viernes, 14 de noviembre de 2014

ANTONIO PARRA. EN LA ORILLA

Inventario de la felicidad
Antonio Parra (Analecta Literaria)
Colección Astrolabio
Aula de Cultura Astro
Córdoba, 2014
EN LA ORILLA
   La biografía intelectual de Antonio Parra (Melilla, 1946) se amolda a una labor diversa que aglutina periodismo, crítica de arte y poesía. Su carta auroral, Primera ausencia aparece en 1972 pero textos sobre arte reclaman la dedicación del  incipiente poeta que así ve gestarse una senda lírica discontinuo, con grandes paréntesis de silencio, formada por Nemico intimo (Venecia, 1983), Bestiario de amor (Málaga, 1991),  Las maravillas del agua  (Málaga, 1993), El nombre de la tierra (Sevilla, 2011) y el más reciente, Inventario de la felicidad, con los poemas cercanos.
   Suele aflorar en la lírica de madurez un tono elegíaco, una palabra hecha queja que resalta las erosiones propias de los días. Antonio Parra rechaza este enfoque ya en el mismo título del poemario, Inventario de la felicidad, para abrir el poema a la claridad del campo abierto, con la pupila luminosa de quien sabe que en el mero hecho de vivir está creciendo el gozo y la alegría. Aunque el patrimonio vivencial esté marcado por lo transitorio tiene el raro valor de una moneda única e irrepetible. La travesía existencial aporta conocimiento y tejido sentimental, siembra esperanzas y sueños y deja en cada encuentro el encendido abrazo de la inocencia.
   Las palabras del hablante verbal dan cuenta de este descubrimiento cotidiano, proclaman la intimidad de una celebración solidaria y compartida que crea un estar armónico, en el que es posible deambular bajo un sol propicio, rememorando recuerdos o viendo crecer en la memoria los lejanos ecos que se recuperan bajo los pliegues de la nostalgia. Ya no hay desolación en la ausencia sino serena mirada a los trazos del deseo, a la limpia cadencia de una amistad antigua.
   El esquema argumental de Inventario de la felicidad gira en torno a tres vértices complementarios: la vida, el amor y la muerte. Son asuntos que hablan de una poética meditativa e integrada en el hondo discurrir de lo humano. Se realiza el inventario de lo vivido y ese atemperado latir que va cambiando la percepción del cuerpo consumido por su incesante discurrir. El ayer y el presente están conectados por nexos temporales que nos ofrecen distantes visiones de nuestra identidad; la luz ya es penumbra clarificadora y certeza plausible de un final.
   En este inventario de estaciones la muerte se hace llegada, abre su geografía de demoliciones que muestra muros fuertes en el seno de un cuadro, en la sombra ausente de una antigua amistad, en la herida abierta en una etapa de la Historia o en esa hora incierta en la que saldan cuentas los recuerdos.
   Sirve de coda una larga elegía. Un yo desdoblado formula con sesgo reflexivo los meandros del jardín interior: la espera es consciente de que esta larga senda del reloj pierde sus pasos entre la ceniza.
   La poesía de Antonio Parra llega ante el lector como un largo monólogo interior que revisa emociones y sentimientos, con la conciencia de quien habla con el silencio y hace memoria de su estar en la orilla; versos claros que guardan en su pupila los destellos alzados por los días. 

Dibujo de portada
"Retrato del autor"
Obra de Sandro Chia 
     
 

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