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martes, 6 de mayo de 2025

MIHAELA MOSCALIUC. ALGUNOS POEMAS FUGITIVOS

Algunos poemas fugitivos
Mihaela Moscaliuc
Traducción de Frances Simán
Editorial El Ángel Editor
Colección El Otro Ángel (Edición bilingüe inglés, castellano)
Otavalo, Ecuador, 2023


 
MODULACIONES
 

 
   La voz tutelar del poeta portugués Fernando Pessoa, aquel indeclinable creador de heterónimos, argumentaba que la identidad del protagonista poético era un personaje múltiple, que aglutinaba diferentes versiones del sujeto verbal. De este modo, expandía los límites del ser, transformando la naturaleza interior del yo en varios residentes habituales. Algo similar ocurre con la tarea del traductor. Su empeño fertiliza nuevas versiones del poema; convierte el acto de escribir en un transeúnte que viaja, repleto de significados, por distintos idiomas.
  Frances Simán, editora, traductora y miembro de número de la Real Academia de la Lengua en Honduras, selecciona poemas de tres entregas, más la aportación de algunas composiciones inéditas, para organizar la antología Algunos poemas fugitivos de la poeta, traductora y profesora universitaria Mihaela Moscalieu. Nacida en Rumanía, donde pasó su infancia y buena parte de su juventud, despliega pronto su condición nómada y viaja hasta asentarse en Norteamérica, en Nueva Jersey. Allí trabaja en la Universidad de Monmouth, donde ejerce su dedicación docente como profesora de inglés y de escritura creativa. Su perfil literario integra un trayecto lírico que aglutina los poemarios Father Dirt (2010), Immigrant Model (2015), y Cemetery Ink (2021). Una obra de variados estratos argumentales, cuya sensibilidad sugiere epitelio emotivo, inteligencia reflexiva y quehacer observador de un entorno abierto y dispuesto a constantes modulaciones, que hace de la tierra natal el lugar del poema.
  La travesía escritural de esta compilación arranca con el poema “Olvídate de los cerezos en flor”. La composición postula una dicción cercana, donde se conjuga la voluntad de estar en lo cotidiano: “Así es como vivo: construyo un andamio, / recibo el caos, veo colapsar el andamio, / veo las estrellas, lo hago de nuevo. / Responsabilizo a mi caos por la sangre / que salpica a intervalos desiguales / en la sagrada unidad llamada día”. En la evocación se adhieren fragmentos del escaparate vivencial, ese polen de memoria y sueño que dispersa el viento del discurrir. Pero también el deseo y su terapia transformadora de la temporalidad da solidez a las palabras. Es un signo encendido del cuerpo que muda el existir en mediodía.
   Mihaela Moscaliuc concede plena autonomía expresiva a cada composición. El texto abre la espita de los significados y sondea incisiones temáticas muy diversas. En “la Isla de las muñecas” el poema se hace más narrativo, como si fuese un relato que enhebra recuerdos y aderezo imaginario. Lo mismo sucede con “Cisne negro”, cuya propuesta argumental recuerda también el intervalo colectivo de aquella Rumanía de bloques grises en el tiempo crepuscular de la ideología comunista. El punto cero de la caída del dictador rumano Nicolae Ceausescu en 1989, tras veinticinco años de intemperie dictatorial, es el motivo del poema “Memorias”, donde lo colectivo se integra en el discurrir individual como si el estar transitorio fuera un proyecto común que necesita lumbre para ser recordado como testimonio de un tiempo sombrío, que prodigó después una larga lista de efectos secundarios, presentes por ejemplo en el poema “pareja de 71 años desciende al Mar Negro”.
  El venero de la historia contemporánea comparte sitio con poemas que airean una mirada al entorno natural y su magnética fauna. Abejas, mariposas y diversos insectos generan una lección de vida que imanta la sensibilidad del hablante, cuya mirada muestra el legado vivencial que dejan tantos organismos impredicibles. Enriquecida por la imaginación, la vuelta al pretérito proyecta la dimensión luminosa del asombro. También las razones del lenguaje constituyen un afán; es preciso resolver el teorema de los vocablos y dialogar con el universo de signos. Las palabras entrelazan hilos de la experiencia sensorial e intrahistoria del figurante verbal; los versos desembarcan recuerdos, incertidumbres y miedos. Importa construir un patrimonio interior en el que se define lo esencial de una búsqueda que clarifique quiénes fuimos en el pasado, lo que es compañía y perdura en los resortes mudables de la cotidianidad y en la pluralidad de sus escenarios.
   Completa el transitar del libro el poema "metáforas culpables: acerca de la gitana dormida de Henri Rousseau". Es un largo texto nacido de la contemplación pictórica. Su fragmentación moldea diferentes espacios de inspiración: el quehacer del artista, el sentido estético de su pintura y las sensaciones reflexivas que depara el cuadro. El poemario integra la filosofía interpretativa del pintor: detallista al extremo, con predilección por los colores fuertes y una gama temática nacida en el onirismo y la temática exótica; son rasgos ue convierten al pintor en magisterio de otros creadores como Pablo Picasso y el Surrealismo.
  El cuadro que inspira el poema "La gitana dormida" tiene como elementos centrales el león, la gitana dormida y el laud. Son primeros planos del poema que explora también asuntos conceptuales como el cansancio o la personificación de la gitana en uno de los grupos étnicos más marginados de la historia de Rumanía. 
   En el despliegue de Algunos poemas fugitivos vislumbramos un protagonista textual que enlaza con frecuencia pretérito y presente para definir la propia identidad en el anfiteatro de lo real. La memoria ramifica tramas que sugieren una representación colectiva en la que reaparecen las sombras de la historia completando un paisaje de miedos, cicatrices y gestos, nunca sosegados por el olvido. Los argumentos trazan también una cartografía de la educación sentimental del sujeto, buscando mapas de vestigios visibles y puntos de fuga que trascienden lo anecdótico para ensamblar analogías y revitalizar mitos.  Poesía que filtra el aire para enseñar a volar, que hilvana evocación y elegía, una emotiva crónica escrita con los trazos atemporales del latido existencial.
   

José Luis Morante    




miércoles, 2 de abril de 2025

MICHAEL WATERS. POEMAS ASCENDENTES

Poemas ascendentes
Michael Waters
Traducción al castellano
de
Frances Simán
Ediciones El Ángel Editor
Colección El Otro Ángel
Quito, Ecuador, 2024

 

VIVIR EN EL DESPUÉS


    Aparece en castellano, fruto del incansable quehacer de la traductora Frances Simán, el volumen Poemas ascendentes de Michael Waters (1949). Residente en Ocean (Nueva Yersey), antiguo profesor de la Universidad de Monmouth, en West Long Branch, y esposo de la poeta estadounidense de origen rumano Mihaela Moscaliuc. Michael Waters protagoniza un fecundo transitar literario en verso y prosa que aglutina el ensayo La bicicleta y el alma (2024) y catorce títulos de poesía, entre los que se integran los poemarios Darling Vulgarity (2006), The dean of Discipline (2018), Cat (2020) y Sinnerman (2023). Además, ha coeditado varias compilaciones y su taller de autor ha conseguido el apoyo de prestigiosas instituciones como la Fundación Guggenheim y el Fondo Nacional para las Artes de Estados Unidos.
    La traductora integra como umbral una breve nota “Ascendencias” que clarifica su decisión de acercarse a la sensibilidad estética de Waters a través de la antología Poemas ascendentes, donde conviven conocidas composiciones de trayecto y algunos poemas inéditos. La lírica de Michael Waters se caracteriza por su tensión narrativa y por el uso de algunos núcleos temáticos recurrentes en torno a la evocación, el asombro intacto de lo cotidiano, la genealogía de la identidad o el sedimento de las relaciones sentimentales. El poema abre la conciencia a un relato que se va construyendo desde la incertidumbre, con una palpable cadencia versal que elimina el prosaísmo y lo acerca a un entrelazado de tiempos, entre la reconstrucción ficcional del pasado y el ahora mudable. El sustrato narrativo convierte al sujeto verbal en espectador. Se preserva lo anecdótico para transcender las circunstancias y buscar respuestas existenciales. Ejemplos de este formato expresivo encontramos en “El misterio de las cuevas” , “Leyendo a Dikens” y “Covert Street”.
   La naturaleza comparte el fondo de representación de Poemas ascendentes. Es un escenario imprevisible y capaz de mantener la imaginación despierta con su luminoso lenguaje. Sus paisajes conforman un universo físico cercano, que impregna la textura sensorial y ejerce en los estados de ánimo del sujeto una acción terapéutica. De este conocimiento del entorno natural se nutren los versos del extraordinario poema “Fresno verde, arce rojo, gomero negro”, del  que rescato algunos versos iniciales: “Cuántas veces me consolaron los nombres de los árboles, / cómo repetía para mí mismo fresno verde / mientras el matrimonio se consumía en el no-hablarse, / arce rojo cuando la ternura era cualquier cosa menos eso, / luego gomero negro, gomero negro mientras yacía junto a ti / en el no-dormir, en el no-hacer el amor…”
   Para dar variedad al hilo argumental, Frances Simán recoge composiciones diversas. Conviven en este amplio enfoque de asuntos la reflexión biográfica y los poemas derivados de viajes o reflexiones en torno al arte. La escultura de Donatello “Magdalena”, por su exacta expresión de la angustia, genera una notable indagación sobre la fragilidad existencial y el inevitable olvido. En la esencia del poema, como en otras composiciones, el tema del tiempo y la travesía vital donde la madurez y senectud enlazan con el intervalo auroral de la infancia y la indefensión de quien va recorriendo un camino de erosiones y pérdidas, entre la cercanía de lo inevitable. Tramo a tramo, las composiciones desprenden la sensibilidad comunicativa de la confidencia intimista, la persistente búsqueda de situaciones con un claro enfoque evocador. En la realidad habita lo diverso; pero en el patrimonio personal de cada identidad el pensamiento preserva también el reverso de lo que se aparenta, la memoria del humo que conmueve, más allá de la escarcha, y aflora hacia el exterior mediante la escritura.
    Cada poeta crea su voz singular, acumula coordenadas propias que establecen una poética intrínseca. En la poesía de Michael Waters es palpable la conexión entre experiencia biográfica y lenguaje. El autor sabe que los libros son puertas que permiten el encuentro entre recuerdos y símbolos, las señales que detectan las zonas transitables de la condición humana. Las palabras no son sólo palabras; constatan lo que sucede fuera; hablan también de que la escritura es siempre un horizonte abierto que no precisa más final que el aliento que guía cada verso: la cercana presencia de los sentimientos.
  En Poemas ascendentes encuentra significado la experiencia vital. Se apuesta por el intimismo y la proximidad del sujeto verbal, cuya voz en el ahora refleja el cauce manso de lo cotidiano, esas fotografías lúcidas que reflexionan sobre el sentido de lo existencial. La escritura acoge hitos temáticos perdurables: el amor, la muerte, la soledad y esos impactos mínimos que resaltan la fragilidad del ser transitorio en el cauce manso de lo cotidiano. Poesía viva, sensible, con el latido de lo perdurable.


JOSÉ LUIS MORANTE



 
 

sábado, 2 de diciembre de 2023

JUAN SUÁREZ. LAS COSAS NEGADAS

Las cosas negadas
Juan Suárez
Editorial Cisne Negro
Poesía nº 17
Edición al cuidado de Frances Simán
Ilustración interior de José Luis Quesada
Tegucigalpa, Honduras, 2023

 

RAZÓN DE RESISTENCIA

 

  La celebración, en noviembre de 2023, del XV Encuentro internacional de Poesía Paralelo O convocó en Quito y otras localidades ecuatorianas a más de sesenta voces del mapa literario actual, bajo la dirección de Xavier Oquendo Troncoso y el eficaz trabajo de un selecto equipo de colaboradores. En el plantel organizativo sobresale Juan Suárez (Quito, 1993), coordinador literario del evento, poeta, editor del sello “El Ángel editor” y Licenciado en Comunicación y Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Ecuador (PUCE) con una investigación sobre la poética de la enfermedad en el quehacer creativo de la escritora, crítica y periodista Ileana Espinel (Guayaquil, 1931-2001). El poeta completó los estudios de Maestría en la Universidad de Salamanca, bajo la dirección de la poeta, investigadora y  profesora titular de Literatura Hispanoamericana María Ángeles Pérez López.
   Es autor de Lluvia sobre los columpios (2014), Hacen falta pájaros (2016), Nos ha crecido hierba (Finalista premio Nacional de Poesía Paralelo O 2018) y El nombre del Alba (Nueva York Poetry Press, 2019). Son títulos que conforman una fértil trayectoria con sitio en balances generacionales como Seis poetas ecuatorianos (Editorial Caletita, México) y en la muestra de lírica española actual Y lo demás es Silencio Vol. II (Madrid, 2016). Así mismo su poesía está presente en el compendio de poetas ecuatorianos «Voices form the center of the world» realizado y traducido al inglés por la poeta estadounidense Margaret Randall.
  En Las cosas negadas, tras la emotiva dedicatoria, una cita de Louise Glück, Premio Nobel de 2020, entronca la propuesta escritural de Juan Suárez con una estética figurativa cuyas coordenadas básicas entrelazan incursiones autobiográficas, el fluir insomne de la observación que se asoma la crónica social y la relación entre el lenguaje y los paisajes interiores de la subjetividad. Así se vislumbra en la obertura fragmentada “Este es nuestro sitio”, a la que pertenecen estos versos: “A veces nos asomamos a la vida / y parece un carnero / que mastica las hierbas que germinaron / cuando el bosque de la esperanza fue quemado. / A veces, / nuestra sangre derrite el granizo en las veredas. / Así seguimos, / buscando, en la geometría más feroz, / la ternura”.
  El autor rastrea en el poema las anotaciones de la evocación. La existencia amanece como un despliegue de conocimientos y cicatrices que se adhieren a la piel del tiempo. Los recuerdos trazan un inhóspito laberinto de sensaciones. Sus signos recobrados alzan sobre los pilares de la memoria un lugar pretérito, nunca idealizado. Muestran un perímetro de lejanías que comparten presencias marcadas por la pobreza, el desarraigo y el tedio que, poco a poco, van conformando la educación sentimental del niño. Un pactado aprendizaje de silencio y soledad que moldea en el discurrir una percepción singular de la existencia.
  En el tramo inicial, la muerte se cimenta como tema esencial. La ceniza aguarda. Los ausentes parecen respirar en medio de la existencia diaria, como si estuvieran petrificados e intensificaran sus conexiones con el entorno reclamando, entre la lluvia de los días, un espacio vacío. Pero este hilo argumental deja sitio a otros elementos que someten al pensamiento a un despliegue de recorridos, a una eclosión de encuentros y destellos emotivos recostados en el sedoso tejido de la imaginación.
   En el recorrido del protagonista verbal lo contingente se impone con fuerza inexorable; hace del anecdotario vital una senda de pérdidas y cicatrices, un poblado periplo de inquietudes que exige a la conciencia que aprenda a sobrevivir, que se refugie tras una razón de resistencia, lejos del tedio y la conmiseración: ”A los que el Gran Escriba de la historia / ha negado una página, /      poesía, / hazles saber que alguien piensa en ellos, / que se los siente caminar / por las enmohecidas calles del alma”.
   Desde esta solidaridad que siente próxima la tristeza sombría de las escombreras, el poema se aferra a las respuestas de un destino sin luz. No quiere inspirar misericordia. Reivindica su derecho al olvido, su inventario de cosas negadas, con la piel áspera y tocada por el frío. Más allá del derrumbe, habita en las palabras la fragilidad de una esperanza. La voz suena a lluvia lenta que moja y tonifica la memoria. En Las cosas negadas Juan Suárez vuelve sobre los días para hablar consigo, para recordar que dentro del ahora habitan un niño, una genealogía de sombras, una casa con luz donde reside una constelación de incertidumbre, un transitar de amanecidas que siempre llega tarde.
 
 

                                                                  JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 4 de junio de 2022

RAFAEL SOLER. LAS CARTAS QUE DEBÍA

Las cartas que debía
Rafael Soler
Prólogo de Ramón Hernández
El Ángel Editor, Colección Pluma
Quito, Ecuador, 2022
(Primera edición, Vitrubio, Madrid, 2011) 


EPISTOLARIO

 
  
   En abril de 2022, el Festival Internacional de Poesía (IM)Prescindibles, celebrado en la localidad madrileña de Moralzarzal con coordinación del poeta, editor y gestor cultural Álvaro Hernando, elegía a Rafael Soler (Valencia, 1947) como personalidad central del ahora poético, junto a Efi Cubero y Miguel Veyrat, por su excelso trayecto literario y por el expandido magisterio entre las hornadas más jóvenes. Este cálido reconocimiento se suma al balance vivo y renacido que aglutina la publicación de su poesía completa, reunida en el volumen Vivir es un asunto personal (2021), y el amanecer como libro exento de su último poemario Las razones del hombre delgado (2021). 
   El rescate de Las cartas que debía en el proyecto que dirige y coordina Xavier Oquendo Troncoso integra el fluir lírico de Rafael Soler en el ámbito latinoamericano y recuerda una etapa clave, un segmento temporal que aglutina los poemarios Los sitios interiores (Sonata urgente) Maneras de volver. Son las salidas iniciales y pertenecen a un momento de formación y búsqueda; son el refrendo de un ideario que mantiene una clara raíz vanguardista y un nítido desarraigo del convencionalismo de época. La etapa auroral despliega un mundo propio; mezcla en su quehacer expresivo la afectividad sentimental, el verbo irónico, asuntos argumentales que trazan exploraciones humanistas y en su aspecto formal fomenta el uso de metáforas e imágenes que plasman una dicción original y distinta, no exenta de hermetismo.
   Ramón Hernández firma la introducción “Caupolicán Soler”, un título sugerente que enlaza el vigor literario del valenciano con el valeroso caudillo araucano que resistió la conquista española del sur de Chile, en el siglo XVI. Desde la requerida admiración que despierta la individualidad de Soler y con un convincente aderezo cultural, el prólogo argumenta que la esencia de Las cartas que debía habita en un “revivir privado, descrito en clave, utilizando un lenguaje sobrio, medido, exacto, pleno de reivindicaciones tan secretas que, muy probablemente, nacen y mueren en el alter ego del poeta, que vive en él, como exclusivo confidente de sí mismo.”
  Se me permitirá añadir a la convincente argumentación de Ramón Hernández una mirada a la tradición; el título remite al género epistolar, una escritura que tuvo su plenitud en los siglos XVI y XVII y que se ha mantenido en el tiempo, ligada con frecuencia a la voz femenina, más proclive al intimismo y la enunciación a dos vertientes. En cualquier caso, la modalidad expresiva siempre requiere un destinatario explícito, un necesario receptor del discurso lírico que convierte la veladura subjetiva en caligrafía común.
   Rafael Soler organiza esta heterodoxa correspondencia poética en catorce secciones, en las que no faltan desdoblamientos del sujeto poético, mensajes colectivos o lejanías conceptuales que no tienen un destinatario concreto sino un enunciado reflexivo en el que depositar el magma intimista de la confidencia. Así, el primer envío “A un notario con el tiempo justo” hace del tú apelativo un yo desdoblado que dialoga consigo mismo sobre el tránsito temporal. Quien habla hacia dentro espera hallar en la mirada experiencia vital y lúcido desencanto, porque la realidad trastoca ilusiones e idealismos y aloja en la voluntad sendas de cansancio y distancia, de enfermedad e intemperie.
   El poema muestra la sensibilidad comunicativa del yo autobiográfico. Comparte soledad y ese estar perenne en el desconcierto, cerca de la locura, cerca también de los que no tienen a nadie y de los que como único patrimonio de bolsillo se reparten apagamientos y muertes diarias. Desde entornos complejos – el manicomio, un asilo, una cama de hospital… - van llegando mensajes que contienen el desgarro encendido de la decepción. Los hilos argumentales conforman estados anímicos en los que prevalece una ambientación nocturnal, una costa de sombras.
  Con fuerza admonitoria y vallejiana, el lenguaje muestra angosturas de frontera entre lo cotidiano y el discurrir onírico, mientras los pasos del discurso toman posesión de la incertidumbre. En su pluralidad temática, los poemas se hacen preguntas, clarifican siluetas del yo perdidas en el tiempo; emprenden sendas hacia callejones sin salida de los que nadie regresa, siguen el norte del corazón sabiendo que la vida es un péndulo que enlaza amanecida y ceniza.
   Conviene hacer del transitar un gesto de coherencia, un indicio del ser que guarda la memoria.  El insomnio se hace coordenada reflexiva. Desde esa percepción, cada amanecida contiene sus estratos de azar, ese golpe de dados que comparte deseos y hace del amor un destino tangible. Esa presencia viva que comparte el cincuenta por ciento de la almohada –Lucía- es la destinataria de muchas confidencias, como las que conforman el apartado siete. La reflexión existencial se acentúa en Las cartas que debía cuando el sujeto verbal dirige su mirada hacia el espacio interior, a esa zona íntima, impregnada por una intensa penumbra crepuscular: “Vivir es decidir / y todo error es tu grandeza / pues solo cuando llegas / das por cumplido lo vivido “.
   Las composiciones acumulan vivencias donde el entorno ratifica su estar; entrelaza sus manos en los transportes públicos donde aguardan los atascos, los encuentros fortuitos y esos asientos compartidos que acogen la presencia del otro. La percepción se esmera en rescatar evocaciones y preservar en la memoria los recuerdos del solitario bebedor. La ironía y el brazo en el hombro de la última copa dejan un perfecto trazado de soledad. Las cartas que debía cobija un largo soliloquio fragmentado. Sus poemas, con rotunda riqueza expresiva, roturan la tierra abierta del susurro para sembrar semillas paradójicas que contienen un intenso mirar introspectivo. El yo nunca cierra los ojos. Mientras busca un lugar donde quedarse, descubre que ha llegado a ese tiempo de finitud cumplida, lejos de cualquier impostura trascendente: “Saluda escucha templa el ceño / desenfunda cuidadoso los abrazos / has llegado / donde quiera que sea has llegado”
   
 JOSÉ LUIS MORANTE


miércoles, 26 de enero de 2022

LUIS CORREA-DÍAZ. HAIKUS NADA MÁS

Haikus nada más
Luis Correa-Díaz
Prólogo de José Luis Morante
Ediciones El Ángel
Colección Entre Nubes
Chile, 2021
  

IMPLOSIÓN DE HAIKUS

 

   El formato tradicional del haiku encierra una percepción introspectiva. Desde el hacendoso oficio de la contemplación, la estrofa japonesa dibuja una ventana abierta, atenta a las pulsaciones cercanas del entorno y los matices sensoriales depositados en el pensamiento. La caligrafía remansada de esta práctica versal da cauce al discurrir de las estaciones a partir de destellos inmediatos con un diálogo cordial entre naturaleza y testigo. Fue Matsuo Bashoo (1644-1694) quien codificó el sentido y la arquitectura del haiku como camino de perfección y serenidad espiritual. El monje ha ejercido un sólido magisterio, compartido con Onitsura, Shiki, Moritake, Issa Kobayashi, Santôka y Tietoku, entre otros. Aportan estratos argumentales e idearios estéticos renovadores, como Sookan, quien introdujo en la terna versal los más humildes rincones de lo cotidiano y el tono humorístico.
  A primeros del pasado siglo, el haiku viaja hasta occidente gracias a José Juan Tablada. Los nuevos cultivadores trastocan el mensaje literario autóctono y añaden a su clasicismo genérico espesuras y condensaciones expresivas mudables. Con el tiempo, la brevedad es un mural, una colección de teselas que tiene el tono de lo conversacional y la cadencia cercana del intimismo compartido. De la persistente contracción nace una lírica despojada de transcendencia que expone el río secuencial de lo vivido. La palabra ratifica el estar a la intemperie, mientras los sentimientos se convierten en raíz sustentadora, en soportes que aguantan la condición transitoria de la identidad. El yo se hace otro. Escribe una estela en el agua que no se borra, sea cual sea la fisonomía del cambiante escenario donde sembramos nuestros pasos.
  Frente al poema de sensaciones sublimadas, el ámbito interior del haiku admite el carácter subjetivo del yo lírico y su presencia explícita. La sobria belleza de la estrofa adquiere en Luis Correa-Díaz un tacto distinto. El profesor, poeta y ensayista entiende la literatura como experimentación; es un tanteo transformador, una búsqueda alternativa que se hace desde una implosión especulativa y proteica. Sus poemas no retoñecen en los previsibles surcos de la ortodoxia sino en las hendiduras de la roca, en el desmonte, en las grietas, en el suelo asimétrico del reseteo. Interpretan otra manera de entender  la cadencia versal sin la ecuación silábica del esquema 5 / 7 / 5 que calculaba la distancia exacta del poema. La memoria léxica conexiona versos para entrelazar un cordel fuerte, en el que cada estrofa tiende la mano a la siguiente, anula su autonomía significativa y se integra en una unidad mayor. Así se logra la evocación del pasado y el regreso de lo vivido, que ahora difunde un rostro fragmentario, cubierto a veces por la silueta gris de la incertidumbre.
  La textura expresiva de Haikus nada más se manifiesta desde la apertura. En “Haiku de la visitación” inaugura su voz un protagonista lírico que evoca secuencias biográficas con el aguijón de la ironía y una polifonía léxica que integra expresiones en inglés e italiano, junto al cauce habitual del castellano. Los poemas descifran los caminos de la convivencia. Son indicios de una realidad paradójica y proclive a la contradicción porque en los caminos del lenguaje conviven el estar común y la soledad evocadora, el recuerdo de lo vivido y las lindes de una senda seca y áspera que viaja hacia la ceniza. El paisaje cobra un rumor fuerte en poemas como “Haiku de allá del campo” donde el sentido estrófico adquiere un trazo constructivo, cuajado de belleza.
   A veces, Luis Correa-Díaz da nueva vida a la mirada infantil. Los versos se conviertan en crónicas de leves itinerarios, donde persiste la ingenuidad del niño nunca perdido en la profundidad del tiempo. El verso se rodea de un bosque de símbolos que renacen en la introspección para ser ahora y presente. Las piezas adaptables del lego, los lápices para dibujar tebeos o las manos firmes de los superhéroes construyen cerca un mundo sencillo, que soporta las mudanzas del tiempo.
   En la amalgama de estratos, otro vértice temático es la continua presencia del yo femenino. Convoca imágenes de plenitud, cercanía y ausencia expuestas con la sencillez del ideario amoroso y su caminar con paso firme.
   Recordando la onomatopeya sonoro de la rana de Bashoo, aquel “plof” al caer sobre la silenciosa superficie del agua,  Luis Correa-Díaz añade con frecuencia a sus poemas una coda final, un monoverso que sirve de broche a la cadena y funciona como aserto conclusivo. Con él intensifica la reflexión y condensa los referentes mediante una introspección final. Otras veces, para añadir otras secuencias formales, sitúa el verso suelto entre las estrofas, fijando así una cadencia remansada, un ritmo, una nube verbal en el aire.
   Vigilantes y activos, los pasos de Haikus nada más promueven un sostenido ritual del desorden, hecho de impresiones visuales cambiantes y de una combinatoria de asuntos temáticos. Entre ellos resalta la presencia de una perseverante zoología que encuentra en el poema memoria, expresión precisa y vuelo renacido. Los versos albergan tortugas, pumas, gatos, ardillas, pingüinos y medusas; vivas siluetas de cambiante morfología que soportan asombrosas mutaciones oníricas. Se muestra una fauna palpitante que da razón a la mínima caligrafía del bestiario o establece un íntimo coloquio con Pablo Neruda cuando criticaba la soberbia antropocéntrica del yo, frente a los organismos naturales. La sensibilidad de Luis Correa-Díaz nunca es ajena a los estímulos sensibles, esos elementos de la fauna y la flora que sostienen las formas de la materia y abren caminos a reflexiones mayores.
   Entrevera el desarrollo del libro un contexto histórico marcado por los sustantivos virus, pandemia y encierro. Son términos que han generado un viscoso campo semántico, tendente al derrumbe anímico. De su percepción nace la queja y el resentimiento, tan nítidos en el poema “Haikus del virus cabrón”. La composición recorre una dura realidad social, convertida en un registro de inquietudes y cambios que han logrado otra perspectiva relacional. En las calles falta lo habitual, la piel cálida y el abrazo, ese puente hacia el otro que si no se recorre sobreviene un fuerte agotamiento emocional.    
   Se hace tangible en la visión estética de Luis Correa-Díaz el afán celebratorio del inconformismo y el zarandeo de la asepsia expresiva. En Haikus nada más las redes de haikus olvidan el hermetismo para salir al día con un plano lexical ausente de artificio retórico. Crean un clima de cercanía conversacional, de irónica aceptación de la realidad como un espacio frío, exasperante; abren una pantalla proclive a la visión crítica por su depuración de ideales. Las palabras del poeta se miran en el espejo para mostrarnos un hacedor de versos sin literatura. Sumido en la experiencia singular de dar voz a lo diario, sale a escena un magma caótico, repleto de viejas preguntas que corren lejos y conjugan sus novissima verba en el umbral lejano del futuro.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

(Madrid, junio de 2021)    

jueves, 11 de junio de 2020

XAVIER OQUENDO TRONCOSO. COMPAÑÍAS LIMITADAS

Compañías limitadas
Xavier Oquendo Troncoso
El Ángel Editor
Quito, 2019


AMAR ES MENOS


  El propósito creador del ecuatoriano Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, Tungurahua, 1972), periodista, gestor cultural, impulsor del sello editorial El Ángel Editor y Doctor en letras y literatura, abarca un recorrido multiforme. Transita por la literatura infantil, la narrativa, el ensayo, la coordinación de antologías sobre sendas fuertes de su generación y voces emergentes del país, y mantiene como actividad central la dedicación poética. De su estela lírica, traducida parcialmente al portugués, inglés e italiano, daba cuenta Salvados del naufragio (2005), muestra del trabajo de casi tres lustros, enriquecido con posteriores entregas y compilaciones como la antología personal Los poemas que me aman (2016), versionada al inglés por Gordon McNeer.
  Su obra continúa con Compañías limitadas, libro aparecido en los últimos días de 2019. Precedido de una extensa dedicatoria afectiva que convierte al amor en núcleo germinal y cálida medida del discurrir del tiempo, el poemario amanece con una larga cita de Jaime Gil de Biedma, con versos que aluden al declinar del mediodía amoroso. Desde un coloquialismo natural, en el que aflora un reguero de imágenes con fuerte impacto visual, el apartado “Las compañías” deslumbra con el poema “Afectos Cía. Limitada”. Su voz enunciativa hace de la textura sentimental una aire respirable. Su estar llena el entorno, dejando en la conciencia reflexiva del sujeto verbal un paisaje mudable que, junto a la aparente solidez celebratoria, cobija inadvertidas zonas de sombras, de vacío. Las secuencias de la aurora se encaminan hacia un atardecer de grises y nostalgia. La fisiología de los afectos construye una realidad especulativa. Es un laberinto de redes causales asentado en el pensamiento. Postula la sensación de una trama diluida de itinerarios, solo entrevista en la memoria.
  El largo verso sálmico y el  usual recurso de la comparación crean un torrente asociativo. Rompen el frío de lo cotidiano con continuas bifurcaciones reflexivas que llevan a la soledad del sujeto y a su estrategia preventiva frente a los afectos. También el poema “Del no amor”, con su formulación interrogativa, hace del ahora un espacio de soledad, como si el registro vital estuviese en un tiempo nuevo donde no fueran posibles la convulsión y el encuentro. Es necesario seguir ruta, buscar una recomposición que adquiera síntomas de plenitud; sumar pasos hacia el asombro.
   Siendo el amor y la voz íntima de la confidencia los hilos sustentadores de Compañías limitadas, Xavier Oquendo Troncoso explora matices en la tensión unitaria del libro. Si el sentir invita a lo solemne, en la composición “El débil” se recurre a la ironía para dar al sujeto una actitud de cercanía cómplice. El recurso también encuentra sitio en la composición “En honor a quien salva”, cuyo tono descriptivo emparenta sus versos con el cuento corto.
   Uno de los poetas capitales de Xavier Oquendo Troncoso, junto a César Vallejo, Pablo Neruda, Nicanor Parra o Juan Gelman, es Jorge Enrique Adoum (1926-2009); al escritor, político, ensayista y diplomático que hizo de la mirada social el compromiso más sostenido de su escritura, dedica el hermoso poema “Dos calles de Adoum y un árbol”. Los versos exploran el periplo biográfico y su legado en el tiempo como si fuesen vigas que cimentara la casa de la poesía. También con la textura del homenaje nacen las composiciones “El colorado” y “Juan”. La primera enfoca la figura del progenitor cobijado en los ojos del niño, lo que concede al personaje un epitelio épico; esa dimensión de calidez filial se mantiene intacta en la madurez meditativa. El poema elegíaco “Juan” rememora el silencio definitivo de Juan Gelman, tan tímido y solidario, tan hecho de esperanza.
   El segmento inicial se completa con ángulos diversos que dan pie a una pluralidad de motivos. Habitan los poemas el discípulo, la voz del tiempo y su experiencia natural, la impresión subjetiva del autorretrato o el lugar del amor como arquitectura capaz de definir al otro o dejar entre las manos su diluido balance final.
   Con su título machadiano, la sección “Las soledades” aborda el sentimiento de pérdida, elegíaco y crepuscular. Consumado el fracaso de la relación amorosa, sobreviven los restos, un patrimonio frío de desolación. Esta debacle propicia el rumor renqueante de la angustia, una anti-oración que vela la felicidad y mantiene en la retina elementos generacionales de la educación sentimental. Aquella felicidad inadvertida de los años 80 entrelazaba la biografía sentimental con un nutrido escaparate de claves colectivas que ahora, en el terco presente, se van llenando de demoliciones. Todo requiere un reajuste, acaso la invención de algún itinerario de regreso que propicie un último tren.
   La corriente escritural se remansa en sí misma en las composiciones del apartado “La poesía”. Como un largo monólogo interrogativo que suma indagaciones, el tejido poético abre un juego digresivo. Secuencia asociaciones y dinamiza un fraseo donde conviven el enunciado y el verso irracional y alucinatorio. Se oyen la personificación, el decir paradójico, la letanía reiterativa y el continuo propósito de activar un uso renovado de la expresión versal.
   Los poemas de Compañías limitadas subrayan la confianza lectora de Xavier Oquendo Troncoso en magisterios medulares. Así intensifica su singularidad, ese intenso cuidado de la dicción poética expresando su confianza en el amor como razón vital, pero también su conciencia de la temporalidad. Quien sale al día explora la realidad del sentir como un ámbito mudable. Hace de la poesía introspección y permanencia, el trazo compartido del fuego y la ceniza.