sábado, 8 de junio de 2024

FUERA DE GUION (Microrrelatos de José Luis Morante)

Días en el Retiro
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

UMBRAL
 
  
   La minificción ha sido compañía habitual en la mesa de trabajo durante décadas, aunque lejos de cualquier urgencia editorial. Eran textos sin estación de llegada, microhistorias fuera de guion. Los itinerarios expresivos impulsan una convivencia pacífica entre la poesía, como desempeño prioritario, y otras estrategias como el ensayo crítico, el artículo de actualidad, la nota autobiográfica y el aforismo. Me gusta esa concisa fisionomía del relato breve porque concentra argumentos asentados en la agudeza: la anécdota solo precisa una modesta escenografía.
   El uso de la primera persona concede al texto carácter personal y una hondura de lo singular, desde la introspección. Sospecho que el análisis de tal perspectiva precisaría una disertación más larga, pero este enfoque textual no es sino un sondeo en la condición diversa del ser humano. Somos un conjunto de pequeñas viñetas ficcionales cuyos elementos establecen pactos de verosimilitud. Se oye la respiración que mantienen las cosas. Un mundo abigarrado que reaparece y se exilia en un lado y en otro.
   El nomadismo argumental describe afinidades sobre el viaje continuo de lo cotidiano. En sus retazos se aloja lo fortuito, el suceso trivial; la grieta de luces y sombras que permite acceder a los registros de la imaginación. También a la reflexión práctica sobre el lenguaje como depositario de conocimiento y experiencia.     El microrrelato es un detective que sale al día. Todavía no sabe, pero le gusta sospechar de todos. En literatura, el molde no es una enojosa disciplina sino un juego menor cuyas reglas se pueden manipular a voluntad. Esta falta de sumisión permite el diálogo, una conversación de punto medio entre el verso y la prosa en el cuarto de estar de cada página. Mientras respira, el cuento diminuto pone en práctica un pensamiento de Jack Kerouac: “Seamos libres en cualquier momento”.
  Casi todos los textos acogidos en Fuera de guión han ido apareciendo, con azarosa cronología, en el blog “Puentes de papel”, espacio digital que abrí el penúltimo día de 2010 y que todavía mantiene inalterable un apetito omnívoro de poemas, reseñas, cuentos y aforismos. Con hacendosa disciplina, buscaron acomodo en su aforo limitado algunos argumentos entre la realidad y el sueño. Todos fueron excusas para dejar estelas e incertidumbres, sin perturbar demasiado, permitiendo afilar el lápiz con las pequeñas preguntas de siempre.
   Lejos de todo agobio, mientras escribí estos hilos he vivido en una realidad donde todo era pequeño y cadencioso, como si escuchara un rumor breve, un mínimo resplandor entre el silencio.

JOSÉ LUIS MORANTE



 
 

viernes, 7 de junio de 2024

CIUDAD PRIVADA

Pasos, latidos, ecos
Fotografía
de
Internet

 

CIUDAD PRIVADA
 
Una vez más regreso a la ciudad de siempre,
descifro con premura
un largo itinerario de recuerdos,
mientras sube, con ardor renovado,
la hiedra de otros días
desde un lejano sueño hasta la boca.
Pero nada es igual, aunque contemple ileso
el dócil deterioro,
antiguos edificios maquillados de tiempo.
No logro adivinar qué signos, qué paredes,
ocultan las hogueras del pasado.
No hay rastros inmutables, no hay indicios
de una felicidad remota en la memoria.
Cuánta mano vacía, cuánta ausencia;
quedaría conforme siquiera vislumbrando
una imprevista huella, algún reflejo.
Se reiteran mis pasos por calles desoladas,
la soledad se enquista,
suena el reloj de un campanario;
aburrido neón de pupila naranja
vierte sobre mi busca un guiño cómplice,
una difusa luz precede al día.
La llegada del alba desvanece
una ciudad cuyo enclave es olvido.

      (Del libro Población activa, 1994) 
 

jueves, 6 de junio de 2024

UN NIÑO HECHO DE MAR

Memoria y mar
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana




NIÑEZ

En el origen guardas
sedentarias gaviotas,
el recuerdo salobre
de lienzos de alquitrán y esteros pálidos,
donde se demoraban
los últimos bañistas.
A tus ojos retorna
un monólogo azul.
Desclava las cuadernas
y rompe el equilibrio
de un mástil doblegado
a los pies del cemento.
Pernocta en los juncales
sordina gris del llanto.
El ayer amanece.
Desnudos compartimos
el aliento de su melancolía.

      (De La noche en blanco, 2005)

miércoles, 5 de junio de 2024

ISABEL MARINA. DONDE SIEMPRE ES DE DÍA

Donde siempre es de día
Isabel Marina
Prólogo de Ángel Alonso
El Sastre de Apollinaire / Poesía
Madrid, 2024
 

 

REGRESOS

 
   Apenas dos años han transcurrido desde que la fertilidad creadora de Isabel Marina (Avilés, 1968), Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra, colaboradora habitual de travesías culturales como Anáfora y Areté e impulsora de la revista Ítaca, publicara Un árbol que tiembla (2022), un poemario de claridad deslumbradora en torno al transitar del tiempo, con ilustraciones de Federico Granell y prólogo de Ángeles Carbajal, cuya presentación en el Centro Asturiano de Madrid fue un pletórico abrazo entre música, poesía y amistad.
   Pero la poesía no deja de manar y renueva cauce con la entrega Donde siempre es de día que reúne más de cien textos, integrados en cuatro secciones. Ángel Alonso titula la mirada prologal “Catarsis” un sustantivo de semántica explícita que asocia de inmediato el acto de escribir con una estrategia de sanación terapéutica. Acaso con un sosegado viaje interior para llenar de brisa los rincones umbríos de la existencia donde se van acumulando en las estanterías cotidianas decepciones y pérdidas; esas inevitables erosiones del deambular vital. La escritora asturiana asume el quehacer escritural como “una forma de ordenar el caos que a todos nos acosa, como una forma de explicarse las maravillas y miserias del mundo, y explicarse también a sí misma”. El análisis de la introducción resalta también otro aspecto esencial del enfoque estético de la autora: las conexiones entre Arte y Poesía, como si fueran dos estaciones unidas por los itinerarios de la reflexión. En esa perspectiva rehumanizadora de la función del arte, que aglutina elegía, evocación y senda indagatoria, la existencia es un escenario incierto y movedizo en el que la expresión artística se inspira para crear lumbres encendidas de verdad y belleza.
   La sección inicial “La última matrioska” aporta citas de Carmen Martín Gaite, Piedad Bonnett y Katherine Mansfield, tres voces del canon que hacen de la poesía un árbol iluminado, una forma de salvación y encuentro con el rastro incierto de quien tantea la silueta imprecisa de la identidad. En este territorio de búsqueda nace el poema, como sostiene la composición de apertura “Mi forma de salvarme”: En sus versos el hablante lírico se busca a sí mismo, hurga en las heridas y erosiones e hilvana pérdidas y estados de ánimo; la escritura se convierte entonces en trinchera y resguardo, en pactada respuesta a las líneas de fuga que disuelven los pasos cotidianos: “La escritura es el poder / de los que no tienen historia, / la luz del faro que avista el náufrago, / el pan único para el hambriento, / el agua que puede calmar la sed.” La palabra camina hacia dentro, se hace reclusión en la raíz, misterio y enigma. Se va gestando así una crónica sentimental frente a la apresurada hostilidad del calendario, la cartografía desplegada de un mundo interior por donde el sujeto se coloniza a sí mismo, rellena el difuminado paisaje de la inexistencia con un epitelio de esperanza. Somos vacío y fugacidad, la música inacabada de un jardín interior.
   El hecho de vivir sostiene un continuo aprendizaje que va copando espacios de madurez, ese tiempo de aceptar el propio destino, de ir dando a la propia imagen los trazos justos, esa estela de reflejos dorados.
    El conjunto de poemas “Como pateras vacías” está concebido como una inmersión en lo perdido; la evocación invita a desnacer. El hablante verbal convierte su búsqueda en recuerdos clarificadores de un tiempo consumido, hecho de cambios continuos que hacen dudar a la memoria: “Qué fácil es engañarse, / qué fácil vivir para el sueño, / y qué difícil / observar mar adentro, / lo que ha quedado de nosotros, / el poco margen que tenemos”. El mapa de la memoria desaparece y la gelidez de la niebla cae sobre los ojos.; aloja un espacio de silencio y contemplación.
   En el apartado “Un mundo ordenado” el poema se convierte en espacio de observación que anota lo que sucede alrededor. Un anciano sentado en un banco con palomas, el solitario que añora la fuerza emotiva de otros días, la quieta belleza de una porcelana de Lladró o la estática quietud de la piedra son símbolos del transitar del tiempo. La percepción acumula en el pensamiento instantáneas de soledad y melancolía. Las formas y colores de un mundo ordenado que se hace también metáfora de todo lo perdido. El continuo fondo musical de los poemas revela la pasión de Isabel Marina por la música; un mediodía sonoro e instrumental que es a veces evocación y recuerdo del ayer, como la imagen de la madre tocando un viejo piano. Otras veces apunta el homenaje sensorial de quien se refugia en la armonía de alguna canción para desterrar la sombría percepción del reloj desbocado.
   Isabel Marina acentúa en Donde siempre es de día su intimismo reflexivo; con una clara continuidad estética, la poeta persiste en el largo caminar que enlaza pretérito y ahora en el norte vital de la palabra, las estelas del recuerdo y esa continua sensación de despojamiento que deja el existir. Queda en el poema la conjunción de ambos espacios meditativos, la aurora y el manso horizonte crepuscular. El empeño por recobrar vivencias que permitan comprender la arqueología sentimental “donde todo alumbra y es signo, aunque no lo sepamos, aunque no podamos reconocerlo y estemos sordos y ciegos, como el pájaro que canta, antes de que la ciudad despierte”.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 

 

martes, 4 de junio de 2024

BOSQUES QUE NO DEJAN VER EL ÁRBOL

Afán de raíz
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

Aforismos de José Luis Morante
 
 
Cada náufrago reclama para sí la madera raída.
 
 
En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez
 
 
Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.
 
 
Ante las rocas  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.
 
 
Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.
 
 
Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.
 
 
No están cerca o lejos. No están.
 
 
La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.
 
 
Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.
 
 
En la lisura del cristal, los aspersores del jardín difunden transparencia. Mi casa y el día que declina. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Espejismos.
 
 
Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.
 
                                      (Del libro Motivos personales)



lunes, 3 de junio de 2024

GIOCONDA BELLI

Gioconda Belli y María José Bruña Bragado
Fotografía
de
Daniel Mordzinski

 

PUNTOS DE FUGA

 
 
Parir el alba
Gioconda Belli
Introducción y edición de María José Bruña Bragado
XXXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
Ediciones Universidad de Salamanca Patrimonio Nacional
Salamanca, 2023
 
   El 29 de mayo de 2023 la escritora nicaragüense Gioconda Belli (Managua, 1948) conseguía el XXXII Premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana. Asentada en España desde hace años, tras la deriva dictatorial del gobierno de su país, la poeta impulsa una escritura comprometida, sólida y de calado emocional que hace de la indagación confidencial una exigencia de amanecida, un punto de fuga. En Parir el alba la profesora, investigadora literaria y escritora María José Bruña Bragado, en la introducción “Elegir el vértigo”, recorre el discurso poético de una creadora que cultiva una pluralidad de estrategias expresivas: poesía, novela, autobiografía, ficción infantil, artículos de prensa y memorias, con un ideario conceptual abierto a la transversalidad y la fusión. El prólogo recuerda contingencias biográficas y la temprana dedicación a la poesía de Gioconda Belli, siempre con un carácter torrencial, proclive a la urgencia impulsiva. Esa inquietud auroral hacia el poema constata además otra cualidad sostenida: ”La exaltación de lo femenino”, una sensibilidad que repite, diluye y modifica el yo interior y asume en la página escrita un enfoque cuajado de erotismo que en su amanecida provoca rechazo en el entorno familiar próximo. La poesía es todavía un enigma de sombras y requiere magisterios como Francisco de Asís Fernández, uno de sus más tempranos apoyos literarios, José Coronel Urtecho y Carlos Martínez Rivas.
    Durante un largo periodo de su vida, el compromiso sandinista se hace vértice de la identidad. La situación política nicaragüense reivindica la acción directa y su memoria personal vive como un acontecimiento el triunfo de la revolución, tras el opaco intervalo de cuatro décadas de la dictadura somocista. El tiempo ahonda en contradicciones y desajustes; la implicación militante da paso al desencanto, el cuestionamiento y el derrumbe de cualquier utopía. El contexto histórico es otro y exige una deconstrucción del trayecto ideológico. De este intenso proceso de conciencia social se hace portavoz el pulso escrito, casi desde su despertar poético a los veinte años, como queda constancia en la entrega El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerra.  
   La compilación Parir el alba resume el paso evolutivo de la senda lírica con una selección realizada de manera conjunta por la editora María José Bruña Bragado y la propia poeta. De inmediato se percibe la empatía entre personaje verbal y sujeto biográfico, lo que subraya la palpitación intimista y confidencial de una escritura que mira hacia dentro y profundiza de continuo en el viaje interior y el misterio vivencial. Como escribe la editora con atinada síntesis: ”El rasgo distintivo de la poesía de Belli es que tiene, por su esencia directa y experiencial, una suerte de habilidad para tocar las emociones ajenas (…) una suerte de transparencia entre lo subjetivo y lo orgánico exterior, lo emocional intrínseco al sujeto y lo tangible de fuera.” Así se entiende en toda su plenitud semántica el aserto elegido para titular este recorrido en el tiempo: la creación es un parto, una aurora física y natural que entrelaza dolor y gozo, materia sensitiva, densa, emocional. La palabra poética deja en el sujeto hablante una conciencia de género y un despertar en guardia que mira el entorno desde un feminismo radical y reivindicativo. La igualdad se hace premisa incontestable en el pensamiento. Vislumbrar el sentido existencial desde el lenguaje es un afán continuo entre las sombras contingentes de la temporalidad. Como asume la autora y se recuerda en el prólogo, el estar en la palabra enlaza tres postulados orgánicos: la exigencia, la experimentación y la originalidad.
   Con luminoso verbo, Gioconda Belli define la poesía como “un latido del corazón fuera del corazón”. Desde esa percepción, lo metaliterario es cauce argumental secundario frente a la facultad pensante y el vivo don de las emociones. Los versos irrumpen con fuerza sensitiva y musical para abrir alas a una dimensión confesional y subjetiva. En la poética adquiere una fuerte energía la conciencia de género, la búsqueda del yo mujer en el marco de un feminismo reivindicativo. Del mismo modo, la geografía de Nicaragua, no como entorno reductor y limitado, adquiriere un perfil armónico, marcado por la diversidad y las relaciones entre paisaje y demografía, modelando un espacio real reconocible.
   El aporte poético integrado manifiesta una nutrida diversidad temática. Como subraya en la excelente introducción María José Bruña Bragado, compone “un fresco ecléctico y plural, un caleidoscopio bastante ajustado de la creación de Belli, versátil en motivos y camaleónico en inquietudes”. El recorrido engloba, a juicio de la estudiosa, cuatro momentos escriturales. La etapa inaugural arranca con Sobre la grama (1974) y dibuja una sexualidad femenina directa y celebratoria, vinculada a la feminidad y el erotismo. En este tramo se integrarían también los libros Línea de fuego (1978), Truenos y arco iris (1982). Aunque no hay rupturas drásticas y se mantienen muchos motivos argumentales, con la entrega De la costilla de Eva (1986) hay una trasposición temática hacia la sensorialidad que suma ironía, sarcasmo y un erotismo denso en Apogeo (1998). Los poemas de Mi íntima multitud acogen la experiencia personal de la Revolución Sandinista mientras que Fuego soy, apartado y espada puesta lejos (2007) retorna a la caligrafía reflexiva del intimismo, también presente en el libro En la avanzada juventud (2013). Sirve de clausura a la selección El pez rojo que nada en el pecho (2020), un libro de madurez y conocimiento, que se cierra con algunos inéditos. 
  En suma, un nutrido viaje creador que hace de la propuesta lírica de Gioconda Belli una anábasis, un retorno hacia la conciencia para asumir lo vivido. La palabra poética se hace ejercicio de revelación; es mirada diagonal capaz de avanzar hacia dentro desde las palabras. Así nace su respiración, su propensión al hallazgo para dar solidez a la intuición. Un recorrido sólido, sin quiebras, que habla al silencio de los vínculos entre materia existencial y lenguaje, que deja en el confín del aire el latir luminoso del fuego.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

Poeta, aforista y autor del libro Nadar en seco (Crátera, 2022)



domingo, 2 de junio de 2024

RAFAEL SOLER. MEMORIA Y NO

Memoria y no
Rafael Soler
Huerga & Fierro Editores
Colección Rayo Azul
Madrid, 2024

  

VOCES, DENTRO


   Rafael Soler (Valencia, 1947), poeta, narrador  y docente que impartió clases, durante tres décadas, en la Universidad Politécnica de Madrid, mantiene en su escritura una larga carrera, rica y diversa, que aglutina seis ficciones largas, dos compilaciones de relatos y media docena de entregas de poesía. Con el título Vivir es un asunto personal, como si la escritura fuera asidero permanente y semilla de todo, reunía su obra lírica en 2021, muy pocos meses después dela ensimismada soledad de la pandemia. Pero la fértil madurez del poeta sigue buscando savia en el árbol del lenguaje y saca a plena luz la caligrafía evocadora de Memoria y no. El título parece alimentar una contradicción léxica: suma la capacidad de reconstrucción de la memoria, como legado y percepción panorámica de lo vivido, y el adverbio de negación “no” que introduce un contraste, una pausa transitoria frente a los brazos abiertos del pasado, como si la arqueología sin costuras del ayer, como territorio básico de la identidad, necesitara también explorar otras rutas, abiertas por el onirismo, la imaginación o los reflejos plasmados en el cristal desvaído de los otros.
   La composición “Toda una vida te lleva a ser mortal”, frase que adquiere la forma sentenciosa de un aforismo filosófico, parece una  justificación previa del papel esencial del tiempo recobrado para encontrarse a uno mismo. Su planteamiento argumental integra el recorrido desde la salida auroral hasta el ahora. El despertar vital es anuncio y profecía. Se dispone, con afanosa aplicación, a repoblar el bosque del presente, meta de madurez que aguarda en silencio la llegada de las sombras, mientras mira despojos y cenizas.
    La primera parte “Memoria” integra las secciones “A reloj candente podríamos decir” y “Limpieza semanal con un cuchillo”. Ambas comparten, pese a sus dimensiones asimétricas, una clara raíz experimental, heredera de Vicente Huidobro,  César Vallejo y el Lorca más surrealista. Rafael Soler opta por un nítido desarraigo del trascurrir epocal. Camina a solas, sin hilvanes generacionales. Busca una dicción singular, densa y hermética. Amalgama en su pensamiento poético la intimidad confidencial de quien se reconstruye en el espejo de enfrente, no pocas veces con verbo irónico. Explora la sensibilidad profunda para que fluya un retorno que acerque las coordenadas de la existencia. En ellas se muestra una significativa búsqueda de nombres tachados, recuerdos y apropiaciones imaginarias que viajaban camino del olvido. Desde la pertinente observación indagatoria, la vida transcurrida se habita por una individualidad que sale al día; pronuncia convincentes argumentaciones de la palabra para dar tinta y papel a la evocación, para que adquiera cronología y sentido  lo perdido.
    La expresión “Limpieza semanal con un cuchillo” da fuerza a un despojamiento extremo y sin concesiones. El trayecto vital se desnuda y van emergiendo significativas presencias personales como la madre, el abuelo o el hermano casi angélico. Se retorna a la sensibilidad auroral de los días de infancia, esa esperanza de consumación y anhelo que miraba las pisadas del tiempo y sus puntos suspensivos esperando el asombro. El arte de la fuga ha hecho del trayecto un liviano depósito en el que caben secuencias de la educación sentimental y aquellos figurantes que intercambiaron ámbitos y voces hasta cruzar las puertas del frío, hasta forjar el extraño inventario de lo vivido, la íntima derrota de quien cierra los ojos y  siente entre las manos las migajas de nada: “Lo que queda / después de los aplausos”.
   La conmoción lírica del poema pronuncia en voz baja su indagación de la nostalgia. Cuenta el temblor que encierran los brumosos secretos de los días, convertidos en su deambular en “escombro y cuarentena / agrio piafar de lo perdido”. Mientras el sujeto se afana en ese vano empeño de volver al origen en su indagación de lo humano.
   La segunda parte “Y No” acoge los poemas de “Pabellón cinco, al viento los manteles”. Con fuerza admonitoria el lenguaje funde en el mismo abrazo olvido y memoria. La conciencia en vela muestra un territorio de frontera entre el escalofrío de lo cotidiano y la maleta gastada del discurrir onírico. Confinados en un pabellón para convalecientes solitarios, los pasos tanteantes del discurso asumen la intemperie del encierro. El lenguaje de la confidencia se dispone a caligrafiar la incertidumbre en un paisaje de pacientes y batas blancas. Quien habla en el poema y se pierde por senderos de grava es intruso de una imagen que apenas reconoce. El poema de excelente título “Tengo una ojiva nuclear en la nevera” subraya ese estar.
   El espacio poético de Memoria y no hace de la metáfora un instrumento expresivo esencial. Los poemas clarifican el ligero equipaje del yo; los vestigios dormidos en un tránsito que concluye en el vacío. Con emoción acogedora, el transitar y la identidad se hacen coordenadas reflexivas. Desde esa percepción, siempre bajo la lluvia del tiempo, se concreta el estar en una inabordable deriva. Se acumulan las pérdidas. La conciencia se esmera en rescatar signos de claridad y desenredar silencios. La lucha y el quehacer azaroso del yo preserva en la honda noche de la memoria “la falsa pulcritud de los escombros”.

JOSÉ LUIS MORANTE