INÉS Y LA ALEGRÍA
Inés y la alegría es el primer paso de
un ciclo narrativo centrado en la posguerra española del que Almudena Grandes
ha adelantado su estructura general: una serie de seis entregas cuyos títulos
serían:
Inés y la alegría,
El lector de Julio Verne,
Las tres bodas de Manolita,
Los pacientes del doctor García,
La madre de Frankenstein y
Mariano en el Bidasoa. El subtítulo
común,
Episodios de una guerra
interminable,
remite a Benito
Pérez Galdós como modelo referencial y a sus
Episodios nacionales que son la máxima expresión del realismo
decimonónico hispano y que fijan una estética con una larga lista discipular:
La voz narrativa nunca se ciñe a la estricta neutralidad del narrador
omnisciente; se muestra como un testigo compasivo e implicado en el carácter y
en las actuaciones de los personajes reales o imaginarios. Sin embargo hay una
diferencia palpable con el maestro: Galdós prefiere los hitos de la historia
oficial, esas páginas subrayadas por el heroísmo que marcaron la identidad
nacional; en cambio, Almudena Grandes opta por el acontecimiento olvidado, por
la estela de los derrotados que casi siempre acaba sepultada bajo la arena del
olvido general.
Almudena Grandes denomina al
enfrentamiento cainita de 1936-1939 guerra interminable por la onda expansiva
que provocan sus efectos colaterales: dictadura franquista, la sangría del
exilio, la sangrienta represión, la resistencia interior o exterior son cauces
argumentales en los que irá aflorando un gran friso de personajes que definen
un tiempo histórico que marcó a varias generaciones.
Esta primera entrega,
Inés y la
alegría, arranca en Toulouse. Son los días de 1939 y una muchacha de
veintitrés años, Carmen de Pedro, morena, culibaja y añorando un paisaje sureño
y mediterráneo se encuentra con otro exiliado, Jesús Monzón, un oscuro
secundario del partido comunista. Ese aparente azar da pie a una convivencia
posterior en la que la historia personal deja sitio a otros personajes, algunos
tan carismáticos como Dolores Ibárruri, la Pasionaria que ponen a aquellos años
trágicos un sesgo sentimental y emotivo. El cauce de la Historia se va forjando
paso a paso, a través de destinos individuales y voluntades aparentemente frágiles.
Icono de la resistencia, Dolores Ibárruri, vive una historia amorosa
casi de folletín con Francisco Antón y cuando se exilia a la Unión Soviética,
donde será nombrada Secretaria general
del PCE, y la separación de su amante le provoca dolor y angustia
encarga a través de terceros a
Carmen de
Pedro que cuide de su amante. Este insólito encargo a una desconocida sin
ninguna cualidad relevante para una tarea política de tal magnitud será clave
para el meditado acercamiento a la muchacha de Jesús Monzón.
Por sus cualidades y dotes de mando, mientras Carmen de Pedro vive la
intensa felicidad de una relación amorosa, Jesús Monzón habrá de convertirse en
el verdadero organizador del partido comunista en Francia y en el instigador de
sus iniciativas más utópicas, como es la reconstrucción de Unión Nacional
Española, una plataforma para encuadrar la resistencia dispuesta a invadir la
España de Franco.
El impulsor de aquella “Operación Reconquista” es Jesús Monzón Reparaz,
una biografía histórica que la novelista fija con notable verosimilitud. Nacido
en pamplona el 22 de 1910 en el seno de una familia burguesa, estudió con los
Jesuitas, se licenció en derecho y desde sus años universitarios ingresa en el
partido comunista. Cumplirá distintos nombramientos oficiales hasta su exilio
en Francia donde se convertirá, como se ha dicho, en el alma mater de Unión
Nacional española.
Pero el protagonista central de novela es Inés, una muchacha que el 30
de julio de 1936 cumple veinte años. Ese día percibe por primera vez una
ciudad, Madrid, volcada hacia fuera, descubre también el ambiente de libertad y
fuerza de sus calles, como si hasta ese momento hubiese estado encerrada en una
oquedad. Poco a poco, Inés gana convicciones y se posiciona en el grupo delos
que pierden, primero la guerra y después el futuro. Sólo la influencia de su
hermano falangista logra rescatarla de la cárcel y asentarla en la grisura del
nuevo régimen. Pero Inés no ha cambiado, sigue oyendo Radio Pirenaica, y sigue
soñando con tomar parte activa en la lucha contra Franco.
La idea de Monzón lo le parece descabellada, aunque no conoce los
planes. En definitiva se trata de reconquistar el sur de los pirineos con un
ejército fogueado en la lucha contra los nazis que suma casi veinte mil combatientes.
En pequeños grupos irán cruzando la frontera para invadir el valle de Arán,
bien comunicado con Francia y con defensas naturales para resistir la
contraofensiva fascista.
Inés debe gratitud a su cuñada Adela, pero se siente ajena a los
vencedores. No comparte la forma de vida de su hermano y el tiempo de
convivencia con la familia es sólo una tensa espera para
huir con su verdadero bando que tras la
guerra representan las fuerzas de Unión nacional. Esa es la imagen de Inés: una
pistola, un puñado de repostería para obsequiar a los sublevados y un caballo.
No necesita más en su apuesta vital. A lomos de Lauro ( un nombre que
reconocerán de inmediato los lectores de Luis García Montero como guiño
cómplice)
En 1944 los ejércitos aliados avanzan hacia Berlín, donde Hitler
resiste. En ese clima bélico de contraofensiva, la invasión del Valle de Arán
emerge como un acontecimiento menor, una iniciativa precipitada que minimizan
los máximos dirigentes del partido comunista en el exilio, con Dolores Ibárruri
a la cabeza y que no impresiona al prepotente régimen de Franco que bajo la
apariencia de neutralidad
coquetea con
los nazis y ha puesto en marcha la división azul que combate contra los rusos.
Sin embargo los combatientes de la milicia republicana, implicados de forma
directa, que han cruzado la frontera al mando del capitán galán no lo
consideran ninguna utopía y día a día crecen su ilusión y su compromiso.
Ese es el ambiente que encuentra Inés al sur del Pirineo, en el pequeño
pueblo donde se ha instalado el cuartel general de la ofensiva republicana,
antes de convertirse en la cocinera de Bosost.
En esta excelente apertura para un proyecto narrativo de alcance, una
identidad sobresale sobre las demás: el personaje de Inés. Representa el mantenimiento
de la tradición heroica que ante la realidad adversa busca estrategias de
supervivencia con acciones concretas. Cree que la historia se construye en
primera persona sin encerrase en las especulaciones de lo privado. Nunca
renuncia a los grandes ideales porque los percibe vinculados a una verdad
colectiva. Su fidelidad extrema a la propia conciencia quedará en la memoria de
todos.
JOSÉ LUIS MORANTE