lunes, 10 de septiembre de 2012

PHILIP ROTH. EPIDEMIA.

Némesis
Philip Roth
Mondadori, Barcelona 2011
Traducción de Jordi Fibla Feito

   Editada en 2010, Némesis narra la histeria colectiva que provoca en los barrios de Newark una epidemia de polio. Aparece en la comunidad judía en el  verano de 1944 y causa estragos entre los niños. Hasta ese momento era la guerra el estigma más temido, muchos jóvenes americanos combaten en el frente del Pacífico o en las tierras de Europa invadidas por Hitler, en plena segunda guerra mundial. Como en  otras enfermedades infecciosas de origen desconocido, el número de afectados abruma. El calor sofocante y la geografía de humedales propician la transmisión. Si la guerra causaba bajas heroicas, muertes dignificadas por la defensa de un ideal, la polio es una enfermedad devastadora que se ceba en los más desprotegidos y anula el futuro de vidas que apenas comienzan su itinerario existencial.
   Figura central de la novela es Buky Cantor, un joven atlético a quien un defecto visual ha impedido alistarse. Contrarresta el rechazo para su alistamiento con un esforzado servicio social, como responsable de las actividades al aire libre de un centro educativo en Chancellor. En distintas ocasiones ha dado muestras de su entereza, lo que le vale la admiración de los chicos y el respeto de las familias que ven en él un apoyo para la confidencia y un ejemplo a seguir por sus propios hijos. Cuando saltan las alarmas vuelve a la memoria de todos azotes anteriores como la epidemia de polio de 1916 y de aquella nefasta experiencia se deriva una visión trágica en la que sobresalta la serena responsabilidad de Cantor, desde el comienzo de la epidemia y su esfuerzo por ser un sujeto útil a la colectividad que antepone el bien común a sus miedos personales y busca alternativas para recuperar la relajante sensación de seguridad. Pero una relación sentimental cambia su percepción del problema y decide abandonar Newark para trabajar como monitor de actividades acuáticas en el campamento de verano de Indian Hill, en  las montañas Pocono. Parece un refugio seguro y aislado mientras su barrio se convierte en centro de la epidemia y las autoridades estudian su puesta en cuarentena. Sin embargo el avance del virus destructor hace que se sienta indigno, como si hubiese abandonado a seres desprotegidos y vulnerables.  El aislamiento en Indian Hill tampoco evita el contagio. Cantor se ve a sí mismo como portador de la enfermedad y tras un análisis se confirma que también él está infectado. Será el comienzo de un penoso periplo de operaciones que diezman su cuerpo. Se convierte en un solitario abrumado por la culpa que renuncia al consuelo de los otros.
  Toda biografía está sujeta al azar de la contingencia. La de Buky Cantor conoce los instantes más duros del sufrimiento. Se siente culpable y esa sensación segará de raíz cualquier esperanza. La polio lo ha convertido en un lisiado físico y en un nihilista moral.
   La dramática historia que acogen las páginas de Némesis se relata en tercera persona, por un narrador omnisciente que aporta objetividad y distancia a sus claves interpretativas. Pero el argumento no es un suceso episódico en su voz; lo que fomenta el tono verosímil y la exhaustiva información disponible se cifra en una herida común: también fue víctima de la polio y supo remontar sus estragos para hacia un ahora de aceptación y normalidad. En cambio, Buky Cantor, la figura estelar de Némesis nunca regresó de aquel trauma. Hizo de su casa un sótano frío de autodestrucción y derrumbe.

1 comentario:

  1. Queda fuera de esta reseña una cuestión compleja que merecería un análisis más ponderado: la proverbial confianza de los judíos en la protección divina contrasta con las dudas de B. Cantor, el protagonista, ante el silencio de Dios y la rebeldía estrepitosa que suscita en su ánimo el sufrimiento y la muerte causada por la epidemia de polio entre los niños.

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