miércoles, 30 de enero de 2013

WALT WHITMAN. AIRE COMÚN.


WALT WHITMAN.
 
                      ( A Esperanza, por su antología)

   Hubo un tiempo en el que la lírica de Walt Whitman (1819-1892), centro del canon poético norteamericano según Harold Bloom, representaba para mi yo lector el nítido itinerario de una guía de viajes, un mapa desplegado, lleno de sendas sugerentes. Ególatra y locuaz, Whitman, discípulo de Emerson y de su idea del poeta como dios liberador, aglutinaba en sus poemas un vitalismo en marcha que asimilaba la diversidad de lo real.
   Sus poemas, caóticos y enumerativos, repetían fórmulas con las que iba completando el sentido de sus argumentos. De modo recurrente, el yo poemático aglutinaba percepciones, estampas al paso que se amalgamaban ante el lector como un gran jeroglífico uniforme y daba pie a una poesía narrativa, propicia a la enumeración  matérica y corpórea.
   Mi fascinación por Whitman ha languidecido, tal vez porque el inventario de lecturas actuales tiene la memoria llena de poesía intimista, introspectiva y confesional. Pero Hojas de hierba, original de 1855, que fue creciendo e incorporando textos en ediciones posteriores, sigue mostrándome la urdimbre de una poesía necesaria que ha cimentado abundantes estéticas posteriores del ámbito latino ( Vicente Huidobro, Vallejo, Pablo Neruda) y norteamericano (T. S. Eliot y Wallace Stevens).
  La palabra de Walt Whitman elige el ahora como estado atemporal del yo para captar la perfecta armonía y la ecuanimidad de las cosas. Si la elegía y la nostalgia dan voz al pasado, el diálogo que oye el tímpano es el de la inmediatez, el discurrir de lo cotidiano y en ese tránsito la autobiografía, más o menos velada, de un sujeto que comparte muchos rasgos en los que podemos reconocernos porque es síntesis de una identidad colectiva: “estos son los pensamientos de todos los hombres en todas las épocas y países, no son originales míos. / Si no son tuyos tanto como míos no son nada o casi nada, / Si no incluyen todo son poco menos que nada, / Si no son enigma y la resolución del enigma no son nada, / Si no son al mismo tiempo cercanos y remotos, no son nada. / Ésta es la hierba que crece dondequiera que hay tierra y agua. / Éste es el aire común que baña el globo”
. 

 

 

 

 

4 comentarios:

  1. Te felicito por tu magnífica e ilustradora entrada sobre el poeta americano. Cuántos recuerdos juveniles leyendo Hojas de hierba...
    Aprovecho para recomendarte un nuevo blog, el de José Antonio Ramírez Lozano, por si quieres visitarlo: http://josearamirezlozano.blogspot.com.es/
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, mi primer encuentro con W. Whitman fue HOJAS DE HIERBA, que leí en las tardes primaverales de Arcos de la Frontera. Fue un descubrimiento. Esta vez me ha parecido un poeta más ególatra y solemne, también más complejo de lo que creí percibir en aquella lectura lejana. Pero comparto con H. Bloom, que está en el centro del canon norteamericano.
      Gracias por la recomendación del nuevo blog. Lo veo ahora. Un abrazo, María.

      Eliminar
  2. Fenomenal entrada José Luis. Me ha recordado mis primeras lecturas de adolescente,allá por mis quince años, el "Hojas de hierba" de Whitman, junto con la antología de León Felipe, "Historia del corazón" de Vicente Aleixandre.....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué casualidad, Jesús, los amigos me han comentado lo mismo... que leímos a Whitman en la etapa juvenil. ¿Alguien sabría explicarme por qué?
      Es curioso que haya algunos nombres asociados a la educación sentimental de los que nunca nos desprendemos.
      Un abrazo y mi gratitud.

      Eliminar