jueves, 5 de julio de 2012

HERME G. DONIS

                                          (Herme G. Donis. Fotografía de Esther Muntañola)

Como los lugares propicios para el amor, son pocos los sujetos que acumulan las dotes específicas de la amistad. Herme G. Donis sí hace suyos esos elementos que concilian el pesimismo y la esperanza, la soledad y la compañía. Es discreta, generosa, afectiva; es leal en un tiempo en el que la actitud frecuente es la estricta disponibilidad para venderse al mejor postor. No recuerdo cuándo nos conocimos, pero asocio su estar al nacimiento de mi quehacer literario y apenas entiendo que hubiese una prehistoria personal anterior. En cualquier caso, llegó para quedarse, cerca o en la distancia. Con ella comparto afinidades y disidencias y miro con perplejidad su espíritu conciliador, ese carácter que busca equidistancia y simetría entre agresor y agredido, que yo nunca he compartido y que me parece un principio ajeno a cualquier justicia; pero en Herme no siento ese hábito reprobable.
Hace unos años, en 2002, prologué su antología Vida y memoria, un volumen impulsado por José Bolado en el catálogo de la colección Deva. Sentí entonces que había una íntima relación entre las labores de escritura y los pormenores biográficos; supe que el mejor retrato de Herme G. Donis está en sus libros: los versos aglutinan vivencias que tienen el aliento comunicativo de la elegía.
Y así seguimos, caminando en común, una tarde de julio en la terraza del Círculo de Bellas Artes, después de haber pasado por la librería para comprar Nada grave, el libro póstumo de Ángel González, y Escritos, un ideario estético de Edward Hopper. Me invita a una cerveza mientras los toldos de la terraza difunden un poco de sombra y sobre la mesa sobrevuela el haiku que Herme colgará en la ventana digital de facebook, o la sensibilidad que ilumina el ahora con una brizna de luz.
Sé cuando nos despedimos que regreso a Rivas en  compañía; me quedan su silencio y sus palabras: "Bajo tus labios/ herida de nostalgia/ renace el mundo"

8 comentarios:

  1. Mi Herme preciosa... hermoso tu texto, Moran.

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    1. Herme me llevó tu pintura; esa gran vía congestionada por el gas y con el aire retrofuturista del progreso. El cuadro me encantó; espero que el resto de la exposición continúe en esa línea de crítica feroz de la impostura.
      Ya queda menos para el sábado. Será un reencuentro inolvidable.

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  2. Compañero del alma, compañero, no sé qué decir. Ayer hablamos del pudor y eso es lo que me produce leer estas líneas tuyas tan llenas de complicidad y cariño. Siempre me da mucha vergüenza que me elogien. Yo también disfrute mucho de nuestro encuentro. Son tantas las cosas que nos unen... José Luis,muchas gracias por estar aquí, por ser siempre uno de los pocos amigos con los que puedo pensar en voz alta.

    Voces amigas
    acogen a dos manos
    escalofríos.

    Sabes que te quiero.

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    1. Por eso resulta tan fácil hablar juntos; no es sólo el tiempo compartido; es la certeza de que "otro tiempo vendrá distinto a éste" y sin embargo nosotros seguiremos en el mismo sitio. Un beso. Fue un placer hasta el agua caliente.

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  3. José Luis, llevo toda la mañana queriendo colgar el comentario anterior y hasta ahora este puñetero no me lo ha permitido. Da muchos recuerdos a Luis Felipe. Sabía que te iba gustar el dibujo.
    Besinos.

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  4. Rey Mago, otro amigo con el que puedo pensar en voz alta. Qué suerte tengo. Me emocionáis. Besotes.

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  5. Comparto tus palabras amigas sobre Herme. Las mismas sensaciones que tú. Una gran poeta y una persona excepcional. ¿Qué más se puede pedir? Solo seguir disfrutando su poesía y su amistad.

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  6. Gracias, Ricardo. A todos os ciega la amistad. De lo único que puedo presumir es de tener amigos como vosotros. Un beso.

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