miércoles, 23 de octubre de 2019

HAROLD BLOOM. EL LECTOR

Harold Bloom
(1930-2019)
Fotografía
de
Paris Review

HAROLD BLOOM. EL LECTOR

In memoriam


   Para los que amamos y practicamos la crítica literaria Haroold Bloom fue un ejemplo paradigmático, casi el arquetipo ideal del lector personal y apasionado. Nacido en Nueva York, en 1930, ha protagonizado un larguísimo itinerario docente en la universidad de Yale, en cuyas aulas fue profesor durante más de cincuenta años y ha ido dejando en las estanterías más de treinta libros, algunos tan conocidos como La ansiedad de la influencia, Mapa de las lecturas erróneasEl canon occidental, Cómo leer y por quéShakespeare y Poemas y poetas.
   Leí fascinado Anatomía de la influencia, un compendio de ensayos críticos en los que se resume el pensamiento del ensayista ante la creación literaria a través de más de treinta autores, casi la mitad de los mismos de lengua inglesa. En él plantea la cuestión central que vertebra su campo de investigación: la influencia no es sino un conflicto entre creador y precedente que abre un proceso de búsqueda; un poema revisa a otro. El agón o la ansiedad de la influencia se convierte en rasgo central de las relaciones literarias. El nombre de W. Shakespeare, epicentro de todo el canon occidental, es el más citado y el que mejor interioriza la idea de que la literatura surge de la literatura, de un eco transmutado que engendra una voz nueva.
  El crítico contrasta la presencia ineludible de W. Shakespeare con la de W. Withman, figura de singular variedad que deja rastros en D. H. Lawrence, Neruda, Borges o  en voces posteriores como  Stevens, Crane, Ammons, Strand o J. Ashbery. Se establece una disposición cronológica que abarca desde el siglo XVI hasta el ahora pero tal organización es consciente de que el rastreo de la influencia literaria es laberíntico y superpone autores, espacios y tiempos.
  Las obras de Harold Bloom no ofertan lecturas sencillas; la cantidad de referencias literarias y la yuxtaposición de tiempos creadores dificultan la recepción para aquellos que no estén habituados a el inmenso catálogo de autores que deshilvana. Pero todos podemos apreciar el aliento de quien ha hecho de la literatura un modo de vida, la apasionada meditación de un lector heterodoxo, en continuo recorrido de ida y vuelta por los autores clásicos que, de cuando en cuando descansa en cada pausa del camino lee a Shakespeare.
   Ha muerto Harold Bloom y yo quiero dejar en esta entrada unas líneas de gratitud y la estimulante tarea de volver de nuevo a sus libros.

    


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