jueves, 12 de mayo de 2016

ÁNGELES MORA. FICCIONES PARA UNA AUTOBIOGRAFÍA

Ficciones para una autobiografía
Ángeles Mora
Bartleby  Editores
Madrid, 2015





LA VERDAD DEL POEMA

  La concesión del Premio de la Crítica en 2016 a Ángeles Mora por su libro Ficciones para una autobiografía perfila con nitidez los trazos de un legado poético que arranca en 1982 y que está compilado en volúmenes como  ¿Las mujeres son mágicas?, con prólogo de Miguel Ángel García, y Antología poética, selección editada por Luis Muñoz. A ellas se incorpora en 2008 la entrega  Bajo la alfombra.
  En este periodo creador de la poeta de Rute, afincada en Granada desde su formación universitaria, hay una explícita apuesta por el intimismo confesional, una poesía a media voz que crea musculatura al yo verbal para marcar un trayecto existencial que encuentra su verdad en el poema. Otra vez renace esa fértil discusión crítica que indaga la trama convivencial entre sujeto real  y entidad literaria, un debate que marcó sendas de lucidez en las décadas del cierre de siglo, cuando fue etiqueta vertebradora la denominada “poesía de la experiencia”
  La cita de arranque que Ángeles Mora elige para su poemario establece un punto de partida, como si dejara al lector en una convención establecida. Pertenece a Philippe Lejeune: “Toda autobiografía implica un pacto con el lector”. Por tanto, no interesa tanto el cauce secuencial del pasado repleto de contingencias sino la reconstrucción de una etapa en la que la conciencia de ser recupera una identidad con caligrafía objetiva. El pasado regresa al ahora para dar voz a un tiempo cambiante que se ha preservado dentro del yo.
  Es el hilo roto de la vida en curso y solo permite una lectura fragmentaria en los rincones de la memoria. Esa lectura está repleta de indeterminación y niebla, como si la percepción sensorial tuviese que aportar una dimensión nueva, entre la realidad y el espacio onírico. Así se vislumbra en el poema “¿Quién anda aquí?”: “¿Quién anda aquí? /¿Quién va y viene sin ruido entre mis cosas, / penetra con sigilo  / de noche en mis papeles / usurpando sus notas? / ¿Quién vierte la tinta / que me roba el sueño?” En el tranquilo devenir de las horas, la rutina difunde su extravío. Expande sus quehaceres, salpica de sedentaria quietud y deja una apariencia gastada sobre lo cotidiano donde resulta difícil reencontrarse. Los caminos de regreso están dentro y hay que saber preservar los destellos que convierten los latidos diarios en ejercicios de plenitud y belleza: “Regando el corazón  / que se te ofrece / puedes ser más feliz / que si lo arrancas. / Busca dentro de ti / las luces que más arden “.
  En el quehacer de Ángeles Mora se hace preocupación recurrente el rol femenino y sus arquetipos, como sucede en magisterios cercanos a la autora como Wislawa Szymborska. Ese estar tradicional del ama de casa abocada a representar un papel secundario en el cuarto oscuro de la soledad altera el ánimo del verso y exige abrir ventanas. Hay que buscar lugares al sol, rincones habitables sin príncipes azules ni engañosas migajas de una realidad que desenfoca la dignidad de lo femenino.
  La poesía de Ficciones para una autobiografía respira el aire libre de lo necesario; sirve para percibir el fulgor emotivo que habita en las encrucijadas del tiempo. Allí permanecen los signos más precisos de la propia imagen, sin límites ni gradaciones, convirtiendo el poema en una búsqueda que dota de sentido cada amanecida., aunque el yo que perdura nunca sea el mismo.


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