miércoles, 24 de junio de 2026

BUSCAR LA SOMBRA

soledad


 
EL ÚLTIMO SIEMPRE APAGA LA LUZ
 
Quienes pasan mucho tiempo solos
terminan teniendo un oído muy fino
 
DJUNA BARNES
 
  
  Con los que oímos mal, (Y cada vez peor, como es mi caso), se pueden mantener dos actitudes: esgrimir con la voz prepotente de la hartura el “que no te enteras”, “ya te lo he dicho”, “a ver…”, “yo no hablo a voces…” y dejar en el rostro la mugre entumecida de la estupidez; o sencillamente repetir de nuevo e improvisar una explicación porque las palabras nunca necesitan agrandar carencias sino conformar rincones afectivos. Ambas actitudes, más que succionar en el ánimo de las cicatrices auditivas, definen a quien las esgrime. Los malos gestos son espejos fangosos de nuestra identidad.
 
   Los casos de corrupción se suceden y esa es una de las cualidades de la nueva cepa vírica; su increíble propagación, y sus dolosos efectos secundarios. Y se hace verdad común que seguimos sin saber como prevenir sus tentáculos en la política autonómica y nacional. 

   Desde el cristal limpio de la responsabilidad personal también se puede colaborar al bien común: hay que seguir las recomendaciones de la ética al pie de la letra. Eso no coarta ninguna libertad individual; el negacionismo como ideología es desnudez mental.
 
    Se escucha a diario el conocido temblor de la ausencia. Los que faltan son huecos que no desisten en mantener su sitio.
 
    Oigo dos o tres veces sus digresivos razonamientos, dictados por el impudor de su ego. Sale a descubierta la genealogía natural de su masa encefálica: es un aplicado epígono de la estupidez.
 
    Son los poemas los que van sembrando indicios evidentes en el lector: una lírica despojada, esencial, que confía en su cierre en el enunciado aforístico y que incide en sus temas en el muestreo reflexivo de la peripecia existencial del sujeto verbal. En el evento digital, la propia imagen está falta de luz y la voz casi no se oye. Un desastre que los amigos disimulan con el entusiasmo del apoyo incondicional.
 
   Las palabras exploran, miran dentro, buscan la improvisada lección de lo diario, reconocen humedades y sombras; miden el trazo firme de las arrugas y constatan que es preferible seguir e intentar, poco a poco, la búsqueda de tierra firme.
 
(Apuntes del diario)
 

 

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