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domingo, 2 de junio de 2024

RAFAEL SOLER. MEMORIA Y NO

Memoria y no
Rafael Soler
Huerga & Fierro Editores
Colección Rayo Azul
Madrid, 2024

  

VOCES, DENTRO


   Rafael Soler (Valencia, 1947), poeta, narrador  y docente que impartió clases, durante tres décadas, en la Universidad Politécnica de Madrid, mantiene en su escritura una larga carrera, rica y diversa, que aglutina seis ficciones largas, dos compilaciones de relatos y media docena de entregas de poesía. Con el título Vivir es un asunto personal, como si la escritura fuera asidero permanente y semilla de todo, reunía su obra lírica en 2021, muy pocos meses después dela ensimismada soledad de la pandemia. Pero la fértil madurez del poeta sigue buscando savia en el árbol del lenguaje y saca a plena luz la caligrafía evocadora de Memoria y no. El título parece alimentar una contradicción léxica: suma la capacidad de reconstrucción de la memoria, como legado y percepción panorámica de lo vivido, y el adverbio de negación “no” que introduce un contraste, una pausa transitoria frente a los brazos abiertos del pasado, como si la arqueología sin costuras del ayer, como territorio básico de la identidad, necesitara también explorar otras rutas, abiertas por el onirismo, la imaginación o los reflejos plasmados en el cristal desvaído de los otros.
   La composición “Toda una vida te lleva a ser mortal”, frase que adquiere la forma sentenciosa de un aforismo filosófico, parece una  justificación previa del papel esencial del tiempo recobrado para encontrarse a uno mismo. Su planteamiento argumental integra el recorrido desde la salida auroral hasta el ahora. El despertar vital es anuncio y profecía. Se dispone, con afanosa aplicación, a repoblar el bosque del presente, meta de madurez que aguarda en silencio la llegada de las sombras, mientras mira despojos y cenizas.
    La primera parte “Memoria” integra las secciones “A reloj candente podríamos decir” y “Limpieza semanal con un cuchillo”. Ambas comparten, pese a sus dimensiones asimétricas, una clara raíz experimental, heredera de Vicente Huidobro,  César Vallejo y el Lorca más surrealista. Rafael Soler opta por un nítido desarraigo del trascurrir epocal. Camina a solas, sin hilvanes generacionales. Busca una dicción singular, densa y hermética. Amalgama en su pensamiento poético la intimidad confidencial de quien se reconstruye en el espejo de enfrente, no pocas veces con verbo irónico. Explora la sensibilidad profunda para que fluya un retorno que acerque las coordenadas de la existencia. En ellas se muestra una significativa búsqueda de nombres tachados, recuerdos y apropiaciones imaginarias que viajaban camino del olvido. Desde la pertinente observación indagatoria, la vida transcurrida se habita por una individualidad que sale al día; pronuncia convincentes argumentaciones de la palabra para dar tinta y papel a la evocación, para que adquiera cronología y sentido  lo perdido.
    La expresión “Limpieza semanal con un cuchillo” da fuerza a un despojamiento extremo y sin concesiones. El trayecto vital se desnuda y van emergiendo significativas presencias personales como la madre, el abuelo o el hermano casi angélico. Se retorna a la sensibilidad auroral de los días de infancia, esa esperanza de consumación y anhelo que miraba las pisadas del tiempo y sus puntos suspensivos esperando el asombro. El arte de la fuga ha hecho del trayecto un liviano depósito en el que caben secuencias de la educación sentimental y aquellos figurantes que intercambiaron ámbitos y voces hasta cruzar las puertas del frío, hasta forjar el extraño inventario de lo vivido, la íntima derrota de quien cierra los ojos y  siente entre las manos las migajas de nada: “Lo que queda / después de los aplausos”.
   La conmoción lírica del poema pronuncia en voz baja su indagación de la nostalgia. Cuenta el temblor que encierran los brumosos secretos de los días, convertidos en su deambular en “escombro y cuarentena / agrio piafar de lo perdido”. Mientras el sujeto se afana en ese vano empeño de volver al origen en su indagación de lo humano.
   La segunda parte “Y No” acoge los poemas de “Pabellón cinco, al viento los manteles”. Con fuerza admonitoria el lenguaje funde en el mismo abrazo olvido y memoria. La conciencia en vela muestra un territorio de frontera entre el escalofrío de lo cotidiano y la maleta gastada del discurrir onírico. Confinados en un pabellón para convalecientes solitarios, los pasos tanteantes del discurso asumen la intemperie del encierro. El lenguaje de la confidencia se dispone a caligrafiar la incertidumbre en un paisaje de pacientes y batas blancas. Quien habla en el poema y se pierde por senderos de grava es intruso de una imagen que apenas reconoce. El poema de excelente título “Tengo una ojiva nuclear en la nevera” subraya ese estar.
   El espacio poético de Memoria y no hace de la metáfora un instrumento expresivo esencial. Los poemas clarifican el ligero equipaje del yo; los vestigios dormidos en un tránsito que concluye en el vacío. Con emoción acogedora, el transitar y la identidad se hacen coordenadas reflexivas. Desde esa percepción, siempre bajo la lluvia del tiempo, se concreta el estar en una inabordable deriva. Se acumulan las pérdidas. La conciencia se esmera en rescatar signos de claridad y desenredar silencios. La lucha y el quehacer azaroso del yo preserva en la honda noche de la memoria “la falsa pulcritud de los escombros”.

JOSÉ LUIS MORANTE





miércoles, 16 de noviembre de 2022

RAFAEL SOLER. LOS SITIOS INTERIORES

Los sitios interiores
Rafael Soler
Cuadernos de la Errantía
Madrid, 2022
(1ª edición, Adonais, 1980)

 

AMANECIDA


   Siempre percibo en la poesía de Rafael Soler (Valencia, 1947) una significativa inclinación a la textura formal del texto y una lúcida conciencia para enlazar intimismo biográfico y temporalidad. Así se constata en los más de cuarenta años de vocación literaria compilados en el volumen Vivir es un asunto personal. Poesía 2021), itinerario creador que integra seis poemarios y que se completa con una densa obra narrativa que aglutina dos colecciones de relatos y seis novelas.
  El joven proyecto editorial Cuadernos de la Errantía recupera Los sitios interiores, una entrega cuya primera edición en Rialp apareció en 1980. La reedición, con ilustraciones de portada de Raúl Nieto de la Torre y Melissa Dillon, revisada y corregida, añade un pórtico epistolar que el poeta se dirige a sí mismo para evocar el largo tiempo transcurrido desde aquel primer viaje a la poesía. Luz de estreno, evocación, memoria de un tiempo que cumple su papel de ser testigo existencial. Entonces el poeta estrenaba voz y ahora mantiene su inalterable tono, como si las manos del tiempo no hubieran tenido el privilegio de erosionar nada. Poesía de amanecida que retorna con paso fuerte para constatar la certeza de estar vivo y de pedir la voz y la palabra.    
   El subtítulo del poemario Sonata urgente alude al procedimiento compositivo del libro y a su estructura argumental. Rafael Soler recobra el modelo clásico de la pieza musical y agrupa las composiciones en seis movimientos: Molto vivace, Alegro moderato, Intermezzo, Adagio, Andante y Largo y pianissimo sempre con un poema recapitulatorio final, a modo de epitafio conclusivo: “Hay que ser lo que se es o no ser nada”.
   Quien sale de amanecida tiene prisa. Elige al interpretar el decurso temporal una velocidad “Molto vivace”, como si el tiempo estuviese dispuesto a una consumación urgente, donde amoldar sentimientos y afectos, ese amor limpio y diáfano de la primera luz que tiene la piel de manzana de los días de infancia. Llama la atención en este tramo del libro el desafío ortográfico, esa libertad que busca en la grafía aleatoria de algunas palabras una reafirmación de lo subjetivo, del yo afirmándose en el propio discurso de su conciencia.
   La sección “Allegro Moderato” concede un paso tranquilo a los recuerdos. Otra vez en la memoria la realidad se pierde en el imaginario de la fantasía para transformar al sujeto en personaje de tebeo que lucha a trasmano con las obligaciones impuestas por la disciplina escolar. Quien explora los sitios interiores descubre al niño asomado en el tiempo y descubre también el fuego en las entrañas de la plenitud amorosa. Pero acecha cerca un fondo oscuro y un largo historial de soledades, donde se pierde la música y llega el frio de quien no supo guardar su fértil patrimonio entre las manos.
   La existencia entonces parece un Intermezzo, un estar al margen, en torno un mundo bajo llave que se va difuminando en el tiempo, haciendo de la evocación un laberinto de  idas y regresos. El paisaje ratifica también su percusión afectiva; así sucede con enclaves como Torre Ambolo, en Jávea, o las alturas mediterráneas del Montgó, o el mismo mar, dormido en sus azules. Su callada quietud ratifica el incansable laborar del tiempo y sus incontenibles mutaciones.
    Los cinco poemas que componen el apartado Adagio recrean la deriva del yo, ese paso furtivo de quien continúa desvelando paisajes de la memoria. Un largo viaje por rutas interiores, siempre con la brújula de la nostalgia y con la ilusión de comenzar de nuevo un tiempo compartido. Todo el apartado recrea un largo soliloquio derramado, ese empeño testimonial de poner fin a esa guerra perdida de poner sentido a la existencia.
   El desgarro interior de un tiempo frágil no se mitiga en la sección “Andante”. El sujeto lírico asume un proceso de despojamiento y vigilia en el que la ausencia supone un brusco desplome, un grito elegíaco de quien se despide con un largo adiós. Rafael Soler echa el cierre de un libro intenso, oscuro y cercano al magisterio de Vallejo, con el apartado Largo e pianissimo sempre, como un epílogo conclusivo que traza la coherencia del yo en el laberinto del tiempo. Otra vez la indagación introspectiva en el mapa atemporal de la memoria y la pulsión del estar enamorado como única razón de vida, como brújula con luz para el regreso.

JOSÉ LUIS MORANTE


  

sábado, 4 de junio de 2022

RAFAEL SOLER. LAS CARTAS QUE DEBÍA

Las cartas que debía
Rafael Soler
Prólogo de Ramón Hernández
El Ángel Editor, Colección Pluma
Quito, Ecuador, 2022
(Primera edición, Vitrubio, Madrid, 2011) 


EPISTOLARIO

 
  
   En abril de 2022, el Festival Internacional de Poesía (IM)Prescindibles, celebrado en la localidad madrileña de Moralzarzal con coordinación del poeta, editor y gestor cultural Álvaro Hernando, elegía a Rafael Soler (Valencia, 1947) como personalidad central del ahora poético, junto a Efi Cubero y Miguel Veyrat, por su excelso trayecto literario y por el expandido magisterio entre las hornadas más jóvenes. Este cálido reconocimiento se suma al balance vivo y renacido que aglutina la publicación de su poesía completa, reunida en el volumen Vivir es un asunto personal (2021), y el amanecer como libro exento de su último poemario Las razones del hombre delgado (2021). 
   El rescate de Las cartas que debía en el proyecto que dirige y coordina Xavier Oquendo Troncoso integra el fluir lírico de Rafael Soler en el ámbito latinoamericano y recuerda una etapa clave, un segmento temporal que aglutina los poemarios Los sitios interiores (Sonata urgente) Maneras de volver. Son las salidas iniciales y pertenecen a un momento de formación y búsqueda; son el refrendo de un ideario que mantiene una clara raíz vanguardista y un nítido desarraigo del convencionalismo de época. La etapa auroral despliega un mundo propio; mezcla en su quehacer expresivo la afectividad sentimental, el verbo irónico, asuntos argumentales que trazan exploraciones humanistas y en su aspecto formal fomenta el uso de metáforas e imágenes que plasman una dicción original y distinta, no exenta de hermetismo.
   Ramón Hernández firma la introducción “Caupolicán Soler”, un título sugerente que enlaza el vigor literario del valenciano con el valeroso caudillo araucano que resistió la conquista española del sur de Chile, en el siglo XVI. Desde la requerida admiración que despierta la individualidad de Soler y con un convincente aderezo cultural, el prólogo argumenta que la esencia de Las cartas que debía habita en un “revivir privado, descrito en clave, utilizando un lenguaje sobrio, medido, exacto, pleno de reivindicaciones tan secretas que, muy probablemente, nacen y mueren en el alter ego del poeta, que vive en él, como exclusivo confidente de sí mismo.”
  Se me permitirá añadir a la convincente argumentación de Ramón Hernández una mirada a la tradición; el título remite al género epistolar, una escritura que tuvo su plenitud en los siglos XVI y XVII y que se ha mantenido en el tiempo, ligada con frecuencia a la voz femenina, más proclive al intimismo y la enunciación a dos vertientes. En cualquier caso, la modalidad expresiva siempre requiere un destinatario explícito, un necesario receptor del discurso lírico que convierte la veladura subjetiva en caligrafía común.
   Rafael Soler organiza esta heterodoxa correspondencia poética en catorce secciones, en las que no faltan desdoblamientos del sujeto poético, mensajes colectivos o lejanías conceptuales que no tienen un destinatario concreto sino un enunciado reflexivo en el que depositar el magma intimista de la confidencia. Así, el primer envío “A un notario con el tiempo justo” hace del tú apelativo un yo desdoblado que dialoga consigo mismo sobre el tránsito temporal. Quien habla hacia dentro espera hallar en la mirada experiencia vital y lúcido desencanto, porque la realidad trastoca ilusiones e idealismos y aloja en la voluntad sendas de cansancio y distancia, de enfermedad e intemperie.
   El poema muestra la sensibilidad comunicativa del yo autobiográfico. Comparte soledad y ese estar perenne en el desconcierto, cerca de la locura, cerca también de los que no tienen a nadie y de los que como único patrimonio de bolsillo se reparten apagamientos y muertes diarias. Desde entornos complejos – el manicomio, un asilo, una cama de hospital… - van llegando mensajes que contienen el desgarro encendido de la decepción. Los hilos argumentales conforman estados anímicos en los que prevalece una ambientación nocturnal, una costa de sombras.
  Con fuerza admonitoria y vallejiana, el lenguaje muestra angosturas de frontera entre lo cotidiano y el discurrir onírico, mientras los pasos del discurso toman posesión de la incertidumbre. En su pluralidad temática, los poemas se hacen preguntas, clarifican siluetas del yo perdidas en el tiempo; emprenden sendas hacia callejones sin salida de los que nadie regresa, siguen el norte del corazón sabiendo que la vida es un péndulo que enlaza amanecida y ceniza.
   Conviene hacer del transitar un gesto de coherencia, un indicio del ser que guarda la memoria.  El insomnio se hace coordenada reflexiva. Desde esa percepción, cada amanecida contiene sus estratos de azar, ese golpe de dados que comparte deseos y hace del amor un destino tangible. Esa presencia viva que comparte el cincuenta por ciento de la almohada –Lucía- es la destinataria de muchas confidencias, como las que conforman el apartado siete. La reflexión existencial se acentúa en Las cartas que debía cuando el sujeto verbal dirige su mirada hacia el espacio interior, a esa zona íntima, impregnada por una intensa penumbra crepuscular: “Vivir es decidir / y todo error es tu grandeza / pues solo cuando llegas / das por cumplido lo vivido “.
   Las composiciones acumulan vivencias donde el entorno ratifica su estar; entrelaza sus manos en los transportes públicos donde aguardan los atascos, los encuentros fortuitos y esos asientos compartidos que acogen la presencia del otro. La percepción se esmera en rescatar evocaciones y preservar en la memoria los recuerdos del solitario bebedor. La ironía y el brazo en el hombro de la última copa dejan un perfecto trazado de soledad. Las cartas que debía cobija un largo soliloquio fragmentado. Sus poemas, con rotunda riqueza expresiva, roturan la tierra abierta del susurro para sembrar semillas paradójicas que contienen un intenso mirar introspectivo. El yo nunca cierra los ojos. Mientras busca un lugar donde quedarse, descubre que ha llegado a ese tiempo de finitud cumplida, lejos de cualquier impostura trascendente: “Saluda escucha templa el ceño / desenfunda cuidadoso los abrazos / has llegado / donde quiera que sea has llegado”
   
 JOSÉ LUIS MORANTE


domingo, 1 de mayo de 2022

UNA CONVERSACIÓN CON ÁLVARO HERNANDO

Álvaro Hernando
Fotografía
de
Javier Jimeno Maté


Una conversación con Álvaro Hernando

Sobre el I Festival internacional de Poesía (Im)PRESCINDIBLES
 
Los días 23 y 24 de abril se celebró en Madrid el I Festival internacional de Poesía (Im)PRESCINDIBLES, con sede central en Moralzarzal, un municipio de la sierra norte madrileña. El evento, con más de cincuenta escritores, ha sido dirigido y coordinado por Álvaro Hernando (Madrid, 1971), licenciado en Antropología social y cultural, especializado en Lingüística evolutiva, periodista en diferentes medios, docente y gestor cultural. Es autor de Mantras para bailar (2016), ExClavo (2018), Chicago Express (2019) y Mar de Varna (2021), así como de ensayos, artículos y cuentos, publicados tanto en España como en Estados Unidos.
  
 ¿Cómo surge el Festival Internacional de poesía (Im)PRESCINDIBLES?
 
La idea del festival surge hace tres años, unos meses antes de la fatídica pandemia. Esto lo ralentizó todo. Al poco de llegar a Madrid, desde Estados Unidos, me ofrecieron participar en un festival internacional de Poesía en Madrid, previo pago por mi parte. Esto no me gustó y decidí poner al servicio de un festival de poesía digno para Madrid todo mi conocimiento y esfuerzo. Así, en 2019 nace la idea de un festival, hermanado con el Festival internacional de Poesía de Chicago, Poesía en abril. Pero, tras la jubilación de algunos de sus organizadores, tuvimos que ir por libre.
Desde entonces hasta ahora, hemos estado construyendo la lógica interna de un evento que queríamos fuera sostenible, de calidad, consistente y perdurable.
 
 ¿Qué matices vertebran la programación y desarrollo de actividades?
 
La lógica interna del festival pasaba por dar espacio a las diferentes tendencias poéticas, y a algunas de sus voces más significativas.
Lo primero era darle cierto sentido práctico: consistencia social y función constructiva dentro de la comunidad. De ahí salió el lema de esta edición, Migrantes, con el objeto de visibilizar las voces de autores y autoras nacidos fuera de España, pero residentes entre nosotros, de una enorme calidad. Por otro lado, queríamos contar con otro perfil, local, que sirviera para representar, con la máxima calidad posible, las diferentes corrientes poéticas contemporáneas en nuestro país.
A esto le añadimos el toque, en paralelo, de las artes plásticas y escénicas, con exposiciones, actuaciones performativas y conciertos. 
 
¿Cómo ha conseguido tal dimensión de autores de tan diversa procedencia y de tantos estratos generacionales?
 
Los primeros borradores de las listas de invitados al festival sufrieron muchísimas transformaciones. Los únicos criterios que transmití a los encargados de realizar las propuestas para el festival fueron genéricos, no relacionados con nombres o logros, sino con el perfil del autor o autora que queríamos tener aquí. Por decirlo de manera metafórica, sabíamos qué categorías de poetas queríamos tener, más que poetas de categoría. El resultado, cuando uno es coherente y comprometido, no podía ser de otra manera.
Teníamos que contar con una representatividad cualitativamente legítima para poder llamar a este encuentro como lo llamamos: (im)Prescindibles.
Tres personas han sido las que más tiempo han dedicado a construir estas listas. Una vez realizadas, de manera independiente, los nombres de todos los listados se cruzaron, con el objeto de ver qué elementos comunes encontrábamos en todas las listas. Es a esos autores y autoras a quienes se hizo llegar la invitación.
Hemos tenido la enorme suerte de encontrarnos con un momento muy favorable, en el que todos deseábamos hacer algo de manera presencial, libres de las restricciones propias de los tiempos de reclusión. Esto, sin duda, ha ayudado a poder aunar en una misma programación tantas figuras notables.
 
¿Satisfecho con el respaldo institucional?
 
Muy satisfecho. El Ayuntamiento de Moralzarzal decidió apostar fuerte por la realización de este evento cultural. La poesía, habitualmente, puede considerarse como algo minoritario. Era arriesgado. Hemos tenido todo su apoyo y respaldo. Por supuesto, hay cosas mejorables, pero lo que ha sido inmejorable es su disposición de apoyo y compromiso. Era necesario abrir el espacio y generar lo oportuno para que la poesía llegue a sectores de la ciudadanía que no siempre tienen acceso sencillo a estos contenidos.
Además, las 20 sedes colaboradoras, han respondido maravillosamente, responsabilizándose de sus propias programaciones, y llevando a cabo actos y eventos de una calidad enorme.
 
Suele aceptarse como un inevitable lugar común la inutilidad de la poesía, su condición elitista y minoritaria, incapaz de conectar con los intereses del público. ¿Es así? ¿Cómo ha sido la respuesta social?
 
Es evidente que aquello que escribió Juan Ramón Jiménez es una máxima que hoy sigue cumpliéndose cuando hablamos de poesía: a la inmensa minoría. Hay mucho camino por recorrer y, seguramente, sea un camino poco transitado.
Esto no quiere decir que haya que renunciar a abrir espacios accesibles, asequibles y de calidad para los ciudadanos.
Para que te hagas una idea, los eventos han ido teniendo más público presencial, según avanzaba la programación.
En la sede del teatro, el público no ha sido demasiado numeroso, pero el cierre del festival, en el local escénico de SORCAS, fue espectacular. No cabía un alfiler.
Espero que en años venideros esta sea la tónica.
Además de esto, he de expresar mi admiración por las personas que han llevado las actividades en los hogares de mayores y en los centros educativos, logrando la implicación del público, mucha participación y mucha expectación (recuerdo aquí a Tirso Priscilo Vallecillos y a Javier Lorenzo Candel).
Ante la belleza, la respuesta del colectivo siempre será positiva. 
 
¿Las redes sociales y los medios de comunicación han contribuido a dinamizar el regreso de la cultura, tras el tiempo de pandemia y el paréntesis de estos dos años?
 
Las redes sociales han permitido que no hayamos caído en una parálisis aterradora.
Han sido una respuesta emocional normalmente eficaz ante la desubicación.
Aunque, con contradicciones, pues no siempre han construido o han contribuido desde la serenidad, sino desde el ruido y desde la confusión.
Por otro lado, no nos podemos quejar.
Creo que es de justicia agradecerles a algunas cadenas nacionales de televisión que se hayan hecho eco del festival en sus noticiarios, incluso en los canales internacionales y de 24 horas.
 
 El tronco central del evento ha sido el homenaje a tres poetas de amplia trayectoria creadora: Miguel Veyrat, Efi Cubero y Rafael Soler. ¿Por qué estos nombres?
 
Podrían, efectivamente, haber sido otros nombres, por supuesto. Pero, desde la convicción más profunda, decidimos homenajear a estos tres autores. Son tres voces extrañas, en el mejor sentido de la palabra, que han resistido modas, presiones, mareas y dificultades, conservando una autonomía, identidad y una calidad, a lo largo de las décadas, que no puede por menos que ser reconocida en cada una de sus voces. Son testimonio vivo de la poesía española contemporánea. Calidad, trabajo y continuidad. Aprovecho para comentar que otra de las personas que iban a haber sido homenajeadas en este espacio falleció durante la preparación inicial del evento, siendo imposible llegar a realizar la invitación como era debido. Se trata de García Marquina. Para él mi homenaje aquí, hoy, y mi recuerdo.
 
Otro de los grandes aciertos del festival, a mi modo de ver, en un tiempo global ha sido la convivencia de autores de distintos ámbitos geográficos y lingüísticos… Qué corta se hizo la mesa redonda coordinada por Margarita Todorova  ¿Qué conclusiones resalta del debate en torno a la convivencia lingüística?  
 
Efectivamente, este asunto da para un festival o congreso de una semana. Aquí volvemos a otra de esas contradicciones maravillosas que nos plantea la poesía. Los traductores son tan necesarios como inútiles; tan leales y necesarios como traidores al lenguaje original. Y, lo fundamental, tan transmisores de la creación literaria como creadores de literatura. Como ocurre en otros campos de expresión y conocimiento, como pueden ser la filosofía, la antropología, o incluso la sociología, los traductores se convierten en piezas fundamentales para la transmisión cultural y el intercambio de valores. Por otro lado, debido a cómo se conforman los sistemas lingüísticos, simbólicos, y de construcción del pensamiento grupal, a veces es una tarea imposible lograr la traducción adecuada de un texto, especialmente en poesía. Así pues, como ocurre en otros ámbitos de las lenguas en contacto, los terrenos comunes no son de batalla, de defensa y de ataque, sino de transmisión, casi de ósmosis, o como tú lo has llamado, de convivencia lingüística entre unas formas y otras del lenguaje que están separadas por una frontera líquida. Evidentemente, era un tema que daba mucho más que el tiempo que le asignamos, pero hemos de tener en cuenta que es un evento con hora de inicio y final, y que, lamentablemente, había que ponerle límites temporales. 
 
También me gustaría resaltar el diálogo continuo entre poetas, rompiendo ese cerco de soledad y aislamiento del creador a solas. ¿La convivencia entre escritores ha sido fácil?
 
Es de lo que más orgullosos estamos.
El formato de organización del festival ha exigido que los poetas compartieran algunos momentos previos, más extensos de los propios de un festival, con el objeto de que conocieran la obra, la poética y los compromisos y experiencias de los compañeros con quienes iban a compartir escenario y micrófonos.
De aquí, esperamos que surjan nuevas cosechas, al margen de nuestra organización y del festival. Sí, ha sido una convivencia sencilla. Los autores y autoras han demostrado una falta de miedo total a la hora de conocer nuevos planteamientos. Estamos muy contentos con esto. Lo más complejo es contribuir a generar o fortalecer tejido social y cultural. Esperamos haber favorecido esto o, al menos, haber posibilitado la creación de las condiciones idóneas para que esta convivencia se diera de manera relajada y auténtica.
También es cierto que se han retirado dos invitaciones a sendos poetas que no estaban por la labor de convivir, si no era desde un enfrentamiento inexplicablemente irrespetuoso y casi desde la cúpula de una casta. Esto ha sido lo más difícil de llevar a cabo, comentar con alguien a quien en principio admiras que, lamentablemente, este espacio no es compatible con la falta de respeto y rigor. 
 
Tu quehacer laboral te ha permitido un conocimiento amplio del ámbito poético norteamericano. ¿Qué contrastes percibe respecto a nuestra propia realidad?   
 
La mayor diferencia es que en el entorno norteamericano, en el que he desarrollado la mayor parte de mi carrera literaria, no he encontrado tribus. También es cierto que forma parte del carácter del ciudadano norteamericano y se puso aventurero, solitario e individualista. Esto de ser individualista tiene cosas malas, por supuesto, y otras maravillosas. Por ejemplo, es difícil ver cómo se conforma una tribu, y más difícil es ver una confrontación entre tribus. Y, sí, justo uso el término tribu, por toda la implicación primitiva y emocional que creo que condensa tensión y rivalidad, a veces irracionales, política, en la historia de la literatura española.
No es algo que comente como un defecto, sino como una característica de este entorno, sin más. Tengo la sensación de que, en nuestro territorio, es más complicado acceder al reconocimiento y al respeto unánime que en Estados unidos.
Quizá sea una percepción muy subjetiva e inexacta, puesto que la realidad me ha demostrado que la colaboración entre distintas corrientes e instituciones ha sido muy sencilla a la hora de conformar este festival (im)Prescindibles.
Pero sí, es un contraste, aunque sea propio de mi subjetiva percepción.
Por otro lado, en cuanto a la gestión cultural, hay mayor apoyo económico por parte de instituciones privadas. Todo es más sencillo en lo referente a la gestión y administración documental.
Este tema da para mucho y en muchos aspectos: en lo relativo a la creación literaria, las editoriales, los movimientos de difusión y promoción, los premios… Hay muchísimas diferencias y contrastes. 
 
El abrazo es el género literario que más me gusta; así que lo practico con alevosía para agradecerte un evento tan afectivo e iluminador. ¿Tendrá continuidad?
 
Por supuesto. Parece que desde el Ayuntamiento de Moralzarzal seguirán apostando por mantener la sede central de este festival internacional, en el que yo seguiré colaborando encantado, y que las otras entidades que han colaborado como sedes satélite han quedado muy satisfechas.
Seguiremos en esta dinámica de abrazo y de creación de espacios por y para la poesía. Solo queda elegir el lema de la segunda edición.




                   JOSÉ LUIS MORANTE