domingo, 27 de junio de 2021

PACO HUELVA. LOS OTROS QUE ME HABITAN

Los otros que me habitan
Paco Huelva
Ilustraciones de Víctor Pulido
Editorial Niebla
Huelva, 2017


FATUM

 

  El empeño creador de Paco Huelva (Almonte, Huelva, 1956), Graduado Social por la Universidad de Granada, protagonista laboral de una amplia gama de oficios y Cronista oficial de la Villa de Almonte, es un mapa surcado por la narrativa, el periodismo y la crítica. Autor de cinco títulos en prosa, publica reseñas y columnas de actualidad en Huelva Información y en las revistas digitales Culturamas y Todoliteratura, junto a otras cabeceras digitales. Antes de adentrarnos en la compilación de relatos Los otros que me habitan se focaliza una cubierta, en pasta dura, cuya ilustración, como las interiores, es obra del artista plástico Víctor Pulido. Llamativa y sugerente en su expresividad feista; la imagen enaltece lo deforme, las asimetrías que convierten la expresión facial en algo monstruoso. La portada impone un elemento visual del desvarío que despierta sensaciones de miedo, silencio y frío. El escritor añade una clave más al encuentro con el lector en las citas previas. Incluye unos renglones de Borges que potencian la síntesis del relato como cortesía al lector frente al moroso deambular de la novela. Es una idea también refrendada en el fragmento de Stefan Zweig. La pulsión de la tercera cita, de María Teresa López, busca el tono comunitario del estar con los otros. El cuento de arranque “La vendimia” recuerda una secuencia rural desde la voz de un narrador omnisciente que mira los elementos de la escena y anota las evidencias externas. Se interioriza lo que ocurre para formular un sustrato reflexivo, que hace de la percepción conocimiento. En la refriega de la recolección las caballerías se contagian de esa prisa del fruto en el lagar, pero el aparente activismo oculta la arteria principal del relato: la venganza y la muerte. El escritor prefiere poner en acción personajes siniestros, que solo obedecen a las reglas marcadas por instintos primarios, lejos de la norma social. Cada sujeto es un náufrago en el que ejerce una voluntad sin ámbitos ni compromisos con la conciencia y la ética. Así lo corroboran piezas como “Es que no te merecía”. La maldad y la violencia se aposan y se integran, como huellas de la identidad. Cada yo, sometido a los vaivenes de un fatum trágico, entiende que las cosas pasan porque tienen que pasar y al destino no hay quien lo pare. Al hilo del legendario cuento de Juan Rulfo “Diles que no me maten”, en “Petición” leemos ese arrastre de pasos que anticipa la resolución; la invitación a no saltar en el último instante, como si fuera posible comenzar de nuevo, sin el gravoso laconismo de la solución final. De esa atmósfera de onirismo y ajuste de cuentas participa el cuento “Un hombre de honor” cuyo germen argumental es la visita a un prostíbulo. En él se mantiene la voz fuerte de la violencia que se hace rutina en el avance, pero que muestra también el compromiso y el valor de la palabra dada, aunque sus motivos permanezcan oscuros y aleatorios para la lógica policial. El cauce argumental de “La forastera” distribuye los recorridos interiores de la trama en pequeños capítulos de sentido cerrado. Ese itinerario se postula desde el descubrimiento de un cadáver en la marisma. Esta tesela va sumando otras que afloran con una dimensión autónoma, que muestra la tenacidad expresiva del friso. Lo previsible se borra. El sujeto está. Es gesto y convicción y las especulaciones experimentan el chismorreo popular y los ángulos de sentido que aportan los diferentes personajes. Los temas proponen bifurcaciones sin conexión aparente, como si los relatos dejaran el rastro de una realidad compleja, en la que encuentran sitio historias truculentas, de impacto, atentas a las sombras interiores. Se narra la lealtad de un perro a su dueño, más allá de la muerte; la cercanía afectiva y el punto de humor del cuento “Cuestiones inexplicables”; el interrogatorio cuartelero de Candelario de la Corte en “Segundo piso, izquierda”y ese rito de sangre que abre una calle sin salida a la venganza. Este abanico de cuentos, que Paco Huelva engloba en Los otros que me habitan, mantiene una atmosfera de complicidad fraterna entre la fabulación de lo onírico y la evocación de viejas historias rurales. Sorprende la originalidad de los nombres propios y el mapa de lugares que conforman una comarca de la imaginación que nunca hace caso a lo previsible en la representación de lo real. Los cuentos mantienen una vigilia permanente con el entorno para mostrarnos la sustancia singular de cada yo. Esa conciencia oscura que muestra vasos comunicantes con lo siniestro y la oscuridad ética, con un destino gravoso que establece anclajes con la ironía, la mirada escéptica y la desconfianza. Los otros se disuelven siempre en lo imprevisible y superan cualquier afán de comprensión. más que la quietud permanezca despierta en la vigilia. 

JOSÉ LUIS MORANTE


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