miércoles, 19 de septiembre de 2012

MARÍA SANZ. SOLILOQUIO.

 Danaide
María Sanz
II Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado
Vandalia, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2012
 

   El pasadizo culturalista de los años setenta se amplía en el decenio siguiente con abundantes bifurcaciones estéticas, Los poetas prefieren enfilar hacia derroteros personales y vadear a contra corriente. María Sanz (Sevilla, 1956) es uno de los nombres que firma su amanecida lírica, Tierra difícil, en 1981. Su trayectoria, con ejemplar regularidad, va sumando entregas hasta componer un corpus que sobrepasa la treintena de libros. Un primer sondeo de la extensa producción se halla en la antología Pétalo impar en la que un prólogo de Carlos Murciano exponía las líneas de una década de escritura. También Luna de Capricornio es un muestrario plural donde se incluyen textos reconocidos con premios importantes en un amplio tramo temporal, entre 1981 y 2006. De la poeta sevillana, cuyos libros persisten en la mirada a tradiciones como el romanticismo, el simbolismo y la poesía de Juan Ramón Jiménez, han escrito páginas clarificadoras Sharon Keefe Ugalde e Isabel Chevalier.
   La entrega más reciente de María Sanz recurre en su título, Danaide, a la mitología griega. Es sabido que las danaides eran las hijas del rey Dánao, exiliado en Argos y que entre sus peripecias más sonadas están la búsqueda de fuentes para paliar la sequía, y la consumación de la venganza paterna en el lecho conyugal. Son apoyos para ampliar la reflexión indagatoria de un yo desdoblado. El poeta convierte su caudal emotivo en soliloquio dirigido a la segunda persona, reflejo especular que permite un íntimo conversar del sujeto consigo mismo: “Cara y cruz de la muerte, sólo un pozo / sin fondo lograría reflejarte / en pura soledad, desentrañando / cada esperanza que te sobreviene”.
   Con pulso meditativo la memoria hace recuento de los efectos del discurrir; las esperanzas se deshojan, amarillean convertidas en hojarasca; los pasos del yo adquieren el ritmo somnoliento de la inercia; se abre un camino hacia el desencanto en el que la conciencia refrenda que los sueños tienen la naturaleza de vulnerables espejismos. La aurora se hace crepúsculo. También los sentimientos pendulean, sometidos a los azarosos vaivenes del destino. El amor no es la tabla salvadora del náufrago sino una estación, un puerto abierto desde el otro que va mudando su naturaleza hasta convertirse en caligrafía de humo. La soledad irrumpe como estado continuo, como corteza y epitelio de ese vacío que anega el corazón: “Cada vez va quedando menos brisa, / menos templanza, menos mansedumbre, / y más certeza de lo que no eres.”
   Danaide es un poemario escrito con la voz serena de la meditación. Los estratos del protagonista poemático se abren para dejar a descubierta el itinerario vivencial contemplado bajo la claridad de la desolación, cuando la esperanza se muda en desengaño, en las horas oscuras que miden la empobrecida realidad del presente.

   

2 comentarios:

  1. Muchísimas gracias, querido José Luis, por tu excelente y objetiva reseña sobre mi libro. Ya son muchos años leyéndonos mutuamente, y tú también sabes cuánto te admiro. Abrazos.

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  2. Me alegra mucho saber que mis impresiones lectoras no te han decepcionado. Siempre que me acerco a tu poesía percibo en tus versos emoción, madurez y oficio; así que, querida María, es un placer adentrarse en tu literatura. Un abrazo y seguimos caminando.

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