lunes, 8 de junio de 2020

QUIETUD EN EL CHARCO

Hueco
Fotografía
de
Luisonrh-WordPress.com


REFLEJOS

El agua quieta;
cuando miro sus bordes,
se me parece.





domingo, 7 de junio de 2020

BORRADURAS

Manchas de sombra
Archivo
de
Pinterest


BORRADURAS

Yo te hablo con naturalidad,
como se le habla a un árbol  o un arroyo.

BASILIO SÁNCHEZ


Las biografías están llenas de borraduras afectivas; suelen disimularse con tinta invisible, pero el olor persiste.


Cuando hablan de inteligencia artificial, imagino una prótesis en el cerebro, un injerto de materia muerta.


Colecciono cuadernos blancos, esos países imaginarios de literatura potencial.


En los itinerarios del ecosistema digital, cuántas especies sin taxonomía conocida.


El sueño está lleno de soluciones inviables. Cometas exentas de la ley de gravedad. 


Los trajes de supervivientes tienen talla única.


Hay propósitos que cuando logran ponerse en pie ya padecen lumbalgia.

(Aforismos a solas)



viernes, 5 de junio de 2020

JAVIER LOSTALÉ. LA LUZ DE LO PERDIDO

La luz de lo perdido
(Antología poética 1976-2020)
Javier Lostalé
Edición, prólogo y entrevista de Esther Peñas
Chamán Ediciones
Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2020

GOTAS DE LUZ


  El pulso literario de Javier Lostalé (Madrid, 1942) ha adquirido una excelente solidez con el paso del tiempo, como se percibe en la repercusión del legado en las nuevas generaciones y en las reediciones de algunos títulos emblemáticos. El recorrido, desde la etapa novísima hasta el esencialismo reflexivo de Cielo y Tiempo en lunación, ha ido experimentando un sosegado despliegue de matices en el modo de descubrir rincones de la existencia y el tacto de una belleza perdurable en sus valores estéticos. De la persistente sensibilidad del poeta y su luminosa vigencia se ocupa el volumen La luz de lo perdido (Antología poética 1976-2020) con prólogo, selección y clarificador diálogo con Javier Lostalé  de la poeta Esther Peñas.
  Desde el contexto biográfico, tan ligado al despertar democrático de un país sumido durante décadas en la ominosa umbría de la dictadura, y a la vocación periodística en radio, todavía activa en algunos programas culturales, Esther Peñas recuerda la inclusión en la muestra Espejo del amor y de la muerte (Antología de poesía española última), coordinada por Antonio Prieto y apoyada con una breve nota introductoria de Vicente Aleixandre. Sería el comienzo de una sostenida relación afectiva con Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena, que poco a poco se irían convirtiendo en las voces emergentes más conocidas del venecianismo madrileño. La carta de presentación literaria, Jimmy, Jimmy (1976) mostraba la influencia fuerte de Aleixandre en la celebración del cuerpo y en el calado surrealista de las imágenes, aunque también evidenciaba la influencia de Luis Cernuda en el velado de lo autobiográfico, solo entrevisto en la conmoción sentimental. Ese alba adquiere continuidad con Figura en el paseo marítimo, donde la dimensión erótica y el paso callado de la soledad alumbran un tiempo de concentrado ensimismamiento. Esther Peñas clarifica la naturaleza del  libro: “Lo insondable, el desconcierto, el enigma, el mar en definitiva actúa de catalizador de una profunda consciencia de la brevedad del amor ante la que el poeta “se inviste de soledad para salvarlo”. El estar a solas también tendría su reflejo en el ritmo de publicación, ya que esta segunda entrega abre un silencio de catorce años. El quehacer retorna con La rosa inclinada un poemario repleto de símbolos que obtiene en 1995 el Premio de Poesía Juan de Baños y se edita en Rialp. En sus esquinas se convierten en vértices semánticos la rosa, el tiempo, la soledad, la belleza, la luz, esos espacios conceptuales que tanto perduran en la travesía lírica de Lostalé y que acentúan sus coordenadas existenciales en Hondo es el resplandor, a mi entender una de las salidas esenciales del poeta por la intensidad expresiva.
    En el comienzo de siglo, Javier Lostalé hace balance y aglutina sus libros en 2003 con el título La rosa inclinada que añade al corpus completo el inédito La estación azul, conjunto de teselas en prosa anticipadas en el diario ABC. Tras esa compilación, fluyen de forma pausada otras salidas como Tormenta transparente y El pulso de las nubes. Además el perfil literario añade trazos nuevos, como antólogo de poetas jóvenes andaluces en Edad presente. Poesía cordobesa para el siglo XXI, y como animador cultural del siempre maltrecho paisaje de la lectura con Quien lee vive más, título que adquiere la contundencia de un lema publicitario. La reivindicación del encuentro con el libro busca la claridad gozosa del conocimiento, esa propuesta de la palabra  hecha refugio y búsqueda.   
  Javier Lostalé entiende la escritura como un árbol de luz, capaz de transcender la realidad con un ramaje onírico. Escribir es un acto de vida, un empeño de indagación en la transcendencia. La palabra poética avanza hacia el viaje interior, tantea esas claves de profundidad que iluminan la condición de ser. El poema, como sucede en la obra de Rilke, magisterio esencial en el poeta madrileño, adquiere una filiación metafísica, una dimensión etérea que alumbra con la fuerza de la revelación. Con la nitidez de la evidencia que perdura en el tiempo.


                                                                  José Luis Morante


jueves, 4 de junio de 2020

EN FAMILIA


Desolación
Archivo
de internet

EN FAMILIA

   En casa no nos gusta incomodar a nadie, señor comisario. Las cosas son como son. No hay más indicios, pero todos buscábamos algo. Mi madre buscó siempre el sosiego en la farmacia; mi padre, en la mudez de un cigarrillo, convencido de que el cansancio y el frío están en las palabras, pero son otra cosa; mi hermana, cuando niña, en el reclinatorio de la ermita y, después, en la esquina más rentable del polígono sur. Yo, que no busqué nada, encontré un libro y en él sigo.
  Vivimos juntos el abuso feliz de sentirse en familia. Repare usted, señor comisario, que en nuestra casa los sueños nunca dieron ningún paso. 

(Del libro Cuentos diminutos)


miércoles, 3 de junio de 2020

PUZZLES Y AFECTOS

Piezas
Archivo
de imágenes
de internet



PUZZLES Y AFECTOS


Un sueño es la mitad de una realidad

JOSEPH JOUBERT

Ese puzzle sin completar, autosuficiente y esclarecedor, que se empeña en la forja de nuevos afectos.


Capacidad intacta para percibir los invisibles movimientos de la inteligencia.


Bricolaje. esa ocupación mañosa del azar diario.


Solvente y plena, la realidad es simultánea al texto.


Ciudades y libros comparten la voluntad de ser refugio y las razones para el regreso.


La escueta precisión del aforismo pone al pensamiento en el lugar exacto del puzzle.


Soy un lector disperso; ensayo alternativas para leer el mismo libro.


Perdido en la geografía de tu cuerpo.


El optimista define el caos como una narración abierta.


Quedar al margen somete a un estado de melancolía inconsolable.


Aforismos del encierro


martes, 2 de junio de 2020

ÁNGEL GUINDA. LOS DESLUMBRAMIENTOS / RECAPITULACIONES

Los deslumbramientos
seguido de
Recapitulaciones
Ángel Guinda
Olifante. Ediciones de Poesía
Serie Maior
Zaragoza, 2020


DESLUMBRAMIENTOS Y RECAPITULACIONES


   Al margen de consideraciones más precisas y de la legítima aspiración de cada libro a ser leído con sus claves autónomas, la veteranía poética de Ángel Guinda siempre se me antoja en su configuración como un itinerario de soledad que se encamina hacia el horizonte crepuscular de la atardecida. La conciencia de lo transitorio diluye espejismos; adormece y oculta la posibilidad del registro ideal entre los escenarios tensionales de la realidad.
   A la amplia bibliografía del poeta y aforista aragonés se une ahora un volumen dual que contiene los poemarios Los deslumbramientos y Recapitulaciones, editado de nuevo en Olifante, el sello de Trinidad Ruiz Marcellán, que siempre ha prestado atención preferente al trayecto de Guinda.
   Tras la breve cita de Ezra Pound, Los deslumbramientos pone como pórtico una poética indirecta que llega como un mensaje de afirmación del quehacer; la experiencia vital necesita la cicatriz abierta de la indagación para que aflore la fuerza del onirismo y la necesidad de la búsqueda: “¡No leas humo! / Aunque sea sobre agua escribe fuego”. Así arranca un decir esencial, casi fragmentario, que convierte al poema en una suma de interrogantes sobre el tiempo, la continua erosión de la pérdida o la asunción de una identidad despojada y sencilla que va consumiendo las mutaciones del contexto afectivo y esas mínimas alucinaciones que deja el tiempo entre las manos. El yo verbal cuando se explora en el espejo tiene una fuerte sensación de extravío, confunde itinerarios y viajes, recurre a la memoria, a ese remiso inventario que deja el caminar. Poemas como “El avispero” enuncian un ahora desapacible, como si el espacio interior de la conciencia percibiese –qué hermosa imagen- “un escuadrón de aguijones”. Cobran peso los indicios de la desolación, pero el sujeto asume una actitud fuerte que desdeña la queja: “Vivir es corriente como el curso de un río. / Morir es normal como el cauce”. La última estación se aleja del pasado para afrontar que el futuro “es una gota casi seca”. Poco a poco ascienden las quimeras hacia lo etéreo para asumir el encuentro con lo cotidiano, como si el día fuese un manso gorrión que retorna a buscar las migajas. Es imposible el retorno, lo sucedido ya es material solidificado en el tiempo; no hay posibilidad de mudar sus efectos; es también el refugio de la casa habitable que pone sosiego en la espera., como si lo vivido fuera solo un recuerdo deforme, mientras llama la muerte y el yo poético se refugia cada vez más dentro.
   El título Recapitulaciones sugiere una estrategia más narrativa, capaz de alentar un testimonio que refuerce la conexión con lo vivido. El contenido semántico parece anticipar el recorrido de la experiencia. Se llena de dudas existenciales, conforman una insomne vigilia de interrogantes que fuerzan a la comprensión tardía o que alumbran contornos insatisfechos. El yo desdoblado cataliza también la percepción de que las respuestas nunca están fuera sino en el pensamiento que no deja de fluir como una corriente inasible.
   Desde la aceptación austera de la propia identidad nace un estar estoico y un cultivo de la serenidad. También se recupera esa manera de percibir el mundo en la infancia cuando la realidad se poblaba de onirismos y fantasmagorías, es una manera de recuperar todos los intrusos que llevamos dentro y de conciliar esas etapas vitales que ahora, casi asentado en la última costa cobran otro significado, como si el contexto diario dejara sitio a sensaciones difusas y alucinaciones: “El muerto que llevo vivo pronto saldrá de mí.  / Como saldría el bosque encerrado en un árbol. / Nunca lo más grande debe estar dentro de lo más pequeño. / Lo que llega llega para pasar. / ¡Siempre la luz camina a la ceguera!”. Desde la amanecida al ocaso, el espíritu sabe reconocer en sí mismo al transeúnte nómada que pierde la inocencia para dar voz a la última condición de ser.
   Son muchos los críticos que se han ocupado del vértigo creador de Ángel Guinda. y casi todos coinciden en señalar algunas irradiciones de rebeldía en sus poemas: la continua presencia de la muerte, siempre entrevista con lucidez y entereza, la mirada  interior sin autoengaños, sabiendo que vivir es una travesía en el desierto y esa manera de captar lo esencial, despojando a la mirada exploratoria del brillo falso de la bisutería. Angel Guinda sabe, como ha escrito Agustín Porras, que línea a línea “la poesía nos salva”.  

  
 .    

lunes, 1 de junio de 2020

MUNDO APARTE

Persistencia
Archivo
de
LA. NETWORK


MUNDO APARTE


Estoy aquí, pero me alejo

EDUARDO MOGA


   Con entrega absoluta, fue un incansable aspirante a escritor. Esta vocación totalizadora erosionó el menguado círculo de amigos, hasta diluirlo en una frágil red de hilos rotos, y provocó el temprano divorcio de su esposa, cansada de tanta austeridad laborable. La soledad impuso una tortuosa deriva a su carácter. Aquella convicción caminó hasta el delirio.
  Poco a poco los personajes de sus tramas fueron manteniendo apariciones fugaces. Un día emigraron para siempre. Solo dejaron sobre el altiplano de la página la sombra opaca de lo que no es.
    Cuando vuelve a casa, nadie espera. Salvo su aliento.

(De Cuentos diminutos)