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martes, 2 de junio de 2026

WALT WHITMAN. MITOLOGÍAS

Walt Whitman (1819-1892)

 

MITOLOGÍAS 


   Hubo un tiempo en el que la lírica derramada de Walt Whitman (1819-1892), centro del canon poético norteamericano según Harold Bloom, representaba para mí el nítido itinerario de una guía de viajes. Un mapa desplegado, lleno de sendas sugerentes. Ególatra y locuaz, Whitman, discípulo de Emerson y de la idea del poeta como dios liberador, aglutinaba en sus versos un vitalismo en marcha, asimilando la diversidad de lo real.
   Los poemas, desplegados, caóticos y enumerativos, repetían fórmulas con las que iba completando el sentido de sus argumentos. De modo recurrente, el yo poemático aglutinaba percepciones, estampas al paso, amalgamadas como jeroglíficos. El material lírico daba pie a una voz narrativa, propicia a la enumeración, matérica y corpórea.
   Mi fascinación por Whitman ha languidecido, tal vez porque el inventario de lecturas actuales tiene la memoria llena de poesía intimista, introspectiva y confesional. Pero Hojas de hierba, original de 1855, que fue creciendo e incorporando textos en ediciones posteriores, sigue mostrándome la urdimbre de una poesía necesaria, que ha cimentado abundantes estéticas posteriores del ámbito latino (Vicente Huidobro, César Vallejo, Pablo Neruda) y norteamericano (T. S. Eliot y Wallace Stevens).
  La palabra de Walt Whitman elige el ahora como estado atemporal del yo para captar la perfecta armonía y ecuanimidad de las cosas. Si la elegía y la nostalgia dan voz al pasado, el diálogo que oye el tímpano es el de la inmediatez. El discurrir de lo cotidiano y ese tránsito donde la autobiografía, más o menos velada, que comparte muchos rasgos en los que podemos reconocernos porque es síntesis de una identidad colectiva: “Estos son los pensamientos de todos los hombres en todas las épocas y países, no son originales míos. / Si no son tuyos tanto como míos no son nada o casi nada, / Si no incluyen todo son poco menos que nada, / Si no son enigma y la resolución del enigma no son nada, / Si no son al mismo tiempo cercanos y remotos, no son nada. / Ésta es la hierba que crece dondequiera que hay tierra y agua. / Éste es el aire común que baña el globo”


José Luis Morante



 
 
 
 

 

miércoles, 23 de octubre de 2019

HAROLD BLOOM. EL LECTOR

Harold Bloom
(1930-2019)
Fotografía
de
Paris Review

HAROLD BLOOM. EL LECTOR

In memoriam


   Para los que amamos y practicamos la crítica literaria Haroold Bloom fue un ejemplo paradigmático, casi el arquetipo ideal del lector personal y apasionado. Nacido en Nueva York, en 1930, ha protagonizado un larguísimo itinerario docente en la universidad de Yale, en cuyas aulas fue profesor durante más de cincuenta años y ha ido dejando en las estanterías más de treinta libros, algunos tan conocidos como La ansiedad de la influencia, Mapa de las lecturas erróneasEl canon occidental, Cómo leer y por quéShakespeare y Poemas y poetas.
   Leí fascinado Anatomía de la influencia, un compendio de ensayos críticos en los que se resume el pensamiento del ensayista ante la creación literaria a través de más de treinta autores, casi la mitad de los mismos de lengua inglesa. En él plantea la cuestión central que vertebra su campo de investigación: la influencia no es sino un conflicto entre creador y precedente que abre un proceso de búsqueda; un poema revisa a otro. El agón o la ansiedad de la influencia se convierte en rasgo central de las relaciones literarias. El nombre de W. Shakespeare, epicentro de todo el canon occidental, es el más citado y el que mejor interioriza la idea de que la literatura surge de la literatura, de un eco transmutado que engendra una voz nueva.
  El crítico contrasta la presencia ineludible de W. Shakespeare con la de W. Withman, figura de singular variedad que deja rastros en D. H. Lawrence, Neruda, Borges o  en voces posteriores como  Stevens, Crane, Ammons, Strand o J. Ashbery. Se establece una disposición cronológica que abarca desde el siglo XVI hasta el ahora pero tal organización es consciente de que el rastreo de la influencia literaria es laberíntico y superpone autores, espacios y tiempos.
  Las obras de Harold Bloom no ofertan lecturas sencillas; la cantidad de referencias literarias y la yuxtaposición de tiempos creadores dificultan la recepción para aquellos que no estén habituados a el inmenso catálogo de autores que deshilvana. Pero todos podemos apreciar el aliento de quien ha hecho de la literatura un modo de vida, la apasionada meditación de un lector heterodoxo, en continuo recorrido de ida y vuelta por los autores clásicos que, de cuando en cuando descansa en cada pausa del camino lee a Shakespeare.
   Ha muerto Harold Bloom y yo quiero dejar en esta entrada unas líneas de gratitud y la estimulante tarea de volver de nuevo a sus libros.

    


lunes, 20 de mayo de 2019

HAROLD BLOOM. POEMAS Y POETAS


Poemas y poetas
El canon de la poesía
Harold Bloom
Traducción de
Antonio Rivero Taravillo
Editorial Páginas de Espuma
Madrid, 2015


MISCELÁNEA CRÍTICA


   Catedrático de Humanidades durante varias décadas en la Universidad de Yale y autor de más de treinta libros de pensamiento crítico, Harold Bloom (Nueva York, 1930)  es una autoridad  esencial en el  replanteamiento de valores estéticos del legado occidental. Su quehacer intelectual aporta hitos como El canon occidental, Cómo leer y por qué, Anatomía de la influencia y monografías decisivas sobre W. Shakespeare, Yeats o Blake.
   En Poemas y poetas argumenta genealogías desde el enfoque implicado del lector. Los incesantes viajes a la biblioteca han modelado un conocimiento implícito y apasionado. Lejos del tópico historicista que condiciona la praxis literaria a la historia social, su estudio analiza la plural tradición angloamericana y los nombres clásicos que han dejado una destacada herencia en las raíces poéticas del ser contemporáneo. Al cabo, la poesía personifica un crecimiento natural que se fortalece a expensas de poetas y  poemas.
   La exhaustiva lista se abre con Petrarca, una excepción procedente del mapa creador italiano, que se justifica por las advertidas conexiones con W. Shakespeare, devoción obsesiva y máximo valor literario de Harold Bloom. Casi todos los elegidos comparten el inglés como lengua creadora, estableciendo así un patriarcado lingüístico, una dislexia voluntaria que borra las contribuciones de otros ámbitos comunicativos occidentales como el francés, el alemán y el castellano. Las excepciones son contadas. En el litoral francés están Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Valéry, y solo Octavio Paz y Pablo Neruda  son austeras presencias de la lírica hispanoamericana; otros ámbitos, como el portugués o el alemán se ocultan en un sensible vacío.     
   La lista de autores  constituye un eje de coordenadas que mantiene su perseverante influencia hasta el ahora. Conforma un continuo de modelos con significado inalterable que casi nunca pierde el equilibrio en las derivaciones del gusto estético. La secuencia organizativa pretende aislar las cualidades singulares y su naturaleza representativa. La aportación crucial en muchos casos quedó inadvertida en su tiempo para reivindicarse después y pasar al primer plano de las influencias por su poder de asimilación y por su fuerza representativa.
   Harold Bloom explora el talento expresivo de estos predecesores obligados adentrándose en el análisis de sus poemas fundamentales. En ellos registra los elementos claves, clarifica el hilo argumental, comenta el proceso de creación y medita sobre afinidades y confrontaciones. El resultado de este deambular reflexivo es un recorrido que favorece abiertas relaciones entre lecturas y las convicciones confluyentes en la  personalidad imaginativa.
  Frente al temor lejano y reverencial con el que muchos lectores se acercan a la tradición, convencidos de que se necesita un patrimonio de claves interpretativas para recorrer el laberinto de la escritura, los postulados de Harold Bloom, traducidos por Antonio Rivero Taravillo con precisión, mirada poética y naturalidad expresiva, hacen de la lectura una costumbre, una tierra común por la que camina su intelecto con verbo celebratorio. En el profesor americano las figuras principales de las bibliotecas son una pasión natural que casi siempre habla con el tono feliz de la elegía y con acento inglés.


lunes, 30 de mayo de 2016

ALFRED CORN. ROCINANTE

Rocinante
Alfred Corn
Traducción, selección y prólogo
de
Guillermo Arreola
Chamán Ediciones, Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2016

INTUICIONES DE LO REAL
  
 Aunque se versiona por primera vez al castellano, el estadounidense Alfred Corn (Bainbridge, Geogia, 1943) personifica un transcurso creador que aglutina libros de poemas, novelas y ensayos críticos. Sin embargo, su labor no ha trascendido hasta ahora que encuentra acogida en el jovencísimo catálogo de Chamán Ediciones.  La versión al castellano es labor de Guillermo Arreola, escritor mexicano y artista plástico, quien firma una introducción intuitiva; las mínimas pautas abarcan el contexto habitual de un autor integrado en la jerarquía docente universitaria y con amplia presencia curricular en el sistema literario a través de premios, reconocimientos y actividades firmadas en las cabeceras periodísticas nacionales.
 Queda al alcance adentrase en un espacio estético en el que “la forma es legión” y la poesía es el nexo que aglutina el enunciado:” Y, no obstante, la vida quiere ser / su nombre: / árbol, caballo, sueño, amanecer / y el hombre”. Un ideario que sirve de respuesta a un escueto poema de Rubén Darío que recuerdo aquí: “Y, no obstante, la vida es bella / por poseer / la perla, la rosa, la estrella / y la mujer “. De ese hilo suelto de la tradición, asimilada y germinal, se nutre la voz acogida en Rocinante.
  El ciclo abarca desde 1976 hasta 2013; y amanece con los versos de “Diario de Oregon”. En ese tramo encuentra registro principal la evocación; la postura del sujeto lírico está marcada por el empeño por recuperar secuencias emotivas del pasado convertidas en paradigmas de ser. El título es muy explícito y sirve como coordenada de localización espacial donde el entorno se hace mirada sensorial y transcurso. En el acontecer, la memoria conserva indicios que dan forma a fotografías desvanecidas. Son imágenes calladas, situadas al margen del tiempo, que la escritura reconstruye para que caminen autónomas por las pobladas calles del ahora.
  El credo estético inicial asume una propuesta interpretativa en la que se implica la sensibilidad. Amanece en el fluir remansado del poema, magnificada por el tiempo. El paisaje está ahí, momentáneo, repleto de colores y formas transitorias, presente en los espejos de la voz, amasado con elementos vivos y diversos que van adentrándose en el interior, al alcance de los cambiantes estados de ánimo.
   En casi todos los poemas, las facciones de la naturaleza ocupan un lugar central y se focalizan con minuciosa demarcación del detalle. Este ideario objetivista también persiste en la mirada de “Porcelanas chinas en el Metropolitan”. En él retornan las prominencias formales, ese permanecer del yo en la quietud para dar pie al diálogo entre percepción y pensamiento.
   Los recorridos textuales prosiguen en círculos concéntricos sobre una realidad diversa que acoge en su espacio márgenes del sueño. La conciencia se expande para insuflar vida a un cauce argumental nómada, donde las palabras  se aplican en una expresión verbal diseminada. El poeta se convierte en “un espigador de epifanías” (Pág. 77) en el que solo el yo verbal es un elemento transparente y ubicuo, una presencia que queda puertas adentro, convocando apariencias y sueños.
   En este legado de Alfred Corn el contorno tenaz de la memoria dibuja un fértil álbum. En él, los recuerdos conforman un tapiz donde la elegía se convierte con frecuencia en principio fundacional. El corpus muestra trazos de una realidad polisémica y ampliada en su espacio representativo.
   Solo queda indagar la talla de un poeta, relacionado con una tradición fuerte, y enaltecido por críticos tan fiables como Harold Bloom, quien tanto ha perfilado el mejor canon de la lírica contemporánea. Es hora de acotar, gracias a la generosa propuesta de la colección Chamán ante el fuego, la pertinencia de sus valoraciones y juicios, ese equilibrio a pie de página que guarda la lectura individual, entre posibilidades y límites.


domingo, 28 de junio de 2015

HAROLD BLOOM. POEMAS Y POETAS

Poemas y poetas
Harold Bloom
Traducción de Antonio Rivero Taravillo
Páginas de Espuma, Madrid, 2015
MISCELÁNEA CRÍTICA

   Catedrático de Humanidades durante décadas en la Universidad de Yale y autor de más de treinta libros de pensamiento crítico, Harold Bloom (Nueva York, 1930)  es una autoridad  esencial en el  replanteamiento de valores estéticos del legado occidental. Su quehacer aporta hitos como El canon occidental, Cómo leer y por qué, Anatomía de la influencia y monografías decisivas sobre W. Shakespeare, Yeats o Blake, entre otros.
   En Poemas y poetas argumenta genealogías desde el enfoque implicado del lector. Los incesantes viajes a la biblioteca han modelado un conocimiento expansivo. Lejos del tópico historicista que condiciona la praxis literaria a la historia social, analiza en la plural tradición angloamericana el legado de nombres clásicos. Son autores que han dejado una destacada herencia en las raíces poéticas del ser contemporáneo. La poesía personifica un crecimiento natural que se fortalece a expensas de otros poetas y  poemas.
   La exhaustiva lista se abre con Petrarca, una excepción procedente del mapa creador italiano que se justifica por las conexiones con W. Shakespeare, devoción obsesiva de Harold Bloom. Casi todos los elegidos son angloparlantes, estableciendo así un patriarcado lingüístico, una dislexia voluntaria que borra las contribuciones de otros ámbitos comunicativos occidentales como el francés, el alemán y el castellano. Las excepciones son contadas. En el litoral francés están Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Valéry. Y solo Octavio Paz y Pablo Neruda son austeras presencias de la lírica hispanoamericana; otros idiomas, como el portugués o el alemán, se ocultan en un sensible vacío.     
  La lista de autores constituye un eje de coordenadas que mantiene su perseverante influencia y conforma un continuo de modelos con un significado inalterable en las derivaciones del gusto estético. La secuencia organizativa pretende aislar las cualidades singulares y su naturaleza representativa. La aportación crucial en muchos casos quedó inadvertida en su tiempo para reivindicarse después y pasar al primer plano de las influencias por su poder de asimilación y por su fuerza.
  Harold Bloom explora el talento expresivo de estos predecesores obligados adentrándose en el análisis de sus poemas fundamentales. En ellos registra elementos claves, clarifica el hilo argumental, comenta el proceso de creación y medita sobre afinidades y confrontaciones. El resultado de este deambular reflexivo es un recorrido que favorece abiertas relaciones entre lecturas y las convicciones confluyentes en la  personalidad imaginativa.
  Frente al temor lejano y reverencial con el que muchos lectores se acercan a la tradición, convencidos de que se necesita un patrimonio de claves interpretativas para recorrer el laberinto de la escritura, los postulados de Harold Bloom hacen de la lectura una costumbre, una tierra común por la que camina su intelecto con verbo celebratorio. Para el crítico americano las figuras principales de las bibliotecas son una pasión natural que casi siempre habla con el tono feliz de la elegía.