lunes, 27 de mayo de 2013

ISMAEL ALONSO. TIERRA ERES.

Tierra eres
Ismael Alonso
Bohodón ediciones, Madrid, 2013
 

 LA  COMARCA INTERIOR
 
   Tras distintos quehaceres periodísticos en cabeceras gráficas como Diario 16, Cambio 16  y Paisajes desde el tren, Ismael Alonso, profesor de lengua y Literatura en un centro educativo madrileño, se consolida como narrador en un segmento temporal muy breve. En poco más de un año llegaron a imprenta las novelas Algún día y la hija de la lluvia; además ha escrito poemas de los que hallamos en el blog del autor un amplio muestrario.
   Su tercera apuesta en prosa, Tierra eres incluye como brújula una cita de Eloy Sánchez Rosillo, el poeta elegíaco más importante de la Generación del 70. El tono realista de la misma sirve de aviso al lector que se aventure en sus páginas. Un discurso lógico rastrea el paso de un paisaje humano contraído. Tierra eres conforma una lectura denotativa en clave de memoria coral que deja al descubierto esos pliegues del pasado habitados por secundarios; tercas identidades que nunca protagonizaron una gesta vital digna de figurar en la cursiva de lo transcendente.
   Los breves capítulos suman episodios acontecidos en una comarca rural innominada; de este modo el lugar descrito aparece como recreación simbólica. En el precario adobe de sus casas, la existencia arropa un tiempo de desgana y melancolía, de escasez y mínimos horizontes. Allí comparten su resignación y ánimo encogido algunos hombres, sin otro afán que concluir la jornada con la visita a un club de alterne donde apagar su desazón y encender la frágil llama de la carne. La casa de citas es un paraíso doméstico porque la convivencia conyugal supura tedio; y allí trajinan unas cuantas mujeres que ejercen sus papeles con ese halo austero de quien acepta un destino impuesto, que les deja las manos agrietadas y el vientre seco.
   Son años de posguerra, tiempos grises como las extrañas imágenes discontinuas que emite una televisión en blanco y negro. Casi nadie se atreve a intentar la huida y empezar de nuevo en otra parte para subirse al tren de una segunda oportunidad. Si lo hacen Don Fulgencio, el maestro rural que mantiene a diario el cívico disfraz del ciudadano ejemplar y aguantó su viudez hasta conocer a María, una prostituta larguirucha y delgada, cuya juventud tiene el brillo primario de la belleza. También escapa Tomás, quien siente la necesidad de plantearse el sentido del yo en otra parte, lejos de las grietas en la intimidad que abrieron otros.
  A los demás sólo les queda airear secretos, practicar el rumor que atraviesa paredes y asomase al espejo cada día pensando que es imposible huir porque el discurrir es sólo una ruta agostada que alguien trazó por nosotros.
   La prosa de Ismael Alonso, natural y directa, próxima a la modulación oral, nos dibuja en Tierra eres los borrosos contornos de un paisaje rural habitado por fantasmas onettianos. Las sombras se mueven y respiran, pero carecen de un mínimo rescoldo de rebeldía. Los protagonistas, desasistidos por la realidad, saben que los sueños nunca se realizan y que en los pinares y baldíos de aquella comarca el futuro tiene siempre un carácter ficticio y engañoso. El discurrir de las horas justifica el pesimismo. La vida es contingente y efímera, aunque pudo haber sido de otro modo.

 

4 comentarios:

  1. Tu comentario me anima a buscar el libro en la próxima Feria.

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    1. No te decepcionará, es un escritor que en muy poco tiempo ha dejado en las estanterías tres novelas y que ha inventado un paisaje atemporal en el interior de un territorio sumido en los grises de la posguerra. Construye muy bien los ambientes y sus personajes recuerdan a las sombras de la Castilla profunda.
      Un escubrimiento cordial.
      Abrazos.

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  2. Qué alegría que el libro haya caído en tus manos, José Luis. Tus palabras me animan a seguir con fuerza y a considerar que no todo lo que hace uno es azar prescindible. De nuevo gracias por tu apoyo y consideración. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias Ismael, tengo una inclinación natural por esos personajes frágiles que apenas saben qué hacer con su insípida existencia y que se resignan a una historia anónima y sin brillo.
      De esa soledad están hechas las identidades de tu libro. Enhorabuena y mucho éxito.

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