jueves, 7 de noviembre de 2019

PUNTO CIEGO

Interruptor
Fotografía
de
Internet
PUNTO CIEGO

 Metódico en la queja, como el espasmo de una brisa fría, recorrió los años explicándose a si mismo que aquella lámpara, cobijada entre telarañas y polvo, se había fundido.
  Era el cuarto al completo un punto ciego. Ninguna inteligencia práctica pulsó nunca el interruptor.

(De Cuentos diminutos)  


miércoles, 6 de noviembre de 2019

JOHN KINSELLA. EL SILO. Una sinfonía pastoral

El silo
Una sinfonía pastoral
John Kinsella
Traducción de
Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Garúa/ Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2019

SINFONÍA PASTORAL

   El quehacer editorial de La Garúa en su nueva singladura abre ruta a otros ámbitos literarios. Muy grata sorpresa resulta descubrir en su catálogo de novedades El silo. Una sinfonía pastoral, el más conocido poemario de John Kinsella (Perth, Australia, 1963). La entrega despertó una notoria afinidad crítica, como hito central en su actividad creativa, cuando se publicó en 1995. Hay un dato más que avala la calidad del escritor australiano; fue el desaparecido crítico Harold Bloom quien seleccionó y escribió la introducción del periodo poético de amanecida de John Kinsella en el volumen Peripheral Ligt (2004).
  Al leer el subtítulo, resulta inevitable el eco de la Sinfonía Pastoral de Beethoven, esa obra de sensaciones que acumula recuerdos de la estancia en el campo y que hace de la naturaleza una llanura de libertad expandida. También provoca una vinculación consciente con lo rural el sustantivo desnudo del título; el silo define el almacén de grano donde duerme la cosecha tras el ciclo estacional de la recogida.

  Nos hallamos ante un poemario de regreso al entorno afanoso del terruño y esa percepción cuaja en un estilo descriptivo, casi enfocado a la objetividad de la crónica. El epígrafe del primer apartado “Sobre el arribo a una casa desierta en lo profundo del campo” materializa el umbral a una forma de vida marcada por la soledad y la quietud, donde la contemplación convierte al sujeto en un receptor de los sentidos. El poema retiene lo observado, se hace refugio de elementos e imágenes que provocan espacios reflexivos y estados de ánimo. Como quien cierra los ojos para focalizar mejor las imágenes, los versos reescriben los rasgos del paisaje.
   El relieve campestre visualiza en el segundo apartado los ojos de la muerte como un contrapunto de los ciclos de labor. En el conjunto “De por qué talaron los últimos árboles a orillas del arroyo” son abundantes los ejemplos de fragilidad y finitud. Loros, conejos, serpientes, alimañas o árboles suman el tiempo crepuscular que hace de la existencia una estación final. Hay poemas que simbolizan los quiebros existenciales y adquieren un fuerte contenido simbólico. De ese nutriente nacen las composiciones enlazadas que evocan la niñez como etapa de asombro y la apertura de una mirada, primero fascinada por la caza y después avocada a sellar el cañón de la escopeta y a dejar el arma dormido en un rincón. Toda pulsión es también poda, como esos árboles crecidos en medio del prado que un día se cortan para dejar sitio a los pastizales.
   Si el renglón figurativo de John Kinsella nunca pierde su voz testimonial, resalta también en su trazado la fuerza de las imágenes; el preciso laconismo de la desnudez para dibujar cuadros visuales: “A pesar de su linfática naturaleza / la niebla aparece de súbito y extiende / su mortaja recia sobre la granja”. Desde esa opacidad llega la vida y los continuos incidentes domésticos, esas mínimas incisiones en el silencio del día, como el vuelo de una bandada de pinzones, que marca la azarosa navegación del tiempo.
   Siempre resulta llamativo en el poemario el afán didáctico de las titulaciones. En el tercer apartado, casi asoma un punto de ironía en el epígrafe del conjunto: “Beber en la cantina de un hotel campestre”. Todo el conjunto mantiene una sensibilidad celebratoria. Así se hace evidente en el tríptico inicial “de parranda”, donde las labores de esquileo concluyen ante la espuma rebosante de las cervezas. es una manera de sentir que la tierra respira mientras traza su propio periplo de barbecho, semilla, plenitud y cosecha.          
   El velado de lo biográfico concreto permite al poeta sincronizar con la voz colectiva. Los poemas dejan sitio a las facetas plurales de lo cotidiano, como si fuesen cuadros habitados por lo múltiple. En El silo se yuxtaponen escenas que protagonizan personajes secundarios que alzan el muro de lo social. En ellos conviven cazadores, esquiladores, moteros, jóvenes que rebuscan envases entre la chatarra o esas presencias femeninas que tienen una insólita fortaleza masculina.
   Anarquista, vegano, pacifista y practicante asiduo del ecologismo, John Kinsella  hace de su ideario poético una lente que acerca al medio ambiente, que despoja a las composiciones de aderezo culturalista, que busca difundir argumentos donde se oye el latido de una forma de vida que ya pide el regreso 

   

martes, 5 de noviembre de 2019

VIDA LABORAL

Campo de otoño
(Sierra de Gredos, Navadijos, 2019)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

VIDA LABORAL 



Esos amigos que parecen puzzles en los que no encaja ninguna pieza.

Un anclaje en el agua.

Queda la versión íntegra de su historia personal. Nada con un fondo gris.

Solidaridad de papelera, que deja sitio de inmediato a todo lo que sobra.

El topo defiende la semejanza cromática.

Solo percibe las palabras propias. Las voces ajenas son ruidos abruptos.

Me dedicó en seis meses tres adjetivos, dos adverbios y cuatro preposiciones. Un despilfarro austero.

(Aforismos de otoño)



lunes, 4 de noviembre de 2019

JOAN MARGARIT. VIVIR LA HERIDA

Joan Margarit
Imagen
 de
El Mundo/ Cultura


 VIVIR LA HERIDA

El tiempo para amar
es el del paso de las estaciones

JOAN MARGARIT         

   Nacido en Sanaüja en 1938, en la comarca de la Segarra, en Lleida, Joan Margarit compila en  El primer frío el corpus poético de amanecida. Abarca tres décadas de un proceso creativo sometido a continua revisión. El inicio rescata la poesía entre 1975 y 1995; pero las variables respecto a la edición original  son tan numerosas que sugieren una explicación detallada. La voluntad de hacer poemas despierta en Tenerife, donde la familia se había instalado en 1954, inaugurando una etapa cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura, aunque el deseo de protagonizar un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse al quehacer editorial. Sin embargo, no se cumplen sus inquietudes y vuelve a la universidad donde concluye la carrera de Arquitectura en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
 El camino arranca en Crónica, libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas, con lo que la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Después de cinco años el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en presencia relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio.
  Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” figura en esta entrega en una composición que tiene como hilo argumental un debate entre arte y vida que es, en último término, uno de los ejes orbitales. Bajo el supuesto estético de que el poema debe modelar un interior habitable, hay una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético. La palabra da fe de lo vivido; el pasado es sustrato para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
  La escritura, como cualquier cosmovisión singular, cimenta un conjunto de obsesiones que se expanden mediante variables; recurre a la clarividencia del matiz. En la exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales: Raquel, Joana, Tío Luis…Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre del envejecimiento pero que ha proporcionado al yo un asidero. Joana – la hija minusválida- es, en su fragilidad y en su condición vulnerable, el detonante de un aprendizaje que no concluye ni siquiera con su desaparición; connota el invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida, la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la grisura  de la posguerra es la figura en la que lo ideal encuentra sitio, cuando el proceso de resignación y la renuncia a la utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis es la  ética que se resiste a claudicar.  En los poemarios reunidos hay una confluencia de contenidos; se repiten temas: la indagación en los aspectos biográficos y las travesías de la memoria, las sombras de espacios interiores como el vacío, las pérdidas o el cansancio, la música, el mar, los viajes, o la ciudad. Dentro de cada motivo lo simbólico sale reforzado. La música se asocia con frecuencia a un tipo concreto de melodía: el jazz, la individualidad de sus intérpretes, el marco peculiar de las veladas en el que era posible hallar un  refugio a trasmano de la inercia diaria. Lo mismo sucede con la ciudad aunque es Barcelona –son frecuentes las localizaciones populares- el espacio urbano es sobre todo la descripción de estados anímicos asociados al transitar diario. Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y que propende a lo narrativo con una cuidada secuenciación rítmica en la que no hay cambios bruscos.
   El primer frío nos da la versión definitiva de un discurso poético que busca su razón de ser en  dejar trazos de una identidad articulada en días sin retorno. La fugacidad, esa sencilla estela que precede al olvido y anticipa la despedida general, habrá permanecido inalterable. Recostada en el papel, la palabra expresa un instante concreto que convierte al poema en una huella.
   En su etapa de madurez el mapa creador se ha ido poblando de estaciones  poéticas de visita obligatoria: este tramo actual arranca con Joana, que constituye por su temática y objetivación del dolor un hito central; un eje de simetría. Con él, la sensibilidad lírica del escritor consiguió en 2008 el Premio Nacional de Poesía y provocó un magisterio activo, con amplios efectos en las voces emergentes que deben renovar el discurso lírico en catalán y en castellano. Tras No era lluny ni difícil / (No estaba lejos, no era difícil) se presenta ahora en la misma colección  y en formato bilingüe Amar es dónde, una salida cuya voz asume de inmediato la visión crepuscular; vuelve los ojos hacia el páramo de los días idos. Esta reflexión sobre el ser transitorio de la conciencia y la terquedad del tiempo no desgrana sensaciones quejosas o frustrantes; es sabido que la buena poesía considera la queja una cuestión inútil porque da al sufrimiento una densidad matérica que contamina el epitelio vital de gravedad y desasosiego. La experiencia depara un aprendizaje cognitivo que fortalece y redacta un didáctico manual de supervivencia, un ideario escrito con la tinta clara de la lucidez. En su arquitectura de la memoria, cada estar aprende a construir andamiajes y forjados, busca una protección segura que entibie frente al cielo raso: “Pero la vida son también andamios, / humildes esqueletos hacia arriba”.
   El acontecer define la razón de ser de la palabra poética: “la inspiración proviene de la propia vida”, escribe Joan Margarit; los trabajos y días del sujeto y sus caminos interiores son el más fértil sustrato argumental. La observación directa de lo contingente concede a los versos un significado testimonial, un aire limpio de certeza y verdad. Comprender es entender. Este perfil de la escritura daría pie a una cuestión crítica sobre la que se vuelve con frecuencia sobre la identidad real del hablante lírico. Quien habita en los poemas tiene claras afinidades con el yo biográfico. Esta certeza da pie a considerar al protagonista verbal como un yo desdoblado, como un certero reflejo especular. De ahí la fuerza expresiva y emocional que transmite, esa cadencia cómplice que origina un estado de recepción que libera al lector de cualquier intemperie. Pasó el tiempo de las ilusiones para tomar asiento en el ámbito sosegado de las certidumbres, donde la soledad es un estado natural que apacigua carencias: “Ahora que sé que es seca y áspera, / la vida me resulta más amable. / La burla fue romántica: creer / que todo lo podía soportar / el entusiasmo de una convicción. / En lo alto de una roca queda un cielo poético / que mira de reojo. Nunca me ha protegido. / He sido un iluso, pero no soy un cobarde. / Soñar me ha obligado a aprender / a leer y escribir en las tinieblas. “
   El libro Amar es dónde aglutina más de cuarenta poemas, casi todos muy cortos y escritos con el lenguaje lúcido y directo de la primera persona. El aserto que da nombre a esta entrega proviene de la composición de apertura. En este poema homónimo el amor se define como una geografía atemporal que unifica el ayer y el ahora en una cronología suprarreal. Así lo definen incisivos los versos de cierre: “Amar es un lugar. / Perdura en lo más hondo: es de dónde venimos. / Y también el lugar donde queda la vida. “
   El pasado aparece como calendario habitual de la puesta en escena. Desde el ahora se vislumbra una lejanía repleta de señales cuyo reflejo perdura y llena de luz el cuarto oscuro de la memoria, aunque también el ayer se desvanece, es una estela escrita en el agua empeñada en dar voz a una etapa de plenitud arcádica: a distancia nunca se distinguen las grietas y desconchones; solo se percibe un paréntesis que fue completando el patrimonio afectivo del ser concreto y del yo como parte de un legado comunitario que a todos exige defensa y compromiso. Para el poeta la lengua propia, la que hablaron los padres y los abuelos, es el símbolo máximo de una identidad colectiva. Y eso propicia un tono crítico y defensivo frente a los que quisieron apagarla, como si ese gesto de mutilación cultural fuese un saqueo inadmisible que incluía la humillación de un país devastado.
   Esta recuperación de sensaciones e imágenes hace evidente la pérdida, ese rastro de ausencias que integra a los que no están y acoge en sus manos cambios y  mutaciones. El poema “Barcelona” deja una imagen del corazón urbano hecha banalidad y apariencia, como si el tejido de la historia fuera un simple despojo que no merece la pena consignar. Los espacios vividos ya no están en su sitio; han sufrido un doloroso desplazamiento tangencial: “Pero, en Montjuic, tengo dos hijas, / y ahora me ofende un gentío extraño / que se ciega en la fiesta innecesaria / de gélidos hoteles, de superfluos / escaparates. Suele, en los refugios, / hacer más frío que en ninguna parte, / desolada ciudad que haces de puta”.
   Joan Margarit ha creado en sus libros un  sujeto esclarecedor y sugerente, íntimo y confidencial que tiene confianza en la respiración pausada de las palabras y nos muestra las páginas escritas de una libreta abierta.  Así sucede en su poemario Un asombroso invierno (Visor, 2017). Su aporte es directo y no precisa ninguna retórica ampulosa para ofrecernos una visión introspectiva de la temporalidad del ser y de la continua opacidad de lo cotidiano. Nada es aleatorio; no hay más que un largo viaje que lleva desde el niño a la vejez y este principio lógico sirve para amar el dudoso acontecer que nos arropa, esa verdad dura y sencilla.
   En la edificación verbal de este largo itinerario en el tiempo resuena perdurable la voz clara de un poeta central. Joan Margarit escribe poesía necesaria porque es su única forma de vivir la herida existencial, de poner frente a la sombra indescifrable que moldean las manos del tiempo la luz humilde de una casa encendida, la última casa de misericordia.


                                                

domingo, 3 de noviembre de 2019

EJERCICIOS SOBRE EL TRAPECIO

Suelo firme

EJERCICIOS SOBRE EL TRAPECIO

Es más fácil caminar juntos en el silencio
que en la oscuridad

GREGORIO LURI

. Nací en un lugar minúsculo. Es tan reducido que multiplico viajes a larga distancia, para que crezca mientras tanto.

. Para el funambulista el suelo firme es un accidente.

. Se multiplican los espectadores que miran de espaldas.

. Su preventiva timidez oculta a los demás su opción sexual. pero se delata en cada abrazo.

.  No encuentra terapias para curar una ternura afónica.

(Aforismos inéditos)





sábado, 2 de noviembre de 2019

ATARDECER EN RIVAS

Atardecer en Rivas
Autor desconocido
(Archivos de internet)



A baja altura
el cielo carmesí
sostiene vuelos.

                                  (Inédito)


viernes, 1 de noviembre de 2019

A PUNTO DE VER

A punto de ver
José Luis Morante
Prólogo de Susana Benet
Editorial Polibea, 
Colección El Levitador

Madrid, 2019


DESDE EL HAIKU



   La parquedad expresiva del haiku encontró sitio en mis cuadernos Pateras (Santander, 2006), editado por Ultramar con ilustración de cubierta de Emilio González Sainz, y en Nubes (Málaga, 2013),  integrado en la colección Corona del Sur del editor Francisco Peralto. Ambos quedan como anticipos del libro A punto de ver (Polibea, 2019) que vuelve a utilizar de forma monocorde el esquema versal del haiku para recoger cien textos escritos entre 2015 y los primeros meses de 2019; son fruto, por tanto de casi un lustro de escritura.
   En el misterio del haiku anida la idea de la existencia como viaje y camino iniciático. Una manera de palpar la esencia de ese deambular es la imagen. En ella cristaliza una visión fugaz que, sin embargo, permanece en el tiempo como un indicio depurado de la contingencia. Ese es el carácter que tienen las fotografías de Javier Cabañero Valencia y por eso me acompañan en A punto de ver. La foto de cubierta está hecha en el laberinto de Toris rojos en el templo de Fushimi Inari, en Kyoto. Es del verano del 2014. Su color y armonía sugiere la eternidad momentánea de la contemplación; pero también la posibilidad de adentrarse en la distancia. La foto en la que está Irene de espaldas, está hecha en Junio de 2016. Fue durante nuestra luna de miel en Australia. Concretamente en Cape Tribulation, en el Estado de Queensland al noreste del continente. Te pongo una traducción rápida de por qué se llama el "cabo de las tribulaciones". Perdona que la puntuación no sea muy allá, pero está copiada y pegada. Cape Tribulation fue nombrado por el navegante británico teniente James Cook el 10 de junio de 1770 (fecha de registro) después de que su barco se dirigiera a los arrecifes al noreste del cabo mientras navegaban cerca de él, a las 6 pm. Cook se alejó de la costa hacia aguas más profundas, pero a las 10.30 p.m., el barco encalló, en lo que ahora se llama Endeavour Reef. La nave se atascó rápido y gravemente dañada, y se necesitaron medidas desesperadas para evitar que se hundiera y que volviera a flote al día siguiente. Cook grabó "... el punto norte fue nombrado Cape Tribulation porque aquí comenzaron todos nuestros problemas".La tercera foto, la del que se ve un prismático y creo recordar que una especie de mástil con banderas, está hecha en el muelle de Sopot, cerca de la ciudad polaca de Gdansk, a orillas del mar Báltico. Fue hecha en agosto del 2017.No creo que haya algo de Polonia que no sepas, así que... Aparece como cubierta de la publicación una fotografía de Javier Cabañero Valencia………….
   El trabajo personal está precedido por un liminar de la poeta y antóloga Susana Benet, uno de las voces más representivas del haiku español contemporáneo, como refleja su libro La enredadera, edición completa de sus haikus publicada por la editorial sevillana renacimiento en 2015. Estas páginas introductorias muestran un enfoque diferenciado. Susana Benet describe con emotiva objetividad los matices del haiku clásico: en la creación literaria japonesa la agudeza expresiva de los tres versos tiene en su esencia un carácter estacional, depurado, próximo a la intuición en su contacto con lo real. No le interesan las circunstancias concretas del ser biográfico. Su percepción opta por la imaginación incontaminada donde los ciclos estacionales son estampas que permanecen en la conciencia.
  El núcleo mínimo del haiku adquiere en los poemas de A punto de ver un encuadre más subjetivo y conceptual. Adquiere así una textura profundamente humana, que muestra un momento de iluminación del pensamiento. Aún entendiendo que la experiencia germinal del haiku está en lo concreto, las palabras del haiku crean y recrean la voz de la conciencia que descarga en el esquema versal su ánimo, los contraluces de su realidad interior.  Busco coordenadas de simetría; se trata de ser subjetivo sin dejar de ser objetivo.
   Prestigiada por la tradición, la ventana formal compone un marco de diecisiete sílabas con la distancia justa del 5,7,5 que he respetado al máximo; pero he añadido al trébol verbal un título, como si así la secuencia adquiriese un cerrado desarrollo argumental. Busco en los títulos más el indicio que el enunciado explícito.
   El sentido constructivo del haiku responde a un pensamiento poético, a través del cual el texto adquiere un refuerzo progresivo de su significado. Es afán se percibe en las anotaciones aforísticas integradas como coda del volumen. La convivencia textual mantiene una fuerza cohesiva entre el haiku y el aforismo como esquejes complementarios del decir breve. Concluyo con la esperanza de que la parquedad expresiva no cierre el taller literario y muestre su frescura mental ante el lector. Como intuyera la pupila estética de Juan Ramón Jiménez: “No lo toques ya más / que así es el haiku”