viernes, 19 de enero de 2018

MARÍA TENA. EL NOVIO CHINO

El novio chino
María Tena
Premio Málaga de novela 2016
Planeta Libros
Sevilla, 2017

 ENCUENTROS


   El anclaje narrativo de María Tena (Madrid, 1953) tiene una notable solidez. Es autora de las ficciones Tenemos que vernos, Todavía tú y La fragilidad de las panteras. Sus novelas conforman estaciones pautadas de un itinerario que también engloba el cuento y la prosa didáctica de los libros de texto. Esa labor creadora se completa con la práctica docente, como profesora de escritura creativa, y con la versión al castellano de la obra de Virginia Woolf.
   La celebración en 2010 de la Exposición Universal en Shanghái (China) en la que España participó con un vistoso pabellón temporal supuso el nombramiento de María Tena, funcionaria del Ministerio de Cultura, como Comisaria General del mismo. Esta responsabilidad motivó el traslado a la ciudad china durante un año por motivos laborales. Por tanto, la semilla argumental de El novio chino parte de una nítida experiencia personal en ese entorno.
   Con trazo lapidario, María Tena revela de inmediato la tormenta existencial del protagonista principal, Bruno, quien a sus cincuenta años está dispuesto a emprender un largo trayecto para huir del pasado. La voz omnisciente clarifica: “Viaja solo, está arruinado y no es imbécil, pero no piensa rendirse. El dry Martini le inunda de optimismo”. También el joven Wen es un fugitivo del ayer, alguien que busca un sitio donde ir para abrir amanecidas con otra identidad. Por eso cambia de nombre al llegar a Shanghái. Se llamará John para dejar detrás un mundo cerrado.  En su pueblo natal el discurrir del tiempo solo fluye supervivencia, una abrasiva lentitud que va diluyendo cualquier esperanza.
   La distancia es una estrategia para sentirse a salvo. El amor también. La soledad de ambos no tarda en romper el muro de las lenguas y las asimetrías sociales para establecer una relación de complicidad y atracción física que incorpora al presente una razón de ser. Las responsabilidades de Bruno como parte del Equipo Directivo del Pabellón de España en la Expo pasan a ser una actividad secundaria. La realidad ahora se mide por la presencia de John con quien descubre que no todos los atardeceres son tristes.   
   La calidez del abrazo invita a la celebración; la relación amorosa abre una ventana de ilusiones y miedos, de protección y empeño por no decepcionar al otro. Pero las diferencias culturales están ahí. Oriente y Occidente son ámbitos distintos y esas sensibilidades adquiridas durante años no pueden cambiarse de inmediato. Solo la voluntad deja una luz encendida para cuando se pueblen los andenes de soledad. eso mantiene viva la ilusión de un futuro común cuando los pabellones de la exposición universal sean solo un lugar de demoliciones y escombros.
   Volver a casa es empezar de nuevo y hacer de la memoria un testigo insomne, un espacio de conocimiento y búsqueda contra el tiempo. Una lucha perdida pérdida de antemano, un espejismo, porque el encuentro no es sino la certeza de que ambos están en otra edad y en otro tiempo. Otra vez la tristeza tiende su mano: “El tiempo es un paisaje por el que han pasado lluvias y siembras”.
   Siempre dispuesta a entender el cauce narrativo como una propuesta dialogal con el lector, ajena a hermetismos experimentales, María Tena nos deja en El novio chino una puesta en escena convertida en parte fundamental de la historia; Shanghái se suma al deambular de dos protagonistas en primer plano que trazan sus circunvoluciones en torno al amor. Así nace una novela bien construida, que propaga verosimilitud en su relato y que deja en el lector una prosa intimista y reflexiva, implicada en la textura de intereses que definen nuestro tiempo.

  






2 comentarios:

  1. Muy completa la reseña que haces, José Luis, de la obra y lo bien que describes el entorno y circunstancias de la autora al escribirla. Aportas conocimiento y, a la vez, despiertas interés por ambas cosas. Felicidades !!!.

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    1. María Tena es una estupenda novelista, J Carlos; hace del avance narrativo un ejercicio de amenidad, una invitación a la lectura. Sus personajes son reales, están ahí, forman parte del tejido diario y exploran actitudes y sentimientos repletos de verosimilitud. El libro te encantará.

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