viernes, 4 de marzo de 2016

JESÚS URCELOY. VISIBLES E INVISIBLES

Visibles e invisibles
Falsa antología de poetas verdaderos
Jesús Urceloy
Editorial Cuadernos del Laberinto
Madrid, 2015

IDENTIDADES DEL YO

   A mi parecer, la actividad laboral de Jesús Urceloy (Madrid, 1964) como profesor de talleres literarios guarda una evidente relación con el planteamiento de Visibles e invisibles, una propuesta lúdica que subtitula “Falsa antología de autores verdaderos”. Quiero decir que, frente a la sobrevalorada ingenuidad romántica de la inspiración, como evento milagroso que completa poemas casi sin tinta china, Jesús Urceloy sabe, con sostenida aplicación, el laboreo que requiere el taller. Escribir poesía es ese cartel de abierto hasta la madrugada y la suma de continuos itinerarios por las estanterías de la tradición, dos actividades que dejan el barbecho listo para la sementera (ahora sí) de la inspiración.
   De ese conocimiento autorizado de las hornadas líricas del siglo XX nace este inventario de afectos, Integra a cuarenta y cuatro poetas nacidos entre 1937 1980. En el muestrario, Jesús Urceloy dialoga en ausencia con el modo de escritura de conocidos autores de los que mimetiza su palabra poética para escribir composiciones que podrían ser firmadas, sin mucho reparo como versión original. La idea de este Urceloy melómano es hacer cantar al solista como si fuese un coro; interpretar el repertorio de un yo múltiple.
   El poemario tiene unas palabras previas que comentan el propósito de Visibles e invisibles; en ellas recuerda la gestación del libro y sus peripecias por algún premio literario, un asunto que nada aporta a los poemas y a su textura emocional, que solo dejará un cierto gesto de resignación. En los premios, como en la vida hay luces, sombras, mediodías y espejismos al paso; pero la posibilidad de presentarse o no presentarse en un asunto personal que obliga a ser selectivo.
   El introito de Álvaro Muñoz Robledano tiene mayor carnadura. Desde el sedentario mirador de lo biográfico dibuja una imagen del poeta en la incertidumbre de esperar que la empatía cree un estado de sosiego y gratitud, para que el tiempo, siempre maleable y fugaz, marque una estela más duradera de recuerdos, confidencias, canciones y lecturas.
   Abre el paisaje lírico un nombre propio que ya no está, por lo que el homenaje parece doble y necesario: Féliz Grande, con quien Jesús Urceloy construyó una amistad a lo largo como se construyen los buenos caminos, esos que llevan a ninguna parte y exigen estar sembrando pisadas cada día porque “la levedad no sabe de conciencias”. Así arranca una línea continua en el tiempo que aglutina representantes de los años setenta, cuando ser novísimo, era peaje de multitud. Allí suenan las voces de Javier Lostalé y Ángel Guinda, ecos de un tiempo en el que los propósitos formales fagocitaron con su esteticismo otras pretensiones.
   Pero Jesús Urceloy no solo busca hacer del verso mero reflejo especular de una estética, también explora la personalidad literaria del otro; resuenan en las aceras del poemario los tacones de aguja de Ana Rosetti, el lugar del deseo en Enrique Gracia Trinidad o la sabia meditación de Luis Alberto de Cuenca, disfrutando de alguna imagen culturalista; digamos por ejemplo, imaginando el incendio virtual de la Biblioteca Nacional… No todos los nombres propios tienen una caracterización tan evidente  como Julio Martínez Mesanza, Amalia Bautista o Fernando Beltrán;  un buen elenco de los antologados no suele ocupar las columnas impresas de la reseña celebratoria. Y quizás en estos poetas, elegidos por el criterio personal del antólogo, es donde mejor se percibe la amanecida, esos hilos de ternura que han hecho de la composición una alegría. En la voz de Marisol Huerta hay ternura y horario de recreo, como si el amor cercano se meciera en el tobogán de un parque infantil, y hay afecto también en las miradas interiores a los escritores del entorno: Antonio Polo, Jaime Alejandre,  Álvaro Muñoz Robledano, Francisco García Prados, Juan Manuel Navas… porque suena el rumor del trayecto en compañía, que ha ido moldeando literatura y vida en un rostro bifronte que da cuenta de la provisionalidad de las certezas.
  La primera vez que leí este poemario de Jesús Urceloy pensé en la revista Jugar con fuego, donde todas las colaboraciones las escribía José Luis García Martín con entusiasmo pessoano, y en el poemario de Felipe Benítez Reyes Vidas improbables. Lo vuelvo a hacer ahora para concluir que más allá del juego literario de la suplantación y de la estancia en el cuarto de estar del yo de sujetos visibles e invisibles, esta muestra lírica permite vislumbrar con provecho una observación de la vida literaria, ese laberinto de egos en calles principales y secundarias. Otro acierto del libro es la imaginativa representación de la identidad, desde el monólogo dramático o desde la enunciación en segunda o tercera persona. Y una vez más, –otra constante en Urceloy- disfrutar del dominio formal del poeta ante la expresión versal tratando matices con imaginación, ritmo y sentido, con esos ingredientes que hacen de cada página una invitación al gusto, una mesa dispuesta para la buena compañía.  






4 comentarios:

  1. En los años 80 del siglo pasado, formé parte del Grupo de poetas jóvenes del Ateneo de Madrid y uno de los que acudía con frecuencia era Jesús Urceloy. De todos los que íbamos a aquellas reuniones, creo que Urceloy era uno de los mejores poetas que recitaban sus versos, con su voz grande, como grande era él. " Me gustas cuando callas, porque no te escucho", decía imitando a Neruda y todos reíamos. Sé que él, como tú y otros, no hemos dejado de amar la poesía porque la necesitamos.

    Del muestrario de poetas que nombras, casi todos me suenan, porque eran de aquellos me encontraba en diferentes tertulias y a lo largo de los años. Es verdad que he estado un tiempo apartada de esta vida poética en Madrid, pero con estas entradas tuyas, estás haciendo que quiera volver a ponerme un poco al día en esto de la poesía.

    Por supuesto me apunto esta Falsa antología... y quiero que sepas que estoy releyendo " Población activa" y que nunca olvido tu poema "El arte de vivir los lunes. También leo tus versos de "Ninguna parte".

    Un abrazo

    Luz

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    1. Así es, querida amiga, Jesús Urceloy es memoria viva del discurrir poético madrileño. Tiene un largo trayecto de inciativas culturales en su haber y una obra amplia y multidisciplinar; te encantará esta antología especular que dicta poemas que pudieron ser ciertos.
      Yo también acabo de sacar libro nuevo, "Re-generación, una antología sobra la última poesía española. Pero no olvido los momentos de grata alegría que me dejó "Población activa". Un fuerte abrazo.

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  2. Gracias por tu reseña, José Luis. Lo incluyo para las próximas lecturas.
    Hoy he estado visitando a mi madre y me he acordado del poema "El picaporte" en tu libro «Ninguna parte» que leí hace poco... ¡Ah, nuestros ancianos padres...!
    Volviendo a Urceloy, hace poco asistí a la Tertulia de Rafael Montesinos y allí recitaron, entre otros poetas, Jesús Urceloy. Te adjunto la página donde lo publiqué, por si le quieres echar un vistazo. Es el vigésimo primero -casi al final-: http://poeticaubicua.blogspot.com.es/2015/11/tertulia-literaria-hispanoamericana.html
    Un abrazo

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    1. Lo veo encantado, claro que sí; la tertulia de Montesinos es una institución cultural. Y el poema "El picaporte" es mi despedida de quien tanto hizo por mí, incluso en su ceguera final mi padre inventaba una realidad diaria llena de formas. Un abrazo.

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