miércoles, 21 de junio de 2017

CANTOS DE FORTALEZA. ANTOLOGÍA DE POETAS VENEZOLANAS

Cantos de fortaleza
Antología de poetas venezolanas
David Malavé Bongiorni y Artemis Nader (Compiladores)
Prólogo de Rodolfo Häsler, epílogo de Rafael Arráiz Lucca
Kalathos Ediciones, Alcobendas, Madrid, 2016 
VERSOS DE TIERRA

   La poesía no se ausenta, aunque las condiciones históricas de la época en que se escriba difundan casi un estado de emergencia e incertidumbre. Cuesta pensar en la situación política actual del país latinoamericano sin que se haga inmediato en la retina un desfile de imágenes del conflicto social, el grito de la calle y la dura represión auspiciada por el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. En este contexto, como escribiera Blas de Otero, quedan la palabra y la poesía; así lo muestran los compiladores que dibujan un mapa lírico de Venezuela en el trabajo de catorce poetas representativas de distintos idearios.
   David Malavé Bongiorni, editor de Kalathos, subraya en el umbral la notable ausencia de poesía venezolana en el exterior y la necesidad de crear una estrategia concertada para difundir talentos. Así nace casi en clave lúdica este muestrario de trayectos cruzados con la pretensión de ser piedra angular de la poesía femenina, un quehacer convertido en pulso y sentimiento sobre la cronología de un momento histórico sombrío.
   El poeta y traductor Rodolfo Häsler ofrece en su liminar un enfoque diacrónico sobre las poetas en la historia latinoamericana. Sondea la arteria para cifrar sus presencias más notorias. La nómina adquiere un perfil sólido y representativo en el que cuajan como espacios imprescindibles sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gabriela Mistral. Ellas son el sustrato que avala con su magisterio el discurrir generacional en los distintos países. También adquieren el vigor del canon en Venezuela para ceder turno a quienes inician trayecto en la década del setenta y del ochenta; es una promoción donde sobresalen Edda Armas; Cecilia Ortiz, Márgara Russotto, Yolanda Pantin y Laura Gracco. Son ángulos de exploración en los que adquiere cuerpo la conciencia de lo femenino y la indagación en lo existencial que en Cantos de fortaleza se resuelve desde enfoques autónomos.
   Inicia la selección María Clara Salas (Caracas, 1947). Doctora en Filosofía y con amplia cosecha, su obra sondea temas perdurables que se definen en lo cotidiano: el ser temporal, la erosión del tiempo, la otredad, el pulso sostenido entre sueño y realidad…  Son núcleos expresivos de un intimismo figurativo y coloquial, que no teme al verso dialogal porque sabe que cada poema se habla a sí mismo y comparte incertidumbres y lugar de paso en lo diario.
   Rafael Arráiz Lucca, responsable del texto crítico final, acuñó un aserto que resulta útil para entender este fresco poético: “El coro de las voces solitarias”. Todas comparten el puente común de la poesía pero cada voz sostiene su opción estética para desplegarse en singular. La recopilación de Cecilia Ortiz (San Casimiro, 1951) resalta su búsqueda de la imagen sorprendente y la entidad del simbolismo sobre lo anecdótico; también la importancia de la naturaleza como código de señales frente al sujeto capaz de conceder al entorno una realidad enriquecida. La poeta tantea con la mirada el sentido final de la escritura que hace de la palabra un territorio cognitivo.
  La ruta creadora de Belkys Arredondo Olivo (Caracas, 1953), poeta, periodista y editora, arranca en 1998. Su muestra abarca  poemas breves y prosa poética y ha sido antologada en distintos países. Su poesía es directa, con la voz fuerte del canto que nunca posterga la variedad de estratos temáticos en su desarrollo. En sus poemas el amar y el creer aguzan sus preguntas sobre las pulsaciones de lo cotidiano.
   Amplia germinación tiene la trayectoria de Yolanda Pantin, quien personifica un protagonismo estelar en la cartografía actual. Así lo testifica País. Poesía reunida (1981-2011), volumen editado en España por Pre-textos en 2014. En su lírica adquiere contundencia un trasfondo reflexivo por el que lo subjetivo y lo personal muestran la travesía de una experiencia transcendida.
   Solo veinte años tenía Edda Armas (Caracas, 1955) cuando amaneció su temprana incursión Roto todo silencio, poemario reeditado hace apenas un año. La poeta, que acomete tareas de gestión e imparte talleres literarios, tiene una amplia presencia en revistas y antologías y ha impulsado la edición independiente. Sus  versos recorren caminos de retorno con una mirada narrativa que entrelaza anecdotario y pauta reflexiva.
   Las voces anteriores constituyen el cimiento primero de un muestrario que no presenta quiebras experimentales ni cambios de rumbo sino un cauce fluido que adquiere en su transcurso mutaciones individuales. Así, la poesía de María Antonia Flores (Caracas, 1960) busca en la palabra una sustrato sensorial, o concede voz, como sucede en el excelente poema “Mirada antigua”, a una genealogía femenina que moldea en el tiempo su identidad plural. En su escritura percibimos un variable entrelazado temático que conjuga percepción sensible, reivindicación del ser existencial, a resguardo de la soledad y con un epitelio de resistencia, y un registro formal amplio.
   En Patricia Guzmán predomina un diálogo con la tradición y un misticismo renacido que emparenta su lírica con el cántico. Así se percibe en su propuesta más reciente,  El  almendro florido. En su estela creadora también abren bifurcaciones el intimismo y la presencia sentimental de lo cercano, como si la existencia discurriera en un claro diálogo entre protagonista lírico y entorno.
   El quehacer de Sonia Chocrón destila poesía, narrativa y guiones para cine y televisión; son dominios alternos y complementarios. En su estela lírica encuentra cauce una dicción comunicativa que busca referentes culturales en el cine y en las aportaciones de la tradición oral.
   La década del sesenta está ampliamente representada en Cantos de fortaleza por la obra de Claudia S. Sierich, Gabriela Kizer, Jacqueline Goldberg, Gina Saraceni, Carmen Verde Arocha y Eleonora Requena. Son travesías que aportan sensibilidades donde cala, junto a la indagación individual que parte de la experiencia cotidiana, el rumor de lo colectivo y los fragmentos de la intrahistoria común. Así se afianzan poéticas entre el pesimismo y la luz, aunque como escribe Gabriela Kizer late el propósito de que la senda grabada por el poema no sea nunca la crónica del desconsuelo.
   Asentado el paisaje versal, firma el epílogo Rafael Arráiz Lucca. El crítico opta por el repaso en el tiempo para recuperar en la biblioteca la aportación femenina consignada. En ella son indicios claros la pluralidad, la ausencia de cualquier localismo y el empeño individual que ahuyenta cualquier gregarismo.
  Los nombres reunidos en Cantos de fortaleza tejen pasión literaria y ángulos de un paisaje cultural que disuelve cualquier pesimismo sobre el espacio del presente. la poesía sigue brotando en las condiciones más adversas, se incardina en la sombra y en el extrañamiento para curar heridas. Los poemas dan fe de lo vivido en su sentido más cotidiano e inmediato. Sobre las cuartillas grises del lenguaje, las poetas de Venezuela anulan palabras, tiempo y esperanza.
   

4 comentarios:

  1. Me emociona mucho encontrar las letras venezolanas en tus puentes, bajo tu mirada. Estupenda reseña, José Luis. Muy completa y muy puntual. Esperanzadora.
    Muchas gracias por el respiro.

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    1. Esa puerta que tú has abierto en mis lecturas críticas me está dejando un perfil nítido y repleto de interés de la creación actual en Venezuela, así que solo puedo estar agradecido por la verdad poética del país que ha dejado en mis manos la editorial Kalathos y por tu empeño en propiciar enlaces, querida Gabriela, desde la poesía. Un fuerte abrazo de nuevo y feliz jornada.

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  2. Vemos con entusiasmo que la poesía Venezolana cierra filas detrás de los pétalos de una poesía confesional que adorna la expresión de lo cotidiano y coloquial, como expresión fluida que busque la aceptación de nuevos púlpitos y creyentes mas sutiles y consuetudinarios que experimentales. Saludos Jose Luis siempre leemos con avidez y entusiasmo esos juegos de palabras que rugen como modernas expresiones poéticas llenas de fuego fértil y contenido audaz.

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    1. Las antologías siempre dejan un caminar por lo diverso, querido Nelson, y esta muestra de voces venezolanas también; pero el libro es extraordinario y permite conocer propuestas creadoras perdurables. Así que lo recomiendo sin ninguna sombra. Un fuerte abrazo y muy agradecido por tu interés.

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