domingo, 11 de junio de 2023

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ. EL TRANVÍA FANTASMA

El tranvía fantasma
Miguel Sánchez-Ostiz
Editorial Pamiela, Narrativa
Pamplona, 2023

 

TEATRO DE SOMBRAS


   Miguel Sánchez-Ortiz (Pamplona, 1950) vertebra una extensa obra donde mantienen una convivencia armónica la poesía, el ensayo, la narración, el diario, el artículo de prensa, la prosa miscelánea, la literatura de viajes y la crítica. Una creación diversa, sostenida en el tiempo, que concede al escritor un perfil intelectual acorde con un trabajo único, subjetivo y complejo. El taller de autor es capaz de fusionar intervalos temporales, abre al aire estratos temáticos que cimentan las aceras de lo real y percibe el pentagrama disonante de un tiempo oscuro, siempre zarandeado por la contradicción.
  El escritor navarro presenta nueva ficción, El tranvía fantasma, y añade al título una llamativa definición complementaria: Soliloqueo memorioso de difuntos varios. Convierte el monólogo del yo consigo mismo del soliloquio en una perorata mental, azarosa y dubitativa, propia de una conciencia enajenada. Nace así el neologismo “soliloqueo”. También el variado paratexto, que integra citas de Juvenal, Seferis, Shakespeare, Bernhard, Cèline o Villalonga, elige como apertura un cúmulo de referencias digresivas que enmarcan la advertencia verbal “Aviso inútil”, sobre el punto de vista de la entrega. Dice el autor: “Este es un artefacto narrativo por completo en clave de desbarre y tarantela de máscaras carnavalescas y guiñoles de feria. Su música de fondo es el atronador silencio del miedo y su perjumen, el tufo de la muerte y la cainita que la precede y sigue.”
  Para que nadie malinterprete la identidad de la voz que cuenta, esta se presenta a sí misma como resultado de un accidente de psicopatología que concede la palabra a un muerto vivo. Así nace un teatro de sombras, una representación monologal donde aflora el aleatorio fluir del silencio consciente que hace del pensamiento un marco escénico. La mirada del yo reflexiona con un incisivo sentido crítico; camina por las angostas callejuelas del presente y sus desajustes y evoca rondas existenciales donde no es posible mantener el sosiego.
  Como si de un suceso legendario se tratara, un tranvía fantasma lleva y suelta viajeros de “los descampados de la vida”. Se solapan situaciones y personajes. Evocaciones y enunciados testifican una inmersión profunda en el desvarío. Los figurantes van y vienen, copan el primer plano o se desvanecen entre la niebla. Sólo Miky está ahí, casi obligatorio conductor del tranvía fantasma, arrastrando una biografía de claroscuros entre la cuadrilla. Licenciado en derecho, ejerció de letrado con dandismo de pueblo y aceptó el devenir vital del escritor. En ese tranvía imaginario van “calles, países, ciudades, memorias, imaginaciones febriles adelante, tocando de cuando en cuando la campana para hacerse notar, para decir allá voy”. En suma, un constante envío de sorpresas conformando el despliegue de un pintoresco microcosmos.
  Este copioso inventario de apariciones y desapariciones muestra los rincones en sombra de la memoria. Deja recorridos donde las direcciones se fragmentan o se hacen lejanía, conformando un listado inacabable de aparecidos y desaparecidos. La escritura se hace incontinente perorata sobre tiempos pasados en los que dormitan extraños interlocutores.
   El escritor recurre a la nota cultural a pie de página, a cargo de un erudito imaginario, para poner bajo el foco de lo académico, pero en clave de ironía, asuntos complementarios que clarifican nombres propios, peripecias argumentales o circunstancias particulares que refuerzan la tarea de reconstrucción. También de cuando en cuando afloran ilustraciones sorprendentes que confirman el aire de crónica de época, un retrato coral que hace de la realidad ámbito de profundo desasosiego.
  En esta liquidación por derribo la addenda perfila con lucidez algunas claves escriturales de esta distopía ficcional. Es un testamento literario y vital, el poblado despliegue de un trayecto que incluye, al modo de los diarios de Eugenio Noel, estampas visuales, aclaraciones eruditas al texto y los pasajeros de un tranvía fantasma que se prestan al juego literario de mezclar realidad e imaginación. Sombras y sueños para alumbrar un mundo de soledad y evocaciones en el inflamable callejero de Biargieta (Escenario especular de Pamplona). Se anota también una profusa gratitud al copioso inventario de amigos y maestros que pusieron sólida y efectiva cimentación cultural al libro.
  Con jugoso vocabulario que entrelaza un léxico dispar de neologismos, expresiones del lumpen, chispazos coloquiales y voz confidencial, Miguel Sánchez-Ostiz comparte en El tranvía fantasma un ejercicio narrativo radical, muy alejado de los enunciados argumentales lineales. Con un copioso fluir de secundarios, que parecen extraídos de la picaresca por su tendencia al descalabro, y mediante continuos cambios de escenario, el narrador nos conduce por extraños pasadizos existenciales que se hacen espejo de lo vivido, que ahondan en sentimientos de largo alcance con fuerza expresiva perturbadora. Una crónica feroz donde los recuerdos, reales o imaginarios, salen a la luz para señalar con el dedo a sus protagonistas y testigos, a ese yo interior múltiple que se encoge de hombros cuando las circunstancias lo zarandean, mientras confiesa que ha vivido en tercos callejones sin salida, aunque no sepa dónde, sin la ridícula pretensión de ser feliz.
 
   
JOSÉ LUIS MORANTE




        

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