jueves, 27 de febrero de 2020

ANTONIO JIMÉNEZ MILLÁN. LÍNEA DE SOMBRAS

Línea de sombras
Antonio Jiménez Millán
Fundación Huerta de San Antonio
Colección Juancaballos de Poesía
Úbeda, Jaén, 2020


TEATRO DE SOMBRAS


   El discurrir literario de Antonio Jiménez Millán (Granada, 1954) multiplica entregas y modulaciones. Cuando todavía perduran los aplausos críticos a su poemario Biografía, historia (Visor, 2018), finalista del Premio de la Crítica, y tras la original propuesta irónica de Veinte sátiras y un deseo, llega a las librerías la compilación Línea de sombras, con prólogo de Justo Navarro y colofón de Juan Vida, también responsable de la imagen de cubierta y del diseño de la colección.
   Desde el despertar poético en Granada, a comienzos de los años 80, Antonio Jiménez Millán ha cultivado el poema en prosa. Línea de sombras compila una nutrida selección de esta estrategia expresiva y anticipa una decena de inéditos del trabajo en preparación Noche en París. Se constata por tanto que, más allá de un recurso coyuntural, en este itinerario el poema en prosa tiene carácter orgánico. Ha ido manando, como corrobora Justo Navarro, desde un pensamiento cuajado de viajes interiores, percepciones, sugerencias y sensaciones prolijas, ordenados por la secreta arquitectura del discurrir. Los poemas dejan sitio a un sujeto verbal que testifica miradores y planos; en ellos los sentidos dialogan con elementos del entorno, acumulan estampas, dan a las secuencias vitalesr un cúmulo de colores y formas hecho de mutaciones que trascienden el plano romo de la realidad.
   La cronología va dictando las sucesivas secciones. Así, en “Primeros poemas” toman voz tres composiciones escritas entre 1981 y 1983, cuando adquiría existencia el poemario Restos de niebla. Estos frutos tempranos recuerdan instantáneas fijas, patrimonios de una memoria visual que preserva signos de un espacio recobrado en cuyos indicios halla cobijo un entorno ideal. Hay en ellos un rumor de confusas figuras y rostros sin edad que vuelven hacia el ahora, como si todavía buscasen perdurar anclados en un territorio de esperanza. Con similar sensibilidad, leemos “La noche de los fuegos” texto perteneciente a Ventanas sobre el bosque, donde las palabras ratifican el humo estéril de las pérdidas; o el hermoso aguafuerte de “Línea de sombras”, una superficie textual que en su parquedad narrativa reconstruye una historia de amor y desolación con esa calidez nocturnal del cine negro.
   El tramo elegido de Casa invadida busca su eficacia en los referentes textuales; los textos se habitan por nombres propios que sellaron una actitud creadora que perdura en el tiempo. Germina una sensación de homenaje, como si en los lugares amaneciera, también en la ausencia, la pulsión del arte. Protagonizan esas voces en el umbral de la inexistencia poetas y pintores, figuras adheridas al reino de lo inestable que conforman un friso desajustado y caótico, un magma sedentario de extrañeza que propicia la evocación y el cauce reflexivo sobre la temporalidad.  
  Lo cotidiano en las láminas visuales de Inventario del desorden (2003) entrelaza espacios abiertos a la percepción y decurso evocativo. Es un intento de captar el tiempo como un escenario mudable, fragmentado y simbólico. Abundan alrededor los mensajes cifrados, esas sensaciones de una realidad diluida cuyos márgenes coinciden con la extrañeza de lo imaginario.
  En el párrafo íntimo y meditativo de  los aportes de Clandestinidad es permeable el paso de la historia. Toma el pulso a las noticias que están en la memoria de todos, como los salvajes atentados fundamentalistas de 2004 en Madrid, tras la espiral de sangre del 11M. Esa imagen terrible reitera la actualidad de algunas fotografías de la guerra civil y el laberinto calcinado de los bombardeos y traza también afinidades con el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 contra el gobierno popular de Salvador Allende en Chile. Es el crudo relato de la desolación y la barbarie en el que se liberan las sombras más oscuras del existir; la muerte como un expandido lugar sin contornos.
   Las teselas de Biología, historia despliegan diversidad. Se hace palabra el vibrar de la música, el retorno de un fondo sonoro que crece en la memoria como un sugestivo pentagrama para reconstruir estampas pretéritas; pero sin un solo hilo argumental queda espacio para la lectura moral de “Resentimiento” y para perderse en esos cruces tangenciales de lugares y presencias en los que sobrevuela un clima de irrealidad que confirma la conciencia del tránsito y el cúmulo de circunstancias que van puliendo las aristas de la identidad.
   Algo de ajuste de cuentas con el entorno ambiental y su predisposición a la mirada crítica tienen los poemas procedentes de Veinte sátiras y un deseo (2018). En “Miseria” se quita el púlpito a lo mediocre para que aparezca con la altura justa y en “Insomnio” se muestra en versión friki el autorretrato apresurado de ese yo desdoblado que llena la vigilia con torpezas y ráfagas de memoria.
   Como explicamos al comienzo, se incorporan como cierre anticipos de la obra en marcha Noche en París, escritos en el último año. En el de apertura se refugia la sombra en el exilio de Miguel de Unamuno, que sufre la soledad callada del destierro, una sensación que se contrapone como una paradoja del fluir con el gregarismo del turismo de masas que ha invadido las islas. También de soledad habla el trayecto de “Línea Uno”, donde una voz omnisciente describe el moroso deambular de un yo colectivo que advierte de esa frágil hilazón con los otros. Ambientación de cine negro y trama de novela en “Noche en París”, paseos por Roma o una estampa de observador ensimismado frente a la Ópera Garnier cobijan otros estratos que hacen de la poesía observación y crónica, indagación existencial y recuerdos…
   De notable interés es el cuestionario que Antonio Jiménez Millán integra como respuesta a una lejana publicación de Marta Agudo y Carlos Jiménez sobre el poema en prosa en España. Un género que forma parte de nuestra tradición y que el poeta y profesor emplea convencido de que traza su propia ruta de posibilidades expresivas; el formato no es homogéneo; dialoga consigo mismo para hacerse silencio y experiencia. Contiene un negativo de imágenes dispersas y es memoria que enlaza el sendero incierto de los días. Los poemas en prosa de Antonio Jiménez Millán se conjuran para dar vida a las íntimas tramas de un teatro de sombras.

JOSÉ LUIS MORANTE

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