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miércoles, 5 de noviembre de 2025

MIGUEL ÁNGEL ALONSO TRECEÑO. SOLUTO, Nº 3

SOLUTO
Fanzine Aforístico
(Nº 3, Avilés, Asturias, septiembre, 2025)
Dirección editorial
Miguel Ángel Alonso Treceño
Maquetación y cubierta
Covadonga Hdz. Caramazana

 

SOLUTO nº 3

 A la memoria de Antonio Rivero Taravillo


  Como estrategia expresiva sapiencial, que mezcla sedimentación reflexiva y aderezo poético, la tradicional seriedad del aforismo parece requerir la ropa clásica del ensayo o la elegancia distante de la publicación universitaria. Sin embargo, Miguel Ángel Alonso Treceño (Avilés, 1970), escritor, fotógrafo y con un refuerzo formativo ejemplar que integra las licenciaturas en Ciencias Químicas, Historia e Historia del Arte, ha creado el primer fanzine aforístico, dedicado monográficamente al minimalismo conciso. Un quehacer que complementa un trayecto literario formado por las entregas  Cinco siete cinco (2016), Conciencia y viceversa (2019), Miscelánea (2021) y Afonías (2024), que recogen aforismos y haikus. 
   Así amanece en 2025 Soluto, una experiencia editorial independiente, con diseño y maquetación de Covadonga Hernández Caramazana y dirección editorial de Miguel Ángel Alonso Treceño. Hasta la fecha se han presentado tres números. La tercera salida, como aclara la nota introductoria, “surge como un proyecto comunal, a partir de un taller de grabado celebrado durante el festival Fifty-Fifty, en Avilés, donde los grabados se combinan con las palabras, permitiendo al lector desmigar los aforismos a través de un lenguaje visual”.
   El número está dedicado a la memoria de Antonio Rivero Taravillo, cuya inesperada ausencia, ha consternado a todo el universo aforístico. Sirva la entrega de homenaje y recuerdo a un gran escritor que deja un espléndido y reconocido legado literario.
   Colaboran en el fanzine aforístico, que regala al lector casi cien aforismos inéditos, José Luis Morante, Manuel Arranz, Itziar Mínguez Arnáiz, Miguel Ángel Gómez, Javier Almuzara, Demetrio Fernández Muñoz y Eliana Dukelsky. Un muestrario luminoso que aglutina voces significativas del momento aforístico actual y autores que aportan el vitalismo y la intensidad de quien comienza ruta.
  Enhorabuena al impulsor de Soluto y larga vida a la publicación que contiene el calor intacto de algunos aforismos inolvidables:
 
Sin patrimonio personal; todo lo que tenía lo dejó precintado en un poema. (José Luis Morante),
Escribía una poesía perfecta, exacta, calculada. En sus libros solo se echaba de menos una cosa: la poesía.  (Manuel Arranz).
Nuestras voces suenan más íntimas desde fuera. (Eliana Dukelsky)
Tras el aforismo, su fuga. (Demetrio Fernández Muñoz).
El colmo del divorcio: quién se queda con la estrofa y quién se queda con el estribillo a la hora de repartir "nuestra canción". (Itziar Mínguez Arnáiz).
Contar la verdadera historia del mundo como si esta fuera un misterioso y laberíntico lamento. (Miguel Ángel Gómez).
La vocación es a menudo hija de nuestras potencias; la obra, siempre de nuestras limitaciones. (Javier Almuzara).
Los mejores libros deberían tener el final de un capítulo intonso para ser abierto solo en caso de emergencia. (Antonio Rivero Taravillo).

 
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 21 de septiembre de 2025

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. (Despedida)

Vilanos por el aire
Antonio Rivero Taravillo
Ediciones de la Isla de Siltolá
Colección Aforismos
Sevilla, 2017

 

AFORISMOS DE AMANECIDA

 
   La expresión creadora de Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963-Sevilla, 2025) se concibe como una continua indagación en los caminos del lenguaje, al margen del vehículo formal elegido para expresarse. Esta aproximación al conocimiento, en constante evolución, convierte su escritura en un trayecto en continua construcción, donde se van superponiendo géneros como la poesía, el ensayo, la traducción, la crítica, el apunte paisajístico, el artículo, la novela o la biografía. Son estrategias que forman un espacio multiforme, una naturaleza corpórea que se amplía con un nuevo apéndice: el aforismo.
  Vilanos por el aire acoge su primera compilación de fragmentos. No hace falta recordar el sentido ecléctico de cualquier entrega aforística y su tendencia a la diversidad de intereses. Para poner cierto orden en la forma natural de caminar por lo imprevisible, se opta por agrupar las breverías en apartados temáticos. El primero, “Escribir” deja clara su naturaleza metaliteraria. La escritura no es un mero taller ocupacional. Fertiliza un empeño de la voluntad que concede al autor una identidad singular, asociada a la naturaleza ontológica individual. Las palabras enseñan y muestran lo que acontece en nuestro mundo. En este caso en la ciudad del libro, ese callejero que engloba tantas variables en su devenir diario. La anotación inicial está más cerca de la reflexión que de la economía lapidaria; sirve para tomar el pulso de escritura a un apartado que hace de la paradoja un sígno básico. Otra estela relevante es la ironía, un gesto que baja del púlpito el tufillo solemne de lo literario. “Escribir” tiene un ámbito expresivo abierto pero la  sensibilidad del poeta es expansiva; muchos aforismos  hilvanan continuas reflexiones, no tanto sobre la ontología del poema y su razón de ser, sino sobre las sensaciones que depara la escritura sobre divertimentos contingentes como las erratas y en torno a la dislocada sociedad literaria siempre proclive al ajuste de cuentas con la sensatez.   
   El segundo epígrafe, “Lascas de realidad”, impone la presencia de lo cotidiano. Los apuntes concisos incluidos guardan, entre líneas l,a conmoción de lo diario, que tiene una acusada tendencia al desajuste y a encadenar decepciones. La visión social aplica descreencias y borra dogmas. Los pasos del día van dejando su estela de apariencias donde lo transitorio se refleja y engulle el perfil frágil de nuestra presencia. Edificamos sueños sobre laberintos, respiramos un acontecer incierto, cuyo andamiaje no es más que un  entramado de sombras interiores; leves andamios que sostienen las relaciones con los demás.
  Concluye el libro con un atinado glosario editorial. Esta versión aforística de un diccionario mínimo de bolsillo recrea, con la etimología de lo cómplice, listas de palabras provenientes del campo profesional del escritor. Nace así una nueva acepción que acepta de inmediato la interpretación subjetiva. Definiciones menos dogmáticas, moldeadas por la originalidad ocurrente que dejan el humor como eficaz terapia en los cuidados paliativos del lenguaje.


JOSÉ LUIS MORANTE


 
 El aforismo tiene una sorprendente capacidad de regeneración. Antonio Rivero taravillo se incorpora a la cofradía de practicantes con un enfoque saludable. lejos de lo lapidario, el autor prefire el tono medio de una conversación compartida con el aire festivo de una víspera., con la mirada abierta de quien descubre en el azul del cielo un vuelo de milanos, un aforismo con alas.  

miércoles, 5 de junio de 2019

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. SVARABHAKTI

Svarabhakti
Antonio Rivero Taravillo
Editorial Maclein y Parker
Sevilla, 2019


LA RAYA DE LA VIDA


   La mirada plural de Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) explora la escritura en todas sus facetas, aunque el cauce lírico constituye su amanecida más temprana ya que se dio a conocer como poeta en 1989, con el cuaderno Bajo otra luz. En estos treinta años de quehacer ha escrito novelas, biografías, relatos, aforismos y crítica literaria. También ha prologado ediciones y vertido al castellano obras de autores irlandeses, ingleses y norteamericanos. Dirige desde su fundación la revista Estación Poesía.
  Esta incansable voluntad deja en 2019 un nuevo fruto, el poemario Svarabhakti. Aclaro de inmediato que la misteriosa voz del título pertenece al ámbito lingüístico; el término de origen sánscrito designa un cambio fonético que añade una vocal de apoyo a una concentración de consonantes para facilitar la pronunciación y un uso más relajado y popular.
   El poeta busca en el despertar la razón de escritura. En “Vida y poesía” recobra la primera persona para incidir en el diálogo abierto entre las palabras y el acontecer biográfico. Del mismo modo que el oficio despierta su inteligencia ordenadora para que los versos se asienten en su previsible molde formal, la voluntad intuye el trayecto libre de lo cotidiano que aglutina mediodías y contraluces, dejando siempre un espacio aleatorio, un imprevisible nudo de sorpresas.
  Para que el poema guarde el misterio de la insinuación, se requiere un árbol fuerte capaz de nutrir de contenido la búsqueda tenaz del verso. La composición “Poeta” alude a ese sentir común en el mosaico de la tradición. En él cada voz es la tesela de una sensibilidad individual que cobra sentido como parte de un todo creador: “En uno hablan todos los poetas, / el coro de una voz múltiple y sola / que calla con las otras al decirlas / y, al callarlas, las dice como nadie”. Desde ese reconocimiento pactado con el legado de la biblioteca aflora un culturalismo concebido como sustrato básico de los textos, que añade referentes vertebradores a la cercanía coloquial. Así, el camino interior del yo distribuye miradores y vistas a su trayecto. Un ejemplo de lo escrito se percibe en el poema “Excálibur” que debe su título, como sabe el lector, a la legendaria espada del rey Arturo, arquetipo de monarca en el mito. De aquel hierro clavado en la piedra nace un poema simbólico, cuajado de erotismo, que hace de la roca un cuerpo desvelado en la espera. El sueño de Camelot abre paso al sueño de la posesión que convulsiona al enamorado. También en “Historia troyana”, casi un mínimo apunte aforístico: “Pensar que tú / piensas en mí: / caballo de madera abandonado / ante mi puerta” se recurre al cauce cultural.
  La biografía postula una permanente evocación donde la mirada introspectiva abre un proceso de recuperación de espacios en sombra. El recuerdo muestra dimensiones habitables, a veces sumidas en pequeños estratos de niebla, como si pertenecieran a un tiempo de extrañeza que asume en el ahora la erosión desapacible del discurrir. En cada identidad convergen temores y dudas, materiales de uso para una conciencia meditativa que busca respuesta a las disonancias del tiempo, que se empeña en dejar la raya de la vida con la prestancia de una línea recta. En este registro encontramos excelentes poemas meditativos, como “Noticias para América” y “La tumba de Prados” o la plenitud expresiva de “El desertor”.
   No pasa inadvertida la amenidad formal del poemario. Aunque el poema breve es el aporte más frecuente, en la compilación dialogan formas cerradas como el haiku y el soneto que buscan en su precisa maquinaria una convivencia feliz con el verso libre.
   Svarabhakti  añade al largo trayecto de Antonio Rivero Taravillo una celebración de la poesía como mediadora entre la circunstancia personal y la mirada a lo contingente. Las inflexiones y matices de quien busca palabras para ensanchar lo real, para confirmar que el lenguaje es siempre refugio para la casa grande del pensamiento.




 Sirve de última estación del poemario “La tumba de Prados”, un emotivo encuentro con la certeza del poder igualatorio de la muerte y de la incontenible afasia de los años. lejos de su patria Emilio Prados Y lusi Cernuda acumulan olvido y ese callado desplome en la ceniza.
   Antonio Rivero Taravillo ha ido sembrando composiciones de Svarabbhakti en distintas revistas. Pero en esta compilación aparecen renacidos y plenos, con el misterio de la insinuación, el no sé qué que queda balbuciendo de la buena poesía. los poemas son centro y claridad. Entrelazan la fuerza de un legado lector que llega súbito al ahora para subrayar la atemporalidad de algunos magisterios y la asimilación de una cultura clásica, ya enunciada en sus ediciones y en sus versiones al castellano. Y queda firme también la propuesta creadora de un escritor que recurre a los temas de siempre –el amor, la temporalidad, los renglones opacos de la existencia…-  para cantar con voz coral los afanes y días,   



lunes, 20 de mayo de 2019

HAROLD BLOOM. POEMAS Y POETAS


Poemas y poetas
El canon de la poesía
Harold Bloom
Traducción de
Antonio Rivero Taravillo
Editorial Páginas de Espuma
Madrid, 2015


MISCELÁNEA CRÍTICA


   Catedrático de Humanidades durante varias décadas en la Universidad de Yale y autor de más de treinta libros de pensamiento crítico, Harold Bloom (Nueva York, 1930)  es una autoridad  esencial en el  replanteamiento de valores estéticos del legado occidental. Su quehacer intelectual aporta hitos como El canon occidental, Cómo leer y por qué, Anatomía de la influencia y monografías decisivas sobre W. Shakespeare, Yeats o Blake.
   En Poemas y poetas argumenta genealogías desde el enfoque implicado del lector. Los incesantes viajes a la biblioteca han modelado un conocimiento implícito y apasionado. Lejos del tópico historicista que condiciona la praxis literaria a la historia social, su estudio analiza la plural tradición angloamericana y los nombres clásicos que han dejado una destacada herencia en las raíces poéticas del ser contemporáneo. Al cabo, la poesía personifica un crecimiento natural que se fortalece a expensas de poetas y  poemas.
   La exhaustiva lista se abre con Petrarca, una excepción procedente del mapa creador italiano, que se justifica por las advertidas conexiones con W. Shakespeare, devoción obsesiva y máximo valor literario de Harold Bloom. Casi todos los elegidos comparten el inglés como lengua creadora, estableciendo así un patriarcado lingüístico, una dislexia voluntaria que borra las contribuciones de otros ámbitos comunicativos occidentales como el francés, el alemán y el castellano. Las excepciones son contadas. En el litoral francés están Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Valéry, y solo Octavio Paz y Pablo Neruda  son austeras presencias de la lírica hispanoamericana; otros ámbitos, como el portugués o el alemán se ocultan en un sensible vacío.     
   La lista de autores  constituye un eje de coordenadas que mantiene su perseverante influencia hasta el ahora. Conforma un continuo de modelos con significado inalterable que casi nunca pierde el equilibrio en las derivaciones del gusto estético. La secuencia organizativa pretende aislar las cualidades singulares y su naturaleza representativa. La aportación crucial en muchos casos quedó inadvertida en su tiempo para reivindicarse después y pasar al primer plano de las influencias por su poder de asimilación y por su fuerza representativa.
   Harold Bloom explora el talento expresivo de estos predecesores obligados adentrándose en el análisis de sus poemas fundamentales. En ellos registra los elementos claves, clarifica el hilo argumental, comenta el proceso de creación y medita sobre afinidades y confrontaciones. El resultado de este deambular reflexivo es un recorrido que favorece abiertas relaciones entre lecturas y las convicciones confluyentes en la  personalidad imaginativa.
  Frente al temor lejano y reverencial con el que muchos lectores se acercan a la tradición, convencidos de que se necesita un patrimonio de claves interpretativas para recorrer el laberinto de la escritura, los postulados de Harold Bloom, traducidos por Antonio Rivero Taravillo con precisión, mirada poética y naturalidad expresiva, hacen de la lectura una costumbre, una tierra común por la que camina su intelecto con verbo celebratorio. En el profesor americano las figuras principales de las bibliotecas son una pasión natural que casi siempre habla con el tono feliz de la elegía y con acento inglés.


martes, 22 de enero de 2019

MANUEL NEILA. SENDAS DE BASHÒ

Sendas de Bashô
Manuel Neila
Prólogo de
Antonio Rivero Taravillo
Ilustraciones interiores y de cubierta:
Juan Manuel Uría
Editorial Polibea, Col. El Levitador
Madrid, 2018


EL CAMINO DE BASHÔ


   En 2013 la editorial La Veleta acercaba al lector un representativo florilegio del haiku contemporáneo en español, coordinado por Susana Benet y Frutos Soriano, dos incansables estudiosos de la estrofa nipona. El compendio, titulado Un viejo estanque, integraba además un liminar del profesor Fernando Rodríguez Izquierdo, acaso el especialista más reputado sobre la aclimatación peninsular del trébol verbal. El volumen, sobre todo, constataba la naturalidad en nuestro entorno del esquema japonés. Y a él retorna Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950)  con Sendas de Bashô, un libro integrado en la colección El Levitador, con el que la editorial Polibea, que dirige Juan José Martín Ramos, conmemora su primera década de quehacer editorial.
   Antes de adentrarme en los haikus de Manuel Neila quiero resaltar la magnífica presentación formal. Las ilustraciones de cubierta e interiores son del poeta y aforista Juan Manuel Uría, quien con mínimos trazos monocromos despierta emotivas sugerencias visuales. Y el texto introductorio es el del poeta, narrador y traductor Antonio Rivero Taravillo. El escritor sevillano aborda el quehacer plural de Neila para recuperar una definición, de claras afinidades juanramonianas, que cartografía el fulgor del haiku: “eternidad en vilo”. El prologuista no duda en remontarse a la persspectiva japonesa para ver en la tradición un referente máximo: la voz angular de M. Bashô, cuyo libro Sendas de Oku, con paradigmática edición de Octavio Paz, aparece como un estanque semántico hecho de transparencia y perplejidad. Otro aporte nítido del texto es el análisis lógico del libro, al que concede un sentido orgánico, muy bien hilvanado en torno al ciclo estacional, que obedece a una disposición simétrica en cada tramo de escritura. Recupero además una aseveración crítica, a veces no bien entendida, al hablar sin matices de la tradición oriental: el haiku no puede caer en la japonería ni el artificio retórico vacuamente imitativo; ha de ser, antes bien, impregnación de lo inmediato, de lo que está en la mano y, fuerza es que así sea, se escapa, fugaz”.
   Manuel Neila, como refrenda la cita prologal de Bashô, no busca el camino de los antiguos, sino lo que ellos buscaron, y esa tarea propicia la germinación de un estado de conciencia que amalgama sensación y pensamientos, que abre camino y sombras, que hace del tiempo un itinerario sentimental y cognitivo.
   La actitud dialogal entre sujeto y entorno comienza con la primavera. Ningún lapso temporal entona con más fuerza la canción de la tierra. La estación es savia nutricia, renacer y apertura, plástica auroral. Y de esos estados de la conciencia se nutren los veinticuatro haikus iniciales en los que se conjuga la plenitud sensorial; lo minúsculo llega ante los ojos como un tiempo celebratorio y pleno, aunque no oculte su estar transitorio. Manuel Neila cierra la sección con un conjunto de notas o apostillas en las que el devenir poético convoca a la reflexión indagatoria. El entorno como elemento ajeno y circundante se interioriza, pasa a integrar el latido interior del pensamiento.       
   Las glosas refuerzan la sensibilidad lírica; los enunciados nunca disienten del carácter poético, de esa dicción escogida que alerta ante la luz y la belleza, como aglutinantes tenaces de relieves y formas que empañan la propia identidad del hablante. Ser es vivir a la intemperie, hacer de los dominios interiores el lugar habitable de la meditación y sus figuraciones.
   El cumplido transitar del estío aglutina un temblor de claridad. La mañana emerge con el carácter de tiempo cumplido que pone entre las manos la cosecha. Es una sensación de aurora que contrasta, a veces, con la lejana soledad del yo que sigue en ruta, que siente alrededor el crepitar de una identidad transitoria. Por eso, el camino hollado acumula sensaciones dispares. De este clima de incertidumbre participan también los fragmentos en prosa, cuya fuerza dubitativa nunca descansa. la existencia es un largo trayecto de final difuso, un viaje que dispersa en el paisaje los elementos germinales que proporcionan a quien los percibe un temblor desasido. Es la vida que pasa con sus claroscuros solares y umbríos, dos estados que se disputan, a la vez, la sensación de cumplimiento y fracaso, la alegría de las manos llenas o la estéril sonrisa del sueño no cumplido.
  Pero hay que seguir y la jornada muestra la dermis crepuscular del otoño. Meses que abren un lapso de evocación donde se dan la mano el sonido monocorde de la tormenta y la decrepitud de las hojas. Las ramas recortan su capa de fronda, avanzan hacia la desnudez, niegan su cobijo a los nidos que quedan solos, sin alas ni vuelo, como si la ausencia se convirtiese en un estado natural de los días. Las hojas muertas conforman la hojarasca de un itinerario interior en el que convergen las sensaciones externas y la emoción renacida del sujeto. La conciencia se hace testigo de la temporalidad; percibe en el entorno un incesante flujo de transformaciones y emprende de nuevo un sosegado regreso hacia el pensar, convencida de que “se confunden los sueños de la realidad con la realidad de los sueños”; el sujeto traspasa límites imprecisos que convierten el caminar en una distancia sin fondo.
   El invierno dicta las pavesas crepusculares del final. Suenan los últimos pasos y hay en el cansancio del sujeto un latido de finitud, aunque también de esperanza y compañía: “Noche cerrada. / Una luz que se enciende. / Ya no estoy solo”. Las glosas estacionales dejan a la palabra en su lugar, el nomadeo no es sino el afán de capturar el misterio y la belleza, pero también la fuerza de un lenguaje que en una sociedad volcada en lo contingente da lugar a la poesía, y hace de las palabras un muro firme de permanencia, aunque ese muro deje al poeta un rincón al margen, una morada humilde y periférica, lejos de los escaparates de lo trivial.
   En Sendas de Bashô Manuel Neila abre un remanso de belleza y verdad, persuasión y extrañeza. Busca en el haiku la gota de claridad inesperada que nos deja un tiempo en vela, donde lo relevante y lo verdadero nunca ocupa el primer plano de la plaza social sino los mínimos rincones donde el sujeto intuye una comunión agradecida con la naturaleza y con todas las preguntas que van manando del borbotón del tiempo. La palabra recoge esas sensaciones que se hacen visibles entre la materia, que alegran y entristecen como voces mudas que nos reconcilian.  




martes, 14 de marzo de 2017

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. VILANOS POR EL AIRE

Vilanos por el aire
Antonio Rivero Taravillo
Ediciones de la Isla de Siltolá, Aforismos
Sevilla, 2017
ESTELAS DE VILANOS

   La expresión creadora de Antonio Rivero Taravillo se concibe como una continua indagación en los misterios del lenguaje, al margen del vehículo formal elegido. Esta senda al conocimiento, en constante evolución, convierte su escritura en un trayecto en construcción. En él se van superponiendo géneros como la poesía, el ensayo, la traducción, la crítica, el apunte, los artículos de prensa, la novela o la biografía. Son estrategias que alzan un cuerpo multiforme, una naturaleza corpórea que se amplía ahora con un nuevo apéndice: el aforismo.
  Vilanos por el aire acoge su primera compilación de fragmentos. No hace falta recordar el sentido ecléctico de cualquier entrega aforística y su tendencia a la diversidad de intereses. Para poner cierto orden en la forma natural de caminar por lo imprevisible, se opta por agrupar las breverías en apartados temáticos. El primero, “Escribir” deja clara su naturaleza metaliteraria; la escritura no es un mero taller ocupacional sino un empeño de la voluntad porque concede una identidad singular, una ontología que se asocia a la sensibilidad de nuestra naturaleza. Las palabras enseñan y muestran lo que acontece. En este caso en la ciudad del libro, ese callejero que engloba tantas variables en su devenir diario. La anotación inicial está más cerca de la reflexión que de la economía lapidaria; sirve para tomar el pulso de escritura a un apartado que hace de la paradoja un sígno básico. Otra estela relevante es la ironía, un gesto que baja del púlpito el tufillo solemne de lo literario. “Escribir” tiene un ámbito expresivo abierto; la caligrafía del poeta es expansiva y muchos aforismos hilvanan continuas reflexiones sobre el latido del poema y su razón de ser, o sobre las sensaciones que depara la escritura en divertimentos contingentes como las erratas, el páramo creador, o dislocada sociedad literaria siempre proclive al ajuste de cuentas con la sensatez.   
   El segundo epígrafe, “Lascas de realidad” se impone la presencia de lo cotidiano. Los aforismos incluidos guardan entre sus líneas la conmoción de lo diario que tiene una acusada tendencia al desajuste y a encadenar decepciones. La visión social aplica descreencias y borra dogmas. Los pasos del día van dejando apariencias donde lo transitorio se refleja y engulle el perfil frágil de nuestra identidad precaria. Edificamos sueños sobre laberintos; sobre un acontecer incierto cuyo andamiaje no es más que sombra interior y leves andamios que sostienen las relaciones con los demás
  Concluye el libro con un atinado glosario editorial. Esta versión aforística de un María Moliner de bolsillo recrea, con la etimología de lo cómplice, un listado de palabras de campo del escritor. Nace así una nueva acepción que acepta de inmediato la interpretación subjetiva, siempre menos dogmática y moldeada por la originalidad ocurrente del humor en el tratamiento del lenguaje.
 El aforismo tiene una sorprendente capacidad de regeneración. Antonio Rivero Taravillo se incorpora a la poblada nube de practicantes con un enfoque saludable. Lejos de lo lapidario, el autor prefiere el tono medio de una conversación compartida entre parodia, filosofía y literatura, el aire festivo de una víspera que deja la mirada abierta.  

lunes, 6 de febrero de 2017

ESTACIÓN POESÍA, nº 9 (REVISTA LITERARIA)

Estación Poesía
nº 9, Sevilla- Invierno 2017
Centro de Iniciativas Culturales Universidad de Sevilla
Director:
Antonio Rivero Taravillo
ESTACIONES DE LARGO RECORRIDO

 Algunos hechos sirven de necesario contrapunto a la patología enmarcada en el pesimismo que se vive en torno a la poesía. Para el ocioso ritual de la queja todo es tanteo y sombras a la búsqueda de mercados salvadores. Un buen indicio es la pervivencia de revistas literarias en formato papel. No solo sobreviven sino que muestran en cada reencuentro una saludable musculatura de gimnasio mental, una lección de variedad, agudeza e ingenio.
   Llega puntual a los ventanales griposos de enero Estación Poesía, nº 9, la revista impulsada por el centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), con dirección del poeta, ensayista y traductor Antonio Rivero Taravillo, quien además explora crítica, biografía y aforismo con similar pericia y profundidad de campo.
   Esta novena entrega despliega viajes inéditos de más de treinta poetas, con una amplia nómina de autores emergentes: Rocío Acebal, Liwin Acosta, Luis Llorente, Cristina Elena Pardo, Mario Vega, Lorenzo Roal, o David Roldán Eugenio, por ejemplo. Con ellos, propuestas definidas sin las que es imposible entender el ahora poético como José Luis Parra, de quien recupera un inédito Susana Benet, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Jiménez Millán, y puntos estables que dan continuidad al fin de siglo como Juan Antonio Bernier, Aitor Francos, Inaxio Goldaracena, Jesús Cárdenas, Alfredo J. Ramos, José Antonio Fernández, o Pablo Moreno Prieto.
   Una de las cualidades esenciales de Estación Poesía es que no traza compartimentos estancos ni etiquetas monográficas; en su abierta filosofía, sin asientos reservados a ningún monopolio estético, el lector puede encontrarse con estéticas de intercambio, como una red de cruce o los espacios abiertos de una estación de largo recorrido.
   Martín Cabeza redacta el aporte aforístico. Es tiempo de breverías y mensajes concisos. Martín Cabeza traza los recorridos circulares del aforismo por el flamenco, seña de identidad que siempre muestra el secreto entusiasmo de un localismo trascendido.
   Completan el número las reseñas de José Luis Gómez Toré, Francisco Díaz de Castro, Pura Fernández Segura, Juan Carlos de Lara y José de María Romero Barea, sobre libros de Francisco Brines, Antonio Cabrera, Antonio Praena, Adrián González da Costa y Philip Whalen. 
  Estación Poesía sigue encendiendo la pantalla distendida de la amenidad. Esa sesión continua de quien proyecta una literatura renacida y pujante, que deja en el lector la imagen provechosa de una tarde de invierno para recordar.


miércoles, 5 de octubre de 2016

ESTACIÓN POESÍA, nº 8 (revista literaria)

Estación ´Poesía, nº 8
Centro de Iniciativas Culturales Universidad de Sevilla
Dirige:
Antonio Rivero Taravillo


Presentación de Estación Poesía nº 8 en Madrid


  Mucho ruido y del bueno en la presentación del nº 8 de la revista Estación Poesía en el espacio cultural de La Central de Callao, en Madrid. Aforo completo y granada cosecha de poetas jóvenes que aleja cualquier pesimismo sobre la salud del presente poético. Entre los asistentes, Francisco José Martínez Morán, Diego Álvarez Miguel, Rocío Acebal,  Hasier Larretxea, Gema Palacios… El rostro plural de la nueva poesía en grata convivencia con recorridos asentados en los manuales como Jordi Doce, Ana Gorría, Juan Carlos Reche Cala, Adolfo Cueto, Manuel Neila, Amalia Bautista o Andrés Trapiello…
  Un acto ligero en el que el escritor Antonio Rivero Taravillo comentó las peculiaridades de una revista en papel – ya casi especie protegida por las escasas iniciativas que siguen en pie con periodicidad regular- que, en su humilde apariencia formal, busca compaginar un muestrario lírico entre autores desconocidos e inquilinos con plaza fija en el ahora poético. La salida cuenta con una amplia muestra de poemas, un escaparate crítico de cierre, y con exploraciones en otros géneros como el aforismo, esa filosofía liliputiense que se ha convertido en los últimos años en moda seductora.
  Celebro la iniciativa de dar a conocer los textos en el tono de voz de sus autores. Así tuvimos ocasión de escuchar a colaboradores de la revista como Ándrés Trapiello, Amalia Bautista, junto a las dubitaciones en prosa de Luis Martínez de Merlo, que no supe bien si estaba feliz con el inédito publicado, o cejijunto por la selección del mismo por parte del consejo de redacción de la revista, y los ya mencionados autores nuevos como Hasier Larretxea, Viviana Paletta, o Emily Roberts.
   Solo me faltó haber podido abrazar a otros colaboradores entrañables como Karmelo C. Iribarren, una de mis debilidades literarias, o José Alcaraz, editor y poeta antologado en Re-generación junto a otra firma de esta salida, Miguel Floriano, quien habita este número con afán reseñista, Después tertulia abierta, abrazos de reencuentro, vino tinto, aperitivos fríos, móviles encendidos y fotos para el recuerdo, con la certeza calma de que la vida sigue y el futuro está ahí, refugiado y feliz en cualquier página.


domingo, 28 de junio de 2015

HAROLD BLOOM. POEMAS Y POETAS

Poemas y poetas
Harold Bloom
Traducción de Antonio Rivero Taravillo
Páginas de Espuma, Madrid, 2015
MISCELÁNEA CRÍTICA

   Catedrático de Humanidades durante décadas en la Universidad de Yale y autor de más de treinta libros de pensamiento crítico, Harold Bloom (Nueva York, 1930)  es una autoridad  esencial en el  replanteamiento de valores estéticos del legado occidental. Su quehacer aporta hitos como El canon occidental, Cómo leer y por qué, Anatomía de la influencia y monografías decisivas sobre W. Shakespeare, Yeats o Blake, entre otros.
   En Poemas y poetas argumenta genealogías desde el enfoque implicado del lector. Los incesantes viajes a la biblioteca han modelado un conocimiento expansivo. Lejos del tópico historicista que condiciona la praxis literaria a la historia social, analiza en la plural tradición angloamericana el legado de nombres clásicos. Son autores que han dejado una destacada herencia en las raíces poéticas del ser contemporáneo. La poesía personifica un crecimiento natural que se fortalece a expensas de otros poetas y  poemas.
   La exhaustiva lista se abre con Petrarca, una excepción procedente del mapa creador italiano que se justifica por las conexiones con W. Shakespeare, devoción obsesiva de Harold Bloom. Casi todos los elegidos son angloparlantes, estableciendo así un patriarcado lingüístico, una dislexia voluntaria que borra las contribuciones de otros ámbitos comunicativos occidentales como el francés, el alemán y el castellano. Las excepciones son contadas. En el litoral francés están Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Valéry. Y solo Octavio Paz y Pablo Neruda son austeras presencias de la lírica hispanoamericana; otros idiomas, como el portugués o el alemán, se ocultan en un sensible vacío.     
  La lista de autores constituye un eje de coordenadas que mantiene su perseverante influencia y conforma un continuo de modelos con un significado inalterable en las derivaciones del gusto estético. La secuencia organizativa pretende aislar las cualidades singulares y su naturaleza representativa. La aportación crucial en muchos casos quedó inadvertida en su tiempo para reivindicarse después y pasar al primer plano de las influencias por su poder de asimilación y por su fuerza.
  Harold Bloom explora el talento expresivo de estos predecesores obligados adentrándose en el análisis de sus poemas fundamentales. En ellos registra elementos claves, clarifica el hilo argumental, comenta el proceso de creación y medita sobre afinidades y confrontaciones. El resultado de este deambular reflexivo es un recorrido que favorece abiertas relaciones entre lecturas y las convicciones confluyentes en la  personalidad imaginativa.
  Frente al temor lejano y reverencial con el que muchos lectores se acercan a la tradición, convencidos de que se necesita un patrimonio de claves interpretativas para recorrer el laberinto de la escritura, los postulados de Harold Bloom hacen de la lectura una costumbre, una tierra común por la que camina su intelecto con verbo celebratorio. Para el crítico americano las figuras principales de las bibliotecas son una pasión natural que casi siempre habla con el tono feliz de la elegía.

domingo, 7 de junio de 2015

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. LO QUE IMPORTA

Lo que importa
Antonio Rivero Taravillo
Renacimiento, Sevilla, 2015
LO QUE IMPORTA

  Hace mucho tiempo que la poesía contemporánea dejó de ser un patio de vecinos  lleno de conflictos y con la pretensión de escribir a la contra para convertirse  en un discurso sosegado y plural. En la lírica actual conviven elementos de varias tradiciones que alientan la intención de acercarse a la mayoría en el tratamiento del lenguaje y en los veneros argumentales. De esta digresión previa, la senda de Antonio Rivero Taravillo podría ser ejemplo paradigmático. El equipaje literario del melillense afincado en Sevilla es copioso y diverso. A su faceta de traductor al castellano de autores como W. Shakespeare, John Keats, Robert Graves o Harold Bloom suma cuadernos de viajes, ensayos, biografías –imprescindible su trabajo sobre Luis Cernuda-, la novela Los huesos olvidados y un sendero poético que abarca las entregas Farewell to Poesy, El árbol de la vida, Lejos, y  La lluvia. 
  Desde su inicio, la palabra poética emplea una perspectiva realista y figurativa. El texto acoge una anécdota aparentemente menor y cotidiana y profundiza en su indagación hasta perfilar destellos cognitivos sobre el ser y el estar. De ese modo, el hilo conductor de cada salida concede al pensamiento un amplio recorrido en el proceso de percepción de la realidad y sus interpretaciones. En las composiciones de Lo que importa nos sale al paso una reflexión que aglutina casi ochenta poemas organizados en tres conjuntos. La observación del testigo directo especula con la ficción autobiográfica y con las contigencias de un yo que percibe en su acontecer diario los pliegues del asombro. Sus apreciaciones conceden al tiempo un valor añadido y resultan brújulas eficaces en los itinerarios por completar.  La lectura, y sus efectos secundarios, constituye una actividad central del hablante verbal. Varias composiciones abundan en el sostenido diálogo con la biblioteca. Por esa escala asciende “Rey Lear”; el poeta será una ausencia en las lejanas luces del quinto centenario, pero la versión al castellano de aquel hito de W. Shakespeare hablará por él renacida en las manos de un lector. También el poema dedicado a W. Morris, cuyo ideario se esboza en una sugerente poética final: “El hombre es narcisista: así prefiere / un espejo a su semejanza, un sucio / andrajo de dudoso gusto, / agua turbia en la que reconocerse; / nunca la claridad, la transparencia / que exigen transparencia y claridad. “
  Transita por el segundo apartado la voz de Humberto Fabbro. El mismo autor hace memoria de su encuentro con él y nos desvela unas escuetas pinceladas biográficas que no hacen sino acrecentar la certeza de que el personaje es un alter ego que añade matices al personal camino de Antonio Rivero Taravillo. Se acrecienta el registro coloquial para glosar evocaciones y la dicción se desnuda para tejer secuencias de las que emanan indicios éticos. Las idealizaciones parecen avocadas a formar la textura de un campo de cenizas. Pero no solo cambia el sesgo reflexivo; también el formato experimenta bifurcaciones, como sucede en el poema “Asta y cuerpo” donde la repetición versal establece una llamativa combinatoria. 
  El tramo final, “Sala de espera” compila el cajón diverso de lo cotidiano, como si fuese una fragmentaria lectura de la realidad en clave poética. Es la cronología de un tiempo que aglutina elementos al paso –qué atinados los poemas “Ciruelas” y “Biblioteca descarrilada”- o de lugares y sitios que acentúan la ubicación del sujeto entre lo transitorio mientras se desgajan inadvertidos “trozos, migajas raspaduras”.  Las palabras alumbran un terco análisis de las formas que confluyen en el entorno y son interlocutores que borran las cesuras entre pasado y presente.
  Suele mirarse con desconfianza el quehacer variado y Antonio Rivero Taravillo está en el extremo de cualquier práctica monocorde. Ya se ha dicho que en su quehacer conviven varios géneros que se complementan entre sí. Pero es sobre todo un poeta. Lo que importa destaca por su riqueza temática, por su originalidad metafórica y por el manejo de formatos que integran el escueto esquema del haiku y el poema narrativo que se demora en la descripción de lo percibido. Y en los dos casos, el lector percibe la palabra necesaria, el poema que habla con tono acogedor. La espiral de palabras que en el ruido diario preserva lo que importa.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. TRADUCTOR.



ANTONIO RIVERO TARAVILLO: TRADUCTOR

  La traducción permite que ninguna lengua sea insular y que se multipliquen los diálogos entre geografías, autores y títulos. Es conocida la perspectiva plural de Antonio Rivero Taravillo, poeta, narrador, ensayista, crítico, director de la revista Estación Poesía y traductor…Esta conversación explora esta última faceta del escritor. 

En la casa de tu escritura hay muchas habitaciones. ¿Alguna quita sitio a las demás?

La que siempre tiene las llaves es la poesía. De ella surge todo y ella entra y sale cuando quiere. Mis primeras traducciones fueron de poesía. Luego he ido ampliando el campo y desde hace años, casi siempre por encargo, también traduzco libros de prosa. Con la escritura de novela he empezado hace solo tres años: es un trabajo muy absorbente, que parece exigir todo el tiempo y atención. Con todo, cuando surge la idea de un poema este interrumpe lo demás. Hasta publicar la biografía de Cernuda, sentía que la labor de traductor oscurecía mis otras “habitaciones”. Lo publicado después ha ido abriendo puertas, y hoy me siento my a gusto tratando de mantener uan casa tan espaciosa. 

En mis manos tengo el libro que me ha sugerido esta entrevista. Tu traducción de los sonetos de W. Shakespeare. ¿Cómo nace esta edición?

Nace en la prehistoria podríamos decir, casi antes de que naciera el propio Shakespeare, me parece. Era yo estudiante de primero de Filología Inglesa, y me topé con un par de sonetos suyos. Me puse a traducirlos de una forma pedestre gracias a la cual me di cuenta de las exigencias del ritmo y de la necesidad de la condensación: no podía hacer líneas de veintitantos versos fofos, sin nervio, para sus pentámetros yámbicos. Puedo asegurar que aprendí a escribir verso castellano traduciéndolo a él. Con el tiempo, y a lo largo de muchos años, fui traduciéndolos hasta completar la serie de 154 (que no todos son sonetos, pero bueno). Tuve la suerte de que Renacimiento se interesara por ellos. Esa es la primera edición. Luego, con algunas modificaciones (siempre buscando mejorarlos) salieron en la colección de bolsillo de Alianza Editorial y, junto con el resto de la poesía del Bardo (Venus y Adonis, La violación de Lucrecia, etc.) posteriormente en la bella edición de la Biblioteca de Literatura Universal bajo la dirección de Luis Alberto de Cuenca.

Mi modelo fue Manuel Mujica Láinez, que para el tercio de los sonetos que llegó a publicar, empleó el endecasílabo blanco. A día de hoy, me sigue pareciendo la mejor solución métrica.

Son muchas tus versiones al castellano; ¿de cuál guardas un mejor recuerdo?

Quizá, de los proyectos que más tiempo me han acompañado, como el de Shakespeare, el de Yeats, o mi antología de poesía gaélica medieval que sacó Gredos: Antiguos poemas irlandeses.

¿Qué autor te ha parecido más complejo, más desajustado entre las dos lenguas?

Naturalmente, los traductores que prestan especial atención al lenguaje, sea en poesía o en prosa. Los irlandeses que escriben en una variante del inglés no son fáciles de traducir al español: pienso ahora en Flann O’Brien o en Jamie O’Neill.

Es un tópico vivo de la discusión literaria, una polaridad inagotable que siempre divide a los traductores: ¿fidelidad al texto y a sus elementos estilísticos, o empeño en  preservar el espíritu de autor?

Preservando el espíritu del autor se defienden los elementos estilísticos y a la postre el texto. Esto es particularmete cierto de la poesía, donde el qué no puede desvincularse del cómo y donde la traducción más “fiel” a lo literal es la más infiel en realidad.

Respiramos un hondo cambio en los formatos literarios por la imposición aplastante de las tecnologías.  Tiempos nuevos de blogs, revistas y  libros digitales, internet… ¿Afecta esta situación a la traducción?

 Afecta en general para una más amplia difusión de todo, pero tiene efectos no deseados como la piratería de libros enteros o al por menor: a menudo me he encontrado una traducción mía sin atribución, como si el autor hubiera publicado directamente en español.
 
También es un tiempo de continua revisón del discurso crítico de la literatura. Aquel aserto de John Donne parece premonitorio: “Todo está en pedazos, se ha perdido toda coherencia”. ¿Percibes como escritor esa sensación de disgregación y agotamiento?

Varios siglos después, Yeats escribió algo parecido en su poema “El segundo advenimiento”, donde se queja de que “todo se desmorona; el centro cede; la anarquía se abate sobre el mundo”. Son versos que me sé de memoria entre otras cosas porque los traduje para la Poesía reunida del irlandés que publicó Pre-Textos. Hace unos años lo habría afirmado yo también. Ahora, sin embargo, soy más consciente de que siempre se está produciendo un cambio gradual de paradigma. Siempre se está creando literatura valiosa, lo difícil es distinguirla en el profuso maremagnum, agudizado por el fenómeno reciente de la eclosión creativa de quienes renuncian a ser buenos lectores de lo ajeno para ser malos escribas de lo propio.

La traducción como  labor creadora, ¿necesita una nueva filosofía o sigue siendo un meridiano fijo en la esfera de lo clásico?

Nunca se ha teorizado tanto sobre la traducción como en el presente pero, como suele decirse, el movimiento se demuestra andando. Lo importante no es la tramoya de los estudios sobre la misma, sino la puesta en práctica de una traducción solvente, que a mí solo me interesa (más allá de las respetables razones pecuniarias) como una prolongación de mi propia creación.

¿Alguna nueva traducción en marcha?

Muchas. De Harold Bloom, Margaret Drabble y James Merrill entre otros. Y quiero volver, cuando tenga una tregua, a “mis” escritores en lengua irlandesa, que me están esperando en el pub y no sé cómo me los voy a encontrar después de tantas pintas.

viernes, 8 de agosto de 2014

AFORISMOS A PIE DE MAR

Playa de Torre de la Sal, Castellón

AFORISMOS A PIE DE MAR

                       Para Antonio Rivero Taravillo

Marejadas, borrascas, nubes y claros. Metereología de poeta.

Con la escritura. Restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.

Para la confidencia íntima y personal un tono de voz sobrio, alejado del aspaviento.

Inéditos de textura adiposa. Necesitan una dieta adelgazante.

Afronto la poesía defendiendo un cálculo de estructuras: que nada sobre.

martes, 6 de mayo de 2014

ESTACIÓN POESÍA

Estación Poesía
nº 1, Sevilla, primavera 2014
Director: Antonio Rivero Taravillo
Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla
Contacto y suscripciones: estacionpoesía@us.es 

NUEVA REVISTA LITERARIA

   Aire de primavera. Nace Estación Poesía, una revista literaria en papel, impulsada por el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla y dirigida por el escritor Antonio Rivero Taravillo. La carta de presentación deja claro el monolitismo genérico con un litoral lleno de nombres relevantes que ocupan la plaza central de la actualidad lírica. Cito algunos: Felipe Benítez Reyes, Jesús Aguado, Erika Martínez, José Manuel Benítez Ariza, Trinidan Gan, Álvaro García, Hilario Barrero, Susana Benet, Juan Manuel Macías... una treintena de voces, casi todas con reconocido historial poético.
  Completa el material de esta amanecida un apartado de reseñas, escrito por Juan Carlos Abril, Carlos Alcorta, Francisco José Martínez Morán y Toni Montesinos, junto a una colaboración más extensa de Olga Redón en torno al epistolario cruzado entre Vicente Aleixandre y el poeta cordobés Ricardo Molina.
   Asumiendo sin traumas las particulares condiciones del mercado, Estación Poesía viste un formato sobrio y ligero, diseñado por  F. Javier Martínez Navarro; una revista dispuesta a recorrer la geografía del mapa lírico actual y a dejar sitio a sus habitantes más cualificados Un empeño que merece atención y apoyo. En ello estamos.

sábado, 18 de enero de 2014

AFORISMOS SOBRE POESÍA.


AFORISMOS SOBRE POESÍA
 
                                                 Para Antonio Rivero Taravillo
 
. Hay poesía muy buena, bastante buena y pasable. Lo demás no es poesía.

. Los que conciben el poema como un barrio residencial emplean palabras de diseño, con prestigio de marca.

. La poesía y yo nos vemos a diario, aunque no intercambiamos demasiadas explicaciones.

. No pensaba escribir más poesía, pero acaba de llegar un verso cargado de buenas intenciones.

 

jueves, 27 de septiembre de 2012

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. REGRESOS.

Macedonia de rutas
Antonio Rivero Taravillo
Paréntesis, Sevilla, 2010

   Fue en el ecuador de los años noventa cuando descubrí por vez primera las prosas de viaje de Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963). Compartíamos páginas en el suplemento cultural La Mirada de El Correo de Andalucía, un semanal sevillano, coordinado con tino por José Luna Borge, en el que se daban cita colaboradores de innegable talento, y recién llegados a la literatura, como Martín López-Vega o Javier Rodríguez Marcos.
   En esa década el escritor, afincado en Sevilla desde sus primeros días infantiles,  daba comienzo a una labor miscelánea que aglutina poesía, ensayo, crítica, traducción y libros de viaje, género al que pertenece la edición de Paréntesis, Macedonia de rutas, precedida en el tiempo por dos volúmenes similares, Las ciudades del hombre y Viaje por Inglaterra.
   El mapa geográfico ofrece un amplio listado de puntos de fuga y corresponde al viajero sumar pasos hasta el fin de trayecto. Es verdad que el itinerario sólo concluye cuando el paseante regresa al umbral de partida que para Antonio Rivero Taravillo siempre tiene el exacto formato de un folio en blanco donde narrar la crónica de sus vivencias. Allí se plasma en mapas de tinta el variado aporte del deambular, la completa jornada de ida y vuelta.
   La globalización ha castigado a muchos destinos con un turismo gregario, anodino y vulgar que mira distanciado y convierte a los lugares de interés en apresuradas fotografías digitales o en postales repetidas. Antonio Rivero Taravillo acierta a personificar cada parada; el marco geográfico es un interlocutor vivo que relata su pasado, sus encuentros con otros viajeros o los detalles que convierten su apariencia en un subrayado de los sentidos. Como no podía ser de otro modo, están las ciudades atlánticas que acogieron en sus aulas y bibliotecas al joven estudiante, al investigador filológico y al traductor;  los muchos sitios de la Bética, con Sevilla como plaza porticada del recuerdo;  la Europa nórdica; la arqueología de Roma y las arterias grises de Venecia. También destinos de largo alcance, al otro lado del océano, en los que las ruinas de los pueblos precolombinos conviven con el ajedrez urbano de Nueva York, arquetipo de la metrópolis contemporánea que tanta huella ha dejado en la literatura en castellano.
   El viaje como metáfora de la propia existencia ha sido un tema recurrente en la literatura. Andar el camino no es más que abrir una perspectiva nueva al tránsito interior y una toma de conciencia del carácter transitorio de cualquier destino.
   Macedonia de rutas convierte cada periplo en un relato protagonizado por el yo que deja sitio a un decorado convertido en un agente activo. En él los detalles de la descripción, los elementos ambientales, conviven con las relaciones que establecen los individuos que  entrecruzan sus coordenadas. Cada lugar es un refugio y un punto de encuentro, un espacio sencillo y complejo que desdice la soledad del paseante solitario y nos habla de buena vecindad entre pasado y presente, entre libros y geografía.