(Morante. Collage de Luis F. Comendador)
El humor camina por los
itinerarios de lo cotidiano y va dejando
rastros, a la espera de que sus pasos se descubran y provoquen la
sonrisa –humor tímido- , la risa –humor civilizado- o la carcajada –humor de
botellón o de paella dominical con los cuñados-, manifestaciones sociales que
tienen fama de saludables hábitos.
Para descubrir los indicios del
humor se requiere capacidad perceptiva, es decir sentido del humor, una
cualidad del todo invisible en algunos sujetos como yo. No tengo sentido del
humor, una circunstancia que mis amigos más perspicaces subrayan siempre o
suelen parodiar en sus cotilleos. No es que ellos sean un dechado humorístico,
pero al comparar sus caracteres con el mío salen siempre favorecidos.
Cuando era niño y habitaba en la
Ítaca infantil del parvulario, las cosas que no teníamos nunca eran problemas;
se las pedíamos a los Reyes Magos, con un encabezamiento solemne y confesional:
“Queridos Reyes Magos, como he sido bueno, me gustaría que me pusieran en los zapatos…”;
pero como ya soy mayor, republicano y soporto cada día los estragos marianos y el desmantelamiento del estado de bienestar, no sé a quién pedir el dichoso sentido
del humor.
Así que sigo sin él, desangelado,
gris, aunque dispuesto con terca resignación a disfrutar del sentido del humor
de mis amigos.
Creo que en estos tiempos que nos ha tocado vivir el sentido del humor es algo que no debe faltarnos. Una de mis frases favoritas últimamente es "que no nos roben la sonrisa". Lo demás, ya se ve, lo vamos perdiendo a pasos agigantados. Claro que también corremos el riesgo, con la sonrisa en la boca, de parecernos cada vez más a las hienas, que no saben de qué se ríen.
ResponderEliminarAbrazos.
La verdad, Antonio, es que el nefasto desgobierno que sufrimos invita más al sarcasmo que al humor. Pero la sonrisa es una forma de resistencia y en ello estamos, aunque yo soy un tipo de escasas aptitudes para el humor. Lo reconozco. Abrazos.
ResponderEliminarQue no nos roben la sonrisa y la ironía. En los años de la censura, la ironía fue el arma más creativa para sortearla. Azcona, Berlanga... Qué tiempos más fecundos. Como dices la sonrisa es una forma de resistir. Un abrazo
ResponderEliminarQuerida Yolanda, es un asunto complejo mantener la sonrisa ante la imbecilidad general que nos rodea. Un ejemplo: esa pobre niña rica que exclama en el Congreso "Que se jodan ", ante las medidas contra los parados, pensando tal vez que les tocará la lotería como a su padre. Pero vamos a intentarlo. Decía Emilio Lledó: "Si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras, acabaremos siendo inconformistas con los hechos". El sabio profesor nos señaló el camino, así que es bueno que sigamos andando. Un abrazo fuerte y muchas gracias por dedicar a mis cosas un poco de tu tiempo.
ResponderEliminarLa destrucción o el humor...
ResponderEliminarLos asuntos familiares que tan bien conoces me retienen en Rivas. Aquí sigo ensimismado entre la destrucción y el amor, entre la destrucción y el humor. No sé si pedir sitio y acogida en Noruega, me faltarían amigas como tú, queda el recurso de irnos juntos y hacer la tertulia en un fiordo... Un abrazo fuerte.
EliminarLa idea me atrae, pero el frío de aquellos lugares me frena. De momento, nos seguiremos conformando con nuestras destrucciones y nuestros amores y los momentos humorísticos que podamos sacar al vivir cotidiano. Al fin y al cabo,dar cabida al humor es ser consciente de la relatividad de las cosas. Un beso.
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