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miércoles, 11 de febrero de 2026

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

BLAS DE OTERO
(1916, Bilbao-1979, Majadahonda, madrid)

 

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

 
Compromisos y palabras bajo el franquismo
Recordando a Blas de Otero (1979-2009)
Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre (eds)
Renacimiento, Sevilla, 2010
 
   Una cronología, el trigésimo aniversario del fallecimiento de Blas de Otero, proporcionó el motivo para la convocatoria en Granada, entre el 27 y el 29 de enero de 2010, de un foro internacional. En torno al paradigmático poeta coincidieron más de veinte estudiosos de la lírica contemporánea. El volumen Compromisos y palabras bajo el franquismo, editado por Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre, compila las actas del congreso y permite profundizar en el legado intelectual y en los claroscuros biográficos.
   Sabina de la Cruz, compañera sentimental del poeta desde 1971 y albacea testamentaria, aporta el trabajo liminar; centra su intervención en un paréntesis temporal (1943-1944) que coincide con la crisis que condujo a su primer internamiento psiquiátrico, y la penuria económica de posguerra que se convirtió durante años en un mal endémico y colectivo y fomentó la búsqueda de canales alternativos de supervivencia. Como privilegiada conocedora de entresijos coyunturales, nos descubre siete cartas inéditas dirigidas a un amigo cercano, Antonio Elías Martinena.
   La necesidad de integrar el material literario en el discurrir colectivo fue tratada con singular acierto por Jean Paul Sartre en su ensayo ¿Qué es la literatura? Aquel texto de 1948 se asentó de inmediato como bibliografía básica sobre la eficacia del valor estético. Fomentó un debate que todavía no ha periclitado y ahora se recupera al abordar la relación contextual de la poesía de Otero. A él se dedica el cuerpo central de Compromisos y palabras bajo el franquismo.
   Lo social como clave temática crea escuela, se convierte en elocuente epígrafe, sintetiza un recorrido en la que abren senda Blas de Otero y Gabriel Celaya. Sin embargo, la exigencia ética transciende ese periodo de humanismo utópico y deviene coordenada referencial en el quehacer de las promociones siguientes. El legado reitera vínculos con la Escuela de Barcelona, aquel subgrupo mediosecular que aglutina a Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, también con Ángel González en cuya poesía abundan los ecos sociales, los ingredientes de denuncia y el empleo de una ironía crítica distanciadora.
    Esta filiación languidece en los años setenta, cuando se impone como tendencia dominante el formalismo esteticista, y vuelve a aflorar en el comienzo de los ochenta debido al impulso de “la otra sentimentalidad”. La estela de la poesía cívica no se apaga con Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero, yuxtapone matices y crea enunciaciones que difunden la utilidad ideológica en el cambio de siglo.
   La posguerra, el franquismo consolidado y la postrera etapa de la dictadura fueron estrictos vigilantes de la libertad expresiva. En ese marco agónico los valores oterianos mantienen su vigencia; la escritura preserva su vocación transformadora y se hace portavoz de afanes colectivos. El entramado lírico difunde una actitud crítica ante la realidad circundante y propicia el ensanche de la conciencia individual. Su coherencia y unidad sigue pidiendo al tiempo la paz y la palabra.   
                                          

                                                                                             JOSÉ LUIS MORANTE  

miércoles, 28 de septiembre de 2016

BLAS DE OTERO. EL COMPROMISO EN LA POESÍA

Blas de Otero

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

   Una cronología, el trigésimo aniversario del fallecimiento de Blas de Otero, proporcionó el motivo para la convocatoria en Granada, entre el 27 y el 29 de enero de 2010, de un foro internacional. En torno al paradigmático poeta coincidieron más de veinte estudiosos de la lírica contemporánea. El volumen Compromisos y palabras bajo el franquismo, editado por Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre, compila las actas del congreso y permite profundizar en el legado intelectual y en los claroscuros biográficos.
   Sabina de la Cruz, compañera sentimental del poeta desde 1971 y albacea testamentaria, aporta el trabajo liminar; centra su intervención en un paréntesis temporal (1943-1944) que coincide con la crisis que condujo a su primer internamiento psiquiátrico, y la penuria económica de posguerra que se convirtió durante años en un mal endémico y colectivo y fomentó la búsqueda de canales alternativos de supervivencia. Como privilegiada conocedora de entresijos coyunturales, nos descubre siete cartas inéditas dirigidas a un amigo cercano, Antonio Elías Martinena.
   La necesidad de integrar el material literario en el discurrir colectivo fue tratada con singular acierto por Jean Paul Sartre en su ensayo ¿Qué es la literatura? Aquel texto de 1948 se asentó de inmediato como bibliografía básica sobre la eficacia del valor estético. Fomentó un debate que todavía no ha periclitado y ahora se recupera al abordar la relación contextual de la poesía de Otero. A él se dedica el cuerpo central de Compromisos y palabras bajo el franquismo.
   Lo social como clave temática crea escuela, se convierte en elocuente epígrafe, sintetiza un recorrido en la que abren senda Blas de Otero y Gabriel Celaya. Sin embargo, la exigencia ética transciende ese periodo de humanismo utópico y deviene coordenada referencial en el quehacer de las promociones siguientes. El legado reitera vínculos con la Escuela de Barcelona, aquel subgrupo mediosecular que aglutina a Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, También con Ángel González en cuya poesía abundan los ecos sociales, los ingredientes de denuncia y el empleo de una ironía crítica distanciadora.
    Esta filiación languidece en los años setenta, cuando se impone como tendencia dominante el formalismo esteticista, y vuelve a aflorar en el comienzo de los ochenta debido al impulso de “la otra sentimentalidad”. La estela de la poesía cívica no se apaga con Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero, yuxtapone matices y crea enunciaciones que difunden la utilidad ideológica en el cambio de siglo.
   La posguerra, el franquismo consolidado y la postrera etapa de la dictadura fueron estrictos vigilantes de la libertad expresiva. En ese marco agónico los valores oterianos mantienen su vigencia; la escritura preserva su vocación transformadora y se hace portavoz de afanes colectivos. El entramado lírico difunde una actitud crítica ante la realidad circundante y propicia el ensanche de la conciencia individual. Su coherencia y unidad sigue pidiendo al tiempo la paz y la palabra.   
                                         

   
Compromisos y palabras bajo el franquismo
Recordando a Blas de Otero (1979-2009)
Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre (eds)
Renacimiento, Sevilla, 2010


                                                                                       

jueves, 17 de marzo de 2016

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

Blas de Otero (15 de marzo de 1916, 29 de junio de 1979)

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

Compromisos y palabras bajo el franquismo
Recordando a Blas de Otero (1979-2009)
Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre (eds)
Renacimiento, Sevilla, 2010

   Una cronología, el trigésimo aniversario del fallecimiento de Blas de Otero, proporcionó el motivo para la convocatoria en Granada, entre el 27 y el 29 de enero de 2010, de un foro internacional. En torno al paradigmático poeta coincidieron más de veinte estudiosos de la lírica contemporánea. El volumen Compromisos y palabras bajo el franquismo, editado por Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre, compila las actas del congreso y permite profundizar en el legado intelectual y en los claroscuros biográficos.
   Sabina de la Cruz, compañera sentimental del poeta desde 1971 y albacea testamentaria, aporta el trabajo liminar; centra su intervención en un paréntesis temporal (1943-1944) que coincide con la crisis que condujo a su primer internamiento psiquiátrico, y la penuria económica de posguerra que se convirtió durante años en un mal endémico y colectivo y fomentó la búsqueda de canales alternativos de supervivencia. Como privilegiada conocedora de entresijos coyunturales, nos descubre siete cartas inéditas dirigidas a un amigo cercano, Antonio Elías Martinena.
   La necesidad de integrar el material literario en el discurrir colectivo fue tratada con singular acierto por Jean Paul Sartre en su ensayo ¿Qué es la literatura? Aquel texto de 1948 se asentó de inmediato como bibliografía básica sobre la eficacia del valor estético. Fomentó un debate que todavía no ha periclitado y ahora se recupera al abordar la relación contextual de la poesía de Otero. A él se dedica el cuerpo central de Compromisos y palabras bajo el franquismo.
   Lo social como clave temática crea escuela, se convierte en elocuente epígrafe, sintetiza un recorrido en la que abren senda Blas de Otero y Gabriel Celaya. Sin embargo, la exigencia ética transciende ese periodo de humanismo utópico y deviene coordenada referencial en el quehacer de las promociones siguientes. El legado reitera vínculos con la Escuela de Barcelona, aquel subgrupo mediosecular que aglutina a Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, también con Ángel González en cuya poesía abundan los ecos sociales, los ingredientes de denuncia y el empleo de una ironía crítica distanciadora.
    Esta filiación languidece en los años setenta, cuando se impone como tendencia dominante el formalismo esteticista, y vuelve a aflorar en el comienzo de los ochenta debido al impulso de “la otra sentimentalidad”. La estela de la poesía cívica no se apaga con Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero, yuxtapone matices y crea enunciaciones que difunden la utilidad ideológica en el cambio de siglo.
   La posguerra, el franquismo consolidado y la postrera etapa de la dictadura fueron estrictos vigilantes de la libertad expresiva. En ese marco agónico los valores oterianos mantienen su vigencia; la escritura preserva su vocación transformadora y se hace portavoz de afanes colectivos. El entramado lírico difunde una actitud crítica ante la realidad circundante y propicia el ensanche de la conciencia individual. Su coherencia y unidad sigue pidiendo al tiempo la paz y la palabra.   



                                         

                                                                                           

viernes, 27 de febrero de 2015

PROSEMAS

Prosemas
revista de estudios poéticos
Nº 1, 2014, Oviedo
Directores: 
Araceli Iravedra
Leopoldo Sánchez Torre


PROSEMAS. REVISTA DE ESTUDIOS POÉTICOS

   Con número extraordinario dedicado al inolvidable poeta ovetense Ángel González, nace Prosemas, revista de estudios poéticos. Editada por la Universidad de Oviedo desde la Cátedra Ángel González, la publicación está dirigida por los profesores Leopoldo Sánchez Torre y Araceli Iravedra, y tendrá periodicidad anual. Su objetivo es doble: difundir el legado de una voz cercana y esencial de la generación del medio siglo y poner al día las aproximaciones críticas que aporten otros enfoques sobre el incansable magisterio del autor de Prosemas o menos y Tratado de urbanismo, por citar solo dos títulos referenciales.
   Recordamos que el neologismo “prosemas” es un acierto verbal de Ángel González que eludía cualquier linde definida entre la narratividad de la prosa y el discurso lírico. Aquí se recupera para la puesta en marcha de este homenaje escrito. El aserto prolonga una significativa producción lírica, acogida en la muestra canónica Palabra sobre palabra.  
   Aunque este volumen de presentación muestra un sumario plural en el que se integran estudiosos como María Payeras, Marta Ferrari, Claude Le Bigot, Laura Scarano, Miguel Ángel García o Luis Baqué Quílez, las próximas entregas cederán espacio a colaboradores que aborden aspectos parciales de la estela de Ángel González y sus coetáneos, y mantendrán actualizada la bibliografía.
   No voy a desgranar aquí los contenidos aportados en esta salida. Prefiero recordar algunos datos básicos del periplo creador. Su quehacer comienza en 1956 con Áspero mundo. Aquella carta epifánica abría los ojos un contexto sombrío. Tras el advenimiento de la Dictadura y los años de la autarquía, el país se encerraba en un rincón sin luz, autosuficiente y bipolar. El país dejaba un suelo abierto entre vencedores y vencidos.  El poeta, por su historia familiar, y por sus convicciones pertenecía a los vencidos, como los solidarios compañeros generacionales. Optaron por buscar el compromiso verbal con un tiempo histórico a través de distintos procedimientos narrativos y diferentes posturas personales. Son cuestiones conocidas que crean el enfoque esencial de la sólida obra del asturiano. Tras la eclosióna de la democracia amanecía otro tiempo distinto y disfrutó en las dos orillas oceánicas del reconocimiento general mientras se iban reeditando sus libros. Consiguió premios y fue miembro electo de la Real Academia. 
   Sencilla en su presentación y con un formato de libro para facilitar el uso didáctico en el ámbito universitario, la revista de estudios poéticos Prosemas es una brillante iniciativa que da nuevo impulso a una identidad literaria siempre visible y protagonista: Ángel González.


 

miércoles, 1 de agosto de 2012

VÍCTOR BOTAS. LÍNEAS MAESTRAS.


Poesía completa
Víctor Botas
Edición y prólogo de José Luis García Martín
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2012

  Lejos del núcleo generador de la etiqueta “novísimos”, la obra poética de Víctor Botas (Oviedo, 1945-1994) comienza trayecto a finales de los años setenta, en el titubeante clima de la transición, y cristaliza con fuerza en la geografía plural de la década siguiente gracias a su calidad literaria, al empuje afectivo de Paulina Cervero y al empeño de críticos como José Luis García Martín, su amigo y primer valedor.
  La iniciativa de La Isla de Siltolá asienta de nuevo en el escaparate un volumen de impecable aspecto formal, con desnuda cubierta minimalista, y recupera una voz que ya es patrimonio de un amplio colectivo de compañeros de viaje, en la que han profundizado los ensayos breves coordinados por José Luna Borge y Leopoldo Sánchez Torre y que se recopiló en antologías como Historias con historia (Antología poética 1979-1994), firmada por Luis Bagué Quílez.
   En la introducción, José Luis García Martín enumera los múltiples enlaces con el poeta y la obra y los rasgos más señalados de esta escritura: tradición grecolatina, admiración por Borges, coloquialismo, humor, crítica social, autobiografía velada que proyecta las vivencias concretas de una identidad que es al mismo tiempo autor y personaje…Desde su carta inicial, Las cosas que me acechan, hasta la entrega póstuma, Las rosas de Babilonia, Botas mantiene una nítida personalidad que se enriquece con nuevos matices en el acontecer temporal en torno a unos cuantos temas: el amor, la historia, la visión satírica de determinados comportamientos sociales y la ineludible presencia de la muerte. Estos argumentos concretan la mayor parte de una producción que alcanza sus momentos cimeros en los libros Historia antigua y Retórica, y coincido en esta valoración con García Martín quien, en nota a la edición, clarifica que todos los textos reunidos son aquellos que el autor dio por válidos, sin añadidos de apuntes malogrados. Para el conocimiento de afinidades, mimetismos e influencias es muy orientativa la lectura de Segunda mano, un muestrario de traducciones y recreaciones de textos ajenos. En este rescate de la memoria hallamos una característica común: el traductor consigue confundir el tiempo de escritura y someterlo a la onda expansiva del presente. Los nuevos poemas desbordan naturalidad y verismo y desacralizan magisterios. De de los estantes regresan Catulo, Petronio, Marcial, Li-Po, y entablan un diálogo cercano con Kavafis o Fernando Pessoa, como si en cualquier época se reformularan los mismos temas con sensibilidad pareja.
  En el volumen Poesía completa encontramos la aportación definitiva de un poeta que apareció tarde en el vedado territorio de las antologías de época, pero que acabó convirtiéndose en una voz referencial, en una forma característica de entender el poema, mantenida hasta su mutis definitivo.     






























jueves, 19 de abril de 2012

FERNANDO BELTRÁN. MEMORIA PERSONAL

  Donde nadie me llama
Fernando Beltrán
Hiperión, Madrid, 2011

    Desde sus inicios, la memoria existencial es una constante en la poesía de Fernando Beltrán, cuyas estaciones poéticas se compilan ahora en Donde nadie me llama. Treinta años dan para mucho, como sugiere la excelente introducción de Leopoldo Sánchez Torre, el crítico que más certeramente ha estudiado a Beltrán, aunque no faltan otros sondeos clarificadores, como los firmados por Araceli Iravedra y Luis Bagué Quílez.
   Entre el sensismo y la poesía entrometida, dos etiquetas que ya forman parte de la historiografía crítica contemporánea, podemos percibir una mutación significativa. El inicio, Aquelarre en Madrid, nos deja una poesía cuajada de imágenes, hecha de poemas de cierta extensión, con versos de asociaciones alógicas; un modo de escritura alucinado y visionario, que subraya la intuición y la capacidad de inventiva pero que oscurece los significados. Poco a poco, con títulos de transición como Ojos de agua y Gran Vía, la voz alcanza el tono singular del poeta entrometido; el sujeto verbal adquiere el perfil de un hombre de la calle.  En los sucesivos momentos escriturales se preservan los vínculos entre lo acontecido y el pulso de la tinta; existencia y lírica caminan en la misma dirección. Además, el autor cree en la utilidad terapéutica del verso; de ahí la necesidad de que la escritura sea “más humana, impura y desganada”, capaz de cimentar el vivir cotidiano desde una posición interrogativa; introspección no es ensimismamiento sino la certeza de que la otredad tiene un sentir mimético y un mismo afán por construir un contexto plausible. Si las entregas aurorales  inciden en la temática urbana y en la  polivalente relación entre sujeto y entorno, una contingencia histórica – el estallido de la Guerra del Golfo el 17 de enero de 1991- condiciona El Gallo de Bagdad, autodefinido como un conjunto de poemas de urgencia, ecos de un portavoz que registra al detalle el avance de la desolación; el lirismo se mitiga al filo del prosaísmo y deviene interrogación que descifra la agonía.  Toda escritura es una suma de obsesiones. Una y otra vez se dan vueltas alrededor de unos cuantos conceptos, alumbrando un discurso circular. El amor tiene un profuso tratamiento en la obra de Fernando Beltrán; este discurso amoroso ensarta variaciones, es siempre un relato inconcluso que deja en el sujeto verbal una provechosa lectura.  Muchos lectores suscribirían sin asomo de dudas que La semana fantástica es la entrega cimera. En cualquier caso, es el libro más popular del autor, el que acumula más poemas antológicos. En varios textos asistimos a una indagación extrema sobre los precipicios de la historia reciente. Hay toma de postura y sentido crítico; las aguas transparentes del bienestar y del progreso arrastran una funesta cantidad de limo.  Libro de madurez, El corazón no muere toma el título de un verso de Czeslav Milosz y se constituye como un poemario sobre la muerte, última palabra que pronuncia el tiempo. Sirve de coda la sección “Poemas rebeldes” una muestra de composiciones desgajadas que no hallaron sitio en conjuntos poemáticos o vieron la luz al toque de revistas o antologías; son textos que concilian diversidad y autonomía pero que no difieren del pulso que define al autor.   Fiel a sí mismo y a su particular visión del hecho literario, el patrón creativo de Fernando Beltrán –ya se ha dicho- constata una sensibilidad marcada por la empatía con lo cotidiano; el sujeto verbal  refleja un posicionamiento de la voluntad ante el  entorno propio; habita un lugar con sentido de pertenencia, acumula detalles, observa, registra, denuncia desajustes, se emociona y casi nada le pasa desapercibido porque sabe que la verdadera condición del yo tiene en el otro su punto de partida.