sábado, 20 de junio de 2026

CONTRA EL SARCASMO

La luz por dentro

 

CONTRA EL SARCASMO

 

   Hoy bajé la persiana y dejé fuera el sarcasmo. Se sabe que hay sujetos –él y ella, ellos y ellas- que tocan a menudo la tecla del sarcasmo. La pulsan convencidos de su sonoridad y su eficacia, como si provocara en los espectadores un asentimiento placentero al descubrir que la burla cruel o la ironía mordaz son altas expresiones de ingenio de un intelecto activo.
   Convivo con un entorno amable –soy un tipo afortunado- en el que disuena de forma estrepitosa el sarcasmo. Por eso he tardado en descubrir la razón de mi tolerancia o la quieta paciencia que me lleva a dejar sin respuesta una actitud que no soporto.
   Sé cuántas razones llevan al sarcasmo: la inseguridad de quien carece de certezas y piensa que todo es relativo; la soledad, la insatisfacción personal, el fracaso afectivo, el resentimiento de quien ve culpables siempre al otro lado del yo, la ignorancia, mezquindad, envidia… Y sé la única razón para soportar el sarcasmo y la soberbia de quien no se conoce a sí mismo: tolerancia.
   Pero el cansancio aflora y uno encuentra el sarcasmo, vomitivo y vulgar como un pelo en la sopa; el sarcasmo casposo en el asiento del pasajero, cuando uno invita al viaje y abona todos los peajes; el sarcasmo en la mirada rugosa que descubre en un mural de años de trabajo la cagada de una mosca; el sarcasmo en la palabra que felicita con toses o en el labio que besa con salivillas o en la mano sudosa que saluda.. y el torturado por el sarcasmo encuentra en un momento la coartada maravillosa para no soportarlo nunca más.

(Anotaciones del diario)



 

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