sábado, 24 de julio de 2021

JESÚS MARÍA GÓMEZ Y FLORES. LAS ERRATAS DE LA EXISTENCIA

Las erratas de la existencia
Jesús María Gómez y Flores
Grupo Editorial Sial Pigmalión
Colección Pigmalión Extremadura
Madrid, 2021

 

HÁBITOS DEL DOLOR

   Jesús María Gómez y Flores (Cáceres, 1964) opta en su última entrega por un título de fuerte vibración emocional, Las erratas dela existencia. Cede la palabra a un alter ego que sondea el agua removida de un tiempo extraño, tanto en lo personal como en la conjugación compleja del nosotros. Los que han asistido al proceso creador del magistrado, gestor cultural e incansable coordinador de los ciclos literarios de Norbanova, percibirán de inmediato que esta amanecida incide en la naturaleza del dolor y en sus efectos sobre la semántica de las palabras para trazar los rasgos del río existencial y su discurrir tumultuoso. Desde esta premisa crítica enfoca el prólogo el poeta y crítico Hilario Jiménez Gómez, quien sintetiza con lúcido acierto, el poemario como un espacio anímico en el que germinan las emociones y los claros reflejos de la sensibilidad personal. Para el escritor “Las erratas de la existencia es seguramente su libro más turbio, de fondos oscuros, que bucea en esas sensibilidades humanas llenas de defectos e impurezas. Pero es ahí donde brotan las emociones, en el dolor y en las ausencias”. El poeta vertebra su quehacer en cinco tramos escriturales precedidos por citas de enunciados clarificadores. El paratexto recurre al legado clásico para reactualizar aportes reflexivos de Sartre, Kafka, Camus, Houellebecq y María Zambrano. En ese contexto de idearios se insertan los seis apartados de Las erratas de la existencia, cuyos epígrafes optan por formular ideas explícitas, como si definieran, con la fuerza lacónica del aforismo, capítulos vivenciales. Así, el primer paso “Huida hacia adelante” formula una situación de partida que asocia la náusea con el estado natural del sujeto. El presente se ha convertido en un entorno desapacible, un marasmo de insomnio en el que la cronología difumina su discurrir. Lo rutinario arrastra hacia una deriva que estremece el ánimo, sin que exista terapia capaz de detener ese intenso proceso erosivo. Nada queda de aquellos sueños que idealizaban el futuro y transformaban el paso del tiempo en posibilidad y esperanza; todo resultó “una vidriosa pantomima” que lastra el fluir de la conciencia: “Pronto te costará reconocerte más allá de una mancha gris, / La Náusea seguirá encaneciendo los sentidos, / dejando al descubierto las erratas de la existencia”.  Con un claro sentido metaliterario se abre la segunda sección, “Empeñar las palabras”, que hilvana desarrollo a partir de una cita de Franz Kafka, extraída de El proceso. Una inadvertida contingencia quebrante el fluir libre del estar diario y conecta con el túnel sombrío de la burocracia. El poeta explora con sentido crítico las turbulencias de la administración y su empeño en construir una realidad alternativa que fusiona un magma de normas y laberintos repletos de bifurcaciones mentales donde se extravía la libertad. Jesús María Gómez y Flores acierta al dar una presencia fuerte a la historia social en el apartado “Escuecen los días”; así, concibe la memoria como un discurrir que fagocita recuerdos y presencias. Renacen en los poemas los últimos días de Antonio Machado buscando la última costa de Colliure. La muerte se muestra omnipresente y a deshora para dictar sus propias leyes, como una advertencia que encierra en el miedo y pone en cuarentena, aunque el yo poético  nunca renuncia al ejercicio de sembrar preguntas y buscar sentido a su libertad. En los poemas de “Isla en el mapa”, abiertos con citas de Michel Houellebecq y Rosario Troncoso, se despliega el mapa de la soledad.  Como si el silencio digital de internet fuese la única conversación posible, el tiempo se llena de retornos de la memoria y de la inmersión de sensaciones difusas que encuentran en el lenguaje la posibilidad de preservar su misterio: “Desenterrar los iconos deslucidos de la memoria, / aquellos que no pocas veces cuesta creer que algún día / fueran más que simple apariencia. / Coleccionamos recuerdos. Seremos recuerdos”. Si el libro utiliza el verso libre en todos sus poemas, en el apartado “Lágrimas” resalta el uso del haiku como continua estrategia formal; el ambiente crepuscular de intimismo y exploración del discurrir prosigue, es un ejercicio introspectivo abierto a la carga conceptual de la quietud: “Sigues buscando / la respuesta a tus dudas, / las piedras callan”; “Sueñas ser libre. / Se dispersan las hojas / bailando al aire”. También la brevedad de la sección final deja en sus poemas la voz paradójica de la pandemia, otra forma de realidad que ponen frente a las palabras una cosecha de incertidumbre. La ominosa certeza de las estadísticas llena las manos de ausencias y los meses ratifican la indefensión de ser y su vulnerable estar a la intemperie.
   Los poemas de Las erratas de la existencia expanden los pasos de un tiempo hecho a la sombra. La palabra se hace apelación y enunciado. Cuestiona la esperanza  y su puente tendido al porvenir, como si el entorno exterior, en un nítido intento de unificación que asume sensaciones e incertidumbres, hubiese contagiado a la conciencia de una respiración desapacible. Solo queda en las manos la certeza de otro tiempo, el tanteo para hallar las coordenadas precisas del regreso que pongan fin a este largo deambular por la intemperie.  
 
JOSÉ LUIS MORANTE   
     
 
 

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