miércoles, 25 de enero de 2017

CON BLAS DE OTERO EN RIVAS-VACIAMADRID

Homenaje a Blas de Otero
(Rivas-Vaciamadrid, 25 de enero, 2017)

 PALABRAS PARA UN CENTENARIO

   "Agradezco la invitación para participar en este coro de homenaje a Blas de Otero, con motivo de su centenario, un centenario dilatado en el tiempo ya que el poeta nació en Bilbao el 15 de marzo de 1916. Añado mi gratitud de forma especial a Francisco Castañón impulsor de esta actividad cultural en la geografía municipal de Rivas-Vaciamadrid, un gesto necesario porque el pasado es el sedimento firme sobre el que camina el ahora.
   Son muchos los escritores invitados; corresponde recordar a Baltasar Gracián y a su aserto más conocido: "lo bueno si breve dos veces bueno"; por tanto, haré caso al jesuita aragonés, cuya estela siguen con tanto aliento los aforistas contemporáneos.
   Hoy mis palabras no buscan la erudición. Reflexionan sobre el ejemplo ético de Blas de Otero y su compromiso para acudir a la llamada de la historia con gesto serio y circunspecto y con una ideología comunista confrontada con el ideario franquista que había diluido la ilusión republicana en una atroz guerra civil que el poeta vive con poco más de veinte años.
  Nacido en una familia acomodada de Bilbao, estudia con los jesuitas, y las circunstancias económicas familiares aconsejan el traslado a Madrid. Poco después fallece su hermano, primero, y después su padre, lo que crea en el joven una profunda inestabilidad psíquica. Cursó una formación universitaria en derecho y Letras.
   Será en los primeros años de la umbría posguerra cuando amanece el cuaderno Cántico espiritual, una composición formalista inspirada en San Juan de La Cruz que tiene mucho de tanteo y de asunción de lecturas clásicas. Es un tiempo de formación y de crisis con internamientos psiquiátricos. Pero la primera voz del poeta no arranca hasta 1950, cuando se publican Ángel fieramente humano y un año después Redoble de conciencia. Son libros que perfilan una sesibilidad que mana del existencialismo religioso de Miguel de Unamuno, del intimismo humanista de Antonio Machado y del dolor colectivo que trasmite Hijos de la ira de Dámaso Alonso, el mundo no es un lugar prístino y auroral sino una babel desquiciada, como vislumbraron magisterios cercanos como César Vallejo y Miguel Hernández.    
   Es la primera etapa de un periplo creador que se ha dado en llamar poesía desarraigada – en el que vislumbramos otros compañeros de viaje como Gabriel Celaya o José Hierro- para contraponer su verso al conformismo anquilosado del garcilasismo, a ese plano de alzada de la asepsia que busca el trino especular de un mundo sin mácula.
    Los sonetos de Blas de Otero, luego reunidos en Ancia quebrantan el ajuste formal para convertirse en portavoces de un sentimiento agónico. Son el grito de soledad de quien se encuentra solo y no sabe cuál es el itinerario en el que marcar los nuevos pasos.
  Tras una breve estancia en Barcelona, viaja a París, donde se acerca al activismo de escritores exiliados tras la guerra civil y al PCE clandestino que fortalecerá su compromiso ideológico. El poeta poco a poco, pese a un carácter solitario poco proclive al gregarismo, se relaciona con la nueva promoción de autores que dará voz a la generación del 50, tras el homenaje a Antonio Machado en Colliure. Todos comparten ideario social; la poesía no es un techo escapista para protegerse de lo real sino una apelación insistente a caminar con la inmensa mayoría, un lema confrontado al pensamiento de Juan Ramón Jiménez y su elitismo poético de la inmensa minoría.
   Sus ediciones chocan con la censura y salen en Francia, Argentina o Cuba, donde comparte convivencia con su primera mujer. Pero el soporte afectivo de su vida fue Sabina de la Cruz a quien conoce en 1971 y con la que compartirá itinerario vital hasta su muerte en 1979. Sabina de la Cruz es columna vertebral en la intrahistoria afectiva de Blas de Otero y una incansable portavoz de su palabra en el tiempo.
   En el recuento de la labor poética se suceden títulos acogidos a los parámetros del socialrealismo: en 1955 amanece Pido la paz y la palabra, que dará pie a un demorado epistolario que aporta las claves compositivas de un libro esencial y que se pueden conocer gracias al trabajo investigador del profesor Julio Neira. Cuatro años después  se edita en París por sus dificultades con la censura En castellano; también en París se imprime la recopilación Esto no es un libro y en 1964 el poemario Que trata de España.
  Más allá del significado político de Blas de Otero como permanente trinchera frente al franquismo, y mucho más extenso que el perímetro cerrado de la poesía social, el vínculo de su corpus poético es perdurable. Su magisterio traspasa los aportes de la promoción del cincuenta y llega hasta el ahora en una larga senda compuesta por teselas conocidas: la otra sentimentalidad, la poesía de la experiencia, el realismo figurativo…
  Seguimos en deuda con su poesía. Cuando entramos en los laberintos creados en las brechas del tiempo y pensamos que no hay salida hay que cerrar los ojos y abrir sus libros para tomar un poco de aliento. Todavía nos quedan la paz y la palabra". 


2 comentarios:

  1. Un gran poeta y comprometido como pocos.

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    1. Un gran poeta que sigue lleno de lectores fieles que reivindican su legado literario y su compromiso ético. Un gran abrazo.

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