miércoles, 12 de octubre de 2016

SIOMARA ESPAÑA. CONTRUCCIÓN DE LOS SOMBREROS ENCARNADOS

Construcción de los sombreros encarnados
(música para una muerte inversa)
Siomara España
Prólogo de
Verónica Aranda
Ediciones Polibea, Madrid, 2016
DESDE LA RENUNCIA

   Entre las dos orillas del castellano no se prodigan enlaces que contribuyan a un conocimiento mutuo; por eso la iniciativa de la editorial Polibea de abrir una colección que aglutine la producción lírica del multiculturalismo latinoamericano encarna una significativa contribución al encuentro, un afán de explorar rutas diferenciadas de un legado plural que se retroalimenta y fortalece como una tradición viva. La colección “Toda la noche se oyeron…Poesía Latinoamericana del ahora"  tiene su inicio en el poemario Construcción de los sombreros encarnados, de Siomara España (Manabi, Ecuador, 1976), autora con persistente voluntad creativa que acumula en su taller media docena de entregas, desde Concupiscencia a El regreso de Lolita.
  El volumen Construcción de los sombreros encarnados / música para una muerte inversa se editó por primera vez  en 2013. Título y subtítulo del poemario comparten una evidente ortografía simbólica. Sus referentes culturales son analizados con precisa demora por la poeta, editora y traductora Verónica Aranda, quien expone ante el lector la travesía en marcha de esta colección de poemas: el deseo es ese impulso fatalista que supone la renuncia a la propia libertad, e inspiró el discurso estético de Thomas Mann en su novela Muerte en Venecia. Bajo su luz escribe este poemario Siomara España, casi un rapto lírico y torrencial surgido mientras escucha como fondo sonoro la quinta sinfonía de Malher, y recuerda la película de Luchino Visconti. Desde su enfoque lírico, Siomara España reivindica la brújula del sentimiento, más allá de las convenciones sociales y de ese mundo de jerarquía y apariencia que representan los sombreros encarnados. La ciudad, Venecia, arquetipo de esplendor arquitectónico, ha establecido un plano de modelos convivenciales y una manera pactada de estar en lo real. Y es en ese contexto donde emerge la tensión vital, esa polarización de contrastes que enaltece lo bello y lo terrible. La plenitud de Tadzio, con su aura juvenil que impacta los sentidos y convulsiona el ánimo, contrasta con la atonía crepuscular de la madurez, con esa identidad que hace suya la pasión a destiempo, aceptando ser víctima de una emboscada de la que es imposible salir sin estragos. La conciencia del yo asume esa sensación de paisaje después de la batalla que genera la catalización de lo imposible: Tadzio es una imagen platónica, un ideal inalcanzable, y es difícil sobreponerse a ese largo recorrido que propone la culminación de la belleza. El sujeto verbal se siente “tardío y solo”, asomado a un lugar entre sombras, contrafigura expuesta a ras de suelo mientras el amado emprende viaje, como un Ícaro renacido, que parte en vuelo hacia el azul lejano; pero también la fragilidad está en el amado, como si tras el epitelio de su belleza estuviesen encendidas las brasas del tiempo y su fluido arroyo de ceniza.
  Para expresar el fuego pasional de quien desea, Siomara España recurre al poema breve y al estilo directo; los versos dan voz a un monólogo fragmentado que se mueve entre la reflexión y la calidez del amor encendido, que encuentra en el lenguaje y su grafía icónica una manera de congelar la realidad y petrificar lo transitorio. El sentimiento amoroso no es locura contingente sino mutación de la esencia del ser.        


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