lunes, 4 de julio de 2022

KARMELO C. IRIBARREN. DIARIO DE K. (2010-2022)

Diario de K.
(2010-2022)
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de José Luis Cancho
Editorial Papeles Mínimos, Narrativa
Madrid, 2022

 

IR TIRANDO


   El despliegue poético de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) se compiló en el volumen Poesías completas (1993-2019) editado en 2020 por Visor, la misma editorial que ha impulsado la publicación de las últimas entregas del poeta, Un lugar difícil (2019) y El escenario (2021). Estas salidas culminan un basamento de sólido anclaje que ubica al autor en la primera fila del espacio poético contemporáneo. El discurrir lírico convive con otro registro, la autobiografía, presente en la entrega Diario de K. (2014), una obra en prosa en torno al extrañamiento de lo cotidiano en la que el yo poético se convierte en espectador de un tiempo existencial.  El despertar genera relieves, fragmentos y mutaciones y da singularidad a la oscura pequeñez de lo diario.
   El poeta y novelista José Luis Cancho alerta en el prólogo que el paisaje verbal del ideario realista no es un ejercicio de mimetismo sino una reconstrucción nacida de la contemplación de lo inmediato. Los paseos de Karmelo C. Iribarren por el barrio viejo de San Sebastián prodigan una mirada nómada, dispuesta a la percepción sensorial, la captura estética y la reflexión crítica. Así nace ese diálogo confidencial entre escritura testimonial y representación artística, un cauce de largo recorrido que constituye el venero básico de Diario de K. “un libro escrito contra la banalidad y la pérdida de la realidad, pero también contra las diatribas campanudas, contra las retóricas inanes”.
  De inmediato se percibe que el diario de Karmelo C. Iribarren desdeña normas básicas del convencionalismo autobiográfico. Las anotaciones no están fechadas ni buscan la ubicación urgente de la verosimilitud espacial. Como resalta la cita de Josep Pla: “la vida es una cosa complicada y difícil, imposible de definir, que consiste en ir tirando”. Tampoco los textos tienen la naturaleza enunciativa de quien describe lo que pasa en la calle y cuenta un recuerdo o una situación, sino que, con frecuencia, emplean en su léxico coloquial el preciso formato del aforismo: “El futuro nunca es para tanto, y a veces es peor”, “El desconfiado te mira siempre por la mirilla”, “Lo importante suele pasar ante nuestros ojos, pero de incógnito”, “Para vivir no se necesita demasiado, pero siempre hay algo que nos falta”, “No pienso como tú porque pienso. Piénsalo”. Alguna vez, conversando con el poeta por un proyecto literario común, Karmelo C. Iribarren argumentaba que no sabía si era aforista; naturalmente, las teselas de Diario de K. dibujan con escueta precisión el perfil aforístico del escritor, esa música de fondo que une pensamiento y poesía y clarifica que el escritor no es solo un aforista sino uno de los mejores, dispuesto a reclamar sitio en cualquier antología del género.
   Recuerda que “La intimidad es como el universo, no tiene límites, todo es apasionado afán de búsqueda y de descubrimiento en ella”. Este pensamiento convierte en ejes de cada texto  la emoción, el monólogo interior intimista y el uso de una voz compartida con el hombre de la calle, que conserva la apostura y el sentido del humor también en ese tiempo de relleno del fin de jornada, que hace del día una página sin aliento y reiterativa.
  El avance del diario opta por la cercanía, con un paso figurativo y cercano, alejado de la abstracción conceptual, tendente a emplear la ironía como recurso distanciador: “Hay gente que se entusiasma hablando de la muerte. Suelen ser tipos de tez pálida, pelo lacio, graso, onanismo compulsivo e inclinaciones filosóficas”, “iba de escritor maldito, pero se veía enseguida que solo bajaba a los infiernos el fin de semana, y que lo hacía en ascensor, sin riesgo ninguno”. En esta literatura de ficción autobiográfica es frecuente la mirada a la propia escritura. La autocrítica desbroza, comparte propósitos, advierte de los recodos y meandros del hecho creador. Supone también una rehumanización de lo literario que da coherencia y naturalidad al discurrir de la página: “Gran parte de mi poesía puede definirse como “el intento fracasado de atrapar la inapresable lírica de un entusiasmo que se apaga”. Quien habla en el texto, huye de la complacencia, enlaza impresiones con la mirada observadora del lector, hace suya esa distancia que media entre realidad y propósito. Esta preocupación metaliteraria afecta también a la consideración del propio diario como estrategia expresiva que aglutina una filosofía vital. Las anotaciones, más allá de su epitelio contingente, guardan la pasión por el saber y el conocimiento de los rincones de la propia identidad; son indagación continua, búsqueda, camino.
  En los pasos autobiográficos de Karmelo C. Iribarren la desmitificación es una tarea constante. Conviene reajustar el punto de fuga de lo solemne y contemplar las cosas a tamaño natural; o mejor: entre la niebla, para borrar un poco las asimetrías y claroscuros de lo contingente. Los textos sugieren autenticidad; la esencia narrativa perfila y humaniza. En los fragmentos de Diario de K. (2010-2022) se encierra el sentido filosófico de quien aspira a sobrevivir entre personajes normales, sin épica; gente nómada que deambula por el filo de un derrumbe inminente, antes de perderse en algún punto oscuro del tiempo. Todos participan de la condición de un yo indeciso, de quien baraja asentimientos y dudas, pero nunca renuncia a una ética contundente y aséptica, incluso en medio de ninguna parte.
  El hablante del diario sabe que la existencia propicia continuos descubrimientos y que se trata de caminar al paso, de conversar con  una intensidad sin riesgo, de sostener entre la arquitectura de la memoria, sin alardes, unos hilos de vida, unos días de sol.

JOSÉ LUIS MORANTE



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