Mostrando entradas con la etiqueta Eloy Sánchez Rosillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eloy Sánchez Rosillo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de diciembre de 2025

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. VENIR DESDE TAN LEJOS

Venir desde tan lejos
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores
Colección Nuevos Textos Sagrados
Barcelona, 2025

 

CONDICIÓN DE POETA

 

   Quienes hayan seguido el recorrido poético de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) recordarán que su obra expande una travesía orgánica donde se yuxtaponen, sin estridencia, dos etapas: una primera, definida por la inclinación evocativa y el sentimiento elegíaco, y un segundo momento marcado por el canto y el tono celebratorio. El tramo inicial de escritura abarca las entregas Maneras de estar solo (1978), Páginas de un diario (1981), Elegías (1984), Autorretratos (1989), La vida (1996) y La certeza (2005). Son libros habitados por un protagonista verbal reconocible en sus rasgos y actitudes, próximos a la experiencia biográfica de quien escribe. A cada paso, los contenidos muestran una terca inmersión en el intimismo y en el fluir del pensamiento. En ellos se percibe la variedad de una evolución sin rupturas, donde la reflexión humanista y el epitelio emotivo funcionan como sedimentos orbitales. Así lo reafirma el autor en El sueño cumplido (2023), libro en prosa que recoge sus escritos sobre poética y sus entrevistas, al meditar sobre su condición de poeta: “El escribir poesía es para mí una manera de entender y de considerar la vida, de acercarme a ella y de confundirme con su sustancia: un ser y un estar. Y un destino hermoso como pocos, del que hay que hacerse digno asumiéndolo hasta sus últimas consecuencias”. 
   El segundo momento escritural germina ya en abundantes composiciones de La certeza, que puede considerarse un conjunto de transición. Aglutina los poemarios Oír la luz (2008), Sueño del origen (2011), Antes del nombre (2013), Quién lo diría (2015) y La rama verde (2020). Ahora se hace más evidente la voluntad de canto ante el patrimonio sensorial del discurrir. El viaje temporal de la existencia propicia la felicidad unánime de estar entre las cosas, de ser parte de su fervorosa plenitud y apacible armonía. No hay soledad en la intemperie de quien amanece a diario sino meditación ante el asombro de ser. En la claridad de lo inmediato se palpa una realidad benevolente, ofrecida como regazo y vínculo.
   En los poemas de Venir desde tan lejos (2025) parece abrirse un nuevo ciclo. No predominan la elegía ni el canto, sino una asumida disposición de la conciencia para aceptar el desbocado caminar del tiempo, la certeza de lo transitorio y la apacible consumación. La mirada interior se hace cumplimiento y aceptación, y se refuerza el trasfondo moral. Quien advierte en el espejo los laberintos de su periplo vital asume que el destino ha trazado un largo itinerario de vivencias. Advierte también que el ahora se aproxima, con sosegado andar, al lento atardecer. No hay resentimiento sino acuerdo pleno con el estar de la vida y su condición de andén transitorio. Hay una compenetración sin fisuras entre sujeto y entorno, como si hubiera una exacta correspondencia en el diálogo entre intimismo y territorio contingente.
   El abanico de tramas argumentales recobra algunos motivos recurrentes. Se percibe, por ejemplo en el poema “La herida”, un renacido homenaje al recuerdo paterno y al encuentro temprano con la ausencia y el desamparo, también presente, de forma más explícita, en el poema “Acerca del final”. El tiempo no ha cerrado esa “extraña herida que duele y da consuelo”, pero la sensación de lejanía ha mitigado el dolor y lo ha trasmutado en fortaleza y esperanza, mientras se deshoja la nostalgia, convertida en lección y conocimiento.
    Paso a paso, el sujeto verbal medita sobre la conciencia de ser y las enseñanzas de la edad. El ahora deja al protagonista lírico frente a sí mismo, con las coordenadas situacionales de estar en el centro de todo. La mirada es apropiación de colores y formas; en ella se cobija la claridad de lo vivido, mientras el pensamiento resguarda, como “centro sereno del asombro”, el pulso elemental de la existencia.
   El poeta es un maestro en construir impresiones y maneras de sentir; la observación se transforma en génesis y aglutina dentro las instantáneas exteriores. Quedan a resguardo esas sensaciones pasajeras que concede el transcurso del tiempo. Todo se hace trazo ingrávido y decurso interior, luminosas señales de quien está vivo: “La vida es esto: / tanta quietud moviéndose, / estar sin nadie y conversar con todo”.
   Eloy Sánchez Rosillo, en los poemas de Vivir desde tan lejos, atribuye al poeta el quehacer esencial de expresar la dimensión inefable de la existencia. El misterio que guarda en lo más hondo lo aparente. El necesario hilo de luz que una rendija guarda para empezar el día. 



JOSÉ LUIS MORANTE
 

 

domingo, 3 de agosto de 2025

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. VENIR DESDE TAN LEJOS

Venir desde tan lejos
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets editores
Colección Nuevos Textos Sagrados
Barcelona, 2025

 

CONDICIÓN DE POETA

 

   Quienes hayan seguido el recorrido poético de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) recordarán que su obra expande una travesía orgánica donde se yuxtaponen, sin estridencias, dos etapas, con voluntaria continuidad: una primera, definida por la inclinación evocativa y el sentimiento elegíaco, y un segundo momento estético marcado por el canto y el tono celebratorio. El tramo inicial de escritura abarca las entregas Maneras de estar solo (1978), Páginas de un diario (1981), Elegías (1984), Autorretratos (1989), La vida (1996) y La certeza (2005). Son libros habitados por un protagonista verbal reconocible en sus rasgos y actitudes, próximos a la experiencia biográfica de quien escribe. A cada paso, los contenidos muestran una terca inmersión en el intimismo y en el fluir del pensamiento. En ellos se percibe la variedad de una evolución sin rupturas, donde la reflexión humanista y el epitelio emotivo funcionan como sedimentos orbitales. Así lo reafirma el autor en El sueño cumplido (2023), libro en prosa que recoge sus escritos sobre poética y varias entrevistas, al meditar sobre su condición de poeta: “El escribir poesía es para mí una manera de entender y de considerar la vida, de acercarme a ella y de confundirme con su sustancia: un ser y un estar. Y un destino hermoso como pocos, del que hay que hacerse digno asumiéndolo hasta sus últimas consecuencias”. 
   El segundo episodio escritural germina ya en abundantes composiciones de La certeza, que puede considerarse un conjunto de transición. Aglutina los poemarios Oír la luz (2008), Sueño del origen (2011), Antes del nombre (2013), Quién lo diría (2015) y La rama verde (2020). Ahora se hace más evidente la voluntad de canto ante el patrimonio sensorial del discurrir. El tránsito de la existencia propicia la felicidad unánime de estar entre las cosas, de ser parte de su fervorosa plenitud y apacible armonía. No hay soledad en la intemperie de quien amanece a diario sino meditación ante el asombro de ser. En la claridad de lo inmediato se palpa una realidad benevolente, ofrecida como regazo y vínculo.
   En los poemas de Venir desde tan lejos (2025) parece abrirse un nuevo ciclo. No predominan la elegía ni el canto, sino una asumida disposición de la conciencia para aceptar el desbocado caminar del tiempo, la certeza de lo transitorio y la apacible consumación. La mirada interior se hace cumplimiento y aceptación, y se refuerza el trasfondo moral. Quien advierte en el espejo los laberintos de su periplo vital asume que el destino ha trazado un largo itinerario de vivencias. Advierte también que el ahora se aproxima, con sosegado andar, al lento atardecer. No hay resentimiento sino acuerdo pleno con el estar de la vida y su condición de andén transitorio. Hay una compenetración sin fisuras entre sujeto y entorno, como si hubiera una exacta correspondencia en el diálogo entre intimismo y territorio contingente.
   El abanico de tramas argumentales recobra algunos motivos recurrentes. Se percibe, por ejemplo en el poema “La herida”, un renacido homenaje al recuerdo paterno y al encuentro temprano con la ausencia y el desamparo, también presente, de forma más explícita, en el poema “Acerca del final”. El tiempo no ha cerrado esa “extraña herida que duele y da consuelo”, pero la sensación de lejanía ha mitigado el dolor y lo ha trasmutado en fortaleza y esperanza, mientras se deshoja la nostalgia, convertida en lección y conocimiento.
    Paso a paso, el sujeto verbal medita sobre la ontología cotidiana de ser y las enseñanzas de la edad. El ahora deja al protagonista lírico frente a sí mismo, con las coordenadas situacionales de estar en el centro de todo. La mirada es apropiación de colores y formas; en ella se cobija la claridad de lo vivido, mientras el pensamiento resguarda, como “centro sereno del asombro”, el pulso elemental de la existencia.
   El poeta es un maestro en construir impresiones y maneras de sentir; la observación se transforma en génesis y aglutina dentro las instantáneas exteriores. Quedan a resguardo esas sensaciones pasajeras que concede el transcurso del tiempo. Todo se hace trazo ingrávido y decurso interior, luminosas señales de quien está vivo: “La vida es esto: / tanta quietud moviéndose, / estar sin nadie y conversar con todo”.
   En los poemas de Venir desde tan lejos Eloy Sánchez Rosillo atribuye al poeta el quehacer esencial de expresar la dimensión inefable de la existencia. El misterio que encubre en lo más hondo lo aparente. La mano  del poeta deshilvana el necesario hilo de luz que una rendija guarda para que el día se ponga en pie. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 


 

domingo, 2 de julio de 2023

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. EL SUEÑO CUMPLIDO

El sueño cumplido
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquetts Editores
Colección Nuevos Textos Sagrados
Barcelona, 2023

 

 A CIELO ABIERTO

 

   Como complemento casi obligatorio de la práctica poética suele estar presente la necesaria justificación del proceso creativo. Nace así la poética, el espacio de análisis verbal como autogiro del discurso lírico sobre sí mismo. La semilla que genera la metapoesía fuerza una terca inmersión en contenidos y procedimientos. Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) protagoniza en el tiempo un apasionante trayecto que abarca once libros de poesía y más de cuatro décadas de escritura. En tan largo intervalo forja un pensamiento poético personal, asentando distintas formas de concebir el verso. Impulsa una evolución sin rupturas, con la reflexión humanista y la emoción como líneas orbitales del poema: “El escribir poesía es para mí una manera de entender y de considerar la vida, de acercarme a ella y de confundirme con su sustancia: un ser y un estar. Y un destino hermoso como pocos, del que hay que hacerse digno asumiéndolo hasta sus últimas consecuencias” (P. 26). 
   Poco dado al didactismo teórico, Eloy Sánchez Rosillo entiende la meditación autoescritural no como un ejercicio de divagación especulativa sino como una forma de clarificar la experiencia de la poesía con la plenitud del cielo abierto. Así ha preparado el volumen El sueño cumplido donde abre una luminosa veta dialogal compartiendo poéticas, comentarios y entrevistas. La nota preliminar recobra los distintos matices expresivos del trabajo y las contingencias de preparación del libro a partir de una sugerencia amical del poeta gaditano José Mateos. Se trata de reunir no elucubraciones conceptuales sino razonamientos en torno a la práctica de la poesía.  
  Con este enfoque escribió “Garabatos de poética”, una publicación de mayo de 2005 editada con motivo de una conferencia en la Fundación Juan March de Madrid. El cuaderno formaba parte del ciclo Poesía y Poética, con preludio de Antonio Gallego y una selección de poemas. Este plano de alzada sobre la arquitectura lírica aclara que no se trata de un buceo erudito y solemne: “Yo no tengo teorías. Tengo poemas”. Y tal convicción impregna las poéticas que nos ponen en contacto con su conciencia del mundo y del tiempo, o las abundantes entrevistas realizadas con motivo de la publicación de obra nueva.
   En el tramo inicial de El sueño cumplido encontramos también análisis de poemas concretos como “Oda a la alegría”. La mirada del yo impregna la retina con detalles del taller literario y percepciones sobre el trayecto. En el transitar temporal los libros “ensayan una metamorfosis paulatina y profunda”, acorde con el empeño de quien hace del existir un proceso de crecimiento personal y plenitud. Otros poemas analizados que dejan sus vibraciones en los comentarios son “La inspiración, “El amor sucesivo” y “La llamada”. Son enunciados que aspiran a clarificar contingencias concretas e intenciones, propósitos transformados en cauces reflexivos y evocaciones. Con todo, el misterio esencial del poema queda oculto, pertenece a lo inefable, resguardando “su ser proteico e inabarcable”.
   En el apartado “Intermedio poético” conviven poemas que se acercan a la substancia de la poesía, sin ambiciones dialécticas. Los poemas nacen con la empatía digresiva de la contemplación que permite la mirada interior y el conocimiento del mundo como realidad reconocible en su austera verdad. Se suceden composiciones de distintas épocas que reivindican el luminoso balance meditativo y el despliegue de sugerencias que acredita la poesía cuando se ubica frente a sí misma. Los poemas elegidos comparten la preocupación metaliteraria como argumento central y la experiencia lírica como sueño temprano que alcanza en el tiempo un vuelo alto. Con un largo trecho del camino andado, Eloy Sánchez Rosillo puede decir con júbilo: “A estas alturas, nadie –ni yo mismo siquiera- / podría ya quebrar ni desdecir / aquel sueño que tuve cuando era adolescente / y en el que desde entonces ha estado sustentada / por entero mi vida, un sueño que, en el sueño / del existir, razón de ser me ha dado / y hoy es regazo y júbilo.”
  Cierra la entrega el apartado “Algunas entrevistas” donde el autor dialoga con interlocutores de prensa, suplementos culturales y revistas literarias, Las conversaciones transmiten la misma filosofía, una manera de pensar en la que el poeta deja pistas sobre sus núcleos argumentales, su inventario de magisterios y nombres propios de la tradición  y las relaciones directas entre la biografía personal y el sujeto poético, espejo del fluir sosegado de la conciencia y de las cambiantes contingencias del presente. Son conversaciones donde cuajan propósitos y aspiraciones, sendas de inquietud sobre un tiempo hecho memoria viva, donde los poemas nunca renunciaron a los ojos preclaros de los sueños.
   La sección comienza con una entrevista del poeta Ángel Manuel Gómez Espada plena de intimidad y cercanía, en la que ya se desgranan los signos básicos del itinerario de Eloy Sánchez Rosillo: su adscripción generacional a la generación novísima, el tono elegíaco, la emoción como pulsión ecuatorial del poema, la presencia en las antologías principales del fin de siglo, o la elección de un sitio propio sin algaradas ni rutilante vida literaria: se trata de ser tiempo y circunstancia, de vivir el sueño que naciera un día vocacional y fuerte como un empeño que justifica y se mantiene inalterable en el tiempo. Otras conversaciones están firmadas por Javier Rodríguez Marcos, Ana Eire, Eusebio Ruvalcaba, Antonio Fontana, Nuria Azancot, Martín López Vega, José Manuel Mora Fandós o Juan Cruz, entre otros. Todos estos diálogos conjeturales evidencian un ideario sólido, que ha suprimido de raíz, la experimentación gratuita, y que camina hacia un despojamiento austero, que elimina recursos para transmitir lo esencial del poema sin esmaltes.
   Un poeta sin sueños acaba contemplando a diario una realidad sedentaria; un poeta con sueños cumple propósitos, llega lejos y alcanza esa serenidad que consigue la concordancia entre existencia y taller literario. En  El sueño cumplido Eloy Sánchez Rosillo hace balance. Reflexiona sobre su peregrinaje por la poesía, sobre un trayecto abierto al misterio de la vida, hecho elegía y celebración. En él habita el temblor autobiográfico de un tiempo simultáneo donde se enlazan pretérito, presente y porvenir. La suma exacta de la verdad del joven que quiso ser poeta.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



 

domingo, 21 de agosto de 2022

JESÚS MONTIEL. UN PALACIO SUFICIENTE

Un palacio suficiente
Jesús Montiel
La Veleta, Poesía
Granada, 2022

 

VOCACIÓN DE BONSÁI


  El reconocido deambular creador de Jesús Montiel (Granada, 1984), Doctor en Filología Hispánica, traductor de la obra poética de Christian Bobin y profesor de Lengua y Literatura en la Universidad de Granada, explora un nítido horizonte metaliterario. Una y otra vez indaga sobre el sentido humanista de la escritura, argumentando epitelios y razones del poema. La entrega Un palacio suficiente ubica como liminar una nota de autor, enaltece como eje orbital de la palabra un discurso lírico confidencial e intimista, donde la desnudez biográfica del sujeto verbal aflora con vocación de bonsái, según sugiere con cálido acierto el poeta. El prólogo añade también cierta saturación expresiva en el manejo del verso libre y un muy probable futuro de contenidos en prosa, al expresar los itinerarios del pensamiento: “Llegó un momento en el que el verso, la métrica, me supuso un verdadero estorbo, y comencé a escribir en prosa. Fue un proceso natural, sin cálculo. Sabía y sé que la poesía puede vivir en otros ecosistemas formales, sin necesidad de los versos”.
  El callejero del breve poemario ensaya un proceso de autoconocimiento y captación discreta del entorno y sus leyes naturales. Crea una senda reflexiva que interrelaciona sujeto y espacio hiperreal, y concede a los ciclos estacionales una lectura simbólica. El devenir constata nudos vivenciales que entrelazan amanecida y crepúsculo, pasos germinales y acabamientos; muestra en sus cercanías la frágil evidencia de cada destino. La composición prologal “Preparativos” hilvana una meditación sobre el gregarismo convivencial que, poco a poco, erosiona esperanzas y convierte el ser en una propuesta de anunciado naufragio, buscando sitio en la última costa: “Cada uno de los dos / anticipa la ausencia/ del otro, la prepara como un viaje. / Sus vidas son el prólogo de un hueco”. Esas imágenes al contraluz entre la vida y la muerte se asientan también en otras composiciones como “Vecino”, donde la levedad anecdótica alza vuelo con la contundencia del verso final, uno de los mejores aciertos expresivos de Jesús Montiel, junto a la economía de recursos que, no pocas veces, viste a su poesía con una sensibilidad aforística, o tendente a la escueta armonía del haiku, ese trébol verbal que cuenta en nuestro país magisterios luminosos como Susana Benet.
   El tono sosegado de quien testifica a media voz los mínimos relieves del tiempo laboral, se rompe en ocasiones con el desapacible grito de la crítica social. En “Los imbéciles” fulmina el cortocircuito presencial de los que perseveran en dibujar sombras y explorar grietas para airear desajustes. A veces, el estilete crítico se sustituye por la ironía para desvelar los trampantojos de la actualidad y sus enunciados caóticos, o para percibir, con un toque de humor y no poca ternura, las contingencias domésticas que convierten las dimensiones del despertar en un planeta doméstico, con vistas a la felicidad: “El día es un palacio suficiente. / No hay nada que ambicione / aquí sentado, secreto para el mundo. / En unos cuantos metros / sucede de una vida lo que nunca se muere”.
   Jesús Montiel cultiva, sea cual sea el formato, el apunte contemplativo, esa captación discreta que busca capturar con su caligrafía un ámbito de sugestión. Convierte el trasegar de la retina en resistencia, para guardar las cosas como fueron, al modo de Eloy Sánchez Rosillo; las percepciones anidan por dentro, perduran en los estantes interiores de la conciencia, para que mantengan vivas su fuerza evocadora, el surco abierto a la fértil espera, al afán de ser pájaros.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


jueves, 24 de marzo de 2022

RAMIRO GAIRÍN MUÑOZ. TIEMPO DE FRUTOS

Tiempo de frutos
Ramiro Gairín Muñoz
Cubierta e ilustraciones interiores de Lalo Cruces
Editorial Piezas Azules
Colección Piezas Poéticas
Zaragoza, 2022 

 

COSECHA

 

   El intervalo creador de Ramiro Gairín Muñoz (Zaragoza, 1980), acotado entre 2011, cuando ve luz la entrega de apertura Pintar de azul los días laborables, y 2020, año en el que editorial Polibea incorpora a su catálogo La ciudad que no somos, permite conocer, con minuciosa perspectiva, una modulación incesante. La obra asienta su razón de ser en la autoexploración de lo subjetivo y el propósito de convertir el periplo biográfico en una senda de conocimiento y reflexión sobre la realidad, no como crónica testimonial naturalista, sino como experiencia emocional, intensa y profunda, capaz de superar rasgos inmediatos y circunstanciales.
   Retorna a la escritura, dentro del proyecto editorial Piezas Azules, con la entrega Tiempo de frutos, poemario que integra la excelente colaboración plástica de Lalo Cruces. El artista enlaza en su trabajo diseño y arte, e impulsa un planteamiento figurativo, pero marcado por el onirismo, la acumulación de estímulos y la onda expansiva de los interrogantes proteicos que conforman el espacio exterior.
  El umbral del libro deja como punto de luz una delicada cita de Eloy Sánchez Rosillo: “Solo has vivido de verdad si tuvo / mucho que ver con el amor tu vida”. La voz del poeta murciano es vértice central del intimismo reflexivo; hace de la emoción y el fluir sentimental de la memoria veneros prioritarios de su trabajo lírico. Es un buen referente para adentrarse en la topología poética de Ramiro Gairín Muñoz y en las claves más evidentes de su concepción constructiva.
   El poema, siempre breve y conciso en su hilazón argumental, aporta el territorio expresivo de una presencia que supera el enclaustramiento y se transforma en protagonista a pie de calle. Da presencia a un testigo del devenir temporal. Un fluir diseminativo, hecho de contrastes, matices y gestos.
  El yo percibe, colecciona elementos sensoriales, genera variaciones reflexivas, se disgrega y aporta su dimensión humana, exacta y clara, a una historia común que enlaza pretérito y ahora: “quiero crear sustancias / descubrir materiales con palabras / pero que nadie sepa si has sufrido / ni dónde he estado antes ni después /    como cuando nos miran / cruzando la calzada”.
  El conjunto se organiza en cuatro secciones que conforman entidades autónomas definidas por la semántica del título: “cuerpos”, “espacio”, “casas” y “tiempo”. Son sustantivos que adquieren un perfil de singularidad polifónica, pero que no pierden la cercanía de la dicción coloquial y de una conversación compartida. La trama del poema explora circunstancias cambiantes. Busca asideros en la fisiología y el ánimo, en las lecturas y en esos instantes de plenitud amorosa que convierten al deseo en irrepetible fotograma. La palabra ratifica la inminencia del fruto y su capacidad de pausar la cosecha: “dos cuerpos de canícula / maduros para ser / cogidos de la rama / repletos de agua dulce / con la pulpa tirante / trigueños por el sol”.
   El fresco indagatorio de “espacio” conecta con la esperanza y ese quehacer que encuentra el orden correcto de las cosas. Quedan en el poema las sensaciones de una existencia casi ingrávida que solo alarga su sombra en las palabras para buscar resguardo y permanencia. La amanecida nunca disuelve la monotonía de lo cotidiano; es necesario explorar su insinuación de signos para transformar cada vivencia en asentimiento, en cumplido homenaje al espíritu de Epicuro, a esa ética de aceptación que refugia en el fluir de la conciencia la esperanza de cobijar propósitos y empeños de claridad auroral.
   Los poemas de “casas” dejan en el habla de lo doméstico una sensibilidad evocativa e intimista. El sitio propio se humaniza, borra distancias entre la esencia interna de sus moradores y el lugar como espacio de abrigo. La dimensión del contexto es percibida desde una observación meditativa que concede a su superficie plenitud y profundidad para observar el afuera. La ciudad está ahí, cercana, mansa, con su latido disconforme y sus esquinas de asombro.
  La existencia marca un diálogo lúcido con el tiempo, que debe superar la sensación de continuo tránsito. En “Tiempo”, lo diario toca tierra cargado de levedad e incertidumbre, como si el discurrir sembrara minucias en las que hay que poner sentido y propósitos, el convencimiento de que ocurra lo nuevo y sople una brisa favorable en la causa común de la convivencia. Es tiempo de frutos y el brote de la vida inadvertido posa su semilla de luz y buena nueva.
  El poema de cierre “Relatos de ciudades y jardines” se hace leve apunte del discurrir. Busca asomarse a esas instantáneas que componen el horizonte cercano de lo doméstico, sin la necesidad de mirar hacia atrás, salvo para recordar alguna lectura, o para persistir en esa convicción de transitar la vida con mirada conforme.   
  La composiciones  de  Tiempo de frutos dan voz a una senda existencial de continua mudanza, lumbre y luz renacida. Estremece el cristal un tiempo de amor y calma, propicio a la rememoración y la esperanza. El mosaico sentimental completa una acuarela jubilosa que hace de la otredad paisaje franco donde buscar respuestas en la irisada puesta en escena del verano. Deja la luz sobre la piel un tacto de esperanza y una retina abierta a la alegría azul del aire.
  
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
 

 

viernes, 1 de enero de 2021

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. LA RAMA VERDE

La rama verde
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores
Colección Nuevos Textos sagrados
Barcelona, 2020

 

ABRIR LOS OJOS

 

   Con persistente voluntad estética, Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) ha enriquecido el cauce temporal con un fértil itinerario creador. Del mismo, da fe el volumen Las cosas como fueron (2018), una compilación que acoge la escritura  lírica desde 1974 hasta 2018, donde anticipaba algunos inéditos de La rama verde. El poeta y profesor universitario protagoniza una sabia madurez, inclinada a mantener abiertos los ojos de la reflexión. Los poemas nacen del atento aprecio a lo cercano; desde una sensibilidad dispuesta y vigilante, sabe que el discurrir existencial es azaroso y proclive al contraluz.
   Tras la publicación en 2015 de Quien lo diría y la reedición del ya citado corpus completo, agrupa sesenta y cuatro poemas en La rama verde, epígrafe que parece subrayar el primer plano que la naturaleza y sus elementos adquieren en el ideario poético de Eloy Sánchez Rosillo. Lo exterior despierta las secretas cadencias del intimismo ensimismado. Propicia, entre los pasos del vivir, una conversación silenciosa, que fuerza a la conciencia del sujeto a ampliar límites. Las respiraciones del entorno se hacen costumbre y desplazan sensaciones hacia las galerías internas de quien percibe. Allí mantienen las constantes vitales, que mudan en abstracción y pensamiento.
 La temporalidad enlaza pasado y presente en una continua renovación cíclica. En su seno, las secuencias van y vienen, haciendo de la memoria un organismo proteico que recupera estampas emotivas para enriquecer las manos del ahora. El paisaje de infancia, en su fragilidad, perdura. Es un espacio de afirmación y resistencia: “Dentro de la leyenda del vivir, / que el minucioso olvido / desordena y desdice, / el sueño aquel primero / de la niñez no se ha desvanecido”.
  El transcurso evocador conforma una colorista superficie en la conciencia; en su quehacer establece un orden natural de quietud y permanencia que se hace presente desde la lejanía; el recuerdo crea un percibir cercano y paradójico que propicia el contraste. Están en las aceras cotidianas los declives de sombras y luces, la finitud temporalista de lo diario y la compensación de la experiencia, donde lo contingente se hace categoría y conocimiento.
   El hablante lírico verbal no solo insiste en el patrimonio sensorial del discurrir. Las horas propician la felicidad unánime de estar entre las cosas, de ser parte de su fervorosa plenitud y de su apacible armonía en la intemperie y en los aleatorios desprendimientos del tiempo: “Aquí no necesito meditar, / abismarme en honduras insondables / para llegar al corazón de todo. / hay tanta soledad, tanta quietud, / que el fondo está a la vista, en lo inmediato. / Clarea la mañana. / Miro y escucho, huelo, saboreo, / palpo la realidad que se me ofrece / como regazo y vínculo. Me extraño de ser yo / y me aparto de mí y de mis zozobras”.
   La mirada interior es amanecida y refuerza la cálida proximidad entre periplo vital y escritura. En el poema “Hablo aquí del comienzo”, que alcanza muy altas cotas emotivas, el amor se convierte en semilla de la identidad. Nada concede más sentido al poema que dejar en sus palabras el cauce amoroso porque el sentir afecta a la misma condición de ser. El poema es también un renacido homenaje a la tradición que encarnan las voces de Garcilaso, Machado, Neruda o Juan Ramón y el firme anhelo de vestir las palabras con la piel emotiva del sentir. En su pensar a solas, como escribe en “Al mirar lo vivido” el verso ratifica: “El amor lo era todo, y no lo supe / no lo supe del todo a cada instante. / Algo mío muy puro lo intuía, / pero yo me ofuscaba en otras cosas”.
   En La rama verde asoma vivo y pleno un mundo respirable e inmediato que es, al mismo tiempo, hebra frágil y permanencia, que muestra en su desorden ese azar pautado donde se deshoja la existencia convertida en lección y elegía. Entre la conciencia y el sentir del tiempo se establece siempre una distancia corta; en ella el pensamiento busca ese “centro sereno del asombro”, el pulso elemental de la belleza, la rama verde, el peciolo auroral de lo que empieza “en un mar tibio y quieto, bajo el sol estruendoso / y un cielo azul sin mácula”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 28 de noviembre de 2020

CON LUZ FURTIVA

A pie de calle

Imagen de internet

 

                                              Mejor no detenerse a meditar
                                                               y seguir caminando

                                              ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Con luz furtiva
empuja la mañana.
El pie tantea.

                (Inédito)  


sábado, 29 de diciembre de 2018

JULIA BELLIDO. LAS VOCES DEL MIRLO

las voces del mirlo
Julia Bellido
Editorial Eenacimiento
Sevilla, 2018


SIN ALZAR LA VOZ


  Cuando leo poesía de interiores, esa perspectiva que busca dentro del sujeto verbal los posos de luz y deambula por los laberintos sentimentales del yo, pienso en unas líneas básicas del ideario estético formulado por José Manuel Caballero Bonald, tras recibir el Premio Cervantes: “El acto de escribir supone para mí un trabajo de aproximación crítica al conocimiento de la realidad y también una forma de resistencia frente al medio que me condiciona”. Es una afirmación que parece definir esa literatura centrada en el sujeto que pone sobre la mesa, con fecundidad imaginativa, Las voces del mirlo, segunda entrega de Julia Bellido (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1969). La poeta y antóloga dejó su carta de presentación Mujer bajo la lluvia en 2013, aunque sus poemas más tempranos aparecieron en el cuaderno La decisión de Penélope en 2009.
  Los vínculos del título con Luis Cernuda se aclaran de inmediato en la cita prologal, un párrafo extraído de Ocnos, aunque para quien esto escribe el título también guarda sitio al recuerdo intacto del gran poeta elegíaco contemporáneo Eloy Sánchez Rosillo, cuya poesía siempre muestra una profunda sensibilidad en la contemplación.    
   Esta compilación integra casi cuarenta poemas breves distribuidos en un discurrir orgánico dictado por el ciclo estacional. Está exenta de cualquier quiebro argumental en pos de un sentido pactado y unitario en el que la temporalidad funciona como escenario central y cambiante: “Poco a poco sucede: / yo regreso al comienzo, antes del mundo / y estalla la palabra / con que sorprendo al día”. El discurrir ontológico vislumbra la claridad estival como un espacio de plenitud y cosecha. El verso rescata el callado misterio del crecimiento, como si el orden íntimo del yo fuese un espacio donde cumple la posibilidad. Las palabras expresan ese testimonio sensorial que ahonda en la percepción de los elementos más cercanos; configuran un ámbito donde el ser individual se siente dentro de las cosas.  
   Sinónimo de ensimismamiento y refugio es el periodo otoñal, cuando la fronda renueva su plástica, “con un barniz dorado y transparente", en pos de ese prodigio de desnudez y escucha que exilia el canto de los pájaros. Las palabras callan: “Hoy quiero detenerme / en el silencio amable de las cosas, / escucharlas, sabiendo de antemano, / que tendrá que callar tanta belleza / para no despertarlas.    Para no despertarme”. Tras el lento dictado del otoño, el ciclo pasajero continúa su tránsito y acoge en su rutina el andar espacioso del invierno. Noche y frío. El cristal empañado, como si necesitase limitar la tibieza de estar dentro, observando a lo lejos la desplegada interrogación del horizonte. Solo la lluvia dócil teclea en los tejados, se hace compañera en el largo estar de la vigilia, es humilde cadencia que abrazara el silencio.
   Ninguna estación contiene en su voz el don celebratorio de la primavera. de su renacida belleza se surten los poemas finales donde la presencia de la luz se impone limpia y transparente frente a cualquier contraluz crepuscular: “Todo florece y fructifica / delante de mis ojos. / Todo es fecundidad. / Todo es preludio”.
  La autora cumple de continuo las convenciones métricas en los diversos registros: memoria personal, impresiones al paso, los claroscuros del tiempo, el acercamiento a la naturaleza y las preocupaciones por ese áspero cansancio de los días al paso… Una nutrida reflexión que constata madurez expresiva y hace de su voz un eco vivencial, un diálogo fresco y meditativo, un rumor de palabras acodado en la baranda del tiempo, con el estar tranquilo de quien hace del canto una caricia. El gesto celebratorio de quien no necesita alzar la voz. 


 

miércoles, 25 de abril de 2018

ANTONIO MORENO. MÁS DE MIL VIDAS

Más de mil vidas
Antonio Moreno
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2018


IMPRESIONES


   Si hubiese que definir al vuelo el arte poética del tiempo digital, sería insoslayable comentar la eclosión de las formas breves. El cultivo del aforismo en los últimos años muestra un vitalismo inusual, y lo mismo sucede con la estrategia expresiva del haiku, una estrofa activa que se ha liberado en su empleo de los caracteres canónicos del origen foráneo. La actual etapa creativa de Antonio Moreno (Alicante, 1964) ha optado por esta forma de versificación y entregó en 2016 el libro Unos días de invierno, un poemario escrito en un estado perceptivo insólito, según manifiesta el escritor en nota epilogal.
   Más de mil vidas incrementa la multiplicación de panes y peces en torno al haiku, La sensibilidad se despliega ecléctica y esencial y da vida a un haiku que es sutileza, un mirador que usa el lenguaje con rigor extremo. En él todo es depuración y voluntad de forma. El sujeto elimina distancias entre ámbito reflexivo y espacio entornal y ambos aportan fragmentos que se suman en un todo orgánico. Se logra así una pautada interpretación de lo diverso.
   Es sabido que Antonio Moreno tiene en su amplio recorrido literario un nítido sello meditativo en el que la naturaleza ocupa un núcleo vinculante con su palabra. Así mismo, la existencia deviene círculo paradójico donde marcar esas huellas propias que constituyen ensamblajes de asombro y rutina: “Más de mil vidas / las de quien anda y lleva / su afecto al alba”
   En los puntos de luz de la contemplación se hacen presentes, como señales de lo transitorio, elementos naturales que de pronto adquieren un perfil relevante, que anula el palpitar ensimismado del sujeto: “Entre mis dedos / a punto de soltarlo, / el saltamontes”, “Lo inescrutable: / las agujas de pino / que el pie contempla.”, “Pasa una mosca / junto al perro que muerde / de golpe el aire”.  La percepción abre un proceso cognitivo que humaniza el entorno; nada resulta ajeno. El yo se integra en el decurso de un ciclo vital que remoza los límites de lo real porque suscita respuestas sensoriales y estímulos del pensamiento.
   Salir al día es dejar que emprenda senda la conciencia y que experimente en sus incertidumbres que lo transitorio es un don que da voz y sentido al estar: “Todas las formas / -oh  flor, fruto, semillas- / donde está mi alma”, “Feliz quien ve / la ondulación del trigo / y da las gracias”, “Cómo enraíza / saber que cada piedra / también me escucha”.
   Como sucede en magisterios vertebradores como Francisco Brines o Eloy Sánchez Rosillo, Antonio Moreno es un poeta del tiempo. Sus haikus capturan secuencias marcadas por lo sucesivo: “Después de todo / quedará el mismo mar / para otros ojos”. Dejan impresiones de un trayecto que parece a punto de desvanecerse, pero cuyas brasas calientan a diario el fervor existencial. Son humildes briznas, relieves que moldean una perspectiva moral. Invitan a cantan el valor de lo humilde, ese legado inadvertido, complejo y simple, que rebrota a diario para el canto: “Por la rendija / el mar, la luz del mundo, / alguien que pasa”.



martes, 20 de febrero de 2018

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. HILO DE ORO

Hilo de oro (Antología poética, 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo
Edición de José Luis Morante
Letras Hispánicas, Cátedra,
Madrid 2014

SOBRE HILO DE ORO


  Sin interrupción y a lo largo de cuatro décadas,  la obra de Eloy Sánchez Rosillo preserva un discurrir coherente y deja señas diferenciales únicas, que han convertido al poeta en lectura obligatoria. Su entrañable palpitación encuentra en el paso del tiempo pautado ritmo evolutivo y una maduración natural.
   El estudio prologal de Hilo de oro recrea el itinerario biográfico, desde sus primeros años hasta el ahora. Ese contexto vivencial permite establecer similitudes entre el sujeto biográfico y el hablante escritural; resulta muy cálido asomarse a las ventanas de los días infantiles, incidir en los años de aprendizaje, cuando se forja la vocación de escritor, y ser partícipes del sustrato sentimental que la escritura inserta en muchas composiciones. La vida de Eloy Sánchez Rosillo ha discurrido en Murcia, allí nació en 1948, estudió y, tras finalizar la preparación académica con expediente ejemplar, desempeña su quehacer laboral como profesor universitario; allí también se han ido completando todos los poemarios que forman el corpus creativo,  representado con eficacia en esta antología que abarca más de la mitad de los poemas escritos hasta 2011.
  Cada obra es una propuesta personal que tiene como fondo un devenir histórico. El  aire de época que respira el inicio creador de Eloy Sánchez Rosillo se definía por el sello culturalista y por el alejamiento de la expresión natural en aras de un lenguaje con prestigio poético, conectado con la tradición pero al margen de la actualidad. El poeta emergente muestra una cortesía distante hacia lo gregario, rechaza modas y prefiere la andadura en solitario; desde el amanecer de su obra opta por una lírica introspectiva, formulada a través de una dicción trasparente, que fomenta el propósito comunicativo cotidiano. La carta de presentación, Maneras de estar solo consiguió el Premio Adonais, supuso un testimonio concluyente sobre las posibilidades creadoras de una voz que en los años ochenta entrega títulos que lo consagran como un poeta elegíaco. Son poco los estudios críticos que no emparentan la estética de Eloy Sánchez Rosillo con la nostalgia de lo perdido, presente en la escritura de Páginas de un diario, Elegías, Autorretratos y La vida. Es una etapa  en la que resalta la conciencia temporal, el ser transitorio de las cosas y el empeño de la memoria en la reconstrucción del pasado.
  Ese predominio de lo elegíaco comparte espacio con otras preocupaciones temáticas. En los textos se abordan impresiones de viajes, instantáneas del entorno afectivo y un diálogo continuado con los elementos naturales. La naturaleza es un interlocutor hospitalario y vitalista, cuya palabra fomenta respuestas interiores. Por tanto, en el trayecto de Eloy Sánchez Rosillo hay una confianza heredada en temas y motivos que evita el desconcierto.
   Pero ese quehacer creador no es monocorde y busca aperturas y desarrollos. Tras casi una década de silencio, el poemario La certeza supone una inflexión, un renovado enfoque que  abre la mirada: la vida nos concede a diario un gozoso bagaje, un colmado despliegue de sensaciones y elementos sensoriales que llenan de motivos para la esperanza.
   El tono de La certeza  inaugura un segundo momento en la escritura que fortalece la voz celebratoria, como testifican las entregas posteriores. En Oír la luz  el hablante lírico mira las cosas con el sereno sosiego de la madurez, reconciliado con su propia condición transitoria. El acto de vivir se ilumina y las sombras se retraen porque el ser es capaz de trascender lo contingente. Los signos de la existencia propician un pensamiento reflexivo, una indagación que conlleva un modo de contemplar la vida en una suerte de equilibrio entre la emoción y el pensamiento. Desde esas claves se escriben los poemarios Sueño del origen  y Antes del nombre, libro de cierre de esta antología, obras en las que percibimos una disposición positiva
   El recorrido de  Eloy Sánchez Rosillo, entre la elegía y la celebración, hace revivir con voz firme el acontecer de la existencia, ahonda en los estados del ser y en su contradictorio estar entre lo permanente y lo transitorio; nos deja en las manos un hilo de oro, la leve plenitud de la belleza.


                                                      

viernes, 29 de septiembre de 2017

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. QUIÉN LO DIRÍA

Quién lo diría
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores, Nuevos textos sagrados
Barcelona, 2015

INSISTENCIAS


   En el recorrido creador de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) se perciben dos tramos escriturales, un primer segmento, inaugurado por Maneras de estar solo, ganador del Premio Adonais en 1978, en el que prevalece el sentir elegíaco, y una segunda fase, que arranca con el poemario La certeza, ganador en 2005 del Premio Nacional de la Crítica, en el que adquiere solidez la voz celebratoria y el estar conforme. Ambas actitudes se asumen con naturalidad, sin quiebros ni virajes, y refuerzan la idea de una evolución pautada y de un trayecto cohesionado. Las dimensiones internas de ambos periodos se analizaron con profundidad en la antología Hilo de oro, editada por Cátedra en 2014, y a ella remito a los lectores que quieran recorrer el ejemplar itinerario del poeta, dentro de un contexto histórico y biográfico. 
   Quién lo diría reúne composiciones fechadas entre 2012 y 2014 y pertenece de lleno a la segunda época, como se percibe de inmediato. Al cabo, la lírica de Eloy Sánchez Rosillo es agua clara, cumplida transparencia que insiste en el trasiego imparable de lo existencial. El poeta ha profundizado en un modo de decir donde resaltan la dicción precisa, un ritmo musical característico y una tendencia al poema breve, para depositar en sus lindes instantes vivenciales. El hablante verbal percibe el entorno y convierte su mirada en enlace relacional; las sensaciones sensoriales son detonantes de una reflexión interior en la que la experiencia se transciende y adquiere nuevo sentido. Con lenguaje exacto la anécdota pierde su carácter contingente para habitar en una dimensión atemporal. Veamos lo expuesto en el poema “Un vaso de agua”. El argumento sorprende por su sencillez; no hay juegos de manos: el protagonista se acerca a la ventana a media tarde para calmar la sed con un vaso de agua. Y ese gesto mínimo es el detonante de un suceso increíble: la transparencia, el juego de luz en el poniente se hace ley física para alborotar la memoria y dejar en el instante una sensación de plenitud y cumplimiento que justifica el tembloroso acontecer diario. La rutina más nimia se hace voz del poema, como si una realidad brumosa y desvaída cobrara nuevo aliento para dar testimonio de su existir. La ensimismada opacidad de los contornos aleja su melancolía si una pupila los contempla y los llena de luz, como si fueran formas oníricas que dejan cada día un patrimonio de asombro a compartir. Las señales de lo vivido  se convierten en honda certidumbre: la belleza sucede porque la crean los ojos de quien mira; porque la conciencia asume un voluntario papel de testigo que acoge esos instantes que se desvanecen como partes de un todo cambiante. Así perdura su temblor primigenio, ese secreto que convierte la caprichosa luz de cada instante en un momento único.La voz personal se hace remanso. En ella cobra fuerza un propósito firme que convierte la realidad en signo y sentido, en el cántico sereno de quien contempla con los ojos abiertos: “Existir, comprender, es esto sólo: / estar ante el misterio bien atento, / mirar todas las cosas y oír qué nos dicen, / saber que en ti se cumple cuanto ves, cuanto escuchas”.


viernes, 1 de julio de 2016

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. HILO DE ORO

Hilo de oro (Antología poética 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo
Edición de José Luis Morante
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2014

SOBRE HILO DE ORO

hiSin interrupción y a lo largo de cuatro décadas,  la obra de Eloy Sánchez Rosillo preserva un discurrir coherente y deja señas diferenciales únicas, que han convertido al poeta en lectura obligatoria. Su entrañable palpitación encuentra en el paso del tiempo pautado ritmo evolutivo y una maduración natural.
   El estudio prologal de Hilo de oro recrea el itinerario biográfico, desde sus primeros años hasta el ahora. Ese contexto vivencial permite establecer similitudes entre el sujeto biográfico y el hablante escritural; resulta muy cálido asomarse a las ventanas de los días infantiles, incidir en los años de aprendizaje, cuando se forja la vocación de escritor, y ser partícipes del sustrato sentimental que la escritura inserta en muchas composiciones. La vida de Eloy Sánchez Rosillo ha discurrido en Murcia, allí nació en 1948, estudió y, tras finalizar la preparación académica con expediente ejemplar, desempeña su quehacer laboral como profesor universitario; allí también se han ido completando todos los poemarios que forman el corpus creativo,  representado con eficacia en esta antología que abarca más de la mitad de los poemas escritos hasta 2011.
  Cada obra es una propuesta personal que tiene como fondo un devenir histórico. El  aire de época que respira el inicio creador de Eloy Sánchez Rosillo se definía por el sello culturalista y por el alejamiento de la expresión natural en aras de un lenguaje con prestigio poético, conectado con la tradición pero al margen de la actualidad. El poeta emergente muestra una cortesía distante hacia lo gregario, rechaza modas y prefiere la andadura en solitario; desde el amanecer de su obra opta por una lírica introspectiva, formulada a través de una dicción trasparente, que fomenta el propósito comunicativo cotidiano. La carta de presentación, Maneras de estar solo consiguió el Premio Adonais, supuso un testimonio concluyente sobre las posibilidades creadoras de una voz que en los años ochenta entrega títulos que lo consagran como un poeta elegíaco. Son poco los estudios críticos que no emparentan la estética de Eloy Sánchez Rosillo con la nostalgia de lo perdido, presente en la escritura de Páginas de un diario, Elegías, Autorretratos y La vida. Es una etapa  en la que resalta la conciencia temporal, el ser transitorio de las cosas y el empeño de la memoria en la reconstrucción del pasado.
  Ese predominio de lo elegíaco comparte espacio con otras preocupaciones temáticas. En los textos se abordan impresiones de viajes, instantáneas del entorno afectivo y un diálogo continuado con los elementos naturales. La naturaleza es un interlocutor hospitalario y vitalista, cuya palabra fomenta respuestas interiores. Por tanto, en el trayecto de Eloy Sánchez Rosillo hay una confianza heredada en temas y motivos que evita el desconcierto.
   Pero ese quehacer creador no es monocorde y busca aperturas y desarrollos. Tras casi una década de silencio, el poemario La certeza supone una inflexión, un renovado enfoque que  abre la mirada: la vida nos concede a diario un gozoso bagaje, un colmado despliegue de sensaciones y elementos sensoriales que llenan de motivos para la esperanza.
   El tono de La certeza  inaugura un segundo momento en la escritura que fortalece la voz celebratoria, como testifican las entregas posteriores. En Oír la luz  el hablante lírico mira las cosas con el sereno sosiego de la madurez, reconciliado con su propia condición transitoria. El acto de vivir se ilumina y las sombras se retraen porque el ser es capaz de trascender lo contingente. Los signos de la existencia propician un pensamiento reflexivo, una indagación que conlleva un modo de contemplar la vida en una suerte de equilibrio entre la emoción y el pensamiento. Desde esas claves se escriben los poemarios Sueño del origen  y Antes del nombre, libro de cierre de esta antología, obras en las que percibimos una disposición positiva
   El recorrido de  Eloy Sánchez Rosillo, entre la elegía y la celebración, hace revivir con voz firme el acontecer de la existencia, ahonda en los estados del ser y en su contradictorio estar entre lo permanente y lo transitorio; nos deja en las manos un hilo de oro, la leve plenitud de la belleza.



viernes, 11 de diciembre de 2015

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. HILO DE ORO

Hilo de oro (Antología poética, 1974-2011
Eloy Sánchez Rosillo
Edición de José Luis Morante
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2014

SOBRE LA EDICIÓN DE HILO DE ORO 

  Sin interrupción y a lo largo de cuatro décadas, la obra de Eloy Sánchez Rosillo preserva un discurrir coherente y deja señas diferenciales únicas que han convertido al poeta en lectura obligatoria. Su entrañable palpitación encuentra en el paso del tiempo ritmo evolutivo y una maduración natural.
   El estudio prologal de Hilo de oro recrea el itinerario biográfico, desde sus primeros años hasta el ahora. Ese contexto vivencial permite establecer similitudes entre el sujeto biográfico y el hablante escritural; resulta muy cálido asomarse a las ventanas de los días infantiles, incidir en los años de aprendizaje, cuando se forja la vocación de escritor, y ser partícipes del sustrato sentimental que la escritura inserta en muchas composiciones. La vida de Eloy Sánchez Rosillo ha discurrido en Murcia, allí nació en 1948, estudió y, tras finalizar la preparación académica con expediente ejemplar, desempeña su quehacer laboral como profesor universitario; allí también se han ido completando todos los poemarios que forman el corpus creativo, representado en esta antología que abarca más de la mitad de los poemas escritos hasta 2011.
  Cada obra es una propuesta personal que tiene como fondo un devenir histórico. El  aire de época que respira el inicio creador de Eloy Sánchez Rosillo se definía por el sello culturalista y por el alejamiento de la expresión natural en aras de un lenguaje con prestigio poético, conectado con la tradición pero al margen de la actualidad. El poeta emergente muestra una cortesía distante hacia lo gregario, rechaza modas y prefiere la andadura en solitario; desde el amanecer de su obra opta por una lírica introspectiva, formulada a través de una dicción trasparente que fomenta el propósito comunicativo cotidiano. La carta de presentación, Maneras de estar solo consiguió el Premio Adonais, supuso un testimonio concluyente sobre las posibilidades creadoras de una voz que en los años ochenta entrega títulos que lo consagran como un poeta elegíaco. Son poco los estudios críticos que no emparentan la estética de Eloy Sánchez Rosillo con la nostalgia de lo perdido, presente en la escritura de Páginas de un diario, Elegías, Autorretratos y La vida. Es una etapa  en la que resalta la conciencia temporal, el ser transitorio de las cosas y el empeño de la memoria en la reconstrucción del pasado.
  Ese predominio de lo elegíaco comparte espacio con otras preocupaciones temáticas. En los textos se abordan impresiones de viajes, instantáneas del entorno afectivo y un diálogo continuado con los elementos naturales. La naturaleza es un interlocutor hospitalario y vitalista, cuya palabra fomenta respuestas interiores. Por tanto, en el trayecto de Eloy Sánchez Rosillo hay una confianza heredada en temas y motivos que evita el desconcierto.
  Pero ese quehacer creador no es monocorde y busca aperturas y desarrollos. Tras casi una década de silencio, el poemario La certeza supone una inflexión, un renovado enfoque: la vida nos concede a diario un gozoso bagaje, un colmado despliegue de sensaciones y elementos sensoriales que llenan de motivos para la esperanza.
 El tono de La certeza inaugura un segundo momento en la escritura que fortalece la voz celebratoria, como testifican las entregas posteriores. En Oír la luz  el hablante lírico mira las cosas con el sereno sosiego de la madurez, reconciliado con su propia condición transitoria. El acto de vivir se ilumina y las sombras se retraen porque el ser es capaz de trascender lo contingente. Los signos de la existencia propician un pensamiento reflexivo, una indagación que conlleva un modo de contemplar la vida en una suerte de equilibrio entre la emoción y el pensamiento. Desde esas claves se escriben los poemarios Sueño del origen  y Antes del nombre, libro de cierre de esta antología, obras en las que percibimos una disposición positiva
  El recorrido de  Eloy Sánchez Rosillo, entre la elegía y la celebración, hace revivir con voz firme el acontecer de la existencia, ahonda en los estados del ser y en su contradictorio estar entre lo permanente y lo transitorio; nos deja en las manos un hilo de oro, la leve plenitud de la belleza.


jueves, 22 de octubre de 2015

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. QUIÉN LO DIRÍA

Quién lo diría
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores
Barcelona, 2015

INSISTENCIAS


   En el recorrido creador de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) se perciben dos tramos escriturales, un primer segmento, inaugurado por Maneras de estar solo, ganador del Premio Adonais en 1978, en el que prevalece el sentir elegíaco, y una segunda fase, que arranca con el poemario La certeza, ganador en 2005 del Premio Nacional de la Crítica, en el que adquiere solidez la voz celebratoria y el estar conforme. Ambas actitudes se asumen con naturalidad, sin quiebros ni virajes, y refuerzan la idea de una evolución pautada y de un trayecto cohesionado. Las dimensiones internas de ambos periodos se analizaron con profundidad en la antología Hilo de oro, editada por Cátedra en 2014, y a ella remito a los lectores que quieran recorrer el ejemplar itinerario del poeta, dentro de un contexto histórico y biográfico. 
   Quién lo diría reúne composiciones fechadas entre 2012 y 2014 y pertenece de lleno a la segunda época, como se percibe de inmediato. Al cabo, la lírica de Eloy Sánchez Rosillo es agua clara, cumplida transparencia que insiste en el trasiego imparable de lo existencial. El poeta ha profundizado en un modo de decir donde resaltan la dicción precisa, un ritmo musical característico y una tendencia al poema breve, para depositar en su contorno instantes vivenciales. El hablante verbal percibe el entorno y convierte su mirada en enlace relacional; las sensaciones sensoriales son detonantes de una reflexión interior en la que la experiencia se transciende y adquiere nuevo sentido. Con lenguaje exacto la anécdota pierde su carácter contingente para habitar en una dimensión atemporal. Veamos lo expuesto en el poema “Un vaso de agua”. El argumento sorprende por su sencillez; no hay juegos de manos: el protagonista se acerca a la ventana a media tarde para calmar la sed con un vaso de agua. Y ese gesto mínimo es el detonante de un suceso increíble: la transparencia, el juego de luz en el poniente se hace ley física para alborotar la memoria y dejar entre los dedos una sensación de plenitud y cumplimiento que justifica el tembloroso acontecer diario. La rutina más nimia se hace surco del poema, como si una realidad brumosa y desvaída cobrara nuevo aliento para dar testimonio del existir. La ensimismada opacidad de los contornos aleja su melancolía si una pupila los contempla y los llena de luz, como si fueran formas oníricas que guardan un patrimonio de asombro a compartir. Las señales de lo vivido se convierten en honda certidumbre: la belleza sucede porque la crean los ojos de quien mira; porque la conciencia asume un voluntario papel de testigo que acoge esos instantes que se desvanecen como partes de un todo cambiante. Así perdura su temblor primigenio, ese secreto que convierte la caprichosa luz transitoria en un momento único.
  La voz personal se hace remanso. En ella cobra fuerza un propósito firme que convierte la realidad en signo y sentido, en el cántico sereno de quien contempla con los ojos abiertos: “Existir, comprender, es esto sólo: / estar ante el misterio bien atento, / mirar todas las cosas y oír qué nos dicen, / saber que en ti se cumple cuanto ves, cuanto escuchas”.


jueves, 1 de mayo de 2014

UNA CONVERSACIÓN CON DOLORES LEIS

En Rivas con José Luis Morante, abril, 2014
Fotografía de Dolores Leis
Entrevista a José Luis Morante,
editor del libro Hilo de oro (Antología poética 1974-2011)

Hilo de Oro (Antología poética 1974-2011), preparada para Letras Hispánicas (Cátedra), engloba casi cuarenta años de trabajo poético de Eloy Sánchez Rosillo. La llegada del volumen a las librerías es motivo para esta conversación con José Luis Morante, algo que siempre es un placer. Se respira la satisfacción del poeta y crítico abulense ante la obra bien hecha.
Dolores Leis: Si te parece, quiero dar comienzo a la entrevista con una pregunta necesaria para los lectores menos habituales de la poesía ¿Qué diferencia una Antología poética de una Edición crítica?
    José Luis Morante: Gracias por tu disposición y por el afecto que siempre muestras a mi trabajo literario. Es verdad que las ediciones críticas asustan a algunos lectores, tal vez porque se consideran publicaciones rigurosas y especializadas que contextualizan el quehacer creador, mientras que una antología es sólo un muestrario de poemas, que puede llevar introducción o no, y que no tiene una bibliografía exhaustiva o las notas aclaratorias.
    D.L: Con Hilo de Oro son tres las ediciones realizadas en Letras Hispánicas, están Luis García Montero, Joan Margarit y ahora Eloy Sánchez Rosillo, ¿tienes en mente algún poeta para una nueva edición?
    J.L.M.: Sinceramente, no; estoy en esa fase de sosiego y disfrute que proporciona la conclusión de una tarea intensa. Han sido muchos meses de lectura y dedicación y ahora corresponde mirar el paisaje de lo cotidiano con el bolígrafo dormido.
    D.L: Abro el libro al azar. Página 291, “El viaje”, y encuentro en el poema ecos que tal vez envuelven la poesía de José Luis Morante ¿Por qué este autor?
    J.L.M.: Estamos integrados en el cauce de la tradición; se reiteran motivos y enfoques; así que todos los poetas están enlazados por la pertenencia a una lengua, a una cultura, a una visión creadora. La calidad de Eloy Sánchez Rosillo me eligió a mí por el peso específico que su trabajo tiene en la lírica actual, por su forma de entender el poema a media voz, por la emoción sentimental que late en sus textos; había muchas razones y afinidades para abordar la edición.
   D.L: Al leer el prólogo de Hilo de Oro se aprecian muchas horas de estudio y lectura. Un estudio que según cuentas te ha servido no sólo para conocer la obra o al poeta, también a la persona que se esconde tras los versos ¿Es Eloy Sánchez Rosillo como imaginabas?
   J.L.M.: La persona es coherente con su perfil literario; no sólo no me ha decepcionado sino que he ganado un amigo; he descubierto su rigor ante la literatura, su plena vocación ante el poema, y su generosidad para sacarme de incertidumbres y dudas. Su actitud ante la edición ha sido tan positiva que cada uno de los plazos previstos se ha cumplido siempre. Eloy es un poeta grande y un amigo de talla superior.
    D.L: Cómo tú mismo dices, hacer una edición crítica de un poeta vivo es “un juego de dados”. ¿Cuál ha sido la reacción del poeta al tener la obra en sus manos? Y por extensión ¿Qué sentimientos tiene José Luis Morante ante la edición terminada?
    J.L.M.: Eloy está satisfecho, porque Letras Hispánicas ha cumplido todos los aspectos formales de la edición: ha permitido corregir las pruebas necesarias, estudiar la cubierta, calcular las páginas…El poeta es meticuloso en esa tarea y creo que es evidente la pulcritud que engloba Hilo de oro. Y yo comparto esa alegría, por no haber decepcionado al poeta y por la manifiesta confianza en mí de una editorial tan prestigiosa como Cátedra.
   D.L: ¿Cuál es tu mayor temor al hacer una edición crítica?
   J.L.M.: El fárrago y la erudición gratuita; siempre busco en mis ediciones un acercamiento ameno y didáctico, una lectura para animar a la poesía; así que el aparato crítico lo suelo dosificar mucho y sólo dejo las aclaraciones necesarias. No busco lucimiento barroco ni hermetismo de especialista en cónclave. Prefiero que el lector disfrute, entienda y se anime a explorar al poeta por su cuenta.
   D.L: Cuando estudias a un autor, adquieres conocimientos sobre su modo de trabajo, las técnicas que utiliza y las características de su poesía. ¿Aplicas en tus poemas esos conocimientos?
   J.L.M.: La escritura de poesía se basa en la lectura en buena medida; la crítica permite conocer desde dentro un ideario, vislumbrar con más nitidez errores y aciertos, así que la escritura poética y la crítica se complementan entre sí.
   D.L: Afirmas que el estudio prologal de Hilo de Oro recrea casi cuarenta años de poesía ¿Qué te lleva a elegir unos poemas en detrimento de otros para que formen parte de esta antología?
   J.L.M.: El gusto personal, la originalidad del tema, la emotividad de los versos, un cierre afortunado… Creo que los factores se multiplican; en mi caso además coincidía bastante con el criterio del poeta, aunque él quería incluir menos poemas. Está más de la mitad de los poemas de Eloy Sánchez Rosillo. El lector quedará satisfecho.
D.L: “Desde siempre he visto como lo más maravilloso del mundo el llegar a ser poeta. Lo veía como un sueño irrealizable ¿porqué me iba a tocar a mí ser un poeta auténtico? Desde entonces he trabajado por llegar a merecer ser poeta algún día, porque lo consideraba una ocupación digna en la vida” Palabras de Sánchez Rosillo al diario digital Laverdad.es ¿Se puede ser poeta sin ser auténtico?
J.L.M.: los libros no expenden certificados de autenticidad, ni dan medallas éticas; creo que esos asuntos tan solemnes y tan intangibles me desbordan. Entiendo la expresión de Eloy como una vocación en ciernes que aspira a concretarse. Y que un día se hizo real.
D.L: Y para finalizar, ¿el día que se realice una edición crítica sobre la obra de José Luis Morante qué clase de persona encontraremos detrás del poeta?
J.L.M.: Un lector, un escritor que duda, un profesor de instituto, un solitario, un paseante contradictorio, un sujeto agradecido que valora amistades como la tuya, tan entrañable y valiosa …
   Dentro de mí resuenan las pisadas de mucha gente. Convivo con una multitud.