miércoles, 28 de junio de 2023

JOSEFINA AGUILAR. AUBADE

Aubade
Josefina Aguilar
Editorial Huerga y Fierro
Colección´Rayo Azul / Poesía
Madrid, 2023
 

RESTOS FÓSILES

 

   La lectura de Papá, Hiroshima no me deja dormir (2022) es un excelente mirador para adentrarse en el espacio poético de Josefina Aguilar (Almería, 1971) Licenciada en Comunicación y profesora de Formación Profesional de Imagen y sonido. La poeta, en un espacio temporal muy breve, ha conseguido un tono de voz  alejado del habitual etiquetado crítico. Alcanza excelente altura en la prosa poética de Papá, Hiroshima no me deja dormir, una compilación de textos que elige un referente histórico transcendental para acercarse al apocalipsis con el tacto frágil de lo cotidiano. Mientras el siniestro pájaro de acero soltaba la bomba alguien en la ciudad hacía el amor, habitaba la acera con la prisa de siempre, caminaba al colegio o dejaba en sus labios la sonrisa de lo necesario. Todo fue barrido para siempre, convertido en ruinas, haciendo de aquel hongo siniestro un arquetipo de la devastación que sonroja a cualquier divinidad. No es tiempo de gritos ni de resentimiento, sino de habitar las palabras con la ausencia para que lo invisible permanezca.
  El umbral afectivo de Libro de desasosiego de Fernando Pessoa abre la senda de Aubade con una reivindicación de lo imposible desde el laconismo y el enfoque aforístico. Josefina Aguilar rompe las costuras del molde formal e intercala en su entrega apuntes líricos de mínima apariencia, como teselas verbales desprendidas del silencio: “Un espejo es un pozo. / Sobre él pon tu nave.”; “La superficie se mantiene a flote / porque en el fondo ya estás tú.”
   Se  construye un personaje poético que emplea la voz ensimismada de la introspección para expandir el misterio de lo existencial desde la filosofía, aunque en esa desnudez del pensamiento sale a flote un lirismo cálido, donde persisten los elementos sonoros del poema. Otras composiciones adquieren un mayor desarrollo narrativo, como “La flota del tesoro de Zheng He”, para hilvanar un hilo argumental que se aproxima a la leyenda por su densidad onírica.
  La escritora almacena en sus textos materia cultural de amplia procedencia y junto a esos elementos escindidos de la tradición, intercala otros itinerarios para el pensamiento. El mar copa el primer plano, como lugar vivo y emboscada de asombro. El entorno cambiante del azul despliega un hermoso abanico de imágenes poéticas que abarcan desde la personificación al escenario simbólico. Lejos de la descripción testimonial y paisajística, el mar se hace concepto y torrente expresivo, condensa sensaciones, confunde tiempos. Sirve de ejemplo la composición “Mar muy gruesa”, de la que rescatamos un fragmento: “Pon una decisión en el centro del océano y que flote. / Llena un vaso de agua hasta la mitad de la sed y déjalo partir…” . O el texto que clarifica el título “Aubade”: “Llena la casa de agua / para que el mar se llene de casa. / Aubade em el fósil de un barco. / Si miro a través de él veo un padre. / Mi ilumina un sol de agua.”
   La sección “AguaCeros” comienza de nuevo con la desnudez precisa del aforismo: “Llenar de agua un vaso roto. Esa es la vida del sediento”. Se oyen los ecos de la paradoja y el oxímoron y se acrecienta la desnudez extrema del poema que advierte de una escritura esencial, mínima, intensa. “Cuando un pez muere tiene dos vida: /flotar y hundirse.”, “Para no entrar en la red / te hiciste pez”, “No llueve dentro de un pájaro”. Parecen esquejes de literatura sapiencial, certezas intangibles de una forma de mirar  esa viva acuarela de las olas cambiantes. En este silencioso caminar del pensamiento el tema central olvida su desarrollo confidencial y enunciativo para que la idea se convierta en presencia. Todo el apartado se concibe como una invitación al silencio que concede a las palabras hondo calado.
   Lejos de cualquier inercia expresiva, Josefina Aguilar prosigue viaje por la poesía con el anhelo de una indagación creadora. En Aubade hace del mar centro neurálgico del lenguaje y conjuga una llanura ondulante de reflexión donde conviven secuencias oníricas y acuarelas imaginarias con certezas conceptuales de calado humanista. Poesía cuyo resplandor hace del símbolo una llama encendida, un despliegue de luz en el silencio que muestra un fondo habitable, a resguardo en la aubade del poema.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
   
 

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