viernes, 29 de agosto de 2014

JESÚS APARICIO GONZÁLEZ. EL EMPEÑO DE SÍSIFO

La paciencia de Sísifo
Jesús Aparicio González
Libros del Aire, Madrid, 2014

EL EMPEÑO DE SISIFO
 
    Dos años después de la entrega doble, La papelera de Pessoa / La luz sobre el almendro, Libros del Aire publica La paciencia de Sísifo, nueva salida del poeta Jesús Aparicio González (Brihuega, Guadalajara, 1961), quien ya cuenta con una decena de estaciones.
   Tan amplio recorrido poético se define por una mirada que encarna una dicción coloquial, con el aire fresco de una conversación de sobremesa, que elude los laberintos conceptuales y que nace casi siempre cercana y despojada. El yo que habita en los poemas nos habla del cotidiano sueño del existir, está presente en el hilo de epifanías que va esparciendo viajes y regresos, un cúmulo de instantes que el acontecer transforma, inexorable, en un liviano montón de ceniza. Meditativo y temporal, el poema hace suyo el axioma machadiano de ser palabra en el tiempo.
 El volumen se estructura en dos apartados. Ambos tramos escriturales, “Hojas del calendario” y “la paciencia de Sísifo” aportan un considerable número de composiciones, aunque tengan la brevedad del haiku o de un tanka, ya que el poemario está formado por ciento treinta y tres textos, lo que permite leer la entrega como si fuese una antología plural y representativa del autor. El verso libre elige siempre la brevedad y un formato sostenido en un soporte anecdótico que deja la impresión de cuaderno vivencial, de estancia en una casa sosegada cuyos rincones se abren de par en par ante el lector. La hoja en blanco se va poblando con la minúscula caligrafía de una andadura emotiva. La amanecida especula con la posibilidad de dejar sitio al sueño cumplido; despliega una luz auroral, nos pone entre las manos la punta renomazada de un lápiz infantil que dibuja las cosas con la pureza de un trazo sin sombras; así se va forjando la travesía de cada yo sin que todavía oprima el pecho la sensación de acabamiento y ceniza.También la segunda parte comparte la palabra elegíaca y el estar conforme. Un viento amigo siembra indicios ante los sentidos para que se pronuncie la voz que define esa relación entre el ser y el entorno, ese remozado verdor de una tierra acogedora y hospitalaria que se llena de matices en cada ciclo estacional. Como las aves, el sujeto levanta su mirada para que sobre la mesa de cada día se comparta el fruto de su canto. De ese modo la palabra se torna luminosa cadencia de aceptación, prolonga lo vivido, sondea en la permanencia de lo transitorio con la paciente voluntad de Sísifo.
  Elegía y celebración, la lírica de Jesús Aparicio González muestra el fulgor que destila lo minúsculo. Lo cotidiano renueva en cada esquina ángulos que enriquecen humildes apariencias.. El ser se complementa con lo externo porque la realidad es un espacio abierto que da sentido a la identidad individual, un escenario dispuesto para que las acciones de Sísifo, siempre metáfora de la incomprensión de su destino, de voluntad incesante y quemada en un esfuerzo inútil, encuentre su verdadero papel en la cuesta arriba de cada travesía vivencial.

8 comentarios:

  1. Hermosa visión del libro de Jesús. La firmo contigo, José Luis, es profundo y sencillo como intuyo es el autor. Besos.

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    1. Gracias por esa coincidencia de afectos y lecturas. Así es: a veces tenemos la sensación de que lo sencillo es menos valioso como si para enaltecer la página fuese preciso el traje engolado de lo solemne. La poesia de Jesus Aparicio transmite el aire compartido de la confidencia, se pronuncia a media voz, habla de lo de siempre, esa materia vital que cada día se renueva. Un abrazo grande y muchas gracias por tu comentario, Isolda.

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  2. Magnífico regreso, José Luis, como la elección del libro. He tenido casi todo agosto entre mis manos el libro de Jesús, y la coincidencia de tono entre autor y obra no ha dejado de ser evidente. Un claro aprendizaje moral nacido de la observación de las cosas se reparte entre la sencillez y el buen decir de los poemas. Estoy con tu texto, como casi siempre. Y con Jesús y su diario mirar, claro.

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    1. Qué alegría me da encontrar de nuevo tus palabras en este blog. Yo también comparto casi siempre tu forma de caminar por lo literario y estoy de acuerdo en ese perfil que trazas sobre el poeta. Muchas gracias por estar, Paco, tenemos una conversación pendiente y próxima en la amistad y en la literatura.

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  3. "El fulgor que destila lo minusculo"... Mejor no se puede decir. Me ha acompañado el libro de Jesus en España y me acompaña aqui. Y la reseña me ayuda a desearlo mas y a entenderlo mejor. Gracias.

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    1. Eres muy amable, poco puede aportar querido Hilario mi lectura a tu inteligencia crítica; pero las hipérboles de los afectos siempre son palmadas que empujan a seguir trabajando. Se nos va a enfriar ese café pendiente en NY o en Madrid... Abrazos y enhorabuena por tus haikus.

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  4. Querido Robert, cada lector tiene su particular gusto personal y eso es un legado indiscutible. La poesía es siempre una lectura pausada y compleja, y este libro está escrito con sencillez y despojamiento, una condición muy aconsejable para atraer a nuevos lectores jóvenes como tú. Un abrazo y gracias por tu comentario.

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