martes, 1 de junio de 2021

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. LOS CUADERNOS DEL FRÍO

Los cuadernos del frío
Francisco José Martínez Morán
Bajamar Editores
Gijón, Asturias, 2021

 

LA LUZ AL PASO


   Aunque el trayecto literario de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), Doctor en Literatura Comparada, Licenciado en Filología, investigador literario, gestor cultural y docente en ejercicio, ha alcanzado un extenso desarrollo desde aquel primer paso, en 2006, Variadas posiciones del amante, reconocido con el Premio Nacional de poesía Félix Grande, no fue hasta la preparación de la antología Re-Generación (Valparaíso, 2016) cuando tuve la oportunidad de explorar sus itinerarios creativos e incluso de presentar dos años después su anterior poemario, Tacha, en la programación cultural de Rivas. No me cuesta nada revivir las gratas sensaciones lectoras que me dejó aquel libro ni las conversaciones del escritor en torno a la escritura de su primera novela Amistades comunes (Baile del Sol, 2018).
   Ahora entrega un nuevo eslabón Los cuadernos del frío en la hermosa colección de BajAmar editores, impulsada por el rigor editorial y el incansable activismo lírico de Pascual Ortiz. En nota de contracubierta Federico Ocaña define el tejido textual del poemario con palabras precisas que invitan al lector: ”Los versos que Francisco José Martínez Morán nos ofrece en estas páginas (…) se leen como el código preciso de esta intemperie del idioma. ¿En qué otro lugar, en qué otro giro o danza del lenguaje, sino en esta concisa, casi inexistente memoria fuera de toda disputa que se arriesga a errar, que no es ni de unos ni de otros, en qué otro lugar que no fuera esta memoria de la lengua se podría escribir el frío”.
   El tramo de arranque “Raíces y atestados”, título cuya semántica es un tanto oscura, impone a la expresión verbal una senda de despojamiento y extrema desnudez. De este modo, el poema de entrada es monoversal y muestra la solemnidad lacónica del aforismo: “Tan solo cuando duele es luz la luz”; ese afán de mantener el tono del poema con mínimos elementos es continuo; la voz es lenta, premiosa, deshace nudos y significados, se diría que soporta una amanecida creada por la contingencia del dolor, única brújula en la que las cosas adquieren sentido. El despertar supone aceptar la pérdida y el error de no elegir el verdadero camino: “Te obcecas en el cuerpo que dejaste / atrás; en los espejos ves la ruina / de una estación sin nombre ni raíles. / terco frío de enero: la mañana / viste espinas, abrojo de relente”. Existir es sumar las grietas abiertas de la erosión, ser solidario con el desconsuelo y esperar en la oquedad dormida de la piedra porque “Usemos las metáforas que usemos / el muro sigue siendo solo un muro. / Nos sangran los nudillos / se nos rasga la piel al golpearnos” 
   El tono nocturnal de los poemas del segundo apartado encuentra un apoyo cultural en la Misa de Réquiem en re menor, K 626, de W. A. Mozart. Los textos moldean el marco final de la despedida, ordenado con algunas partes del réquiem: Introitus, Kirie y las secciones Dies Irae y Tuba Mirum. Llega el descanso, la asunción de ser luz y solo luz liberada de sombras que busca consuelo para no ser olvido y desengaño, víctima frágil de una voluntad omnipotente que barre la existencia.
   Solo dos poemas contiene el apartado “Concreto”, como si fuera un mínimo intervalo para recuperar la sensación de proximidad del entorno, la invitación al viaje y al poema que es también la presencia gozosa de dos cuerpos que comparten a solas el tiempo del hastío, la plenitud callada de lo frágil. También los apartados “Un frío de otro tiempo” y “Hablar de poesía” optan por la brevedad, más testimonial y objetiva en el primero, predispuesta a mirar lo cotidiano, o a moldear el poema con el tono solemne de un comentario de texto. Mientras, “Hablar de poesía” es casi una tesela reflexiva más que una incisión metaliteraria breve e íntima.   
   Cobra fuerza enunciativa el apartado “El cuaderno negro” otra vez como presencia firme del desconcierto y el dolor. Caminar es oír la orfandad del propio paso, acumular sensaciones de soledad y cansancio: “pero tu especie es solo diluirse / en un lento y apenas percibido / goteo de cristal y periferia. / Igual que en el cemento, la memoria: / una añoranza solo, destinada, a ser la grieta y todos sus derrumbes”. 
  Francisco José Martínez Morán vislumbra en sus poemas la ficción de la vida alcontraluz. Sabe que caminar es extravío en el tiempo y que todo lo que pasa es abrir puertas al hueco inacabable del vacío, “de lo perecedero y lo banal”; pero también así percibe cerca el peso firme del alba en el comienzo, esa canción de ausencia cierta que borra la penumbra y muda el frío en caricia impagable. Las palabras sonríen, son encuentro; por fin llega la luz.

José Luis Morante



 

2 comentarios:

  1. Querido José Luis:

    Qué alegría, qué ilusión tan grande. Leo tu cariño, leo tu generosidad y me emociono. Gracias, de todo corazón, por ser un apoyo tan firme en estos años. Ojalá el futuro nos depare muchos encuentros y proyectos comunes; ojalá el futuro traiga algo de sosiego a nuestras vidas y el panorama se aclare.
    Mientras tanto, no sabes la tranquilidad que brinda una amistad como la tuya.
    Gracias, gracias siempre, de todo corazón.
    Francisco

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras, querido poeta, y enhorabuena grande por tan hermoso libro; sus poemas nunca dejan la gelidez del frío sino el tacto cálido de la mejor poesía. Fuerte abrazo.

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