lunes, 14 de marzo de 2016

JAVIER LERENA. EL SILENCIO EN SU HUECO

El silencio en su hueco
Javier Lerena
Huerga & Fierro Editores, Poesía
Madrid, 2015


EL SILENCIO EN SU HUECO

  Javier Lerena (Madrid, 1962) se incorpora al mapa lírico del ahora con el libro El silencio en su hueco, un muestrario de poemas reconocido con el I Premio de Poesía Manuel del Cabral, encomiable iniciativa cultural del Consulado de la República Dominicana en Valencia. Precede a esta amanecida un reguero de colaboraciones en antologías y eventos literarios, como el Día Internacional de la Poesía en Segovia, y varios trabajos en publicaciones digitales.
  Por tanto, El silencio en su hueco es un primer paso de un itinerario creador que arranca con la huella sosegada de quien llega al taller de autor cuando ya reside en la madurez y ha superado aquellos primerizos ejercicios de tanteo y ha hecho costumbre la mirada reflexiva en sus actitudes. También las citas prologales tienen un enfoque meditativo. Los versos de Julia Castillo sirven de granero para el título y el aporte de Ada Salas funciona como indicio de una voz que se expande con mínimos desarrollos enunciativos porque confía en la intuición y en la sugerencia conceptual.  Así lo comprobamos desde el comienzo, un texto que entrelaza hilos de pensamiento ante el eco rumoroso del acontecer temporalista. De esta veta nacen los argumentos poéticos. los versos buscan la claridad entre la incertidumbre de lo existencial; el yo apenas dibuja sus contornos, se hace casi transparente mientras busca en su estar el vacío asignado entre los elementos del entorno. Se siente: “Una semilla de bosque / en un cuerpo seco. / palabra transparente / al llegar la noche”. Así van germinando alrededor las cosas que llevan inscritas en su formas un destino pactado. En ellas se percibe un caminar indeclinable hacia la erosión y la ceniza, una consunción que contagia a todo lo matérico: “Lo que se deshace / mansamente / sin pausa, / en el fingido contacto, / en los gestos / cada día. /   Cuando no se reconoce / el perfil preciso que la memoria guarda / aún. “
  La sección “Se despliega el zarzillo” concede a lo visual un mirador más nítido; las formas imponen un estar cercano que busca asentamiento en la mirada que testifica. Los versos abren un lecho enunciativo para describir la tensión íntima de la naturaleza, un remanso de quietud donde se desmenuzan las sombras. De esa atmósfera de diálogo entre sensibilidad y paisaje también participa el tramo de cierre, “Los límites”; de nuevo, la observación se hace pensamiento: “Con los brazos en cruz / el sol repetirá el trazo / las lindes de la casa / sin aparente esfuerzo / habitar las miradas / la distancia imposible hacia el centro / donde rompe lo ajeno”.
  Frente al callado papel del sujeto mecido en lo diario, buscan acomodo los límites de la realidad, un lugar diluido donde conviven el pulso de la luz y un silencio que encuentra  a su mutismo una expresión definitiva. Con El silencio en su hueco Javier Lerena atraviesa el umbral de la poesía para salir a campo abierto. Y lo hace construyendo una voz que busca contenido en lo esencial, en ese formato reducido de un espacio interior, donde la palabra se acerca en soledad para discernir sobre la difusa naturaleza del tiempo.


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