lunes, 22 de abril de 2019

ALEJANDRO GARMÓN IZQUIERDO. LICENCIA DE APERTURA

Licencia de apertura
Alejandro Garmón Izquierdo
prólogo de Miguel Ángel Gómez
Bajamar Ediciones
Gijón, Asturias, 2019


ITINERARIOS


   Al teorizar sobre la verdad poética, en un curso celebrado en la Universidad de Alcalá de henares, Claudio Rodríguez, uno de los referentes esenciales del medio siglo, hablaba de que el poeta amasa y late a partir de su propia experiencia y de la intuición objetiva. Esa forma de acercarse a la página se percibe de manera especial en la epifanía literaria, cuando la escritura despliega sin velos su sensibilidad, como una nervadura que busca su expresión en el tiempo. Alejandro Garmón Izquierdo (Bilbao, 1981) comienza su mañana con un poemario acogido en el entusiasta catálogo de Pascual Ortiz, Bajamar Ediciones, y deja en el umbral de sus poemas un prólogo del poeta y aforista Miguel Ángel Gómez. El breve acercamiento se postula como un inciso original, pletórico de imágenes, y proclive a la solemne definición aforística: “El poema nace en la sombra y tiene una función muy concreta que desempeñar: ser el fuego y la antorcha estival”; un texto en línea con la tarea de alborotar el lenguaje para que no bostece y para que haga del asombro una salida natural.
   Como si aglutinara ciclos estacionales de escritura, el poemario Licencia de apertura, yuxtapone cinco apartados, de los que el primero “El territorio del lince”, precedido por un haiku sobresale por su coherencia argumental. Las secuencias rastrean actitudes naturales del animal, como si el narrador omnisciente asistiese a un hábito existencial cuyo sentido último debe descubrir porque tras el aparente enunciado el gesto descubre un aporte simbólico: “Es la palabra / una suerte de engaño, / marcado territorio / felino, el sendero  que surca / su mirada una y otra vez”. De este modo el objetivismo de la escena descubre un espacio velado que se asienta más allá de los sentidos.  Los elementos del paisaje consuman un ejercicio de supervivencia, un hábitat relacional que conexiona, interpreta la vida como un juego y convierte la espera en un ejercicio de conocimiento.
   El haiku de nuevo cierra la sección, como un intermedio expresivo, que sosegara el fluir argumental y permitiese la transición hacia otros veneros argumentales: “Äbrego dulce / doy gracias por volar / aquí contigo. se mantienen las sensaciones visuales del entorno, pero las imágenes abandonan el mundo natural para visualizar enclaves locales, como el puerto de Gijón, o el referente cultural que mana desde las páginas de un libro – la piel del tambor, de Arturo Pérez Reverte-, por lo que los apuntes poéticos adquieren el tacto cercano del intimismo. Desde el recuerdo llegan los días infantiles en el que las presencias familiares cobraban un cálido relieve, proclive a la mitificación. También el presente se define con sus mínimos mensajes marcados por lo transitorio, como esas olas que se levantan contra el muro de la playa de San Lorenzo, o como el quehacer doméstico de doblar la ropa y colocarla en el orden difuso del cesto de mimbre.
   En ese fundido entre pasado y presente se van apagando los contornos de la infancia para acercar a la mirada la periferia urbana del presente; la realidad impone su perfil. Ese suelo industrial que dispersa los últimos perfiles de la ciudad hasta un campo cercano como si esperase en cualquier instante una transformación, otro uso, una simple licencia de apertura para empezar de nuevo a estar de otra manera. La vida muestra otras facetas que se van desplegando como los colores de un tatuaje que se adquiere a la piel. Al lector le sorprenderá la variedad temática, como si los poemas optaran por entremezclar asuntos autónomos que convierten el discurrir existencial en una lectura fragmentaria, hecha a destellos e impulsos sin aparente conexión entre sí. Esa sensación se expresa con nítido acierto en estos versos de “City”: “El armario está lleno de camisas / que no se pondrá, cubren un viajero / corazón de naftalina impregnado / de latitudes…”, o en los topónimos dispersos en “Mimbres de otro mundo” que ubican en los mapas los nombres de la injusticia o la desolación, que hacen del presente un teletipo de agencia vomitando la desaforada actualidad de un estar desapacible y lastrado por un pesimismo agónico.
   Licencia de apertura en su heterogeneidad temática completa la trayectoria de un largo viaje, cuyo trazado aleatorio abre ventanas al sentido. Sabe que las palabras solo rozan, pero no clarifican, como si los pensamientos quedaran a resguardo tras una última piel que sigue inalterable en el rumor del tiempo. Poesía como exploración, como viaje hacia un fondo de soledad que se empeña en tantear la sombra.

   

2 comentarios:

  1. Aquí te dejo un recuerdo de mi agradecimiento, José Luis. Anudar las livianas referencias, que hasta uno mismo había olvidado, es el arte del buen lector y crítico:
    "Ya dio el aire a los muertos
    este gorrión, que pudo
    volar, pero aquí sigue"
    (Claudio Rodríguez)

    Un abrazo largo, como mereces.

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    1. Un abrazo entrañable, poeta, y larga senda futura para la amistad común y la poesía. Felicidades por tu hermoso libro.

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