miércoles, 21 de junio de 2023

ACEITE SOBRE AGUA

Polarizaciones
Fotografía
de internet


ACEITE SOBRE EL AGUA

 

Nada se sabe, todo se imagina
 
FERNANDO PESSOA
 
   Los resultados electorales han emplazado en sitio visible la necesidad de valores que buscan un lugar propio. Hay que reivindicar cada vez más fuerte, sin quiebras ni estridencias, que hay una abrumadora crisis moral que afecta a todos los estamentos sociales. Se percibe a diario en la garganta chillona de portavoces y medios y en la disolución de los referentes políticos y sociales de la tradición democrática. El negacionismo sobre la violencia machista es repulsivo; lo del chalaneo de puestos en las listas del nuevo partido, repulsivo; lo de criticar ahora a tus socios de gobierno, como hace en cada mitin el presidente,  repulsivo; lo del regateo antisistema para dinamitar las instituciones desde dentro, repulsivo. Una sociedad sin valores es un organismo al que le han extirpado su arteria principal; la crónica de una muerte anunciada.
 
   Íntima cartografía del sujeto verbal y sus desplegadas conexiones con el entorno. Crece la biblioteca a diario y se acumulan los libros en estantes provisionales, cajas, maletas, mesas de trabajo y se agrieta la discusión perpetua: hay que seleccionar libros y desprenderse de los que desbordan las habitaciones. Pero, ¿Qué libros sobran? Poesía, no; ensayo, no; filosofía, no, aforismos, no; historia, no; novelas… Bueno, tal vez algunos libros de narrativa. Y presentan urgentes credenciales las relecturas: Saramago, Coetzee, Alice Munro, Onetti, P. Modiano… En cuántas novelas, la luz.
 
  Los etiquetados imprevistos en el muro, hechos casi siempre con la mejor voluntad, no pocas veces me crean un problema: si he pasado una semana haciendo una reseña y anuncio en el Facebook la nueva entrada del blog. No hay sitio para promocionar mis propios poemas, los éxitos literarios de desconocidos o los eventos digitales del día; así que borro la etiqueta y sé que borro también un poco de la amistad del otro. Pero la razón es meridiana y es bueno que el otro también perciba claridad y amanecida; el despertar sobre un libro leído por intensa dedicación.
 
  La caligrafía insomne de su mensaje me recordó: “no tengo aspiraciones trascendentes. Solo quiero ser feliz”.
 
(Apuntes del diario)

  

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