jueves, 28 de junio de 2012

AQUEL INVIERNO.



Nuevos aforismos:

Adorna cada uno de sus actos con un argumento apologético.

Impostura contable para demostrar que sus labores cívicas y familiares no son imposturas.

Brotes señeros de su especialidad: imita como nadie el bostezo de los cocodrilos.

El cajón oscuro de mi mesa atenúa pretensiones. Los inéditos miran de reojo la papelera de reciclaje.

Las malas críticas negocian con el recuerdo para convertirse en asuntos pendientes.

Cada una de sus palabras contribuye a la liquidación por derribo del futuro.

La madurez convierte el deseo en un ratón espantado.

lunes, 25 de junio de 2012

EDWARD HOPPER.



 Tengo una acuarela de Edward Hopper (1882-1967) como cubierta de un poemario inacabado, en cuya gestación me aplico con pereza desde hace un lustro. Es una pequeña reproducción del cuadro adjunto, un óleo que refleja el ensimismamiento de una mujer desnuda que mira la claridad del día sobre los tejados. El cuadro da la impresión de una cronología suspendida y de una llelleza estática.
Ahora el museo Tyssen Bornemisza ha organizado una exposición muy completa del artista. Nacido en Nyack, Hopper es un neoyorquino de adopción; allí se formó y allí encontró la temática esencial de su ideario estético. Mi hija acaba de visitar la muestra anticipándose a mi propia visita y me trae como regalo unas cuantas postales y dos cuadernos blancos con cubiertas de Hopper. Es un regalo muy grato.
Antes de su consagración como pintor figurativo, Hopper fue ilustrador comercial y grabador. Eran quehaceres provisionales de los que nunca se acordaría tras el éxito de una exposición de acuarelas que supuso su entrada en la dinámica comercial del arte. Después completaría una fructífera carrera pictórica en la que se convirtió en el mejor testigo de la clase media americana.
Su lenguaje procede de relevantes influencias: Velázquez, el realismo holandes del XVII, Courbet, Manet  y sobre todo Degas. Un listado de nombres propios que nutrió su captación de lo real y su gama cromática.
Hopper sigue conmigo. Pone unas briznas de color en mi poesía y asiente cuando hablo en mis poemas del realismo quieto de lo cotidiano y del tono crepuscular de la periferia urbana y de algunas zonas residenciales.
Algún día acabaré el poemario inédito pero mi admiración por Hopper seguirá intacta. Nadie como él ha captado la piscología de la arquitectura urbana, la forma de vivir en soledad en medio de la multitud.  

viernes, 22 de junio de 2012

RIVAS 1989. HISTORIA PERSONAL.



   Cuando llegué a Rivas-Vaciamadrid, en julio de 1989, era una ciudad en construcción, con terrenos acotados y grúas en pie. Todo estaba por hacer salvo el pequeño núcleo rural reconstruido en 1957, en el Plan General de Regiones Devastadas, tras desaparecer completamente en las operaciones de la batalla del Jarama, durante la guerra civil. Los nuevos habitantes teníamos la sensación del colono y parecía posible descubrir el Mediterráneo.

   En los jardines recién sembrados, que sustituían a las gramíneas, al centeno silvestre y al cardo, se plantaron carteles que enunciaban: “Cuidado. Niños en libertad” y todos los vecinos del chalet adosado pusieron ladridos insomnes en su nueva parcela, desaliñados chaldals en la práctica deportiva y animales domésticos en los cojines del sofá.

   No parecía el sitio ideal para radicarse; el entorno paisajístico era un páramo con vísceras calizas, cerca un vertedero asumía los restos de la capital y en la lejanía se veía bien la torre de televisión y las siluetas urbanas de los rascacielos madrileños. La capital estaba cerca y lejos porque las líneas de transporte público todavía no funcionaban y tuvimos que salir muchas veces detrás de una pancarta para que tunelaran el metro.

   Casi todos los edificios públicos se asentaban en naves prefabricadas; pero los escasos funcionarios que atendían tenían un gesto perenne de bienvenida, como si dieran confianza a los propietarios que hipotecaban en créditos bancarios veinte años del futuro.

   Ya entonces mi actividad predilecta era la literatura y con visible intranquilidad sacamos adelante algunos proyectos culturales que hoy enorgullecen. Fue el tiempo de la revista Luna llena, con Isabel Miranda y Manuel López, y en la universidad popular, con sede provisional en Pablo Iglesias, empezaron a programarse encuentros con autor. Por Rivas pasaron José Hierro, Francisco Umbral…

  De aquellos días hace veinticinco años y se corre el riesgo de que los recuerdos se olviden o se reescriba el pasado con esa ligereza que la mentira adquiere en algunas biografías prestadas. Hace mucho tiempo; tanto que el pasado ha envejido en la memoria y es necesario despertarlo de nuevo para reconocerme.  


martes, 19 de junio de 2012

JOAN MARGARIT. EL PRIMER FRÍO.

 
El Primer frío. Poesía (1975-1995)
Joan Margarit
Visor, Madrid, 2004

   Joan Margarit (Sanaüja,1938) compila en  El primer frío una producción textual que abarca tres décadas de un proceso creativo sometido a continua revisión. El inicio rescata la poesía de 1975 y llega hasta 1995  pero las variables respecto a la edición original  son tan numerosas que sugieren una explicación detallada. El prólogo recuerda que la vocación lírica despierta en Tenerife, donde la familia se había instalado en 1954, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, Margarit se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura, pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo, no se cumplen sus inquietudes y vuelve a la universidad donde concluye la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica, libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas, con lo que la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Después de cinco años el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en protagonista relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio.
  Será Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” figura en esta entrega en una composición que tiene como hilo argumental un debate entre arte y vida que es, en último término, uno de los ejes orbitales de Joan Margarit.
   Bajo el supuesto estético de que el poema debe modelar un interior habitable, hay una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
   La escritura, como cualquier cosmovisión singular, cimenta un conjunto de obsesiones que se expanden mediante variables; recurre a la clarividencia del matiz. En la exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales: Raquel, Joana, Tío Luis…cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre del envejecimiento pero que ha proporcionado al yo un asidero. Joana – la hija minusválida- es en su fragilidad y en su condición vulnerable el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida, la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura  de la posguerra, es la figura en la que lo ideal encuentra sitio cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis es la  ética que se resiste a claudicar.
  En los poemarios reunidos hay una confluencia de contenidos; se repiten temas: la indagación en los aspectos biográficos y las travesías de la memoria, las sombras de espacios interiores como el vacío, las pérdidas o el cansancio, la música, el mar, los viajes, o la ciudad. Dentro de cada motivo lo simbólico sale reforzado. La música se asocia con frecuencia a un tipo concreto de melodía: el jazz, la individualidad de sus intérpretes, el marco peculiar de las veladas en el que era posible hallar un  refugio a trasmano de la inercia diaria. Lo mismo sucede con la ciudad aunque es Barcelona –son frecuentes las localizaciones populares- el espacio urbano es sobre todo la descripción de estados anímicos asociados al transitar diario.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y que propende a lo narrativo con una cuidada secuenciación rítmica en la que no hay cambios bruscos.
   El primer frío nos da la versión definitiva de un discurso poético que busca su razón de ser en  dejar trazos de una identidad articulada en días sin retorno. La fugacidad, esa sencilla estela que precede al olvido y anticipa la despedida general, habrá permanecido inalterable. Recostada en el papel, la palabra expresa un instante concreto que convierte al poema en una huella.


                                                                                




domingo, 17 de junio de 2012


Tiene la impresión de quien acaba  de despertarse, 
pero en su mirada también se aprecia que viene de muy lejos.

                                                                 RAYMOND CARVER

Contable o profesor lo somos todos,
pero existen instantes en los cuales
uno puede escapar de la derrota.

                                            JOAN MARGARIT

Lugar


En el cuarto descubro
un retiro dispuesto.
Seduce imaginar
las toscas mordeduras del relieve,
el nudo minucioso de senderos
que invade ese dominio.
Existe aquel lugar,
un archipiélago
ceñido a la intemperie de la espuma,
como existe el pasado
con su ruido de puente levadizo.
Sabré cuando se muestre
el orden natural de su transcurso.
Habrá en esa visión
un hueco estupefacto,
un oculto solar
para que se despliegue
tu silente pureza, tu aire limpio.

                (DVD, Barcelona, 2005)




viernes, 15 de junio de 2012

LECTURA EN LA PISCIFACTORIA.


(Jesús Urceloy y José Luis Morante
 en LA PISCIFACTORÍA
Foto de Celia Sánchez)

Pasé por el fin de curso de LA PISCIFACTORÍA, el laboratorio de creación que dirige Gonzalo Escarpa. El profesor del taller de poesía, Jesús Urceloy, había programado un encuentro en torno a mi itinerario poético, a través de Mapa de ruta, antología editada en 2010, en Maillot Amarillo. La coincidencia horaria con el partido de fútbol de la selección nacional ante Irlanda convirtió el acto en una reunión de amigos.
Antes paseamos por Malasaña, entre terrazas, cerveza fresca y banderines. En la librería "Las tres rosas amarillas" -la única de la capital especializada en el relato breve- su dueño me regaló el libro Matar en casa, compilación de cuentos de Jesús Urceloy. Ya en LA PISCIFACTORIA el ambiente era muy distendido; nada cuesta intimar con los alumnos y explicar algunas claves de mi forma de entender el poema. Junto a los  habituales, Marisol Huertas, generosa y atenta, y Fernando López Guisado que, desde Rivas, me abruma con sus elogios y a quien temo aburrir porque seguramente repetiré poemas y opiniones.
Una vez más insisto en la lectura como actividad germinativa, en la comunicación, el cuidado formal y en la necesidad de buscar un sitio propio, exento de etiquetas de talla reducida y escuelas.
En el animado coloquio posterior, renacen las cuestiones que cada vez que se formulan sorprenden con nuevos matices: la inseguridad en lo escrito, los problemas de edición, los registros y géneros, la actualidad cultural y el futuro imperfecto y digital...
Siempre que concluyo una lectura, el círculo de amigos caba desvaneciéndose. esta vez no. Todos los asistentes se congregaron en torno a la mesa del afecto, bien surtida de bebidas y aperitivos. Había que cantar el "Cumpleaños feliz" de Déborah, Ricardo estrenaba libro, Marisol repartía queso y sidra y la ventana abierta era concurrido refugio de fumadores. El momento perfecto para una foto, mientras desde la calle ascendían los rumores festivos de la goleada. Esta vez marcó Torres...  

miércoles, 13 de junio de 2012

GAFAS DE SOL


Aforismos del trópico

         Para los que caminan extraviados en el pesimismo

Las gafas de sol ocultan una mirada estrábica. 

Alquiló una sonrisa respetable para fingimientos y usos cívicos.

Tarde de café con reproches y una burbuja onírica que respalda el pasado común.

Ese tenso diálogo entre una cobardía expansiva y el remordimiento.

Su optimismo sugiere que la lógica cierra el camino al caos.

Músculos vigorosos, épicos, espartanos para transportar un paraguas en los días de lluvia.

 Tras el largo proceso de aprendizaje, no sé masticar chicle.

Tartamudez de ideas.

Una biografía llena de traspiés. Como Cervantes.

De su ignorancia aprendí mucho. Pero no lo sabe.

Es tarde; el momento justo de hacer casi todo.

¿Vidas? Patéticas imitaciones que súbitamente se desvanecen.