ALGORITMOS CONTABLES
Antes borro a todos los afectados por mudez digital; de ellos jamás supe nada, ni siquiera por qué solicitaron sitio aquí. También despido con pañuelo al viento a los que sobredimensionan el emoticono, teniendo un idioma entero a su disposición. Y ahora que estoy en esa edad en la que ignoro “dónde habita el deseo”, quito la silla también a las presencias que compiten en musculatura hormonal; lo mío es un derrumbe crepuscular que sobrellevo entre páginas con esperanza y sin convencimiento.
Y sigo con obstinación en el muro, caminando a solas, con el filo hiriente sobre el hombro de algún algoritmo que nos borre y nos deje en la niebla con voz de margarita enamorada: “esto se ve, esto no se ve”. Yo por si acaso sigo, con el tesón del caminante que sabe que sumar un paso más es estar más cerca de los cinco mil, de ese espacio cubierto en el que la amistad se hace espejismo, trampantojo tenaz de un abrazo sin nadie.
(Anotaciones navideñas)
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