domingo, 9 de julio de 2023

JULIO RAMÓN RIBEYRO. CUENTOS

Cuentos
Julio Ramón Ribeyro
Edición de María Teresa Pérez
Ediciones Cátedra
Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2008 (2ª Edición)


 

            MARGINALIA

 
Siempre he percibido, como lector, una asociación natural entre devenir vital y escritura. Esta situación de entreverados derroteros es particularmente constatable en la autobiografía en la que el tránsito cotidiano se convierte en materia prima de la página en blanco. Conocer el latido del hombre ayuda a entender los paramentos sustentadores del itinerario creador, revela propósitos y rincones poco iluminados y aporta significados entre líneas.
    Julio Ramón Ribeyro nació en Lima en 1929; perteneció a una familia de clase media en fase de declive, en un momento crepuscular que determina una perenne situación de inestabilidad. En 1952, becado para formarse como periodista, viaja a España. Tras una breve estancia en Madrid comienza su peregrinaje por varias capitales europeas, como si fuera un desarraigado al que el medio propio le provoca fobia. Desempeña oficios escasamente compatibles con el trabajo intelectual y prolonga una singular vocación creadora, ejercida en las más precarias condiciones, como si la literatura fuera su forma de conjurar una realidad hostil.  El peruano titula su diario personal La tentación del fracaso. Es  un autorretrato formado por anotaciones que abarcan desde 1950 a 1978, etapa de gran actividad literaria donde escribe  los relatos reunidos más tarde en La palabra del mudo, La juventud en la otra ribera y  Cuentos completos. En esa época además escribe novelas, ensayos, artículos literarios, una colección de aforismos que pone en boca de un heterónimo y varias piezas teatrales. Aunque padeció la soledad del exiliado, la crítica le adscribe a la generación del cincuenta, a la que también pertenecería Mario Vargas Llosa.
   Pero es la narrativa breve el género más celebrado del peruano y desde sus primeras ficciones, Los gallinazos sin plumas, obtuvo un notable éxito popular. Casi todas las piezas comparten esta filosofía expuesta en el diario: “seres imperfectos que viven en un mundo imperfecto”.  Sujetos marginales que deambulan por los barrios más pobres de la ciudad limeña con escasas esperanzas y con un desaliñado instinto de supervivencia en el que queman los últimos cartuchos.
    También comparten estética: frente a los escritores que se prestan a la magia menor del experimento formal, Julio Ramón Ribeyro prefiere una expresión directa, a menudo cuajada de localismos, la exactitud psicológica que evita el empleo de una retórica descriptiva y la condensación dramática que en unos pocos folios resuelve la trama argumental. Radiografía la realidad; pero sus convicciones progresistas no dogmatizan. Cuentos de figurantes menores que afrontan contratiempos sin pretensiones y asumen el fracaso como un largo monólogo. 

                                                                                                                   JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 8 de julio de 2023

PATOLOGÍAS

Naveta dels Tudons
(Menorca, 2023)

 

  PATOLOGÍAS

Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro. 

                    JAIME GIL DE BIEDMA

                                               A Luis García Montero

  Cuando miro, mis ojos  
desfiguran el margen.
Lo dice el oculista
en un informe extenso
que subraya presbicia.
Tengo vista cansada;
necesito cristales convergentes
que aumenten lo minúsculo
y muestren su eficacia si prolongo
la tinta entumecida.
No dejan de brotan
en armonía los colores y formas;
el mundo se renueva,
pero yo lo percibo
confuso y desgastado.
Mis ojos envejecen.

     (De Ninguna parte, 2013)

 


viernes, 7 de julio de 2023

EN EL DESIERTO

Desierto de Jordania


En el desierto
tu corazón conmigo.
Abril de lluvia.

                          (Inédito)



miércoles, 5 de julio de 2023

SILVIA RAMOS. CENIZA Y LUZ

Ceniza y luz
Silvia Ramos
Prólogo de Miguel Ángel Yusta
Editorial Polibea
Colección El Levitador
Madrid, 2023

 

RESTOS EN PIE


  Hay voces que llegan al espacio poético del presente con el paso sosegado de la madurez, cuando la escritura se impone con la contención y el buen sentido de lo necesario. Así sucede con la obra lírica de Silvia Ramos (Huelva, 1972) cuya carta de presentación Poemas de la Medianoche (Libros del Mississippi, 2018) es una amanecida en torno a la condición temporal del sujeto y a ese momento del día que enlaza la claridad del devenir temporal, pleno de realidad, con el umbral de lo nocturno que abre la puerta al sueño y a sus itinerarios oníricos.
  La psicoterapeuta onubense retorna a la poesía con Ceniza y luz (2023) en la excelente colección El Levitador, que coordina el escritor Juan José Martín Ramos. La introducción de Miguel Ángel Yusta recuerda que “la poesía de Silvia Ramos posee una gran fuerza interior en permanente profundización del conocimiento”. Quien abre sus manos al poema elige el epitelio de una sensibilidad lírica para acercarse a la intimidad y percibir la grieta del asombro que nos rodea, la capacidad del sujeto de renacer y convertir su estar diario en epifanía.
  Silvia Ramos abre la senda de Ceniza y luz con la meditación “Silencios”, que elige la prosa poética como estrategia expresiva. El enfoque crepuscular de la composición ubica al ser en un estado de incertidumbre y sombras, lleno de naturalezas muertas, como recuerdos gastados que se desprenden del silencio. Queda el deseo como vigilia que rompe la emplea la voz ensimismada de la introspección para expandir el misterio del cuerpo, esa desnudez que convierte la noche en un incendio.
   La fuerza expresiva del título “Ceniza” que aglutina los poemas del segundo apartado emplea como paratexto una cita de Pablo Neruda que hilvana como hilo argumental la muerte del mundo, convertido en misterioso almacén de cenizas. Los sentidos solo perciben la vastedad del vacío y la identidad del yo poético que se adapta a la textura del entorno; cuando el medio natural es el dolor hay que seguir, convertido en “piel anfibia” y en la silueta gris de algún sueño incumplido.
  La escritora ensaya variantes formales como el haiku encadenado del poema “Muerte”, cuyo cierre retorna al verso libre, o la expresión dubitativa de versos convertidos en reiteradas interrogaciones donde la experiencia personal de un ingreso hospitalario se convierte en motivo que constata la soledad y la ausencia, la experiencia concisa de la pérdida. La ceniza se hace concepto, condensa sensaciones, confunde tiempos, deja esas ascuas calientes de lo que fuera un día.
   La sección “Paisaje” aboga por la necesidad de quien comienza de nuevo con la desnudez precisa de la voluntad. Se acrecienta la poda del poema que advierte de una escritura esencial, mínima, que prefiere el empleo de escuetos recursos expresivos: “Háblale al acantilado del vértigo; / de los días que enmudecen como el paisaje / y van rasgando la voluntad de las noches”. Parecen mínimas las certezas que dan refugio a la identidad: “Siento nostalgia de mi ser / cuando se aleja y pretende olvidarme. / Lo observo levitar, caer lentamente / en un rincón invisible”
   En este caminar hacia dentro del hablante verbal, la paradoja se hace evidente: el tiempo discurre pero la existencia parece inmóvil, como si navegase en el vaivén de un azar invisible que puede cambiar el rumbo en cualquier momento.  Las emociones vagan y se extravían. Mientras el sujeto se pregunta así mismo dónde estará la próxima estación, cuál es el camino que conduce a la última meta: “Me he sentado en un banco a escribir un poema. / Temo llegar con vida a ninguna parte”.
   Silvia Ramos cierra su viaje por el poema con el apartado “Luz”. Igual que un útero paciente que da tiempo y voluntad a la germinación, la bruma emerge desde la densidad de la ceniza para constatar la ontología de ser, el nuevo cauce del recién nacido, un reguero para el manso fluir de las palabras: “Querer apresar la luz / es un fin platónico. / Aspiro a vivir envuelta en fotones, / sentir la plenitud sensorial / y retornar al principio, / cuando aún éramos libres”.  
   Ceniza y luz propone una nítida indagación en la que el sujeto verbal emplea la palabra poética como espacio de reflexión sobre la condición de ser.  Desde esos dos polos, ceniza y luz, que aparentemente proclaman un abismo insalvable, el derrumbe se hace muro para alzar de nuevo un refugio capaz de ensamblar esperanza en el yo fragmentado. Se busca el comienzo como un resplandor que muestra la hospitalidad de la esperanza,  un despertar en plena noche que  hace del sueño amanecida.



JOSÉ LUIS MORANTE







 

martes, 4 de julio de 2023

ACERCA DEL SUEÑO

Hilo de luz
(Cádiz, Tarifa, 2023)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 



ACERCA DEL SUEÑO

                        a mi hija Irene
 
 
I
      
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
 
 
II

          A mi hija Ana
 
Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
 
                                          JOSÉ LUIS MORANTE

lunes, 3 de julio de 2023

MIGAS DE VOZ

Pan tierno
Imagen
de internet


 MIGAS DE VOZ


El insomne acumula ruidos con cautelosa paciencia.

Extremó la prudencia verbal, no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.

Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono, que lo que pensamos oculta lo que somos.

Los actos mezquinos necesitan coartadas grandilocuentes.

El pensamiento comparte los atributos del cristal, esa síntesis entre delicadeza y transparencia.

Necesito la duda, el buceo y la búsqueda; todo se ha dicho con palabras de otros, pero no por mí.

Amasar aforismos, migas de voz.

(Migas de voz, Esquirlas, 2021)







domingo, 2 de julio de 2023

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. EL SUEÑO CUMPLIDO

El sueño cumplido
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquetts Editores
Colección Nuevos Textos Sagrados
Barcelona, 2023

 

 A CIELO ABIERTO

 

   Como complemento casi obligatorio de la práctica poética suele estar presente la necesaria justificación del proceso creativo. Nace así la poética, el espacio de análisis verbal como autogiro del discurso lírico sobre sí mismo. La semilla que genera la metapoesía fuerza una terca inmersión en contenidos y procedimientos. Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) protagoniza en el tiempo un apasionante trayecto que abarca once libros de poesía y más de cuatro décadas de escritura. En tan largo intervalo forja un pensamiento poético personal, asentando distintas formas de concebir el verso. Impulsa una evolución sin rupturas, con la reflexión humanista y la emoción como líneas orbitales del poema: “El escribir poesía es para mí una manera de entender y de considerar la vida, de acercarme a ella y de confundirme con su sustancia: un ser y un estar. Y un destino hermoso como pocos, del que hay que hacerse digno asumiéndolo hasta sus últimas consecuencias” (P. 26). 
   Poco dado al didactismo teórico, Eloy Sánchez Rosillo entiende la meditación autoescritural no como un ejercicio de divagación especulativa sino como una forma de clarificar la experiencia de la poesía con la plenitud del cielo abierto. Así ha preparado el volumen El sueño cumplido donde abre una luminosa veta dialogal compartiendo poéticas, comentarios y entrevistas. La nota preliminar recobra los distintos matices expresivos del trabajo y las contingencias de preparación del libro a partir de una sugerencia amical del poeta gaditano José Mateos. Se trata de reunir no elucubraciones conceptuales sino razonamientos en torno a la práctica de la poesía.  
  Con este enfoque escribió “Garabatos de poética”, una publicación de mayo de 2005 editada con motivo de una conferencia en la Fundación Juan March de Madrid. El cuaderno formaba parte del ciclo Poesía y Poética, con preludio de Antonio Gallego y una selección de poemas. Este plano de alzada sobre la arquitectura lírica aclara que no se trata de un buceo erudito y solemne: “Yo no tengo teorías. Tengo poemas”. Y tal convicción impregna las poéticas que nos ponen en contacto con su conciencia del mundo y del tiempo, o las abundantes entrevistas realizadas con motivo de la publicación de obra nueva.
   En el tramo inicial de El sueño cumplido encontramos también análisis de poemas concretos como “Oda a la alegría”. La mirada del yo impregna la retina con detalles del taller literario y percepciones sobre el trayecto. En el transitar temporal los libros “ensayan una metamorfosis paulatina y profunda”, acorde con el empeño de quien hace del existir un proceso de crecimiento personal y plenitud. Otros poemas analizados que dejan sus vibraciones en los comentarios son “La inspiración, “El amor sucesivo” y “La llamada”. Son enunciados que aspiran a clarificar contingencias concretas e intenciones, propósitos transformados en cauces reflexivos y evocaciones. Con todo, el misterio esencial del poema queda oculto, pertenece a lo inefable, resguardando “su ser proteico e inabarcable”.
   En el apartado “Intermedio poético” conviven poemas que se acercan a la substancia de la poesía, sin ambiciones dialécticas. Los poemas nacen con la empatía digresiva de la contemplación que permite la mirada interior y el conocimiento del mundo como realidad reconocible en su austera verdad. Se suceden composiciones de distintas épocas que reivindican el luminoso balance meditativo y el despliegue de sugerencias que acredita la poesía cuando se ubica frente a sí misma. Los poemas elegidos comparten la preocupación metaliteraria como argumento central y la experiencia lírica como sueño temprano que alcanza en el tiempo un vuelo alto. Con un largo trecho del camino andado, Eloy Sánchez Rosillo puede decir con júbilo: “A estas alturas, nadie –ni yo mismo siquiera- / podría ya quebrar ni desdecir / aquel sueño que tuve cuando era adolescente / y en el que desde entonces ha estado sustentada / por entero mi vida, un sueño que, en el sueño / del existir, razón de ser me ha dado / y hoy es regazo y júbilo.”
  Cierra la entrega el apartado “Algunas entrevistas” donde el autor dialoga con interlocutores de prensa, suplementos culturales y revistas literarias, Las conversaciones transmiten la misma filosofía, una manera de pensar en la que el poeta deja pistas sobre sus núcleos argumentales, su inventario de magisterios y nombres propios de la tradición  y las relaciones directas entre la biografía personal y el sujeto poético, espejo del fluir sosegado de la conciencia y de las cambiantes contingencias del presente. Son conversaciones donde cuajan propósitos y aspiraciones, sendas de inquietud sobre un tiempo hecho memoria viva, donde los poemas nunca renunciaron a los ojos preclaros de los sueños.
   La sección comienza con una entrevista del poeta Ángel Manuel Gómez Espada plena de intimidad y cercanía, en la que ya se desgranan los signos básicos del itinerario de Eloy Sánchez Rosillo: su adscripción generacional a la generación novísima, el tono elegíaco, la emoción como pulsión ecuatorial del poema, la presencia en las antologías principales del fin de siglo, o la elección de un sitio propio sin algaradas ni rutilante vida literaria: se trata de ser tiempo y circunstancia, de vivir el sueño que naciera un día vocacional y fuerte como un empeño que justifica y se mantiene inalterable en el tiempo. Otras conversaciones están firmadas por Javier Rodríguez Marcos, Ana Eire, Eusebio Ruvalcaba, Antonio Fontana, Nuria Azancot, Martín López Vega, José Manuel Mora Fandós o Juan Cruz, entre otros. Todos estos diálogos conjeturales evidencian un ideario sólido, que ha suprimido de raíz, la experimentación gratuita, y que camina hacia un despojamiento austero, que elimina recursos para transmitir lo esencial del poema sin esmaltes.
   Un poeta sin sueños acaba contemplando a diario una realidad sedentaria; un poeta con sueños cumple propósitos, llega lejos y alcanza esa serenidad que consigue la concordancia entre existencia y taller literario. En  El sueño cumplido Eloy Sánchez Rosillo hace balance. Reflexiona sobre su peregrinaje por la poesía, sobre un trayecto abierto al misterio de la vida, hecho elegía y celebración. En él habita el temblor autobiográfico de un tiempo simultáneo donde se enlazan pretérito, presente y porvenir. La suma exacta de la verdad del joven que quiso ser poeta.
 
JOSÉ LUIS MORANTE