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lunes, 11 de mayo de 2026

KARMELO C. IRIBARREN. DIARIO DE K.

Diario de K (2010-2022)
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de José Luis Cancho
Editorial Papeles Mínimos / Narrativa
Madrid, 2022 

 

IR TIRANDO

 

   El despliegue poético de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) se compiló en el volumen Poesías completas (1993-2019), editado en 2020 por Visor, la misma editorial que ha impulsado la publicación de las últimas entregas del poeta, Un lugar difícil (2019), El escenario (2021) y La última del domingo (2024). Estas salidas culminan un basamento de sólido anclaje que ubica al autor en la primera fila del espacio poético contemporáneo. El discurrir lírico convive con otro registro literario, la autobiografía, presente en la entrega Diario de K. (2014), una obra en prosa en torno al extrañamiento de lo cotidiano en la que el yo poético se convierte en espectador de un tiempo existencial.  El despertar genera relieves, fragmentos y mutaciones. Da singularidad a la oscura pequeñez de lo diario.
   El poeta, escritor de diarios y novelista José Luis Cancho alerta en el prólogo que el paisaje verbal del ideario realista no es un ejercicio de mimetismo sino una reconstrucción nacida de la contemplación de lo inmediato. Los paseos de Karmelo C. Iribarren por el barrio viejo de San Sebastián prodigan una mirada nómada, dispuesta a la percepción sensorial, la captura estética y la reflexión crítica. Así nace ese diálogo confidencial entre escritura testimonial y representación artística. Un cauce de largo recorrido que constituye el venero básico de Diario de K. “un libro escrito contra la banalidad y la pérdida de la realidad, pero también contra las diatribas campanudas, contra las retóricas inanes”.
  De inmediato se percibe que el diario de Karmelo C. Iribarren desdeña normas básicas del convencionalismo autobiográfico. Las anotaciones no están fechadas ni buscan la ubicación urgente de la verosimilitud espacial. Como resalta la cita de Josep Pla: “la vida es una cosa complicada y difícil, imposible de definir, que consiste en ir tirando”. Tampoco los textos tienen la naturaleza enunciativa de quien describe lo que pasa en la calle y cuenta un recuerdo o una situación, sino que, con frecuencia, emplean, en su léxico coloquial, el preciso formato del aforismo: “El futuro nunca es para tanto, y a veces es peor”, “El desconfiado te mira siempre por la mirilla”, “Lo importante suele pasar ante nuestros ojos, pero de incógnito”, “Para vivir no se necesita demasiado, pero siempre hay algo que nos falta”, “No pienso como tú porque pienso. Piénsalo”. . Alguna vez, conversando con el poeta por algún proyecto literario común, Karmelo C. Iribarren argumentaba que no sabía si era aforista; naturalmente, las teselas de Diario de K. dibujan con escueta precisión el perfil aforístico del poeta, esa música de fondo que une pensamiento y poesía y clarifica que el escritor no es solo un aforista sino uno de los mejores del momento, dispuesto a reclamar sitio en cualquier antología del género.
   Recuerda el donostiarra que “La intimidad es como el universo, no tiene límites, todo es apasionado afán de búsqueda y de descubrimiento en ella”. Este pensamiento convierte en ejes de cada texto  la emoción, el monólogo interior intimista y el uso de una voz compartida con el hombre de la calle que conserva la apostura y el sentido del humor, también en ese tiempo de relleno del fin de jornada, que hace del día una página reiterativa, desalentada.
  El avance del diario opta por la cercanía, con un paso figurativo y coloquial, alejado de la abstracción conceptual, tendente a emplear la ironía como recurso distanciador: “Hay gente que se entusiasma hablando de la muerte. Suelen ser tipos de tez pálida, pelo lacio, graso, onanismo compulsivo e inclinaciones filosóficas”, “iba de escritor maldito, pero se veía enseguida que solo bajaba a los infiernos el fin de semana, y que lo hacía en ascensor, sin riesgo ninguno”. En esta literatura de ficción, con apariencia de página realista y autobiográfica, es frecuente la mirada a la propia escritura. La autocrítica desbroza, comparte propósitos, advierte de los recodos y meandros del hecho creador. Supone también una rehumanización de lo literario que da coherencia y naturalidad al discurrir de la página: “Gran parte de mi poesía puede definirse como “el intento fracasado de atrapar la inapresable lírica de un entusiasmo que se apaga”. Quien habla en el texto, huye de la complacencia, enlaza impresiones con la mirada observadora del lector, hace suya esa distancia que media entre realidad y propósito. Esta preocupación metaliteraria afecta también a la consideración del propio diario como estrategia expresiva que aglutina una filosofía vital. Las anotaciones, más allá de su epitelio contingente, guardan la pasión por el saber y el conocimiento de los rincones de la propia identidad; son indagación, búsqueda, camino.
  En los pasos autobiográficos de Karmelo C. Iribarren la desmitificación es una tarea continua. Conviene reajustar el punto de fuga de lo solemne y contemplar las cosas a tamaño natural; o mejor: entre la niebla, para borrar un poco las asimetrías y claroscuros de la identidad. Los textos sugieren autenticidad; la esencia narrativa perfila y humaniza. En los fragmentos de Diario de K. (2010-2022) se encierra el sentido filosófico de quien aspira a sobrevivir entre personajes enfermos de normalidad; gente nómada que deambula por el filo de un derrumbe inminente, antes de perderse en algún punto oscuro del pasado. Todos participan de la condición del indeciso, de quien baraja asentimientos y dudas, pero nunca renuncia a una ética contundente y aséptica, incluso en medio de ninguna parte. El hablante del diario sabe que la superficie de lo real es una zona de riesgo.

JOSÉ LUIS MORANTE






  
 
 
 
 
  

martes, 14 de mayo de 2024

KARMELO C. IRIBARREN. LA ÚLTIMA DEL DOMINGO

La última del domingo
Karmelo C. Iribarren
Premio de Poesía Hermanos Argensola 2023
Colección Visor de Poesía
Madrid, 2024




PUESTA EN ESCENA


 
   Sin afectación intelectual y con la serena cercanía de la confidencia, la poesía de Karmelo C. Iribarren (Donosti, 1959) nunca pretendió ser otra cosa que felicidad lectora, un refugio seguro. Marcar la piel del agua de un vivir impuesto y rutinario que hace de las calles crepusculares una puesta en escena, aparentemente desatina y gélida, como esas horas grises de las atardecidas del domingo. No se elige ser; se sobrevive frente a los zarpazos de lo contingente, mientras el entusiasmo se constipa. Un estar desmembrado que deja el ánimo convaleciente y salpicado de escepticismo, convencido de que lo imprevisible anula la voluntad y tiene siempre la última palabra. Con esa filosofía ha ido creciendo en el tiempo el discurso poético del donostiarra hasta convertirse en una realidad tangible, en un legado pleno de solidez y fuerza emocional del que da buena cuenta Poesía completa (1993-2018) una geografía de entregas transitables con pórtico de Pedro Simón. El prologuista escribe:”Karmelo nos recuerda que no sólo somos las cosas que nos pasan, sino sobre todo las cosas que no nos pasan. Somos los trenes que no cogimos. Los amores que no tuvimos. Las veces que preferimos quedarnos quietos…”
   Aquella entrega parecía el escogido andén de un particular ciclo literario, una puerta de cierre que clausuraba por un tiempo la conexión emocional con la poesía. Pero las constantes vitales del poema siguen, son un continuo que se mantiene en vigor, incluso en estado latente, bajo mínimos, para retornar con fuerza al primer plano para manifestar de nuevo el ser de la existencia. Así nacen ahora los poemas de La última del domingo, ganador del Premio de Poesía Hermanos Argensola 2023, prestigioso certamen convocado por el Ayuntamiento de Barbastro.
   Vigilia y sueño se entrelazan para apagar la noche y dejar paso a la amanecida, ese territorio del sujeto verbal  en el que aflora la soledad, como un vaivén de olas que no deja de alcanzar el litoral diario, ese espacio de la monotonía en el que la rutina se hace fuerte: “Después de las catástrofes y las guerras, / después del infierno del desamor, / aparece ella, / como si nada, / y te ayuda a seguir adelante.” El paso rutinario es riguroso en sus límites, mantiene el ánimo tranquilo pero no anula el quebranto, ese paso cambiado del azar que trastoca razones emocionales. Este proceso, oscuro y lleno de interrogantes, reactualiza esperanzas y concede al poema otra oportunidad. La escritura es entonces un claro testimonio de lo mudable, una forma de observar síntomas que advierten que crecen cerca las expectativas y los logros, los devaneos de una realidad personal que incluso admite la lógica de la apariencia, los chistes malos, la inquietud y el desánimo: “La insensatez / campa a sus anchas por el mundo, / es necesario / acometer pequeños actos de cordura, / equilibrar un poco la balanza”.    
   El entorno conjuga sensaciones, convierte al protagonista verbal en una presencia que deja libertad a pensamiento y sentidos, que comparte los estados de ánimo del paisaje para que guarde sitio a las emociones y al despliegue de afectos, mientras el tiempo escribe su propia biografía.  De cuando en cuando el sujeto se vuelve hacia sí mismo para compartir las impresiones de una lectura, como sucede en “Historia de un poema”. Se mira en el espejo de lo autobiográfico para hacer un retrato de su estar entre palabras y de la aparente nadería crepuscular de lo laborable, hecha de menudencias destinadas a perderse en cualquier callejón de la memoria.
   Quien escribe retorna sobre sus pasos y busca matices nuevos en los itinerarios conocidos. Cuando habla del transitar colectivo se siente un aprendiz constante, una sombra diluida y fugaz; un habitual del conocimiento y la memoria que cuando sale de su recinto íntimo se lleva alguna ropa de entretiempo y el escepticismo pesimista de Cioran, como terapia básica contra el derrumbe: “Una dosis de Cioran / por las mañanas / me inmuniza para el resto del día. / Gracias a ella, / la estupidez y la maldad / no me cogen por sorpresa / y hasta pueden arrancarme una sonrisa / si sus efectos / al final resultan / más ridículos que fatales”.
   De cuando en cuando despierta, en el aire reflexivo del poema y sus divagaciones sobre la temporalidad, la brisa fresca de la ironía y el terapéutico sentido del humor. Las pequeñas dosis de pigmentos coloristas que dibujan sonrisa en las palabras. Vemos sus contornos en poemas como “El hartazgo de los ascensores” y “Damnificados”, composición en torno al mal trago de la felicidad de los otros, o el excelente “Ráfagas de optimismo” que convierte las conjeturas sobre la ausencia de amigos y conocidos en la posibilidad de una simple mudanza.
   El ámbito argumental de La última del domingo alterna en su dominio los pasos enmarañados del pensamiento, que llenan de incertidumbre e indagaciones tantas presencias anónimas, y los escaparates encendidos del ahora con sus rincones de claridad y penumbra. Precisas y con honda capacidad emotiva, las breves composiciones rastrean el azaroso oficio de vivir, ese espacio desangelado que marca a las razones del sujeto las zonas de supervivencia, el lugar donde la tinta blanca de la aurora encuentra sitio para el pasar machadiano, para ser protagonistas secundarios en los difusos papeles de una nueva representación.

JOSÉ LUIS MORANTE





lunes, 3 de octubre de 2022

KARMELO C. IRIBARREN. EL ESCENARIO

El escenario
Karmelo C. Iribarren
Colección Visor de Poesía
Madrid, 2022


CON LUZ DE NOVIEMBRE

  

   Poco a poco el entorno vital se va vistiendo con luz de noviembre. Reconstruye con paso sereno un itinerario de madurez en el que se despliega la conciencia, buscando su razón existencial. La mirada entonces se hace más honda, más esencial, más lenta. Karmelo C. Iribarren (Donosti, 1959) ha hecho de su poesía un cuaderno de viaje en el que buscan cauce las aguas neblinosas de la vida, esas huellas recientes de lo transitorio.
  Y este es el marco escritural de El escenario, la entrega más reciente del poeta, tras la compilación Poesía completa (1993-2018), itinerario de largo recorrido con prólogo de Pedro Simón, y la reedición en Papeles mínimos de su obra en prosa Diario de K (2022), una indagación autobiográfica en la que los concisos contornos del aforismo albergan los matices del pensar.
   El pulso en claroscuro del tiempo se ajusta con las citas de Luis Antonio de Villena, Luis García Montero y Ángeles Mora, tres voces que se asoman al camino para percibir su continuo deambular hacia el atardecer y su fuerza de arrastre. El poeta inicia escritura con una reflexión sobre el movimiento continuo, centro orbital de la filosofía de Heráclito, y la naturaleza paradójica del agua: “Quiere irse y no puede, / quiere quedarse y tampoco.”
   Pablo Macías, el mejor estudioso de la poética del donostiarra, ha resaltado la naturaleza de testigo activo del sujeto poético. La contemplación se convierte no en objetivación enumerativa del escenario sino en vía de conocimiento e interiorización. Muchos poemas moldean cálidas secuencias urbanas; conforman acuarelas verbales que retratan un ambiente y una conversación en soledad con el transeúnte que percibe. Es el caso de poemas como “Estampa invernal”, “Desde mi ventana”, “San Sebastián, Café Viena, Invierno”, “La vida en los cafés” o “Los cisnes”. Todos exploran mínimos horizontes cobijados en la memoria. Alzan arquitecturas de recuerdos, imágenes y sensaciones que dejan el tacto de que lo cotidiano se repite y vuelve. Respirar postula un largo viaje interior que nos conforma como sucesivos extraños que miran el mundo con el aire apagado del cansancio, como si poco a poco fuese languideciendo la fuerza del asombro sin hallar nada nuevo. Es el tiempo de los claroscuros: “Hay días grises, / tediosos / que, a última hora, / cuando ya no esperas nada / te sorprenden / con un crepúsculo espectacular. / Yo los llamo / días paradójicos: / su muerte los salva”; pero también de mantener intacta la verticalidad de la esperanza y a salvo de decepciones. Leemos en “Evanescencia”: Al despertar / de la siesta / -todavía un instante- la sensación de haber soñado / que un mundo mejor, / más habitable, / más humano / era posible. / Pero fue abrir los ojos / y olvidar los detalles”.
   La sensibilidad del tiempo y su disposición a la finitud está muy presente en El escenario. En cada amanecida resulta palpable que el discurrir tiene sus propios planes y es necesario abrir los ojos para perfilar cambios y mutaciones, esos inadvertidos arabescos de lo rutinario. Persiste en la retina un color otoñal, un fondo de imágenes que la memoria guarda al fondo para constatar su propia historia, su estela mínima de ascuas encendidas entre la noche al raso.
  Los poemas de El escenario trazan una estética de la humildad, una fotografía de poesía cercana, a trasmano de solemnidades y transcendencias. Prefieren un figurante cercano y reconocible en sus actos cotidianos, que adquieren una perfecta verosimilitud. Un paseante solitario se asoma al entorno y a sí mismo para encontrar un poco de seguridad y esperanza en el equilibrio inestable de la incertidumbre que le permita volver a casa. El tiempo se ha adueñado de las calles, marca ausencias, y va poniendo sombras en el recorrido, ese trayecto breve, repetido, tenaz, que se extiende “de la esperanza a la melancolía”.
   Desde esa certeza atenuada, nos llega la penúltima visión de casi todo, la perspectiva de un paisaje personal por el que deambulan sombras que pugnan por definir sus trazos, espaciosas aceras que tienden la mano a algún encuentro o acrecientan el frío de la soledad. Son los trabajos y días de un secundario, de una de esas identidades que parecen estar fuera de foco y que ajustan su inexistencia aparente a una poética en voz baja. Qué excelente reflexión metapoética en “Mis palabras”: Ni proponen enigmas / ni resuelven misterios, / son solo / esas palabras que utiliza la gente / para hablar de los asuntos de la vida / cuando se encuentra por la calle. “. Jaime Gil de Biedma habló en su poesía de esas palabras de familia tibiamente gastadas, y Karmelo C. Iribarren las abriga en la dicción coloquial del hombre común, de quien muestra en ellas sin muchas expectativas, mientras dibuja con pacientes apuntes  los límites de su mundo.
     El escenario no pierde nunca sus coordenadas de representación.  En él se dan las manos solitarios y ausentes. Soledades que dejan sombras de inquietud sobre la pared para ratificar lo inmediato; su paso itinerante y los efectos del tiempo. La caligrafía de esas horas lentas del crepúsculo que, poco a poco, se encaminan hacia un fundido en negro.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 
  

jueves, 4 de agosto de 2022

LECTURAS DE VERANO (Entrevista)

Desayunos en la hierba
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

Una conversación con  José Luis Morante

Tasio Luna

 Agosto comienza senda en este verano de normalidad y regreso a los hábitos de siempre, tras el paréntesis pandémico, y el móvil permite una conversación sosegada con el poeta y crítico abulense que pasa unos días familiares junto al mar, aunque mantiene activo su blog “Puentes de papel” ese escaparate de novedades al paso.

  ¿Cómo vive este tiempo de desasosiego general, con derecho a queja continua?
 
La idea de Jorge Manrique sigue en alza. Parece que cualquier tiempo pasado fue mejor; pero problematizar la realidad solo lleva a la saturación informativa y a la intemperie de la depresión; en lo personal, aunque no soy ajeno a las contingencias que zarandean nuestro presente, siempre procuro percibir el entorno con retina optimista, que aloje unos hilos de luz.
 
 
 Sin embargo, los titulares informativos descabezan cualquier optimismo, son empeños diarios en dibujar sombras.
 
Hay secuencias reiterativas que son de obligatorio consumo: la guerra de Ucrania por la infame voluntad expansiva del dictador ruso, los incendios forestales, que son sumas de ineficacia en la gestión ambiental y en la prevención a largo plazo y que tienen un incomprensible componente humano en los pirómanos, esos seres abyectos de cerebro enfermo. Pero el fluir existencial también arrastra claridad y transparencia, esas aguas de la convivencia sentimental, la cultura y el ocio. Hay que seguir nadando, incluso a contracorriente.
 
Hace poco leía un aforismo suyo en “Puentes de papel” que me encantó. Percibía el tiempo como una pautada transición entre sombrillas y paraguas…
 
Muy agradecido por ese recuerdo; esa imagen nació de una de mis lecturas de verano, del libro Diario de K. 2010-2022, de Karmelo C. Iribarren; es un poeta excelente y además un gran pensador desde la estela mínima del aforismo; en sus poemas el paraguas es un elemento de uso común, como lo son el mar, la lluvia, la soledad o la mesa del bar frente a un café que actúa como aquella magdalena de Proust que invita a la recuperación del tiempo perdido.
 
¿Qué otras lecturas comparten sitio a pie de mar?
 
Por un trabajo profesional pendiente, me acompaña una selecta colección de libros de la poesía más joven, la que se editó en 2021. Desde mis primeros años de crítico literario, me ha parecido una tarea fundamental oír la respiración poética del presente, ver cómo se renueva la creación incorporando rupturas y matices; así que  el menú principal son los poemarios más recientes y sus actores de reparto.
 
 
¿Sólo poesía a diario?

Aunque así fuera, no sería ninguna monotonía ni abriría callejones de sombra al aburrimiento; leer poesía es el sustrato natural de mis tareas desde hace más de treinta años. Pero también he traído algunas revistas literarias (Turia, Paraíso y 143), cuyo paisaje plural fortalece el conocimiento de otros géneros. La literatura tiene una identidad múltiple y es una suma de protagonistas y secundarios.
 
Los que suponen la inutilidad de la poesía, critican en las redes sociales su condición elitista y minoritaria, incapaz de conectar con los intereses del público. Asocian las preocupaciones literarias al elitismo intelectual o, sin más, al postureo vanidoso. Algo que decir al respecto…
 
Claro que sí. Hay demasiada gente empeñada en decirnos cómo debemos pensar, cómo debemos ser, qué temas son prioritarios. Y a mí el gregarismo del grupo y el asentimiento a sus voceros me parece la razón más sólida para hacer exactamente lo contrario, lo que me dicta mi forma de estar en lo diario, Así que pleno empeño en ser yo, una labor difícil que exige no perder ni dos segundos en demostrar nada a nadie, salvo a la buena gente que entiende la poesía al modo de Fernando Pessoa: como una manera de estar solo.  
 
Tasio Luna
 
Oropesa del Mar, Castellón, agosto de 2022
 

 

lunes, 4 de julio de 2022

KARMELO C. IRIBARREN. DIARIO DE K. (2010-2022)

Diario de K.
(2010-2022)
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de José Luis Cancho
Editorial Papeles Mínimos, Narrativa
Madrid, 2022

 

IR TIRANDO


   El despliegue poético de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) se compiló en el volumen Poesías completas (1993-2019) editado en 2020 por Visor, la misma editorial que ha impulsado la publicación de las últimas entregas del poeta, Un lugar difícil (2019) y El escenario (2021). Estas salidas culminan un basamento de sólido anclaje que ubica al autor en la primera fila del espacio poético contemporáneo. El discurrir lírico convive con otro registro, la autobiografía, presente en la entrega Diario de K. (2014), una obra en prosa en torno al extrañamiento de lo cotidiano en la que el yo poético se convierte en espectador de un tiempo existencial.  El despertar genera relieves, fragmentos y mutaciones y da singularidad a la oscura pequeñez de lo diario.
   El poeta y novelista José Luis Cancho alerta en el prólogo que el paisaje verbal del ideario realista no es un ejercicio de mimetismo sino una reconstrucción nacida de la contemplación de lo inmediato. Los paseos de Karmelo C. Iribarren por el barrio viejo de San Sebastián prodigan una mirada nómada, dispuesta a la percepción sensorial, la captura estética y la reflexión crítica. Así nace ese diálogo confidencial entre escritura testimonial y representación artística, un cauce de largo recorrido que constituye el venero básico de Diario de K. “un libro escrito contra la banalidad y la pérdida de la realidad, pero también contra las diatribas campanudas, contra las retóricas inanes”.
  De inmediato se percibe que el diario de Karmelo C. Iribarren desdeña normas básicas del convencionalismo autobiográfico. Las anotaciones no están fechadas ni buscan la ubicación urgente de la verosimilitud espacial. Como resalta la cita de Josep Pla: “la vida es una cosa complicada y difícil, imposible de definir, que consiste en ir tirando”. Tampoco los textos tienen la naturaleza enunciativa de quien describe lo que pasa en la calle y cuenta un recuerdo o una situación, sino que, con frecuencia, emplean en su léxico coloquial el preciso formato del aforismo: “El futuro nunca es para tanto, y a veces es peor”, “El desconfiado te mira siempre por la mirilla”, “Lo importante suele pasar ante nuestros ojos, pero de incógnito”, “Para vivir no se necesita demasiado, pero siempre hay algo que nos falta”, “No pienso como tú porque pienso. Piénsalo”. Alguna vez, conversando con el poeta por un proyecto literario común, Karmelo C. Iribarren argumentaba que no sabía si era aforista; naturalmente, las teselas de Diario de K. dibujan con escueta precisión el perfil aforístico del escritor, esa música de fondo que une pensamiento y poesía y clarifica que el escritor no es solo un aforista sino uno de los mejores, dispuesto a reclamar sitio en cualquier antología del género.
   Recuerda que “La intimidad es como el universo, no tiene límites, todo es apasionado afán de búsqueda y de descubrimiento en ella”. Este pensamiento convierte en ejes de cada texto  la emoción, el monólogo interior intimista y el uso de una voz compartida con el hombre de la calle, que conserva la apostura y el sentido del humor también en ese tiempo de relleno del fin de jornada, que hace del día una página sin aliento y reiterativa.
  El avance del diario opta por la cercanía, con un paso figurativo y cercano, alejado de la abstracción conceptual, tendente a emplear la ironía como recurso distanciador: “Hay gente que se entusiasma hablando de la muerte. Suelen ser tipos de tez pálida, pelo lacio, graso, onanismo compulsivo e inclinaciones filosóficas”, “iba de escritor maldito, pero se veía enseguida que solo bajaba a los infiernos el fin de semana, y que lo hacía en ascensor, sin riesgo ninguno”. En esta literatura de ficción autobiográfica es frecuente la mirada a la propia escritura. La autocrítica desbroza, comparte propósitos, advierte de los recodos y meandros del hecho creador. Supone también una rehumanización de lo literario que da coherencia y naturalidad al discurrir de la página: “Gran parte de mi poesía puede definirse como “el intento fracasado de atrapar la inapresable lírica de un entusiasmo que se apaga”. Quien habla en el texto, huye de la complacencia, enlaza impresiones con la mirada observadora del lector, hace suya esa distancia que media entre realidad y propósito. Esta preocupación metaliteraria afecta también a la consideración del propio diario como estrategia expresiva que aglutina una filosofía vital. Las anotaciones, más allá de su epitelio contingente, guardan la pasión por el saber y el conocimiento de los rincones de la propia identidad; son indagación continua, búsqueda, camino.
  En los pasos autobiográficos de Karmelo C. Iribarren la desmitificación es una tarea constante. Conviene reajustar el punto de fuga de lo solemne y contemplar las cosas a tamaño natural; o mejor: entre la niebla, para borrar un poco las asimetrías y claroscuros de lo contingente. Los textos sugieren autenticidad; la esencia narrativa perfila y humaniza. En los fragmentos de Diario de K. (2010-2022) se encierra el sentido filosófico de quien aspira a sobrevivir entre personajes normales, sin épica; gente nómada que deambula por el filo de un derrumbe inminente, antes de perderse en algún punto oscuro del tiempo. Todos participan de la condición de un yo indeciso, de quien baraja asentimientos y dudas, pero nunca renuncia a una ética contundente y aséptica, incluso en medio de ninguna parte.
  El hablante del diario sabe que la existencia propicia continuos descubrimientos y que se trata de caminar al paso, de conversar con  una intensidad sin riesgo, de sostener entre la arquitectura de la memoria, sin alardes, unos hilos de vida, unos días de sol.

JOSÉ LUIS MORANTE



domingo, 5 de junio de 2022

ESCAPADA

Habitaciones con encanto
(Hotel Rural del Sitjar)
Imagen de Trivago Magazine



ESCAPADA 

 
A Karmelo C. Iribarren, 
a quien debo la idea de este microrrelato
 
 
   Viajo mucho, a ciudades distintas y lejanas, aunque casi nunca abandono la habitación del hotel donde me alojo. Es una costumbre que nació hace ya mucho tiempo,  el día en que encontré en el espejo de mi cuarto de baño el rostro del huésped anterior.
   Con el gesto tranquilo de quien carece de preocupaciones, fue él quien me desveló su identidad y quien, tras una larga charla cuajada de interés, me facilitó el contacto con huéspedes encerrados en otros espejos. Todos resultan interlocutores amenos, que buscan el aire fresco de la confidencia y coartadas para el dulce transitar de las palabras.
   Sigo en ruta. También la soledad en los espejos aspira a transitar una calle poblada; el rumor de otros transeúntes que ignoren los precarios pasos del futuro.

(De Cuentos diminutos)




sábado, 3 de julio de 2021

HUÉSPEDES

Conversación
Archivos de internet

 

HUÉSPEDES
 
A Karmelo C. Iribarren,
 a quien debo la idea de este microrrelato
 
   Viajo mucho, a ciudades distantes, repletas de solemne arquitectura. Pero casi nunca abandono la habitación del hotel donde me alojo. Es una costumbre arraigada. Nació un día, cuando encontré en el espejo de mi cuarto de baño el rostro del huésped anterior. Fue él quien, con gesto tranquilo, me desveló su identidad y quien, tras una largo soliloquio cuajado de asombro, me facilitó el contacto con más huéspedes, confinados en otros espejos.
   Todos resultan interlocutores amenos, habituados a dejar  el silencio en alguna grieta, que buscan el aire fresco de la confidencia. Sigo en ruta. Me espera otra ciudad. También la soledad en los espejos es una calle de luz tenue, que espera transeúntes.

(De Cuentos diminutos)



sábado, 16 de mayo de 2020

KARMELO C. IRIBARREN. SAN SEBASTIÁN BLUES

San Sebastián Blues
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de José Luis Cancho
Papeles mínimos / Poesía
Madrid, 2020



GRADACIONES Y PASOS


   La estimulante presencia de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) en el laberinto poético actual es un hecho, pese a la indigencia mental de algunos críticos, ya sea a través de la significativa producción reunida en Poesía completa (1993-2018), impulsada por Visor en 2019, o en compilaciones parciales como La ciudad (2014), Pequeños incidentes (2016), Amor, ese viejo neón (2017) o Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren (2018), selecciones que despliegan claves interpretativas de distinto alcance teórico. A estas valoraciones de trayecto se suma ahora San Sebastián Blues, editado con su sobria elegancia en Papeles mínimos. El título de la antología suena a jazz y concede a la ciudad natal del poeta un singular espacio trascendido que acumula gradaciones y pasos. Con ese fondo azul en la pupila se escribe la condensada indagación intimista de José Luis Cancho, autor del apunte “Alzar un plano”. La mirada omnisciente recupera el contexto existencial del poeta y las mudanzas de su sensibilidad. Cancho nos deja en sobrios trazos la identidad de un paseante que recorre su entorno cívico convencional con itinerarios imprevisibles, como si ese avanzar a la deriva quisiera calibrar a cada paso la dimensión del tiempo.
  En la organización de la obra percibimos el deseo de que estén representados en la antología todos los poemarios, incluido Un lugar difícil (2019) y tres poemas inéditos. Desde esta voluntad camina la veracidad del protagonista implicado, moldeando casi un nuevo libro que muestra la soledad como estación final. La etapa de madurez traslada la conciencia del sujeto a las afueras; la voz se hace más introspectiva, menos dispuesta a prestar atención a las naderías de la calle. El hablante verbal reivindica su derecho a vivir en tierra de nadie, practicando el patriotismo de la indiferencia. Sabe que su tiempo es otro. Deja en reposo el atlas de geografía humana de la vida social, como si el polvo superficial de las apariencias hubiera sido borrado y solo quedase al descubierto la claridad de la indagación, el autorretrato del sujeto ante sí mismo con la voz sabia del amanecer.
  Desde la distancia del recuerdo, las señas de identidad del entorno adquieren una atinada definición. El enclave norteño se define por la galerna, la presencia de la bahía, la mirada estival de los cuerpos al sol de los bañistas, los puentes, el río, los bares del casco viejo, o el teclear intenso de la lluvia. La implicación del espectador es fuerte. Así se despliegan las anotaciones que acogen el clima de relación entre sujeto y entorno. Las composiciones recuerdan mínimas acuarelas que hacen de cada poema, lejos del apunte de taller, un cálido bosquejo del discurrir.
   Los versos revelan la lenta elaboración de una vivencia y el pulido final. El sesgo narrativo de mínimas secuencias existenciales. Son poemas de cielo claro y expresividad directa, ajustando los pasos de un personaje reconocible. En él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. Se alternan los estados de ánimo, las leves descripciones, las lecturas reflexivas del silencio. Son avances que van adquiriendo todos los elementos en la versión final de la identidad del yo y en los claroscuros que transmite su geografía afectiva.
   Karmelo C. Iribarren es un magnífico creador de ambientes. Sus poemas configuran atmósferas tangibles con pinceladas incisivas, capaces de convertir la gastada realidad cotidiana en un símbolo resistente al devenir temporal. En las composiciones de San Sebastián Blues la ciudad cristaliza como una presencia viva, estimulante, contradictoria, que ofrece a los desplazamientos un espacio de libertad, la soledad en compañía que cada día despunta a plena luz. Me gusta mucho la poesía de Karmelo C. Iribarren, su verdad conjetural sin artificios, su forma de decirnos sin lenguajes cifrados que vivimos una fuga en solitario, donde la derrota aguarda siempre como estación final. 


                                                                                            JOSÉ LUIS MORANTE


lunes, 4 de mayo de 2020

ESCRITURAS NÓMADAS

Ejercicios sin red
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

ESCRITURAS NÓMADAS


Estos días de soledad crepuscular dejan en la mesa de trabajo esa relación aleatoria entre texto y autor. Los folios se llenan con escrituras nómadas que recuerdan que escritor y quehacer creador viajan hacia ninguna parte. Somos derivas, sin balizas de localización.

Jerarquizo lo pendiente con un mínimo inventario de urgencias. Me quedo más tranquilo. Es un disfraz que oculta la inquietud y da confianza al barniz de las buenas intenciones. Nadie sabe cómo será el regreso.

Apenas hay correspondencia en el buzón. Un asunto extraño para mí que todas las semanas recibo libros y revistas. Así que ando más pendiente del efecto coral de internet. Sé que las redes digitales alojan un contradiscurso de la inteligencia. Son círculos abiertos que hay que utilizar con mesura, sin forzar el paso, con la distancia de un espectador que solo está allí.

El aforismo se ha convertido en el hilo del funambulista. Por él transito a diario convencido de que la escritura liliputiense es un ejercicio sin red. Conmigo el decir breve de Luis Felipe Comendador y Karmelo C. Iribarren; también, de nuevo, la lectura del volumen Relámpagos de lucidez de Javier Recas. Me gusta conversar a solas con esa gente que nunca defrauda.
   

(Apuntes sobre lo real)



sábado, 29 de febrero de 2020

HUÉSPED

Viajes
(Orlando, Florida, USA)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana
HUÉSPED

A Karmelo C. Iribarren, 
a quien debo la idea de este microrrelato


    Viajo mucho a ciudades distintas y lejanas, pero casi nunca abandono la habitación del hotel donde me alojo. Es una costumbre arraigada. Nació en Orlando, el día en que encontré en el espejo de mi cuarto de baño el rostro del huésped anterior. Fue él, con gesto tranquilo, quien me desveló su identidad y quien, tras una larga charla cuajada de interés, me facilitó el contacto con huéspedes encerrados en otros espejos. 
   Todos resultan interlocutores amenos que buscan el aire fresco de la confidencia. Sigo en ruta. También la soledad en los espejos es una calle que espera transeúntes.

(De Cuentos diminutos)



martes, 25 de febrero de 2020

KARMELO C. IRIBARREN. LOS CIEN MEJORES POEMAS

LOS CIEN MEJORES POEMAS
de
Karmelo C. Iribarren
Edición de José Luis Morante
La Isla de Siltolá / Poesía
Sevilla, 2018


CIEN POEMAS Y UNA EXPLICACIÓN

                                                 
   Hay títulos que no esconden su naturaleza hiperbólica. Este, por ejemplo: Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren. No hay que asustarse; el sentido es diáfano; bosqueja una muestra selectiva de trayecto, la que yo prefiero en este momento, cien composiciones marcadas en el espacio lector personal. El lenguaje del escritor es seco, restallante, emotivo. Define con exactitud un entrelazado de rincones reflexivos del pensamiento y la experiencia, sea cultural o biográfica. Ha adquirido en el tiempo sentido medular. Por ello, he optado por seguir la cronología creadora libro a libro. Salvo el cuaderno inaugural Bares y noches y el libro ilustrado Versos que el viento arrastra, concebido como un corpus poético para niños, están representados todos los peldaños, lo que concede al conjunto el carácter de un mapa de ruta.
   Una edición jamás se abre paso sin consultar con el protagonista principal, el escritor. La efectiva respuesta borró cualquier incertidumbre. Adelante, poeta. Así que sin especulaciones, me adentré en una geografía poética que no pocas veces deja la sensación de ser una autobiografía heterodoxa y diferente, dispuesta a poner brisa fresca en el cuarto cerrado de lo previsible.
  Los días laborables  viajan hacia el crepúsculo con una grisura pactada, pero sólo en apariencia; en su dermis subyace lo incógnito, eso que pugna por pasar inadvertido a los ojos de casi todos. De ese modo, el poema se define por su afán de búsqueda, por su quehacer indagatorio.
   En Karmelo C. Iribarren existencia y escritura conforman una sociedad limitada, que no admite masa social y que se distribuye las funciones mediante acuerdos tácitos. Por ello, la existencia es una veta natural que permite explorar las calles céntricas del yo, ese sitio monumental que cobija los sentimientos y las idas y regresos hacia los demás; se trata de pautar con el otro un acuerdo de mínimos que exige cada yo al acontecer diario y que está hecho de argumentos sencillos para que el ruido de fondo de lo cotidiano amortigüe su incoherencia y muestre un discurrir apacible; cada sujeto define las propias estrategias de autodefensa frente al temporal de la calle.
   Otra veta fuerte nace de la escritura que es, al mismo tiempo, tradición lectora y práctica de una sensibilidad que glosa en distintos formatos las habituales obsesiones del taller. Karmelo C. Iribarren escribe con palabras que inspiran confianza y que trazan en el rastro fugaz de lo vivido algunas razones para el optimismo. Hay que saber mirar: “la prosa de la vida está llena de poesía”
   En su ensayo Otra manera de decirlo (Renacimiento, 2017) Pablo Macías plantea una extensa perspectiva panorámica, capaz de subrayar interacciones, discrepancias y apoyos al abordar la trayectoria de Karmelo C. Iribarren. Agradezco aquí su entusiasmo crítico y la inmersión profunda en las aguas inquietas de una obra en movimiento. Me ha despejado dudas al abrir la necesidad de enfoques nuevos.
  Integro aquí también mi afecto a Javier Cabañero Valencia, siempre dispuesto a solventar los problemas digitales y las correcciones de texto con la eficacia solidaria de su amistad. Suelo defender que la poesía despereza la hipótesis de un encuentro dialogal reconstruido, capaz de situar cara a cara, en un espacio cercano, la mirada creadora y el afecto lector. Ojalá el presente trabajo consiga esa posibilidad vecinal abierta y comunicativa. En ello estamos; que los poemas seleccionados prosigan senda en la transitada calle del futuro.
   Poco dado a la especulación teórica, José Agustín Goytisolo, coordenada esencial de la generación del 50, argumentaba que “el papel más válido de un crítico literario es el de catador, el de quien distingue y explica al público las diferencias, las calidades y los sabores; no el de homologador, cuantificador y clasificador, que acaba de hacer perder al lector las pocas ganas que normalmente tiene de enfrentarse al texto literario”. Traspasado el umbral de las buenas intenciones, comparto plenamente el lúcido criterio del poeta. Con esa pauta invito a degustar estos cien mejores poemas.




miércoles, 27 de noviembre de 2019

CAMINOS EN EL AIRE

Caminito del Rey
Fotografía
 de
Javier Cabañero Valencia




CAMINOS EN EL AIRE

Hay lugares de los que no se vuelve nunca,
aunque vuelvas

KARMELO C. IRIBARREN 


Esos caminos que parecen puzzles en los que no encaja ningún paso.

Un anclaje en el aire.

Queda la versión íntegra de su historia personal. Nada con un fondo gris.

Solidaridad de papelera, que deja sitio de inmediato a todo lo que sobra.

El topo defiende la semejanza cromática.

Solo percibe las palabras propias. Las voces ajenas son ruidos abruptos.

Me dedicó en seis meses tres adjetivos, dos adverbios y cuatro preposiciones. Un despilfarro austero.

( Aforismos de espera)



jueves, 15 de agosto de 2019

KARMELO C. IRIBARREN. UN LUGAR DIFÍCIL

Un lugar difícil
Karmelo C. Iribarren
XL Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla
Visor Libros
Madrid, 2019


AL ATARDECER


   Miramos en silencio las formas simples de lo cotidiano. Si cerramos los ojos, expanden sensaciones de inercia y quietud. Están ahí, casi inadvertidas, moldeando un tejido aleatorio de mutaciones, desgastes y monotonía. Es en ese estar donde el asombro de lo insignificante se hace nota discorde en los pentagramas de la percepción. Delante del observador, una anestesiada realidad dispuesta a la mirada aprensiva mientras nace la luz, como si alguien pulsara el interruptor y abriese una brecha de claridad. La realidad entonces se trasforma en  paisaje interior.
   Así nacen muchos de los argumentos de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959), cuya obra completa –salvo el madrugador cuaderno Bares y noches (1993)- se integra ya en el imprescindible catálogo de Visor; Poesía completa (1993-2018) corrobora que el corpus lírico es un recorrido repleto de aciertos dentro del panorama poético contemporáneo, que sigue creciendo fuerte.
   Con sus poemas más recientes, compilados bajo el epígrafe Un lugar difícil, el escritor consiguió el XL Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. En ellos deambula un personaje de mediana edad, sosegado y reflexivo, que justifica esta cita de Antonio Machado: “…El sol murió… ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?”  La madurez vital deposita en los textos otro yo biográfico, un hombre tranquilo que acomoda el deambular a la temporalidad. La pericia existencial exige un impulso de aceptación que obliga a sentir lo cotidiano como presente continuo. El alter ego ha aprendido a habitar la soledad: “Hace tiempo que decidí quedarme al margen / de un tráfago de gentes y de ideas / que no me dicen nada, / en las que no me reconozco. “.  (P. 14). El periplo singular avanza hacia la última costa y eso convierte el hecho de vivir en un refugio cercano, en el que a veces, sobrevive una plenitud desconocida. Al alcance de la mano duerme un entorno desapercibido, hecho de singularidad y momentos únicos que se idealizarán después entre los pliegues de la memoria. En los recuerdos vuelven los escenarios del Barrio Viejo con tus rostros familiares, sus rincones umbríos y su anecdotario de la contingencia, esos destellos de vuelos ligeros que pasan rozando el aire.
   La inercia de cada amanecer parece un reiterado ejercicio de hipnosis para profundizar en el fracaso. El sujeto esperanzado deja sitio a “un tipo descuidado, huraño y pesimista” adentrándose en el otoño. Pero no se ha perdido el deseo de abrir puertas al asombro. Quien reflexiona confía en descubrir el misterio de la existencia, ese lugar donde el sueño alza espejismos que ocultan el camino de vuelta.
   Algunas anécdotas subjetivas dejan el campo abierto al encuentro con las indagaciones críticas más transitadas en la práctica poética de Karmelo C. Iribarren: el carácter autobiográfico y la indiscutible base realista del espacio lírico. Se recupera la figura del padre, muy pronto ausente en el proceso vital del escritor, que ahora inspira una “Carta al padre”, como si todavía fuese posible responder a la inocencia del niño perdido en el tiempo. Y persisten la lluvia, los domingos, las mujeres y esas dudas de costumbre, como perennes acompañantes de la soledad diaria: “Me pregunto / cuántos volverán a casa / sólo / porque no tienen / otro lugar a donde ir”.
  Se ha resaltado siempre el propósito formal del poeta y su querencia por el texto breve, que resuelve su nudo semántico con mínimos elementos y con un final hondo y sugerente, que suena casi con la fuerza conclusiva del aforismo. El poeta rompe en la última composición esa norma escritural para cerrar el libro con un poema de inusual extensión que, por sí solo, es un apartado. bajo el epígrafe “Ya lo veo acercarse”. La personificación del tiempo otoñal, como un hombre común que tiene llena de fantasías la cabeza y regresa a los sitios de siempre, es un techado contra la intemperie hecho de emotividad y fuerza sentimental.
  La poesía de karmelo C. Iribarren es una refutación del aburrimiento. Invita a conocer la realidad con la mirada de un observador que descubre un proceso fenomenológico de causas y efectos y un íntimo abrazo entre vida y escritura.  Singular y reflexiva, en los poemas de Un lugar difícil el valor perdurable de una filosofía que expande su luz sobre el barro salobre del discurrir. Poesía machadiana que suena como un borbollón de agua clara.



 
        




miércoles, 7 de agosto de 2019

BAJO LA SOMBRILLA (ENTREVISTA)

A pie de playa
(Oropesa del Mar, Castellón)
Fotografía
 de
Adela Sánchez Santana



BAJO LA SOMBRILLA

 (Entrevista a José Luis Morante)

Biblioteca LES AMPLARIES

Oropesa del Mar, Castellón, agosto de 2019


¿El mar es un bolero?

Cualquiera que se acerque al mar en las primeras horas de la amanecida y recorra el suelo húmedo y arenoso, escucha de inmediato un chorro de voz repleto de emociones y el pentagrama azul de los boleros…

¿Es posible la lectura bajo la sombrilla?

Los sentidos están sometidos a una intensa terapia visual; la lectura se disgrega, se ralentiza, se fragmenta y cuando retorna prefiere las formas breves: aforismos, microrrelatos y naturalmente los poemas. El verano exige otra forma de leer,

¿Qué títulos en su mochila de verano?

Traje un par de bolsos porque desconozco todavía cuando regresamos a la rutina, y entre ellos está Poesía completa (1993-2018) la obra completa de Karmelo C. Iribarren, editada en Visor,  que es una terapia escrita contra cualquier aburrimiento y contra el spleen del  verano; también Relámpagos de lucidez obra ensayística de Javier Recas, editada por Biblioteca Nueva sobre el arte del aforismo y algunas revistas literarias en papel como Ïnsula, que ha editado un monográfico sobre el aforismo de altísimo nivel bajo la coordinación de Josep M. Rodríguez… Además, mis hijas vienen a vernos el fin de semana y nos dejan en las manos los libros que dormían en el buzón de casa…    Aquí también hay que comprar nuevas estanterías.

¿Sigue conectado a la actualidad literaria?

Sí, no soy capaz de vivir la literatura a tiempo parcial; para mí la literatura es media vida, la otra media también. Por tanto, dedico algunas horas de la mañana a trabajar en proyectos acordados y con fecha de entrega, respondo el correo y de cuando en cuando escribo algunos aforismos y reseñas…

¿Qué nombres propios resaltaría?

El fallecimiento de Carmen Jodra, tan joven, me ha convulsionado profundamente. Es terrible. En los inicios del siglo, en plena marea celebratoria de Las moras agraces invitamos a Rivas a la poesía. Era tímida y estaba desbordada por la repercusión de su poemario que había trastocado su existencia; se alejó pronto del foco mediático y su segundo libro, reconocido con un premio menor, pasó casi sin voz. La muerte está ahí, insomne, dura, y cualquier felicidad es un estado transitorio. 

¿Y la censura a Luis Pastor?

Es repulsiva y vergonzosa, como si se recuperase el espíritu más rancio del franquismo censor. El papel del cantautor sigue molestando al poder por su voz crítica. Conozco muy bien a Luis, somos vecinos y amigos y alguna vez pensé en editar sus canciones y hacer un prólogo extenso y clarificador de su recorrido musical…El libro se fue haciendo pero nunca vio la luz porque otra edición hizo lo mismo y me quedé fuera… En fin, la realidad es siempre azarosa y extraña, pero me alegra mucho el sentimiento de solidaridad que se ha generado en torno al cantautor. 

¿Sigue su trabajo crítico a pie de mar?

No tengo más remedio; debo entregar dos ediciones en octubre y aunque su formato final estará listo en septiembre, no descuido los afanes correctores ni las notas. Así que entre los pliegues de las olas, mi voluntad literaria  camina por los senderos habituales… Camina a solas y despacio.       


martes, 4 de junio de 2019

KARMELO C. IRIBARREN. LOS CIEN MEJORES POEMAS

Los cien mejores poemas
de
Karmelo C. Iribarren
Edición y prólogo de José Luis Morante
Ediciones de la Isla de Siltolá, Poesía
Sevilla, 2018



Qué hago
mirando la lluvia,
si no llueve.

KARMELO C. IRIBARREN


"En el despliegue de una obra poética nunca resulta gratuito conocer el trasfondo histórico. Cada ideario se configura tras un largo proceso, cuando adquiere entre sus coetáneos una gradual consolidación, encaje, arraigo. La continua metamorfosis del discurrir lírico presenta en el comienzo de los años 90 una asimetría de registros interaccionados entre sí. En esa faz cambiante, los rasgos de la poesía de la experiencia mantienen una presencia ostensible y, en ocasiones, perturbadora. Sus cabezas más conocidas personifican, según algunos sondeos críticos, actitudes propias del monopolio cultural. Pero es un espejismo porque la cartografía del ahora desconoce el reposo. Genera relieves, fragmentos, grietas correctoras que amplían y dan singularidad a la amanecida de propuestas, como la de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959). 
A trasmano de grupos y escuelas, el poeta ha ido gestando un largo itinerario siempre subjetivo y coherente, que une a la expresión estética una perspectiva moral. El poema se abre a una introspección profundamente emotiva sobre las grandes preguntas existenciales.
Esta antología permite entender el magno aporte de Karmelo C. Iribarren. Su obra, amplia y significativa, refleja una evolución personal, con signos singulares pero con un concepto poético uniforme. Defiende firme el rechazo de cualquier verbalismo ruidoso. Sus poemas mantienen una atmósfera limpia que sostiene el vuelo de los versos sobre un planisferio repleto de menudencias. Al cabo, como escribiese Josep Pla en El cuaderno gris, el acontecer diario es esto, aquello y lo de más allá, aunque nadie se dé por aludido. Ni siquiera la lluvia, esa sensación de ser ensimismado espectador de su tacto dormido: “Qué hago / mirando la lluvia / si no llueve”. 


(Breve síntesis del prólogo "Zona de riesgo") 



domingo, 2 de diciembre de 2018

KARMELO C. IRIBARREN. LOS CIEN MEJORES POEMAS

Los cien mejores poemas 
de
Karmelo C. Iribarren
Edición de
José Luis Morante
Ediciones de la Isla de Siltolá, Siltolá Poesía
Sevilla, 2018


CIEN POEMAS Y UNA EXPLICACIÓN

                                                 
   Hay títulos que no esconden su naturaleza hiperbólica. Este, por ejemplo: Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren. No hay que asustarse; el sentido es diáfano; bosqueja una muestra selectiva de trayecto, la que yo prefiero en este momento, cien composiciones marcadas en el espacio lector personal. El lenguaje del escritor es seco, restallante, emotivo. Define con exactitud un entrelazado de rincones reflexivos del pensamiento y la experiencia, sea cultural o biográfica. Ha adquirido en el tiempo sentido medular. Por ello, he optado por seguir la cronología creadora libro a libro. Salvo el cuaderno inaugural Bares y noches y el libro ilustrado Versos que el viento arrastra, concebido como un corpus poético para niños, están representados todos los peldaños, lo que concede al conjunto el carácter de un mapa de ruta.
   Una edición jamás se abre paso sin consultar con el protagonista principal, el escritor. La efectiva respuesta borró cualquier incertidumbre. Adelante, poeta. Así que sin especulaciones, me adentré en una geografía poética que no pocas veces deja la sensación de ser una autobiografía heterodoxa y diferente, dispuesta a poner brisa fresca en el cuarto cerrado de lo previsible.
  Los días laborables  viajan hacia el crepúsculo con una grisura pactada, pero sólo en apariencia; en su dermis subyace lo incógnito, eso que pugna por pasar inadvertido a los ojos de casi todos. De ese modo, el poema se define por su afán de búsqueda, por su quehacer indagatorio.
   En Karmelo C. Iribarren existencia y escritura conforman una sociedad limitada, que no admite masa social y que se distribuye las funciones mediante acuerdos tácitos. Por ello, la existencia es una veta natural que permite explorar las calles céntricas del yo, ese sitio monumental que cobija los sentimientos y las idas y regresos hacia los demás; se trata de pautar con el otro un acuerdo de mínimos que exige cada yo al acontecer diario y que está hecho de argumentos sencillos para que el ruido de fondo de lo cotidiano amortigüe su incoherencia y muestre un discurrir apacible; cada sujeto define las propias estrategias de autodefensa frente al temporal de la calle.
   Otra veta fuerte nace de la escritura que es, al mismo tiempo, tradición lectora y práctica de una sensibilidad que glosa en distintos formatos las habituales obsesiones del taller. Karmelo C. Iribarren escribe con palabras que inspiran confianza y que trazan en el rastro fugaz de lo vivido algunas razones para el optimismo. Hay que saber mirar: “la prosa de la vida está llena de poesía”
   En su ensayo Otra manera de decirlo (Renacimiento, 2017) Pablo Macías plantea una extensa perspectiva panorámica, capaz de subrayar interacciones, discrepancias y apoyos al abordar la trayectoria de Karmelo C. Iribarren. Agradezco aquí su entusiasmo crítico y la inmersión profunda en las aguas inquietas de una obra en movimiento. Me ha despejado dudas al abrir la necesidad de enfoques nuevos.
  Integro aquí también mi afecto a Javier Cabañero Valencia, siempre dispuesto a solventar los problemas digitales y las correcciones de texto con la eficacia solidaria de su amistad. Suelo defender que la poesía despereza la hipótesis de un encuentro dialogal reconstruido, capaz de situar cara a cara, en un espacio cercano, la mirada creadora y el afecto lector. Ojalá el presente trabajo consiga esa posibilidad vecinal abierta y comunicativa. En ello estamos; que los poemas seleccionados prosigan senda en la transitada calle del futuro.
   Poco dado a la especulación teórica, José Agustín Goytisolo, coordenada esencial de la generación del 50, argumentaba que “el papel más válido de un crítico literario es el de catador, el de quien distingue y explica al público las diferencias, las calidades y los sabores; no el de homologador, cuantificador y clasificador, que acaba de hacer perder al lector las pocas ganas que normalmente tiene de enfrentarse al texto literario”. Traspasado el umbral de las buenas intenciones, comparto plenamente el lúcido criterio del poeta. Con esa pauta invito a degustar estos cien mejores poemas.