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lunes, 11 de marzo de 2024

POESÍA CONTRA EL OLVIDO: 11- M



ESCRITOS CON DOLOR
 
Madrid, once de marzo (Poemas para el recuerdo)
Edición de Eduardo Jordá y José Mateos
Pre-Textos, Valencia 2004.
 
11-M ( El Sornabique -7)
Edición de Luis Felipe Comendador
LF Ediciones, Béjar, 2004
 
11-M: Poemas contra el olvido
Edición y coordinación de José Paz Saz y Manuel Rico
Bartleby, Madrid, 2004.
 
    Aunque el ánimo no podrá acostumbrarse nunca a la gratuidad de la acción terrorista y el pensamiento racional anula cualquier indicio que intente justificar la autoría intelectual del atentado, llegará un tiempo en el que el once de marzo en Madrid será un suceso pretérito, difuso, en el que cueste ubicar las circunstancias, los nombres de las víctimas, o las dimensiones de la tragedia. La memoria tiene esos mecanismos de defensa para disfrazar las aristas más rechazables de la condición humana y la vorágine del devenir en la gran ciudad restablece, con enfermiza urgencia, el hilo de continuidad tras las conmociones. Sin embargo, para que el olvido no se instale en el territorio de lo cotidiano y haga de la historia una página de signos desvaídos, se han publicado tres volúmenes que contienen unos centenares de poemas. Todos están escritos con dolor.
    Son muchos los nombres que se repiten y casi todas las generaciones en activo están  presentes en este gesto de solidaridad y esperanza;  todos somos pasajeros en los trenes de cercanías que sufrieron la barbarie del fanatismo.
   Madrid, once de marzo, subtitulado poemas para el recuerdo ha sido coordinado por Eduardo Jordá y José Mateos. El conjunto, presentado por la editorial Pre-Textos, parte de una idea de la librería madrileña Rafael Alberti que al día siguiente del atentado colgó en sus escaparates los lamentos y despedidas de poetas y madrileños anónimos. Tal iniciativa desbordó las previsiones de los organizadores y cuajó en una obra que contiene poemas escritos en todas las lenguas del estado y en la que comparten página clásicos como José Antonio Muñoz Rojas, nombres ilustres de la generación del cincuenta como José Manuel Caballero Bonald y poetas que todavía no han traspasado el umbral de los veinte años como Elena Medel; entre los tres, más de cien voces que han dejado las huellas del dolor en textos en los que predomina el desgarro y en los que las preguntas esenciales, una vez más, se quedan sin respuesta.
   11-M es la escueta leyenda de portada con la que la revista Los cuadernos del Sornabique nos deja un monográfico para coleccionistas, por su hermoso diseño, que cuenta con el blanco y negro de dos jóvenes fotógrafos, Javier Cabañero Valencia y Fernando Sánchez Fernández. Los objetivos miran, sin truculencias ni amarillismos, con panorámicas donde la normalidad impone su ritmo diario; los paisajes de la desolación se van llenando de seres anónimos que abandonan su silencio en los asientos y pasillos de los nuevos trenes. Y después, versos que reivindican, desde la palabra, la dignidad del hombre y su derecho a vivir en paz, una aspiración que ya no tiene el amplio listado de víctimas que cierra el número.  El director de la publicación, Luis Felipe Comendador, -cuyo poema ha sido musicado por el cantautor onubense Javier Díaz- como han hecho los editores de las otras publicaciones reseñadas, destinará los beneficios del número a asociaciones de afectados y a los familiares de víctimas del terrorismo.
   La editorial Bartleby  es la responsable del ultimo libro comentado,  11-M: poemas contra el olvido que ha sido coordinado por Pepo Paz y Manuel Rico. Como los anteriores, nació de la urgencia y del lamento anónimo de un tiempo detenido. Asume una respuesta inmediata que nos sitúa al lado de las víctimas y remarca la frontera contra la virulencia de lo macabro. En la reacción no se oye una sola modulación; cada poema es un estado de ánimo: desolación, condena, horror, sufrimiento, necesidad de sobrevivir... Plural relieve de un paisaje emocional. El cierre no es un vengativo ajuste de cuentas o la persecución de otra forma de pensar sobre la que llueven tantos lugares comunes y recelos ante la discrepancia; es expresión de angustia y canto a la vida desde la tolerancia cultural, desde la integración y el mestizaje, con un texto del marroquí Abdellatif Laâbi.
   Los libros comparten propósitos de cohesión para cerrar la puerta al discurso apocalíptico y al mar de asfalto de un pesimismo cuyos rasgos concretos son los efectos del atentado. El derribo requiere una reconstrucción de las ideas y de la sensibilidad. La conciencia poética está enmarcada en el tiempo que le ha tocado vivir; el acto de escritura es una oportunidad para conocer un horizonte reflexivo común, que sale del ensimismamiento y muestra su adhesión al pálpito del entorno.
   Sentimientos en forma de palabras solidarias para buscar un hueco en la memoria, para reiterar, en la desolación y en la impotencia, en la angustia, aquellos versos de Blas de Otero: aunque haya desaparecido la risa y la ternura se desangre por una cicatriz abierta al miedo, nos queda la palabra.
 
                                                                               
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 
 
 
 
 
 
  

martes, 9 de enero de 2024

ESCAPARATES LITERARIOS

Calle abierta
Fotografía
de 
internet

 


ESCAPARATES LITERARIOS
 
Cuando la verdad se desnuda hay muy pocos que la reconocen
 
José Mateos
 
 
Algunos escritores no tienen reparo en escribir sonetos cortos, de nueve o diez versos, o haikus treboleros, de cuatro versos y trece sílabas. Suelen tener cerca un crítico que jalea el estropicio y que además comenta que los que siguen las normas literarias son conformistas, poco comprensivos y algo fundamentalistas en el rigor.
 
Durante más de una década fue gestor cultural, prodigó favores, invitaciones a eventos, jurados y publicaciones institucionales. Ya sin la ebriedad del poder, regala sus libros a quienes no invitó nunca. Confía mucho en su sentido solidario, en ese gesto menesteroso que engrandece lo pequeño.
 
Criticó ferozmente a su antecesor en el cargo. Con otros polemistas consiguió que lo despidieran. Ahora sigue al pie de la letra su plan de trabajo; no le gusta innovar, quiere perpetuar lo que funciona bien.
 
Nunca ha percibido la amistad como una senda de dos direcciones. Se siente río que no remonta, de dirección única.

Hubo un seleccionador de fútbol  que el criterio esencial para ser llamado al equipo nacional era que el futbolista fuese de su pueblo; también hubo un antólogo que no había joven de su tertulia que no mereciese el premio nobel. Lo subjetivo adquiere siempre la apariencia de una verdad inamovible.
 
Éxito literario total: siete libros en su palmarés. Y siete autoediciones. Caligrafía con el sudor de la frente.

La nada disputa su espacio consigo misma.

(Apuntes del diario)


 
Los nuevos amigos dejan la conspiración en las raíces de sus afectos; promueven la liquidación por derribo de quienes estuvieron siempre. 

viernes, 15 de diciembre de 2023

FLORENCIO LUQUE ALFONSO. ACERICO

Acerico
Florencio Luque Alfonso
Premio Internacional Artemisa de Aforismos 2023
Detorre Editores
Córdoba, 2023


 

SEMBRAR AGUJAS
 

 
   Florencio Luque Alonso (Marchena, Sevilla, 1955) es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y desde hace décadas fomenta una vocación literaria desdoblada entre la poesía y el aforismo. Es autor de los poemarios El tiempo nombra (2014) y Ai(m)ée (2019) y de las entregas aforísticas El gato y la madeja (2018), Caja de cromos (2021) y Melismínimas. Cien aforismos flamencos (2022), que han propiciado su inclusión en las más recientes antologías del género y abundantes colaboraciones en revistas digitales y en papel.
  Con su libro Acerico consiguió el Premio internacional Artemisa de Aforismos 2023. La obra, cuyo título alude a la almohadilla empleada en costura para clavar agujas, vertebra cinco apartados temáticos definidos por sustantivos de semántica densa: “Visiones”, “Sueños”, ”Tiempo”, ”Laberintos” y “Lienzos”, todos ellos precedidos de citas que sugieren la posible andadura de cada sección.
   La primera arranca con un verso del poeta Pedro Casariego Córdoba: “”En mi idioma “yo” se escribe con “O” de aullido”. El laconismo de Florencio Luque Alonso tiende a una expresión desnuda, espontánea y directa, con la que traza la andadura de un tiempo experiencial reflejado en el cristal del pensamiento. Son teselas verbales marcadas por el aprendizaje de vínculos reflexivos que dan cobijo al acontecer transitorio. El fluir del pensamiento no tiene brújula, se deja ir como un camino que se alimenta a sí mismo y abre preguntas en la incertidumbre de lo cotidiano: “Cuando el jilguero canta, ilumina su sombra”, “El hábito mata al niño”, “Todos nos parecemos a un desconocido”, “Ninguna copa conoce tu sed”.
  Tras los breves de “Sueños” que arrancan con el verso de Andrés Trapiello “¿Quién no busca el vuelo de todas las cosas?” se acrecienta la mirada lírica para establecer un diálogo entre el territorio onírico y lo real. El sueño propende a la idealización: “En los sueños del pájaro no existen jaulas”, “Los encuentros soñados suelen ser encontronazos vividos”, “Los sueños alumbran nuestras sombras”. Aunque recordando también el carácter efímero y volátil de muchos sueños: “Árbol de sueños, frutos de humo”, “Nadie duerme sin pájaros en la cabeza”, “Todo sueño es paradójico, parece verdad porque es mentira”. Pero en la umbría existencial el sueño es necesario porque hace de las ilusiones y  la mirada limpia un hábitat natural.
  Con un excelente aforismo de Miguel Ángel Arcas, “El tiempo es una liebre que se ha puesto mis zapatos”, el tramo “Tiempo” realiza una lectura fragmentada de uno de los vértices temáticos del aforismo. El devenir es río que nos lleva y ese viaje da cuerpo a un intimismo confesional con sus propios códigos comunicativos: “Calla el tiempo tus ruinas cuando calla su esplendor”, “Vida, extraño oficio de pérdidas”, “Soy lo que el futuro hace con mi pasado”, “Reloj, nido de cenizas”:
   La obra del recordado Ángel Guinda aporta un esqueje poético memorable: “Qué laberinto la luz”, y sirve para entender “Laberintos”, sustantivo tan querido por Jorge Luis Borges y su incontinente epigonía. Ese carácter paradójico de la palabra, como refugio y cárcel al mismo tiempo, está presente en la semántica de algunos breves: “Umbral de vida, puerta de laberinto”, “En oscuridad canto la luz”, “He modelado mis días como un ciego su busto”, “Quien vive se desvive”. Quien piensa conoce los propios límites, acepta la condición de una identidad que camina a cada instante hacia la última costa. 
   El vuelo aforístico toma tierra con el apartado “Lienzos” que hace de la pintura una puerta reflexiva; al cabo, como recuerda el poeta y aforista José Mateos esta parcela artística es un espejo insondable y paradójico. O como afirma el  autor de Acerico “Pintar es ver lo invisible”. Desde ese afán de captar el misterio de lo percibido, la pintura se convierte en expresión de búsqueda y empeño en “desvelar lo vedado” al compás de la luz.
   Desde la brevedad, Acerico fija su atención en la cercanía de lo diario; toma el pulso a las asociaciones cotidianas entre espacio y tiempo mediante la observación y el pensamiento. Así se clavan estas punzadas verbales que hacen visible los puentes entre imaginación y razón para desvelar el trasvase entre percepción y conocimiento, para saber un poco más del argumento oculto que guardan las estaciones del discurrir. 

JOSÉ LUIS MORANTE



 

domingo, 2 de julio de 2023

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. EL SUEÑO CUMPLIDO

El sueño cumplido
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquetts Editores
Colección Nuevos Textos Sagrados
Barcelona, 2023

 

 A CIELO ABIERTO

 

   Como complemento casi obligatorio de la práctica poética suele estar presente la necesaria justificación del proceso creativo. Nace así la poética, el espacio de análisis verbal como autogiro del discurso lírico sobre sí mismo. La semilla que genera la metapoesía fuerza una terca inmersión en contenidos y procedimientos. Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) protagoniza en el tiempo un apasionante trayecto que abarca once libros de poesía y más de cuatro décadas de escritura. En tan largo intervalo forja un pensamiento poético personal, asentando distintas formas de concebir el verso. Impulsa una evolución sin rupturas, con la reflexión humanista y la emoción como líneas orbitales del poema: “El escribir poesía es para mí una manera de entender y de considerar la vida, de acercarme a ella y de confundirme con su sustancia: un ser y un estar. Y un destino hermoso como pocos, del que hay que hacerse digno asumiéndolo hasta sus últimas consecuencias” (P. 26). 
   Poco dado al didactismo teórico, Eloy Sánchez Rosillo entiende la meditación autoescritural no como un ejercicio de divagación especulativa sino como una forma de clarificar la experiencia de la poesía con la plenitud del cielo abierto. Así ha preparado el volumen El sueño cumplido donde abre una luminosa veta dialogal compartiendo poéticas, comentarios y entrevistas. La nota preliminar recobra los distintos matices expresivos del trabajo y las contingencias de preparación del libro a partir de una sugerencia amical del poeta gaditano José Mateos. Se trata de reunir no elucubraciones conceptuales sino razonamientos en torno a la práctica de la poesía.  
  Con este enfoque escribió “Garabatos de poética”, una publicación de mayo de 2005 editada con motivo de una conferencia en la Fundación Juan March de Madrid. El cuaderno formaba parte del ciclo Poesía y Poética, con preludio de Antonio Gallego y una selección de poemas. Este plano de alzada sobre la arquitectura lírica aclara que no se trata de un buceo erudito y solemne: “Yo no tengo teorías. Tengo poemas”. Y tal convicción impregna las poéticas que nos ponen en contacto con su conciencia del mundo y del tiempo, o las abundantes entrevistas realizadas con motivo de la publicación de obra nueva.
   En el tramo inicial de El sueño cumplido encontramos también análisis de poemas concretos como “Oda a la alegría”. La mirada del yo impregna la retina con detalles del taller literario y percepciones sobre el trayecto. En el transitar temporal los libros “ensayan una metamorfosis paulatina y profunda”, acorde con el empeño de quien hace del existir un proceso de crecimiento personal y plenitud. Otros poemas analizados que dejan sus vibraciones en los comentarios son “La inspiración, “El amor sucesivo” y “La llamada”. Son enunciados que aspiran a clarificar contingencias concretas e intenciones, propósitos transformados en cauces reflexivos y evocaciones. Con todo, el misterio esencial del poema queda oculto, pertenece a lo inefable, resguardando “su ser proteico e inabarcable”.
   En el apartado “Intermedio poético” conviven poemas que se acercan a la substancia de la poesía, sin ambiciones dialécticas. Los poemas nacen con la empatía digresiva de la contemplación que permite la mirada interior y el conocimiento del mundo como realidad reconocible en su austera verdad. Se suceden composiciones de distintas épocas que reivindican el luminoso balance meditativo y el despliegue de sugerencias que acredita la poesía cuando se ubica frente a sí misma. Los poemas elegidos comparten la preocupación metaliteraria como argumento central y la experiencia lírica como sueño temprano que alcanza en el tiempo un vuelo alto. Con un largo trecho del camino andado, Eloy Sánchez Rosillo puede decir con júbilo: “A estas alturas, nadie –ni yo mismo siquiera- / podría ya quebrar ni desdecir / aquel sueño que tuve cuando era adolescente / y en el que desde entonces ha estado sustentada / por entero mi vida, un sueño que, en el sueño / del existir, razón de ser me ha dado / y hoy es regazo y júbilo.”
  Cierra la entrega el apartado “Algunas entrevistas” donde el autor dialoga con interlocutores de prensa, suplementos culturales y revistas literarias, Las conversaciones transmiten la misma filosofía, una manera de pensar en la que el poeta deja pistas sobre sus núcleos argumentales, su inventario de magisterios y nombres propios de la tradición  y las relaciones directas entre la biografía personal y el sujeto poético, espejo del fluir sosegado de la conciencia y de las cambiantes contingencias del presente. Son conversaciones donde cuajan propósitos y aspiraciones, sendas de inquietud sobre un tiempo hecho memoria viva, donde los poemas nunca renunciaron a los ojos preclaros de los sueños.
   La sección comienza con una entrevista del poeta Ángel Manuel Gómez Espada plena de intimidad y cercanía, en la que ya se desgranan los signos básicos del itinerario de Eloy Sánchez Rosillo: su adscripción generacional a la generación novísima, el tono elegíaco, la emoción como pulsión ecuatorial del poema, la presencia en las antologías principales del fin de siglo, o la elección de un sitio propio sin algaradas ni rutilante vida literaria: se trata de ser tiempo y circunstancia, de vivir el sueño que naciera un día vocacional y fuerte como un empeño que justifica y se mantiene inalterable en el tiempo. Otras conversaciones están firmadas por Javier Rodríguez Marcos, Ana Eire, Eusebio Ruvalcaba, Antonio Fontana, Nuria Azancot, Martín López Vega, José Manuel Mora Fandós o Juan Cruz, entre otros. Todos estos diálogos conjeturales evidencian un ideario sólido, que ha suprimido de raíz, la experimentación gratuita, y que camina hacia un despojamiento austero, que elimina recursos para transmitir lo esencial del poema sin esmaltes.
   Un poeta sin sueños acaba contemplando a diario una realidad sedentaria; un poeta con sueños cumple propósitos, llega lejos y alcanza esa serenidad que consigue la concordancia entre existencia y taller literario. En  El sueño cumplido Eloy Sánchez Rosillo hace balance. Reflexiona sobre su peregrinaje por la poesía, sobre un trayecto abierto al misterio de la vida, hecho elegía y celebración. En él habita el temblor autobiográfico de un tiempo simultáneo donde se enlazan pretérito, presente y porvenir. La suma exacta de la verdad del joven que quiso ser poeta.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



 

martes, 15 de marzo de 2022

PÁGINAS DE LA INCERTIDUMBRE

Elogio del avestruz
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

INOCENTADAS LITERARIAS
 
Cuando la verdad se desnuda
hay muy pocos que la reconocen
 
José Mateos
 
 
Algunos escritores no tienen reparo en escribir sonetos cortos, de nueve o diez versos, o haikus treboleros, de cuatro versos y trece sílabas. Suelen tener cerca un crítico que jalea el estropicio y que además comenta que los que siguen las normas literarias son conformistas, poco comprensivos y algo fundamentalistas en el rigor.
 
Durante más de una década fue gestor cultural, prodigó favores, invitaciones a eventos, jurados y publicaciones institucionales. Ya sin la ebriedad del poder, regala sus libros a quienes no invitó nunca. Confía mucho en su sentido solidario, en ese gesto menesteroso que engrandece lo pequeño.
 
Criticó ferozmente a su antecesor en el cargo. Con otros polemistas, consiguió que lo despidieran. Ahora sigue al pie de la letra su plan de trabajo; no le gusta innovar, quiere perpetuar lo que funciona bien.

Hay presentadores farragosos, eruditos y analfabetos funcionales; sin embargo, todo el evento gira en torno al umbral de sus palabras. Detecté su indigencia de inmediato, en la charla previa. No había leído a nadie. Citó dos o tres nombres de famosillos digitales y crítico mucho la vida literaria y los premios; se sentía un náufrago de la ética en mitad de un tiempo borrascoso. Tacho el nombre de inmediato, cuando vuelvo a casa. Antes no existía, ahora tampoco. 
 
Nunca ha percibido la amistad como una senda de dos direcciones. Se siente río que no remonta, de dirección única.
 
Debo escribir  sobre la guerra de Ucrania. Pero sin tópicos ni obviedades. Con valor literario. Hay que dar tiempo.
 
Los advenedizos dejan las telarañas de su conspiración en las nuevas raíces de afectos; promueven la liquidación por derribo de quienes estuvieron siempre. 

(Diario: páginas de incertidumbre)

lunes, 29 de marzo de 2021

SUSANA BENET. FALSA PRIMAVERA

Falsa primavera
Susana Benet
Libros Canto y Cuento
Colección de Poesía
Jerez de la Frontera, 2021

  

FRESCA LUZ


   El cauce lírico de Susana Benet (Valencia, 1950) mantiene un sosegado fluir en voz alta, con amanecidas como Faro del Bosque, Lluvia menuda, Huellas de escarabajo, La Durmiente, La enredadera, Grillos y luna y Don de la noche. Son estaciones de un trayecto que expande delicada sensibilidad, acercamiento contemplativo al entorno natural, una forma expresiva que tiende las manos al propósito comunicativo, y un sustrato intimista de indagaciones reflexivas. En suma, las pulsaciones de una conciencia lúcida, atentas al vitalismo misterioso de cada momento, como si el poema fuese también una manera tensional de aprender lo secreto desde la imaginación y el lenguaje.  
   La hermosa colección de poesía que coordina José Mateos acoge, en este tiempo pandémico, la entrega Falsa primavera, cuyo epígrafe acrecienta una leve estela de desconcierto y espejismo en el carácter auroral de la estación, nunca exenta de un estar transitorio. Como es sabido, las citas encierran en sí mismas claves lectoras y predisponen al recorrido verbal. Susana Benet ha seleccionado un elenco diverso, Eloy Sánchez Rosillo, Jane Kenyon y Li Qingzhao, aunque conectado al percibir el entorno como un patrimonio sensitivo y dispuesto para la implicación sentimental.  
   En la poesía de Susana Benet la percepción mantiene un ritmo lento, de elaborada cercanía a los elementos del paisaje, siempre proclives a la trabazón entre mirada y reflexión especulativa. Lo mínimo es evocación y sugerencia, una propuesta interpretativa. Leemos en el poema de apertura “Flor púrpura”: “Tan pequeña y humilde, y sin embargo, / al fondo del abismo, el poderoso mar, / tendiéndose a sus pies, / con su elevado canto la acompaña”.
   Es inevitable asociar el taller literario de la autora con el cultivo de formas breves como haikus y  tankas, registros expresivos en los que Susana Benet es reconocido enclave esencial. En Falsa primavera de nuevo disfrutamos del cálido impacto de los esquemas japoneses y sus coordenadas indagatorias. De inmediato hallamos el devenir del tanka “Un año más / la flor de Pascua, el gato. / Pero esta vez / un espacio vacío, / el aire de una ausencia”; o la leve textura de estos haikus: “Motas de polvo. / Una brizna de luz / enciende el aire”, “Regreso a casa. / El color de la hiedra / ya no es el mismo”; “Mientras las riego / cabecean las hojas, / agradecidas”. También lo cotidiano se hace núcleo referencial del pensamiento estético que busca la profundidad matérica de lo elemental en una evocadora sugerencia. Siempre desde el despojamiento y la contención, las palabras desvelan el misterio de esa verdad sencilla que impulsa lo diario: “Pero no existe nada que no sea / una mínima parte de otro rostro / armónico, total, inabarcable”.
   En el proceso cognitivo del sujeto verbal, la mirada desempeña un papel básico. Percibir enlaza apertura y claridad, un entrelazado de quehaceres activos que se recoge en leves apuntes visuales, donde buscan el permanecer de las mutaciones, los pasos de un discurrir cambiante. Los días regalan fugaces pertenencias, mientras siguen caminando hacia adelante. Lo recuerda el poema “Mirada”: “Absurdo frenesí / que impulsa nuestros ojos / a girar y girar / en caprichosa danza, / mientras la mente absorta / se adentra en un profundo / vacío sin figuras”.
   Las hermosas instantáneas focalizan también la ausencia y nos dejan la callada presencia de José Luis Parra, íntima amistad de la escritora, que ha rescatado su poemario póstumo La hora del jardín. La meditación elegíaca “Humo” se adentra en el recuerdo y recupera los emotivos trazos de las tardes comunes: “No estás aquí, tan solo  queda / una delgada sombra / al lado de la mesa donde tú / antaño te sentabas”.  
   Los poemas de Falsa primavera son chispazos de luz fresca. Dan voz al pensamiento de un estar solitario, sacudido por ese vaivén de ráfagas heladas y esperanzas, que busca amparo a los altibajos existenciales en el interior de las palabras. Y lo hace a través de un lenguaje confidencial, introspectivo, atento a esos enlaces entre lo previsible y lo extraordinario que aprende las cosas desde dentro. Una primavera que se tiende al sol para aguardar el tiempo de los frutos.

JOSÉ LUIS MORANTE


martes, 9 de abril de 2019

TRAMPANTOJOS LITERARIOS

Sin red
Trampantojo
 de
Blanca Rey


TRAMPANTOJOS LITERARIOS

Cuando la verdad se desnuda
hay muy pocos que la reconocen

José Mateos


   Algunos escritores no tienen reparo en escribir sonetos cortos, de nueve o diez versos, o haikus treboleros, de cuatro versos y varias sílabas. Suelen tener cerca un crítico que jalea el estropicio y que además comenta que los que siguen las normas literarias son conformistas, poco comprensivos y algo fundamentalistas en el rigor.

   Durante más de una década fue gestor cultural, prodigó favores, invitaciones a eventos, jurados y publicaciones institucionales. Ya sin la ebriedad del poder, regala sus libros a quienes no invitó nunca. Confía mucho en su sentido solidario, en ese gesto menesteroso que engrandece lo pequeño.

  Criticó ferozmente a su antecesor en el cargo. Con otros polemistas consiguió que lo despidieran. Ahora sigue al pie de la letra su plan de trabajo; no le gusta innovar, quiere perpetuar lo que funciona bien.

  Nunca ha percibido la amistad como una senda de dos direcciones. Se siente río que no remonta, de dirección única. Solo pide.

  Éxito literario total: pese al desvelo en remitir manuscritos a editoriales, treinta y siete libros inéditos. Pleno futuro.

  Los nuevos amigos dejan la conspiración en las raíces de sus afectos; promueven la liquidación por derribo de quienes estuvieron siempre.

 Oveja que bala pierde bocado; ella sigue al pie de la letra el refrán: bala en sus lecturas y no pierde bocado cuando los otros pagan. Mantiene una contrastada oposición al materialismo: nunca lleva el monedero encima...   

 Grita mucho en internet. Como esas hormigas que vociferan a los elefantes desde el montón de arena de su hormiguero.

(Sociología literaria de usar y tirar)





viernes, 28 de diciembre de 2018

INOCENTADAS LITERARIAS

Clausura
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


INOCENTADAS LITERARIAS

Cuando la verdad se desnuda
hay muy pocos que la reconocen

José Mateos


  Algunos escritores no tienen reparo en escribir sonetos cortos, de nueve o diez versos, o haikus treboleros, de cuatro versos y sílabas aleatorias. Suelen tener cerca un crítico aguerrido, que jalea el estropicio y además comenta que los que siguen las normas literarias son conformistas, poco comprensivos y fundamentalistas en el rigor.

 Durante más de dos décadas fue gestor cultural. Prodigó favores, invitaciones a eventos, jurados y publicaciones institucionales. Ya sin la ebriedad del poder, regala sus libros a quienes no invitó nunca. Confía mucho en el sentir solidario, en ese gesto menesteroso que tiende a engrandecer lo pequeño.

  Criticó ferozmente a su antecesor en el cargo. Con otros polemistas consiguió que lo despidieran. Ahora sigue al pie de la letra el inepto plan de trabajo; al cinismo no le gusta innovar. Perpetúa lo que funciona bien.

  Todo es yo, tanto la felicidad como la carencia. Alardea de tener un sol propio. Nunca ha percibido la amistad como senda de dos direcciones. Sin gestos necesarios hacia los demás, se siente río que no remonta, de dirección única.

  Éxito literario total: todos los libros de su palmarés son autoediciones. 

 Los nuevos amigos dejan la conspiración en las tempranas raíces de sus afectos; promueven la liquidación por derribo de quienes estuvieron siempre. Suponen que hay que borrar el pasado, recubrirlo de escarcha, para que su ahora sea techo y fronda; simule los andamios del futuro.  

  Cuánto cansa esa imbecilidad que espera, con la sonrisa iluminada, a que termine de hablar para contradecirme de inmediato.

  Fue encogiéndose sobre sí mismo hasta perder su identidad completa. Ahora culpa a los otros de su carencia.

  El absurdo es inabarcable. No tiene clausura.


(Notas de diciembre)



domingo, 14 de febrero de 2016

JOSÉ MATEOS. UN AÑO EN LA OTRA VIDA

Un año en la otra vida
José Mateos
Editorial Pre-Texctos, Narrativa Contemporánea
Valencia, 2015

EL LUGAR IMPOSIBLE


   Las páginas autobiográficas de Un año en la otra vida contradicen desde el título la condición objetivista y testamentaria del diario. Aquí no se trata de sembrar contingencias, que se van hilvanando en el acontecer existencial, sino, más bien, de crear un clima emotivo. Y ese espacio sentimental no tiene límites concretos; es el lindero ambiguo de lo que sucede entre la realidad y el sueño: el lugar imposible. De ahí el sentir poético de muchas anotaciones, el levitar de la memoria en la incertidumbre de un estar atemporal donde resulta posible el diálogo entre presencias y ausencias, o todavía más complejo: el compartir sitio entre vivos y muertos.
   José Mateos pone en nota previa su advertencia al lector: “Desde el dolor o desde la alegría, yo solo he escrito aquí de lo que amo, que es como decir que he escrito de lo que ignoro. Y he escrito de lo que amo para poder amarlo más, en cada sílaba de su nombre. He escrito de una amiga muerta, del mar o de unos membrillos por el puro gusto de nombrarlos, nada más, porque al nombrar lo que se ama se recrea uno en lo que ama.”. La voz narrativa deja su rastro desde una implicación afectiva máxima y ello condiciona la naturaleza de esta tarea que emparenta al máximo con el quehacer poético. Quien vuelve la mirada hacia atrás se busca a sí mismo, se siente extraño en otro tiempo y desanda recuerdos sabiendo que el pasado no es una opción de vida imposible sino un hábitat recuperable, en el que permanecen asentadas e inalterables las cosas de siempre.
   La escritura permite volver a ser, recuperar el estado de inocencia, cruzar umbrales y entrar en las casas donde viven los ausentes, como si el yo tuviese una identidad de niebla que le permitiese caminar por el otro lado de la vida. Esa naturaleza de ser fronterizo hace que el yo real desaparezca y que pierda la opacidad de su materia para ubicarse en una nueva dimensión en la que lo real cobra otro sentido: “El presente es tan sólo la ola que se retira para dejar paso a otra ola. El presente es el instante que pasa y que pasa hacia ninguna parte, hacia nada que no sea su propia desaparición “ (Pág. 21).
  Las anotaciones entrelazan asuntos en los que se va gestando el núcleo de obsesiones esenciales del autor; en Un año en la otra vida sorprende la afirmación continua de la muerte; es una constante que afecta a vivencias a distinta distancia: está la muerte de una anciana entrevista en algún viaje, que formaba parte de un paisaje estático y cobijado en la rutina, o la del viejo maestro que abrió sendas para percibir la belleza del mundo; y están esas muertes que abrieron hendiduras que nunca se cerraron porque con ellas cambió la epidermis de la conciencia para ser más transparente y frágil.
 Los textos de estas páginas autobiográficas de José Mateos tienen mucho de alacena, de mueble preservado de la prisa insolente de los calendarios. Incluso cuando sus sentidos se ponen a conversar sobre lo tangible, como ante la cercanía de las formas duras del membrillo, prefieren la inmersión: esa fruta es luz, y un olor persistente, y una estela que deja en la memoria la mirada del tiempo y la quemadura de lo transitorio. Porque las cosas nacen para agostarse y someten a quien las mira a una ensoñación reflexiva, a repetir el gesto callado de quien sopla sobre el rescoldo y la ceniza.