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| Septiembre, con Amanda y Laura |
Para quién escribo
Para Laura, claro. También para Amanda.
Un martes de septiembre. Madrid. Junto al museo Reina Sofía, las terrazas difunden todavía un ambiente festivo. Hablamos del verano, de viajes, de poesía. Amanda, con gesto serio, me pregunta "para quién escribo". Después explica el porqué de su duda; asocia lectura y comunicación, como si el texto tuviese como función única establecer un diálogo abierto con el lector, denotativo y realista, clarividente, preciso y de amplia cobertura. Dejo la cerveza sobre la mesa, en la búsqueda de una opinión convincente, divago sobre los géneros literarios y su público, sobre la amplitud temática de la escritura...
Acabo aceptando que no sé para quién escribo. Ignoro si mis poemas logran un entendimiento cordial con los que se acercan a sus versos y no sé si despiertan emoción e interés.
Continúo buscando una respuesta. Es inútil. Después miro en silencio la cálida belleza de su juventud, los carteles del museo que anuncian las próximas exposiciones, luego percibo el deambular de algunos niños tras un balón de fútbol. Regreso al brillo vivo y luminoso de los ojos de Amanda, a la sonrisa fresca de Laura, a la cubierta sobre la mesa de mi libro NINGUNA PARTE que acabo de dedicar con la caligrafía cordial de los afectos. Luego escucho el reloj del regreso. Mis amigas me acompañan hacia la boca del metro; frente a las escalinatas, nos despedimos con un abrazo fuerte.
Mientras vuelvo a casa, percibo dentro el simultáneo acontecer de muchas sensaciones. En el asiento viaja conmigo el rumor de un poema.