domingo, 19 de mayo de 2013

DOS LIBROS INÉDITOS DE LUIS ROSALES.

El libro de las baladas
y Romances de colorido
(con los poemas anteriores a Abril)
Luis Rosales
Edición de Xelo Candel Vila
Visor Libros, Madrid, 2012


AMANECIDA

   La obra poética de Luis Rosales, aunque siempre ubicada en el estante principal de la lírica del siglo XX, ha tenido en su lectura una percepción sesgada, condicionada en buena medida por los pormenores biográficos. La feroz represión falangista que acabó con la vida de Federico García Lorca en los primeros meses de la guerra civil dejó un tizne sucio sobre su biografía y ni siquiera investigaciones como La calumnia, la definitiva aportación de Félix Grande, han diluido por completo la deleznable falsificación. Por tanto, a pesar de los notables reconocimientos oficiales, su plena ubicación canónica ha sido tardía, como ha sucedido con otros nombres de la generación de 1936. Así lo señala en las páginas introductorias la poeta y ensayista Xelo Candel Vila, continua valedora del legado de Luis Rosales (Granada, 1910-Madrid, 1992), de quien acaba de editar, con Julia Barella, una reflexión crítica que unifica trabajos escritos al hilo del primer centenario.
  Es sabido que el suceder escritural es un largo proceso que aglutina tanteos y circunvoluciones hasta hallar la línea continua en la que mejor se define una voz singular. Los libros y poemas sueltos que aquí recupera Xelo Candel Vila pertenecen a esta fase de amanecida. Son dos libros inéditos que un joven poeta presentó en 1930 en el centro Artístco de Granada. Son frutos de tanteos formativos que solo tienen una dimensión periférica en el quehacer rosaliano. De hecho, casi todos los estudios consideran como inicio el poemario Abril, libro de 1935 en el que son perceptibles los ecos de Garcilaso, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, que ha contribuido a crear un perfil clásico, formalista y de aliento religioso.
   Los conjuntos poemáticos que preceden a Abril deben entenderse como muestras que contribuyen a clarificar el horizonte esteticista del poeta; nos dejan los primeros ensayos formales y algunas motivaciones argumentales que se van afianzando en el tiempo como asuntos consolidados por la experiencia verbal. El libro de las baladas tiene mucho de carpeta de taller, de aplicado ejercicio de manos; mientras que Romance de colorido paga el obligatorio peaje a la poderosa personalidad de Federico García Lorca, en aquellos años inevitable referente cultural. Otros poemas son composiciones desperdigadas en revistas de la época en las que se amalgama la experiencia lectora y cierta ingenuidad juvenil. Son pasos que lentamente llevan hasta el deslumbramiento de La casa encendida, entrega que por sí solo justifica la presencia del poeta de Granada en cualquier canon.
   Estas luces tempranas de Luis Rosales que con tanto acierto contextualiza Xelo Candel Vila en el prólogo y en las minuciosas notas finales suponen una vivificante inmersión en un lenguaje poético maleable, son la propuesta incipiente de una voz en crecimiento que mezcla hechuras y carencias. El cauce de los años hace justicia y concede a Luis Rosales palco fijo en la mejor poesía del siglo XX. 

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