miércoles, 11 de septiembre de 2013

PARA QUIÉN ESCRIBO

Septiembre, con Amanda y Laura


Para quién escribo

Para Laura, claro. También para Amanda.


   Un martes de septiembre. Madrid. Junto al museo Reina Sofía, las terrazas difunden todavía un ambiente festivo. Hablamos del verano, de viajes, de poesía. Amanda, con gesto serio, me pregunta "para quién escribo". Después explica el porqué de su duda; asocia lectura y comunicación, como si el texto tuviese como función única establecer un diálogo abierto con el lector, denotativo y realista, clarividente, preciso y de amplia cobertura. Dejo la cerveza sobre la mesa, en la búsqueda de una opinión convincente, divago sobre los géneros literarios y su público, sobre la amplitud temática de la escritura...
Acabo aceptando que no sé para quién escribo. Ignoro si mis poemas logran un entendimiento cordial con los que se acercan a sus versos y no sé si despiertan emoción e interés.
Continúo buscando una respuesta. Es inútil. Después miro en silencio la cálida belleza de su juventud, los carteles del museo que anuncian las próximas exposiciones, luego percibo el deambular de algunos niños tras un balón de fútbol. Regreso al brillo vivo y luminoso de los ojos de Amanda, a la sonrisa fresca de Laura, a la cubierta sobre la mesa de mi libro NINGUNA PARTE que acabo de dedicar con la caligrafía cordial de los afectos. Luego escucho el reloj del regreso. Mis amigas me acompañan hacia la boca del metro; frente a las escalinatas, nos despedimos con un abrazo fuerte.
 Mientras vuelvo a casa, percibo dentro el simultáneo acontecer de muchas sensaciones. En el asiento viaja conmigo el rumor de un poema.

8 comentarios:

  1. Qué preguntas más buenas hacen los jóvenes en ocasiones, pero en este arte los mejores son los niños.
    Saludos

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    1. Querida Elisabeth, es verdad que hay preguntas tan complejas que ni siquiera el tiempo tiene respuestas. Muchas gracias por tu generosidad al enviarme tu poemario COMUNICANDO; te deseo suerte y una buena acogida.
      De niños sé un poco, después de tantos años en las aulas. Un día mi hija mayor me preguntó: "qué es un sueño". Así que desde hace años dejo sin responder preguntas imposibles que tanto me enseñan...
      Un fuerte abrazo.

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  2. ¿Para quién? ¿Para qué? ¿Por qué? Tal vez, en primer lugar, para uno mismo; quizá para encontrar respuestas que surgen una vez que son formuladas por la palabra. Tal vez, por aquello tan tópico de "para que me quieran". Quizá, porque también la vanidad, aun de forma difusa, cuenta en la escritura y, sobre todo, en mostrarse a los otros, esperando el elogio...; acaso, sólo por una especie de sensata locura que nos mueve.

    Recuerdo que en mi libro, "Del verbo y la penumbra", pretendía contestar a tales cuestiones. Terminado de escribir el embrollo era aún mayor.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Un placer encontrar de nuevo tus reflexiones en el blog, querido Antonio; las razones no son uniformes porque cada escritor tiene una sensibilidad distinta. Es verdad que en la escritura hay vanidad, egos insatisfechos, soledad, catarsis, afectos... como en la vida; al cabo, para nosotros vida y escritura son la misma cosa.
      Un abrazo.

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  3. También yo me lo pregunto continuamente y no hago más que hallar confusas respuestas, con una certeza aun menor que la puede tener la hoja reseca que en otoño está apunto de desplomarse.

    Por una vez quería preguntárselo a otro. Y "aunque tú no lo sepas", me has dado más respuestas de las que imaginas. También sobre otros asuntos. Por eso y por mucho más tu compañía es un regalo.

    Os voy a echar mucho de menos pero, como siempre, seguimos cerca en la distancia.


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    1. Claro que sí. Aunque en otoño, sin tu sonrisa Madrid será otra cosa. Con menos luz. Con menos ternura. Con menos belleza. Que tengas mucha suerte.

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  4. Lanzad mis palabras al viento para que sean de todos y de nadie. Algo así decía en un poema Curros Enriquez. Besos.

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    1. Pues que en el viento queden, querida Herme, tantos versos, tantas palabras sueltas, tanta vida... Muchos besos.

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