martes, 16 de junio de 2015

MARIO VARGAS LLOSA. AÑOS DE APRENDIZAJE

Los cachorros
Mario Vargas Llosa
Edición de Guadalupe Fernández Ariza
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2010

AÑOS DE APRENDIZAJE
 
   La abrumadora aportación de la literatura hispanoamericana al reciente legado del español actual alcanza su momento áureo en un puñado de figuras magistrales nacido al otro lado del océano. Máximo ejemplo de integración e identidad, en el idioma no se advierten fracturas.  Mario Vargas Llosa es uno de esos nombres que marcan senda en nuestra realidad cultural. Nacido en Arequipa (Perú) en 1936, su vocación literaria arranca temprano. Tras los cursos en la Universidad de San Marcos de Lima viaja a Europa, donde publica en 1959 su obra auroral, Los jefes, y tres años más tarde La ciudad y los perros, título que supone su consagración y le concede sitio en la emergente literatura del “Boom”, un movimiento sin definición estética unitaria que aglutina propuestas de ultramar y descubre a escritores como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, José Donoso, José Lezama, Gabriel García Márquez o el propio Vargas Llosa, quien alcanza su madurez narrativa en La casa verde, Los cachorros y Conversaciones en la catedral.
  En casi medio siglo de escritura, el autor ha ejercido una notable labor ensayística y ha entregado otras tantas novelas con múltiples reconocimientos y premios tan importantes como el Príncipe de Asturias, el Planeta, el Cervantes y, en 2010, el Premio Nobel, concedido por la Academia Sueca “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. En tan vasta producción Los cachorros, editado por primera vez en 1967, en la colección “Palabra e imagen” de editorial Lumen, se singulariza por la originalidad de un argumento de alta carga simbólica que, como suele ser norma en la narrativa del peruano, comparte personajes con otras ficciones. La cronología de Los cachorros abarca un periodo temporal de veinticinco años. Comienza cuando los sujetos narrativos se integran en el colegio Champagnat, un microcosmos del barrio limeño de Miraflores, escenario urbano habitual de la clase media peruana. Este arranque de la educación sentimental en un centro religioso supone un largo aprendizaje en el que Cuéllar es el actor central. El discurso es una crónica en la que el narrador configura, ordena y  pone distancia al airear una voz colectiva de ritmo fluido. En ella se yuxtaponen diferentes niveles lingüísticos. El código oral de la infancia, tras el aprendizaje de normas y actitudes, muda los registros; quien relata parece una emanación del grupo y participa en cada una de las identidades. El aparato crítico de la edición permite  conocer los valores semánticos de muchos términos del habla coloquial miraflorino. Se logra trasmitir un efecto de verismo contextual incorporando locuciones exclamativas, giros enfáticos y frases de gran condensación expresiva que se suceden alternando las voces sin interrupción, como si el sonido ambiente envolviera. 
  En la historia de Cuéllar y sus amigos se cumple lo que escribía Antonio Muñoz Molina: “Las grandes novelas de Mario Vargas Llosa funcionan como laberintos constructivos que han de ir siendo descifrados gradualmente por la inteligencia y la imaginación del lector”.
 
                                                                 

4 comentarios:

  1. Un escritor magnífico aunque algunas de sus obras no me gusten demasiado.
    Un abrazo.

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    1. Nadie tiene en literatura el privilegio monocorde la perfección; Mario Vargas Llosa tampoco. Sin embargo, es un excelente novelista con obras como "La casa verde", "Conversaciones en la catedral", "Los cachorros" o "La fiesta del chivo". Además me gustan mucho sus artículos de prensa y su ensayística. Es un clásico de nuestro tiempo (y disculpa, querida Tracy, si la frase suena solemne). Un abrazo.

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  2. Excelente escritor. Recuerdo que en la lectura de La casa verde tuve que pararme y preguntarme en varias ocasiones: ¿Pero qué ha hecho este hombre? ¿Cómo lo ha hecho? y volver a leer una y otra y sorprenderme y admirarlo más. Muy interesante. Abrazos.

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    1. Pienso lo mismo, Carmela; la verdadera biografía de un escritor está en sus obras y no en las circunstancias privadas del sujeto. Un fuerte abrazo.

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