una acción terrorista propia de una conspiración anarquista internacional. Para descubrir al cerebro de este comportamiento colectivo los mecanismos del poder mandan a la capital a un comisario de policía, un inspector y un agente. En la ciudad no hay nada ningún indicio de rebeldía y conspiración y es necesario entonces inventar un culpable, hacer de la mentira una verdad.
  El escribir de Saramago está basado en la precisión extrema y la lentitud; los acontecimientos se ralentizan al máximo para que las secuencias se perfilen con una caligrafía taxidérmica. Cada instante está lleno de significado, soporta un eje de simetría entre forma y contenido. Los capítulos alcanzan en su plena madurez un cuadro sugestivo de emociones contrapuestas y sombras diluidas, como si el peligro fuera el habitante siniestro de cualquier esquina.
  La sensación final del libro es demoledora. El poder es fascismo, monopolio, exclusión y sentencia. Un tribunal severo que no duda en aplicar estrategias maquiavélicas para que las libertades cívicas estén siempre bajo control, en estado de sitio, esperando con los ojos cegados por el miedo la larga noche del día siguiente.

     

miércoles, 24 de enero de 2018

NICANOR PARRA. DESPEDIDA

Parranda larga
Nicanor Parra
Selección y prólogo de
Elvio E. Gandolfo
Alfaguara, Madrid 2010

NICANOR PARRA: EL ANTIPOETA.


  Mi lectura de hoy activa como primera obligación el homenaje. Ha muerto Nicanor Parra, protagonista de una biografía inusual y longeva. Todos los medios recogen hoy el peso específico de su creación, que  tiene mucho de autobiografía poética, sobre la que se congregan valoraciones confrontadas.
   Los reconocimientos literarios son llamadas de atención para testigos circunstanciales y razones de actualidad para invitar a la relectura. Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Chile, 1914- La Reina, Santiago, 2017)  recibió en 2011 el Premio Cervantes –el galardón más universal de nuestra comunidad lingüística- por el conjunto de una obra lírica en marcha desde hace más de siete décadas. Del prolijo inventario producido podemos extraer rasgos comunes en la antología Parranda larga, una panorámica con prólogo y selección de Elvio E. Gandolfo. En el preliminar, el antólogo acentúa el viraje transgresor de Nicanor Parra y compara su aportación a la de Rubén Darío. Se habla de explosión, de giro profundo y de enlaces novedosos con el pasado cultural, con exploraciones insólitas.
   Fue en 1956 cuando empleó el término “antipoemas” un molde de notable relevancia crítica para expresar la renuncia a cualquier convención lírica y para adoptar un catálogo denominativo que se ha perpetuado en las aproximaciones a su obra hasta la saciedad: prosaísmo, vanguardia, situacionismo, emotividad, reciclaje, humor, savia surrealista…
  Para llegar a esta estética el autor recorrió un tramo de aprendizaje, formalista y convencional, con un enfoque próximo a los cancioneros tradicionales. Este tramo englobaría títulos escritos entre 1935 y  1943, una época de poesía diáfana, ajustada a formas con cadencia narrativa como el romance y con afinidades manifiestas con la canción popular o la poesía de Federico García Lorca. Con Ejercicios respiratorios se produce el cambio de rumbo hacia un verso libre más oracular y prosaico. Pero el rostro más representativo de Parra se percibe en Poemas y antipoemas, título de 1956 que clarifica una búsqueda singular en la que persiste en títulos posteriores.
  Con caracteres de la poesía visual, el aforismo y el chiste, los “artefactos” pertenecen a la producción más iconoclasta y heterodoxa del autor. Amalgaman consignas reivindicativas, contingencia histórica y voluntad de provocación, como si fueran pintadas a mano alzada en el muro estático de la poesía convencional.
   La selección se cierra con dos textos teóricos útiles para subrayar creencias estéticas y principios de una escritura en movimiento continuo, que difumina géneros y límites y suscita en el lector sensaciones contradictorias. Casi a dosis iguales es previsible la admiración o el rechazo. Como escribiera en “Advertencia al lector”: “El autor no responde  de las molestias que puedan ocasionar sus escritos: / aunque le pese / el lector tendrá que darse siempre por satisfecho “.
  Mario Benedetti en el ensayo “Nicanor Parra descubre y mortifica” enaltece una escritura corrosiva que extrae su energía de un impulso moral y se somete a una simplificación deliberada. El chileno establece un fondo de verdad condescendiente con los desajustes a partir del humor o del sarcasmo. Nos deja la convicción de que el hombre, en muchas ocasiones, es una potencia de exponente cero. La vida sigue triste y esperanzada; sin hacerse notar se fue Nicanor Parra.