domingo, 7 de enero de 2018

SIMETRÍAS Y CHARCOS

Páginas de ayer


SIMETRÍAS Y CHARCOS


Un domingo con lluvia dibuja charcos. El tiempo los habita con mis recuerdos.

En el contraluz invernal, equívocos peldaños, imprecisa situación en la escalera.

Descubrimos el mismo paisaje, pero nuestra mirada es diferente.

Alguien que no soy yo, sale a buscarme.

Esta noche, la lluvia hablaba con una elocuencia desbordada.

En la caligrafía de las aceras, la infancia escribe con botas de agua.

(apuntes del domingo)


viernes, 5 de enero de 2018

PROPÓSITO

Taller doméstico


PROPÓSITO

   La amanecida clarifica mi primer propósito corrector para el nuevo año. He apuntado al reloj a una academia de baile. Pierde el paso.

(De Cuentos diminutos)


jueves, 4 de enero de 2018

JOAQUÍN FABRELLAS. METAL

Metal
Joaquín Fabrellas
Editorial Maoli, Colección en Babia
Jaén, 2017

EXPLORACIÓN


   Precediendo la didáctica introducción de José Antonio Molina Damiani, se recuerdan los trazos biográficos esenciales del autor de Metal. Nacido en Jaén en 1975, licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada y docente en ejercicio, como profesor de Enseñanza Secundaria y bachillerato, Joaquín Fabrellas comienza quehacer literario en 2003 con Estertor en las piedras; poco tiempo después aparecía su segunda carta Oficio de silencio y completa trayecto con los títulos Animal de humo, No hay nada que huya, República del aire y Clara incertidumbre, un fecundo viaje por la poesía, bifurcado con sondeos críticos y traducciones. Molina Damiani define el quehacer como “una escritura expresionista y simultánea, en permanente estado de excepción emocional, lúcida y oscura, confesión de su yo adánico, el que escruta su identidad fracturada dando testimonio de las impurezas de su pensar analítico, nunca proscrito por la palabra de Fabrellas, analógica y sincrética, simultánea, en su exploración poética de la verdad”.
   Tan complejo horizonte reflexivo añade un paratexto de citas también abierto a la especulación porque no se clarifican magisterios poéticos sino vértices de la filosofía: Silesius, Cioran, Nietzsche o Lichtenberg.
   De inmediato se percibe que la imagen es la atmósfera natural del poema. Lo constata la sección de apertura “El desierto comestible”, un conjunto poemático muy breve que amanece con una poética: “Mira cómo tiembla la palabra al borde de la nada. / La niebla es un paisaje. / El hombre no sabe nada. / El animal es sabio: creo la violencia. / La música nació para organizar el vacío. / La poesía es el primer idioma”. El mínimo texto fortalece la autonomía versal como si cada enunciado fuese una tesela definida que aportara su leve semántica al discurso metaliterario.  
  Joaquín Fabrellas borra los renglones autobiográficos, como meros ejercicios de un solipsista que convierte sus pasos en visitas al yo y convierte al poema en indagación y búsqueda; sabe que palabra y vacío nunca están disociados. En la organización conceptual del poema se expande un pensamiento que no arraiga en lo concreto. La palabra es una simiente que busca fertilidad en un páramo dispuesta a dotar a la realidad de sentido a partir de sus mecanismos interpretativos. El escritor mira el enigmático cielo del lenguaje para describir un agitado transitar de nubes: el rol  diluido de la voz verbal y la capacidad de las palabras para cauterizar los fundamentos de la realidad más allá de los contornos formales, sin el lastre de las teorías. De ese quehacer emergen los sustratos de Metal para concluir que la escritura no resuelve la sensación de vacío y tiempo detenido, ni desvela lo incógnito. Estar en el poema no es entender, sino tantear la sombra.
  El filósofo Martin Heidegger formuló un enunciado casi lapidario que suele recuperarse con frecuencia: “La poesía es la fundación del ser por la palabra”. En parámetros afines se mueven los poemas de Metal. En ellos Joaquín Fabrellas moldea su visión del discurso poético y las coordenadas situacionales de la emoción estética. En la profundidad semántica del lenguaje no hay claves secretas sino regresos y circunvoluciones, una tautología de la incertidumbre, el peso de un poema y su silencio, una puerta sin llave.









miércoles, 3 de enero de 2018

MONOTONÍAS

Que van a dar a la mar...
Tailandia, 2017
Fotografía de
Rosa María Hernández


FIDELIDAD A LA MONOTONÍA

Rezuma la nostalgia e importuna el regreso.
Hay que volver a casa,
a que otra vez despliegue la rutina
su ajada vestimenta y nos acoja.
La casa es un planeta a tu medida
-un verso semejante describió otro regreso...-
y sus muros preservan
el oro sobrio de lo cotidiano
cuya renta permite vivir con cierta holgura
y a menudo con gozo.
A la llegada, como un feliz presagio,
el sendero olía a lluvia
y un renacido sol oreaba el tejado.

   (De Población activa, Gijón 1993)


martes, 2 de enero de 2018

EMILY DICKINSON. LA ESPERANZA ES UNA COSA CON ALAS

La esperanza es una cosa con alas
Emily Dickinson
Edición, ilustraciones y traducción de Hilario Barrero
Ravenswood Books Editorial, Almería


                                                    LA ÍTACA DE EMILY DICKINSON

   La versión a otra lengua conlleva una pugna continua entre el sentido literal y la captación básica de la conciencia poética. Más allá de la asimilación mimética, el traslado debe buscar sitio al diálogo abierto entre belleza y verdad. Desde ese enfoque parte Hilario Barrero (Toledo, 1946) en La esperanza es una cosa con alas al acercarnos esta selección de poemas breves de Emily Dickinson, figura estelar del mapa poético norteamericano. Como todos conocen, el escritor vive en Nueva York desde 1978. Allí ha protagonizado un ejemplar periplo laboral como profesor titular en CUNY. Por tanto, su conocimiento de la tradición lírica estadounidense es minucioso. Quedaba de manifiesto en Lengua de madera, deliciosa antología de poemas breves convertida en catálogo de asombros en las ediciones de La Isla de Siltolá.
  Ahora desplaza a nuestro andén idiomático una muestra de piezas líricas de Emily Dickinson (1830-1886), cuyo entronque en la biblioteca castellana ha sido continuo. Hilario Barrero es también responsable de la ilustración de cubierta y de los dibujos interiores, un privilegio disfrutado gracias a las redes digitales, a las colaboraciones en prensa en el suplemento cultural de ABC Castilla-La Mancha y a la delicada colección Cuadernos de Humo, donde publica buena parte del vitalismo poético contemporáneo.
  El liminar analiza la cualidad más relevante de la personalidad de Emily Dickinson: el estar inadvertido. Su silencio nunca roto, su empeño en un largo viaje hacia una Ítaca interior, tuvo como consecuencia la formación de un estilo peculiar, de unos parámetros formales que ella misma pulió con tesón ensimismado, por más que los referentes culturales de la poeta sean conocidos por todos: la continua lectura de la Biblia, el conocimiento de los metafísicos ingleses del siglo XVII y la poesía, entre otros, de J. Keats. Esa fue la escueta arquitectura de su refugio, un espacio abierto a la sencilla luz de lo diario, pero cerrado al ruido y la furia del entorno exterior. La voz, racionalista y mística, se mueve en la ambivalencia, como la propia experiencia humana siempre marcada por la cercanía de una realidad mudable y sometida a la desintegración.
   Buscó la permanencia en el poema, el único estar perdurable para el yo interior.  Siempre exigente y con extremado sentido crítico, Juan Ramón Jiménez fue un lector fervoroso de Emily Dickinson, de quien escribió: “mujer en gracia que se llevó el secreto del mundo a la eternidad por si estaba vacía”. La traducción de Hilario Barrero preserva ese secreto, tiene la sensibilidad que convierte el decir en un susurro permanente y profundo. Al cabo, la poesía no es más que esperanza con alas  que ensaya una continua disposición al vuelo.




lunes, 1 de enero de 2018

PIEDRA SOBRE PIEDRA

castro de las Cogotas (Ävila)
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

PIEDRA SOBRE PIEDRA

   Piedra sobre piedra construye el tiempo. Es el primer día de año y el discurrir comienza a interrogarme. Mis dudas son cáusticas y ejercen entre sí una fuerte competencia. Todas están en ese balneario invernal del escepticismo.
   Salgo a la mañana y no se ve a nadie en la calle. Es lo habitual en estas urbanizaciones de periferia en cuya languidez doméstica habría que sembrar un poco de humor caribeño.
   Hace años aprovechaba esta quietud terapéutica para quemar los ojos en las páginas de un libro. Haré lo mismo. Leo, mientras percibo encuadres de una arquitectura desenfocada que legitima mis incertidumbres.


domingo, 31 de diciembre de 2017

PREDICCIONES

Futuro
(Autor desconocido)


PREDICCIONES

Para Gabriela Rosas

  Con ganas de conocer indicios de esa realidad, ajena todavía, que poco a poco se integrará en mis días, acudo al consultorio de un vidente. Un cartel singulariza la puerta:“Cartomancia. Tarot. Oniromancia. Bola de cristal. Quiromancia”.
  Tanta aplicación en artes adivinatorias borra cualquier reparo. Llamo al timbre. Nadie acude y soy yo quien, aprensivo, recorre un pasillo con olor a sándalo; conduce a un cuarto iluminado por velas. Allí está el experto en vaticinios. Es muy bajo y no sabría calcular sus años.
  Sobre la mesa dormita una baraja de cartas. Siempre en silencio tomo asiento y tras un largo gesto de concentración recluye sus ojos en mis manos. Con voz calma me dice:”El futuro es el bosque que anticipa el incendio. Tiempo que resquebraja la madera. En ti, todo será distinto pero igual”.
  Luego nada. Regreso sin percibir ningún alivio. Comienzo a caminar de otra manera, sobre una acera igual pero distinta.

(De Cuentos diminutos)