domingo, 19 de marzo de 2017

DÍA DEL PADRE

Parque de San Antonio (Ävila)


RECUERDO DE MI PADRE          

Mi padre ponderaba la eficacia
como un tesoro extraño y valiosísimo,
escondido en el vientre de la tierra.
Solía levantarse muy temprano
con el tic-tac grabado en la memoria
y dilataba oscuro una jornada
que concluía laso y taciturno.
Era su empeño inmune al frío o la canícula.
Por  él estuve interno tantos años
con la sola misión de hacerme un hombre.
(Entendamos: un hombre de provecho,
un atinado buscador de logros).
Mas el esfuerzo no valió la pena.
Él no tiene conciencia del fracaso.
descubrió en la derrota
una patria feliz, compensatoria.

    (De Causas y efectos, Sevilla, 1997)


viernes, 17 de marzo de 2017

JOAN DE LA VEGA. EN MANOS DEL AIRE

En manos del aire
Joan de la Vega
Libros en su tinta, Poesía
Barcelona, 2017

BAJO EL AZUL

  La buena poesía suprime la indiferencia; tiende a establecer nexos sentimentales  porque la escritura se concibe como una propuesta dialogal que supera distancias cognitivas para compartir el terreno movedizo de los significados. Este planteamiento obliga a fortalecer itinerarios singulares a partir de parámetros estéticos, que deben ser variados y complementarios. Dentro del quehacer de búsqueda hay quien opta por la repetición formularia de temas y símbolos coloquiales y quien abre zonas de riesgo para dibujar trayectos sin hollar o para buscar facetas más experimentales. Las características del discurso lírico de Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, 1975)  se inclinan hacia el segundo enunciado. Así lo resaltan, con perspectiva objetivista, Eduardo Moga, Lluis Calvo o Jordi Doce, y así lo constata la propuesta indagatoria En manos del aire, un corpus que integra composiciones de Y tú, Pirene, Una luz que viene de fuera, Via Ferrata, Flores del Dharma y La montaña efímera.
  El primer tramo de esta muestra, Y tú, Pirene nace bajo el signo de la evocación. El ahora como tiempo verbal se vuelve un espacio de resolución donde el sujeto sale bajo el azul. Deja la puerta franca a una conciencia en tránsito que recoge percepciones y sensaciones del yo frente al paisaje. La naturaleza acumula signos explícitos. Habla con viva voz, mientras el horizonte define una copiosa suma de elementos visuales cuya captación convierte al sujeto testigo en un poblador de laberintos tratando de descifrar códigos.
  Esa lectura de las grafías del paisaje se interioriza en el apartado “Bajo tierra” que recurre a la estrategia formal del poema en prosa. El cauce versal adquiere un carácter iuterrogativo, recrea un escenario sombrío y nocturnal que expande un tacto frío de silencio y ausencia. Todo es quietud.
   Cuerpo central en la escritura de Joan de la Vega es el inevitable incidir en lo transitorio. Un verso de Wallace Stevens - “La luz vino de fuera”- sirve de pautada sincronía para el reconocimiento de lo temporal. Es percibido en la realidad más cercana; alrededor de cada presencia está ese hilar sucesivo de atardeceres y auroras regulando el devenir existencial. Todo sucede, como un viento invisible que impulsara el vaivén de las olas y rompiese la calma litoral; leves signos que marcan desapariciones y ocasos.
   En Via ferrata, un término de uso del montañero, la pasión por el relieve geológico de Joan de la Vega transforma la aridez de la altura en espacio simbólico. El protagonista se empeña en escalar itinerarios verticales u horizontales, entre grietas, que requieren equipaciones minuciosas y un ánimo dispuesto al acceso imposible. Caminar es remontar, buscar la estela del origen, perderse en la angostura del primer paso para quedar al margen del mundo, ensimismado y pleno, en abrazo fraterno con el estar. Ese intimismo del paisaje hecho interior habitable también encuentra  atinada expresión en los haikus de Flores del Dharma. El esquema estrófico, más allá de su sentido estacional primigenio, se ha aclimatado con nuevas variables que traducen aceptación, soledad, percepción del paisaje o trazos sentimentales.
  En manos del aire se cierra con los poemas en prosa y verso libre de La montaña efímera. El entorno no es un espacio ajeno sino una cadencia que impulsa a ser. La andadura es un nítido recorrido existencial, un viaje donde se rememora un tiempo trascendido. El poema en prosa, siempre proclive al enfoque descriptivo, convierte el cauce versal en un entrelazado de emociones y vivencias como si fuesen reflejos dictados por la contemplación. Lejos de la estridencia urbana y de su grisura de monotonía que erosionan cualquier dogma, el paisaje se convierte en un interlocutor afectivo, en una propuesta “donde se desmenuza el prodigio de la fugacidad”. 
    

jueves, 16 de marzo de 2017

CONTINGENCIA

Ángulos muertos


CONTINGENCIA


   Una amanecida camino del espejo me perdí. Dejé un hilo de musgo en el pasillo. Desde entonces no sé quién es el solitario transparente que me mira a diario, como si no pasara nada.

(Del libro en preparación Cuentos diminutos)



miércoles, 15 de marzo de 2017

EN CONSTRUCCIÓN

Deriva
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


IDENTIDAD

                             En construcción

Soy permanente
sucesión de mi mismo;
nubes al paso.



martes, 14 de marzo de 2017

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. VILANOS POR EL AIRE

Vilanos por el aire
Antonio Rivero Taravillo
Ediciones de la Isla de Siltolá, Aforismos
Sevilla, 2017
ESTELAS DE VILANOS

   La expresión creadora de Antonio Rivero Taravillo se concibe como una continua indagación en los misterios del lenguaje, al margen del vehículo formal elegido. Esta senda al conocimiento, en constante evolución, convierte su escritura en un trayecto en construcción. En él se van superponiendo géneros como la poesía, el ensayo, la traducción, la crítica, el apunte, los artículos de prensa, la novela o la biografía. Son estrategias que alzan un cuerpo multiforme, una naturaleza corpórea que se amplía ahora con un nuevo apéndice: el aforismo.
  Vilanos por el aire acoge su primera compilación de fragmentos. No hace falta recordar el sentido ecléctico de cualquier entrega aforística y su tendencia a la diversidad de intereses. Para poner cierto orden en la forma natural de caminar por lo imprevisible, se opta por agrupar las breverías en apartados temáticos. El primero, “Escribir” deja clara su naturaleza metaliteraria; la escritura no es un mero taller ocupacional sino un empeño de la voluntad porque concede una identidad singular, una ontología que se asocia a la sensibilidad de nuestra naturaleza. Las palabras enseñan y muestran lo que acontece. En este caso en la ciudad del libro, ese callejero que engloba tantas variables en su devenir diario. La anotación inicial está más cerca de la reflexión que de la economía lapidaria; sirve para tomar el pulso de escritura a un apartado que hace de la paradoja un sígno básico. Otra estela relevante es la ironía, un gesto que baja del púlpito el tufillo solemne de lo literario. “Escribir” tiene un ámbito expresivo abierto; la caligrafía del poeta es expansiva y muchos aforismos hilvanan continuas reflexiones sobre el latido del poema y su razón de ser, o sobre las sensaciones que depara la escritura en divertimentos contingentes como las erratas, el páramo creador, o dislocada sociedad literaria siempre proclive al ajuste de cuentas con la sensatez.   
   El segundo epígrafe, “Lascas de realidad” se impone la presencia de lo cotidiano. Los aforismos incluidos guardan entre sus líneas la conmoción de lo diario que tiene una acusada tendencia al desajuste y a encadenar decepciones. La visión social aplica descreencias y borra dogmas. Los pasos del día van dejando apariencias donde lo transitorio se refleja y engulle el perfil frágil de nuestra identidad precaria. Edificamos sueños sobre laberintos; sobre un acontecer incierto cuyo andamiaje no es más que sombra interior y leves andamios que sostienen las relaciones con los demás
  Concluye el libro con un atinado glosario editorial. Esta versión aforística de un María Moliner de bolsillo recrea, con la etimología de lo cómplice, un listado de palabras de campo del escritor. Nace así una nueva acepción que acepta de inmediato la interpretación subjetiva, siempre menos dogmática y moldeada por la originalidad ocurrente del humor en el tratamiento del lenguaje.
 El aforismo tiene una sorprendente capacidad de regeneración. Antonio Rivero Taravillo se incorpora a la poblada nube de practicantes con un enfoque saludable. Lejos de lo lapidario, el autor prefiere el tono medio de una conversación compartida entre parodia, filosofía y literatura, el aire festivo de una víspera que deja la mirada abierta.  

lunes, 13 de marzo de 2017

RECOMPOSICIONES Y BROTES

Simetrías vegetales
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

MARZO VENTOSO

Esa desordenada sucesión entre recomposiciones y brotes.

El pesimista mira en gris y es tan clarividente que anticipa el fracaso.
                   
Utiliza argumentos que recuerdan carnavales de pólvora.

Las ramas desnudas abusan del retorcimiento manierista.

En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.

Los andenes ferroviarios son espacios ambiguos e imprevisibles en los que se respira la quietud de la ausencia; nadie sabe quién se va o quién se queda.

Los minimalistas dogmáticos tienden a confundir el haiku con un cantar de gesta. 
                     
La mentira es un secundario que aspira a papeles principales. 
                           
La amnesia aporta tranquilidad a la respiración de los recuerdos. 

                                       ( Mejores días, De la luna libros, Mérida, 2009)





sábado, 11 de marzo de 2017

CUANDO LA AMANECIDA ES OTRA

Torre octogonal (Ávila)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


OQUEDAD

                  Porque no estás

Sumergido en la noche,
oigo un cercano levitar de pájaros
que despeja el insomnio y te recobra.
Encuentro en tu pupila la extrañeza
de quien vive en un páramo
que ráfagas de olvido desarbolan.
Acumulo y arrojo
ribetes de amargura
a prudente distancia.
En el rigor maltrecho de la sombra,
te clarea la luz, de da pujanza
para que tomes posesión del día.
Para ti la mañana.
Para mí llega el sueño.
Exploro su oquedad. Cierro los ojos

    (De La noche en blanco, Barcelona, 2006)