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Cancelación del ruido Yasmina Álvarez Menéndez prólogo de teresa Soto BajAmar Editores Gijón, Asturias, 2024 |
A SOLAS
Retorno a la escritura poética de Yasmina Álvarez Menéndez (Tineo,
Asturias, 1978), profesora universitaria de Didáctica de la Lengua y la
Literatura, ocasional locutora de publicidad y actriz de la Compañía de teatro
Pausa, con el convencimiento de que el intimismo reflexivo que abriera en su amanecida, Los versos que nunca os dije (2018),
constituye un continuo afán de enlazar puentes entre el yo biográfico y el
hablante poético. Temporal y perecedera, la existencia sirve de manantial a la
claridad deslumbradora del poema. El estar en lo cotidiano se convierte en
sedimento de reflexión y conocimiento. La voz hace girar al pensamiento para capturar
emociones y recuerdos con la eficacia confidencial de un lenguaje figurativo y
realista, capaz de alumbrar las zonas de penumbra de lo afectivo. La escritura deja
destellos de un ideario asentado en la línea clara y en el magisterio de poetas
como Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Nacho González o Aurelio González
Ovies. Los versos palpan impacientes lo cercano, escuchan el fluir de la
conciencia y definen una sensibilidad que explora con frecuencia las tramas
laberínticas del yo pensante, pero que también hace sitio a la otredad de un
mundo inacabado, que hace de la incertidumbre el discurso, el ruido epidérmico
que se adhiere sin pausa a la cronología de la memoria.
La nota introductoria de Teresa Soto recuerda la cita germinal de
Chantal Maillard y los dos itinerarios indagatorios que abren cancelación del ruido. Las cicatrices y
erosiones del deambular vital convierten la cronología del ahora en un punto de
cruce de cenizas y vacío. El manso transitar de la escritura es la única manera de curar de quien
siente alrededor un extenso espacio de melancolía. La realidad es desapacible y
está llena de cosas oscuras y sin sentido. Solo la palabra poética confía en su
capacidad de recuperación de lo perdido. Más allá del silencio sobrevuela una
sensación de desvalimiento ante la falta de respuestas. Seguir caminando
implica tantear nuevas rutas entre los pliegues por un entorno carencial, con
frecuencia marcado por la ausencia y por el ruido de fondo de lo contingente.
La poeta organiza Cancelación del
ruido en dos tramos escriturales de longitud asimétrica. En el primero, “Morfología de la nieve” se remansa una
voz crepuscular, que asocia el itinerario vital con la finitud: “Yo lo noto:
cómo me voy volviendo / cada vez más triste, / más ajena, / más callada.”. El
transitar convierte la presencia de la muerte en una presencia sedentaria y
próxima que ennegrece la tarde y desnuda el otoño. El sujeto muestra en su
soledad como se van quedando en la mirada trazos de fatiga y ausencia. Quien observa,
reflexiona y recorre una íntima historia personal; sabe que los versos nacen al
calor del silencio, son terapia y necesidad de vuelo, una manera de subsistir.
Son también la huella firme de los que no están, de aquellos que abrieron los
ojos y las manos para compartir la emoción del abrazo o sembraron la tierra
fértil de los sentimientos, aunque un día se agostara hecha soledad y silencio,
incapaz de afrontar la última mudanza.
Empujado por su brevedad, el apartado de cierre “Diciembre o el aullido”
incorpora una cita del poeta y pensador Miguel de Unamuno: “¿No volveré a encontrarte, manso amigo?”, en la
que se hace fuerte el tono elegíaco. El poema de apertura alza un escenario con
la valiosa precisión de los sentidos: “Aún no ha amanecido. / La luz de la
farola / amarillea los árboles. / Les adelanta el otoño. “.En él se remarca la
soledad del yo poético que cubre su orfandad con el lomo cercano del animal
doméstico, capaz de soportar cualquier tristeza. La memoria une evocación y
ausencia, pero también por la estrecha angostura del tiempo se percibe el
futuro, un itinerario que invita a sumar más preguntas que nadie puede
responder ahora: “Quién heredará todo lo mío, / que es tan poco? / Qué estantes
albergarán / cuando yo falte / mis libros más queridos, / aquellos que
resistieron, / sin discusión posible, / a mercadillos y mudanzas…”
Cancelación del ruido desanda
la quietud de las horas para mostrar con voz confidencial un sujeto lírico
cercano y sostenido por la gravidez de la palabra. Frente a lo que desvanece,
la mirada serena del poema ha creado un lenguaje propio, una dicción que habla
de lo invisible y de espacios de luz que alumbra la memoria. Más allá del
vivir, desde la profunda incertidumbre de un tiempo escurrido, está el alba
lejano de la esperanza, ese rumor que a tientas va llenando el insomnio con la
claridad de un nuevo día.
JOSÉ LUIS MORANTE